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Fecha: enero, 2015
Tutores de cuatro patas
Arturo Checa 21-01-2015 | 9:46 | 0

Son niños necesitados de cariño. Sin suerte. A los que sus padres han abandonado. Menores cuyos padres han caído en el mundo del delito. Niños cuyos padres quisieron darles todo lo mejor, pero a los que el mundo ha dado la espalda. Que no tienen lo suficiente para comer. Que no pueden ni ir a la escuela. Que creen que el amor son gritos. Que han nacido y crecido sin una caricia. Niños a los que la Administración ha tenido que tutelar para sacarlos de un pozo de imposible salida, para darles un presente y un futuro. Para mimarlos en centros de protección de menores, al amparo de educadores y técnicos en pedagogía. O al amparo de los lametazos de Calvin, de la dulzura de Bau, de la incansable Volka, de los juegos de Pipa…

Volka 'acaricia' a un menor

Son tutores de cuatro patas. Perros empleados en terapia para asistir, amar y mejorar a niños internados en centros tutelados de Cataluña. Un precioso proyecto pionero que llega de la mano de Fundación Affinity y que en breve podría extenderse a otros puntos de España, incluida la Comunitat. Menores golpeados por el mundo, seres inocentes incapaces de comprender por qué la vida les ha sido tan injusta tan pronto y a los que los siete canes encargados de esta terapia con animales van a ayudar a poner una sonrisa en la cara. Peludos especialistas en enseñarles todo el amor que encierra una simple sonrisa. Estos son los grandes protagonistas de la admirable iniciativa de Affinity:

 

 

Calvin.

CALVIN EL INCANSABLE: Cruce de Mastín de tres años. Un perro muy noble y cercano, subrayan desde la Fundación. Estuvo casi un año abandonado. Presentaba síntomas de mal nutrición. Cariñoso por encima de todo. Le encanta jugar y trabajar. Es activo pero aprende rápido.

 

 

Volka.

VOLKA LA MAESTRA: Labrador de color canela de seis años y medio de edad. Fue adoptada de la Fundación Once con 18 meses por ser descartada como perro para ciegos. Llegó con grandes dosis de ansiedad por separación pero ha resultado ser la perra más trabajadora del equipo, según Affinity. Destaca su capacidad de trabajo y energía.

 

 

 

Bau.

BAU EL DULCE: Labrador negro de cuatro años. Es un perro que fue adquirido por un criador a las ocho semanas. Desde entonces forma parte de la familia Affinity. Lo describen como un perro increíblemente dulce, dócil y en general destaca por su temperamento tranquilo. Vive con Volka y son inseparables desde el día que llegó a casa.

 

 

 

Pipa.

PIPA LA TRAVIESA: Mestiza de dos años y medio. Fue adoptada hace un año y medio. Fue encontrada en un contenedor de basuras. Abandonada a su suerte. Y embarazada de seis cachorritos, aunque en el momento de hallarla no se le notaba. Una auténtica luchadora. Dio a luz cinco días después de ser adoptada y por sorpresa. Es la más juguetona del equipo… Independiente, le encanta investigar y hay que ganársela, subrayan en la Fundación.

 

 

 

Gran, con dos pequeños.

GRAN EL NOBLE: Dogo Alemán de dos años. Pesa nada menos que 70 kilos, pero es tremendamente delicado cuando trabaja con los niños. De carácter reservado, es muy noble. Va muy bien para trabajar aspectos como el lenguaje corporal, como subrayan desde Affinity.

 

 

 

Laina y Ana.

LANA LA IMPARABLE: Mestiza de tres años, adoptada por Aina Sanz. Ágil y rápida es una perra a la que le encanta trabajar. Destaca su temperamento sociable y activo.

 

 

Lilu y Ona

LILU EL PAUSADO: Golden Retreiver de un año. Fue adquirida por su propietaria Ona Vinyas. Dulce y tranquila, enamora por su temperamento equilibrado, según la Fundación. Todavía en fase de adiestramiento pero le encanta aprender.

