Las Provincias

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Fecha: febrero, 2015
Leer es muy ‘guau’
Arturo Checa 24-02-2015 | 8:39 | 2

Hoy toca dar el protagonismo de este espacio a una ‘estrella invitada’. Una mujer que deja a este servidor casi en mantillas con sus demostraciones de amor por los animales. No es otra que Jose Falco, responsable de la agencia de comunicación Nebo Comunicación, encargada de difundir grandes cosas de no menos grandes entidades como Fundación Acavall o la inmensa Asociación de Familiares de Alzheimer de Valencia. Aquí su Linkedin para más detalles. Ella será la encargada de narrar su experiencia con ‘Leer es muy guau’, que no es otra cosa que una iniciativa desarrollada con perros la semana pasada, con la Fundación Acavall detrás. Así que 3, 2, 1….

“¡Quiero tocarlos, quiero tocarlos!”, se escucha desde la sala de lectura infantil de la Biblioteca Municipal Azorín del barrio de Patraix de Valencia. Han llegado los ocho niños que van a participar en el primer taller del programa de la Fundación Acavall ‘Leer es muy Guau!’, dedicado a la animación a la lectura asistida con perros para niños con y sin discapacidad, que se llevará a cabo en 2015 en la red de bibliotecas municipales de la ciudad de Valencia y provincia.

Los niños entran en la sala con la mirada puesta en Ari y Hugo, los perros lectores. Están entusiasmados, quieren tocarlos y empezar ya a vivir la aventura de este taller que les contará historias mágicas con la compañía de dos Golden Retriever. Dos técnicos de Acavall, especialistas en Educación Infantil y en Intervención Asistida con Animales, se sientan alrededor de una mesa con seis de los niños participantes y comienzan a leer una historia con huecos, que ellos mismos deben completar. La imaginación comienza a fluir. La aventura ya ha comenzado.

Sin embargo, la verdadera motivación está en la otra punta de la sala. Dos de los niños comienzan a leer una historia a ‘Hugo’ y ‘Ari’. Los perross escuchan atentamente a los niños que leen, apoyan su cabeza en la pierna del niño y se dejan acariciar. Los niños se sienten escuchados, importantes, se sienten parte de la aventura.

Y así les va tocando el turno a todos ellos. Todos los niños, con y sin discapacidad, tienen la oportunidad de sentirse escuchados, integrados en un grupo de mayores, niños y perros, unidos por la pasión de leer. El programa ‘Leer es muy guau!’ tiene como objetivo favorecer el acercamiento de los más pequeños, con y sin discapacidad, al mundo de los libros y la literatura infantil de una manera motivadora, natural y divertida, contando para ello con la presencia de los perros, que son un gancho perfecto como animadores a la lectura. Además Leer es muy Guau! es un espacio inclusivo, donde todos los niños, con y sin discapacidad, pueden participar y compartir una actividad única.

La campaña, que se desarrollará desde febrero de 2015 (excepto julio y agosto) hasta enero de 2016, incluye hasta un total de 104 talleres de ‘Leer es muy Guau!’ Cada biblioteca contará con un taller que se llevará a cabo en dos sesiones.

Patri García, educadora infantil y técnico en Intervenciones Asistidas con Animales explica que desde el punto de vista educativo, “cada taller de ‘Leer es muy Guau!’ es una oportunidad única para que, a través de nuestros amigos de cuatro patas, los niños y niñas con y sin discapacidad compartan juntos la maravillosa experiencia de sumergirse en el mundo de los libros. Porque no sólo se trata de leer, sino de generar un espacio donde además aprendamos valores como la inclusión y la no discriminación”.

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Héroes anónimos
Arturo Checa 17-02-2015 | 9:52 | 2

 

Hay héroes anónimos. De esos que no aparecen en las noticias. De esos que no acaparan titulares. Pero que salvan vidas a diario. Sea una humana o una que parece insignificante pero que quizás mañana salve otras muchas. Miren la foto. Esas dos miradas que dicen tanto sin hablar. La de esa cosita peluda en brazos del bombero, observando casi juguetón la cámara, ausente e inocente ante la muerte casi segura que le aguardaba entre humo y llamas apenas unos minutos antes. Y miren al bomber, con una vida entre sus brazos, con esa mirada humilde, quitándole importancia a lo que acaba de hacer, rodeando con una mano protectora, las mismas con las que poco antes lo sacó de una casa tomada por el humo, rodeando casi paternal el cuerpecillo de esa cosita peluda, un cachorro que gracias a él sigue con vida.

El de la foto es uno de tantos servicios del Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia, como tantos de las Fuerzas de Seguridad que no salen a la luz. Quizás es la mejor noticia, porque eso significa que no ha habido víctimas, que el incidente no causó graves daños y que la emergencia no fue de importancia. El de la foto es un héroe anónimo. Un héroe al fin y al cabo. Este bloguero trató de contactar con él para conocer su historia de primera mano, pero su móvil aparecía siempre apagado. El lógico descanso del guerrero. Pero el servicio de prensa del Consorcio de Bomberos nos habló de su servicio. Ocurrió la semana pasada, en Albalat de la Ribera. Un incendio en una casa dejó aislados en la terraza a una mujer y un policía. Al llegar los bomberos de Alzira y Cullera, la pareja ya había logrado escapar. Pero los bomberos siguieron a lo suyo. Revisaron palmo a palmo la casa y la habitación calcinado. Y allí, acurrucado en un rincón de la estancia, descubrieron lo difícilmente descubrible. Al cachorro escondido, superviviente, quizás gimiendo de miedo o en silencio aterrorizado. Y el héroe anónimo y sus compañeros lo rescataron, conscientes de la máxima que lanza la grandísima película ‘La lista de Schindler: “El que salva una vida, salva el mundo”.