 

 

 

El programa de estos siete ‘maestros’ se llevará a cabo en Centros Residenciales de Acción Educativa (CRAE) de Cataluña. Los ‘alumnos’, los amigos de los tutores de cuatro patas, los adolescentes tutelados. Estos aprenderán a educar a los perros con un método de reforzamiento positivo que hace hincapié en el bienestar animal y el de su educador, el propio niño. “Lo que hace que los animales de compañía, en especial los perros, sean ideales para este tipo de terapia es que no juzgan, nos aceptan tal y como somos, siempre están contentos, no guardan rencor y, lo más interesante de todo, reaccionan a nuestros estados de ánimo”, subraya con bellas palabras Isabel Buil, directora de la Fundación Affinity.

Volka practica en la Fundación Affinity.

Maribel Vila es la ‘alma mater’ de este proyecto, la ‘hada madrina’ de los ‘peludos tutores’, la encargada del área de Terapias Asistidas con Animales de Compañía de la Fundación Affinity y a la que no hay más que escuchar para darse cuenta de cuánto ama a sus ‘criaturas’: “Los animales de compañía son una fuente de salud y apoyo para las personas. Relacionarnos con ellos, hace aflorar esos sentimientos y sensaciones que nos conectan con la naturaleza y con nosotros mismos, además de favorecer los mecanismos de equilibrio natural de nuestro cuerpo”.

 

La propia Maribel explica cómo es el método y la terapia con los menores tutelados. Los niños aprenden a educar a los perros, así como a enseñarles trucos con un método que hace hincapié en el bienestar del animal y su educador (los jóvenes). “Enseñan a los perros a aprender sin connotaciones negativas, con alegría y entusiasmo”. Los perros son premiados cuando lo hacen bien y se ignoran los comportamientos no deseados o los errores. “Utilizando métodos positivos de adiestramiento se forman fuertes vínculos a la vez que se educa”. Los niños aprenden a amar, a ser amados, a ser positivos. A mirar la vida con otros ojos.

 

Así se logran grandes cosas, según la experta:

 

  • Mejorar el estado físico, emocional y mental de los niños y jóvenes.
  • Mejorar la autoestima y la percepción de ellos mismos.
  • Mejorar la confianza y la seguridad de los menores.
  • Aumentar la expresión de los sentimientos y las relaciones sociales.
  • Aumentar el autocontrol y la tolerancia a la frustración.

 

Con Lilu, Lana, Gran, Pipa… algunos de ellos rescatados del abandono, dejados a su suerte por el ser humano, los pequeños hombres, los futuros adultos, aprenden humanidad, emociones y a recibir y dar amor. Otro ejemplo de los perros. Otro ejemplo de aquellos que muchas veces reciben muy poco pero lo dan todo.

 

 

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12 nuevas vidas
Arturo Checa 13-01-2015 | 9:42 | 3

“Como particulares no tenemos medios para atajar el abandono, únicamente somos capaces de cambiar sus nefastas consecuencias, adoptando a los que son abandonados si podemos permitírnoslo, o con voluntariado o donaciones para mejorar sus condiciones de vida”.

La reflexión de la actriz valenciana Carmen Juan fue el espíritu, el mensaje y el ánimo que supuso el pistoletazo de salida para una de esas iniciativas maravillosas con los ‘pequeños peludos’. Así arrancó el desfile de perros abandonados, organizado por AUPA y Bioparc (es el quinto que ve la luz gracia a la colaboración conjunta), que poco antes de Navidad logró 12 milagros: que una docena de perros iniciaran una nueva vida… Gaspar, Irma, Ibiza, Laica, Nudo, Ícaro, Trufa, Dick o Set fueron algunos de los canes que han comenzado 2015 con la mejor de las noticias: ser acogidos y tener la posibilidad de VIVIR.

AUPA (Adopta Un Perro Abandonado) es una entidad que rastrea las perreras de Valencia en busca de perros a los que salvar, a los que dar una segunda oportunidad. Los rescatan, los medican, los alimentan, los miman… Todo, como siempre en estas organizaciones de ‘ángeles de la guarda’, de manera voluntaria, altruistamente, sin ánimo de lucro y con el impulso de personas anónimas, ciudadanos como cualquiera de nosotros con una vida estresante y sin un segundo libre, aunque ellos encuentran tiempo para su loable misión. Si uno no puede adoptar (no es ningún capricho) siempre puede donar (Banco La Caixa - Cuenta AUPA: 2100-7391-12-2200008763). Y estas son las nuevas vidas…

Gaspar.

Gaspar ya puede empezar de nuevo. Es uno de los 12 adoptados (desfilaron casi 40 perros, con lo que la proporción lograda por AUPA en el magnífico marco del Bioparc, que también participó en el desfile, es más que positiva, aunque uno siempre querría más…). Apenas tiene un año, y es un joven podenco, esa raza tan maltratada por los cazadores, ese colectivo tan necesario para mantener el equilibrio en el medio ambiente, con el responsable control cinegético, pero al mismo tiempo capaces de enormes atrocidades. Los podencos ahorcados, muertos a tiros o abandonados en las cunetas de carreteras se cuentan por centenares o miles en España. “Tienen una vida muy triste. Recluidos y hacinados en pequeños espacios hasta el día en que les necesitan para cazar. Gaspar ha acabado en mejores manos. Desde AUPA lo definían como “inquieto y alegre”, deseoso de estar con gente pero al mismo tiempo muy tímido. Enhorabuena por tu nueva vida, pequeño. Y gracias a Elena Lis, la persona que hasta ahora la ha tenido acogida.

Abba, una 'abuelita' adoptada en el Bioparc.

Irma, con sólo tres meses, ha vuelto a vivir. Desfiló por el Bioparc demostrando que es “una cachorrita bastante movida”, como la definen desde la asociación. Enloquece con sólo ver una pelota. Y ladra juguetonamente al paso de cualquier perro, le da igual el tamaño. Una delicia que ha disfrutado hasta estas Navidades Tamara, su ‘mami’ de acogida.

Rabbit recibe amor en el desfile.

Laika. Su historia es una de tantas pesadillas por los abandonos. Tendrá entre dos y tres años. Llegó a la sede de AUPA “muerta de miedo y en muy malas condiciones”. Con las almohadillas de los pies quemadas, destrozadas. El precio de vagar por la calle en busca de un hogar. En busca de amor. Devorada por las pulgas. Ahora, y tras la ayuda de su acogedora Ana Monforte, es alegre, juguetona y vivaz. Feliz nueva vida, Laika.

Nudo, con su nueva familia.

Nudo. Qué decir de Nudo. Si la historia de Laika es un ejemplo de los efectos de los abandonos y del pundonor de los canes, el de este perro ya adulto (7-8 años) es una auténtica epopeya. Apareció abandonado en un corral. Devorado por la suciedad, por los nudos en su pelaje (hasta su nombre es un homenaje a su lucha), por los parásitos, por la infección de sus ojos, cojo, muerto de miedo… El miserable pago de la raza humana al mejor amigo del hombre. Desde AUPA sospechan que vivió toda su vida “abandonado en la granja y que no supiera ni lo que era una caricia”. Ahora se derrite con cada caricia (bien lo sabe María José Pou, la que ha sido hasta ahora su ama de acogida), aunque no abandonará jamás el miedo que vive dentro de su cuerpo.

Laila.

Son sólo algunos de las historias de adopciones detrás del desfile organizado por AUPA y Bioparc. En él hay otros titanes. Como Nuka y Laila. Ellas no sólo luchan contra la lacra del abandono. Luchan contra la lacra social de ser una raza de las llamadas ”de presa”. Ellas son dos pitbull, una raza que, como lamentan desde la asociación, “en Estados Unidos son casi la mascota oficial. Es muy normal verlos correr y jugar en parques, o esperar atados a las puertas de supermercados esperando a su amo. Aquí, sin embargo, están considerados un peligro y la mayoría de veces son tratados fatal”.  El fruto de los tópicos irracionales. Y eso que Nuka y Laila son dos amores. En las instalaciones de AUPA, Nuka vive con otros CUATRO PERROS (¿¿dónde está la innata agresividad de la raza??). Y juega todos los días con VEINTE PERROS MÁS. Sí, es una PIT BULL.

Sus historias son un ejemplo de que hay vida y esperanza más allá del abandono. Y, a todos ellos, por cierto, ¡¡feliz día de San Antonio Abad!!, el patrón de los animales, el mismo que como cada año volverá a congregar el próximo sábado 17 de enero a cientos de personas durante la bendición de los animales en la calle Sagunto de Valencia. ¡FELIZ VIDA!

 

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Unos reyes para Elvis
Arturo Checa 06-01-2015 | 2:47 | 0

Elvis aún no sabe quiénes son los Reyes Magos. Seguramente nunca lo sepa. Pero sí busca a sus reyes particulares. A unos que le hagan el mejor regalo. La vida. Porque a este pequeño mestizo de dos meses le pueden quedar menos de 10 días de vida. Sólo sus particulares, Melchor, Gaspar y Baltasar pueden evitar que así sea. A él le sobra con un un rey. Alguien dispuesto a darle una segunda oportunidad, a dar el paso de adoptarlo, abrirle las puertas de su casa y permitirle VIVIR.

Elvis es uno de los más de 200 animales (perros y gatos principalmente) a los que Refugiocan salva literalmente la vida. Aunque ello signifique para esta entidad sin ánimo de lucro estar al borde de la muerte. Cuidar, alimentar, desaparasitar y vacunar a un sólo animal es ya tremendamente caro. Siempre me han parecido una obscenidad los costes de veterinarios, productos de higiene animal, alimentación… Para Refugiocan significa estar literalmente en una situación de endeudamiento eterno. Siempre al borde de la desaparición. Pero ahí siguen. Al pie de la calle. Salvando ‘callejeros’, como ellos los llaman (para ayudas y donativos, su cuenta en Bankia es 2038 6425 1830 0006 9534).
Con Elvis también lo hicieron la semana pasada. Pero todo tiene un límite (siempre el maldito dinero) y su tiempo se acaba el próximo 14 de enero. Entonces se verán obligados (las bocas que pueden mantener tienen, lamentablemente, un límite…) a llevarlo de vuelta a la perrera de la que lo rescataron y en la que iba a ser sacrificado. Ese será su final la semana que viene, el 14 de enero. Tú puedes evitarlo con una simple llamada al 651486606, (de 9 a 14 horas, y de 17 a 20 horas), el teléfono en el que tramitan las adopciones.

Amor sin límites en Refugiocan

Acabó en la perrera tras ser abandonado en plena calle de Valencia. El regalo de Navidad de alguno de los cientos de miles de seres humanos (¿humanos?) miserables que cada año dejan a su suerte a cientos de miles de mascotas que morirían por sus amos si fuera necesario. De allí lo rescató Refugiocan. En su Facebook lo definen como “sociable y muy dulce. Necesita adopción urgente. ¿Le das un hogar? ¡De verdad que merece la pena!”.

Juanito lleva dos años en Refugiocan. ¿Lo adoptas?

Es sólo uno de los desvalidos que te miran en busca de piedad desde el Facebook de Refugiocan. Como lo hace Ada, “una guapísima bebé de un mes y una semana”. Como lo hace Kio, “un precioso gordito de un mes”. O Mel, un gatito rescatado de la calle con sólo dos meses. O Gus, un peculiar pequinés albino “muy cariñoso, casero y sociable” y al que le encantan los gatos.
Son sólo algunos de los protagonistas de historias de amor rotas por la vileza humana. El fruto de decenas de miles de caprichos de niños a quienes sus padres son incapaces de enseñar que un perro no es un juguete. Que el cachorro que saluda simpático desde el escaparate de la tienda de animales, a 700 euros la pieza, es una inconmensurable fuente de amor pero tan inconmensurable el trabajo y sacrificio que entrañan. Ojalá hubiera más Mayas, más perros, gatos y otros animales que demostraran que las historias de amor también pueden tener un final feliz. Yo brindo por unos reyes para Elvis. Y para todos los demás pequeños peludos.

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