Otro héroe anónimo se conoció la semana pasada. En esta ocasión, con resultado trágico. Cabría preguntarse qué hacían dos niños de sólo 8 y 12 años solos en una peligrosa zona de acantilados. Pero esa es otra historia. No cabe añadir sal a la amarga herida que golpeará de por vida a la familia del pequeño. Los padres del pobre chaval de ocho años que en Begur (Girona) murió tras lanzarse al agua para salvar a su perro. El can se tiró y el pequeño no se lo pensó. Fue detrás. Su mascota logró salir. Pero él, jamás lo hizo. Los desesperados intentos de su primo de 12 años por salvarlo fueron en balde. Las aguas lo arrastraron.

Murió un pequeño valiente. Murió un gran héroe. Ya lo dijo Kant: “Se puede conocer a una persona por cómo trata a los animales”. En su dolor, en su inmensa pérdida, desde este humilde post mandó un mensaje de admiración a esos padres. Criaron a un gran niño. Se perdió un inmenso ser humano. Disfruten al menos de su grandioso recuerdo, de su entrega por un animal que si hubiera podido habría dado la vida por su hijo. Sin dudarlo. Como hizo su pequeño. Ojalá hubiera en el mundo más gente así.

 

 

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El pitbull que no quiso pelear
Arturo Checa 03-02-2015 | 9:35 | 9

Este post sólo lucirá una foto. Porque no hacen falta más. Porque con mirar a los ojos de Yak es suficiente. Porque su mirada lo dice todo. Porque con esos simples ojos grita, muerde, brama contra la brutalidad de la raza humana. Contra los cientos de miles de abandonos de perros que se producen cada día en España. Unos 200 cada día. Ocho de los llamados ‘mejores amigos del hombre’, aunque el hombre los azote, queme, insulte, grite y pisotee, ocho se quedan sin hogar, sin un cuenco de comida, sin una mano amiga cada día.

A Yak esa brutalidad casi le cuesta la vida. Apareció con la espalda partida en Carlet. Abandonado a su suerte, con la columna vertebral tronchada, apaleada por un ‘pecado’. Negarse a pelear. Negarse a ser sparring o verdugo de otros de los de su especie. Negarse a hacer gala de eso que muchos mal llaman “fiereza” de los perros de presa. Negarse a hinchar las cuentas corrientes de las muchas mafias que se llenan los bolsillos con las peleas de perros mientras el Gobierno mira para otro lado y no legisla para endurecer las penas contra estos malnacidos.

Yak, simple y llanamente, es un pitbull que se negó a pelear. Y sus inhumanos negreros lo pagaron con él a golpes y lo abandonaron en un paraje de Carlet. Allí lo encontraron tumbado, hecho un amasijo de suciedad y con las piernas absolutamente inertes. Y con sus ojillos tiernos mirando a sus salvadores. Incapaz de morder. De defenderse. Siendo un perro antes que uno de esos mal llamados “de presa”. Listo para dar amor al hombre. Como un buen perro.

Su historia no sólo es la prueba de que la leyenda negra de los perros de presa no es más que eso: una leyenda tan negra como incorrecta. Que no hay mejor dicho que aquel de ‘todos los perros se parecen a su amo’. Que los perros de presa atacan, enloquecen y se vuelven violentos porque sus dueños atacan a sus iguales a diario, enloquecen en la sociedad y viven su existencia con violencia. Y los perros, como los niños, imitan lo que ven.

Pero hoy Yak es todo ternura. Quitando algún problema de conducta con otros perros (lógico en cualquier animal que ha pasado por una de estas experiencias), el pitbull de ojos calmos se vuelca ahora con los que se han volcado con él. Empezando por Cristina, la voluntaria de la ong canina Huellas Callejeras de Chiva que se ha volcado por devolver a Yak la alegría. La vida, en una palabra. Porque ella se ha encargado de dar difusión nacional a la historia de Yak. Porque ella se ha encargado de mover en las redes sociales lo ocurrido con ‘su niño’ y de pedir justicia para los autores de inhumanidades como esta, con una campaña de recogida de firmas en internet que ya va camino de los 6.000 apoyos. Ella ha sido el alma de la campaña de solidaridad que se ha extendido por toda la Comunitat Valenciana y España para recaudar fondos para el cuidado de Yak, para lograr cientos de euros para sufragar la operación que reconstruyó los maltrechos huesos del perro, que hizo posible que hoy camine feliz gracias a unas ruedas sobre las que apoya sus patas traseras. Cristina ha sido la encargada de recaudar donativos para vacunar, alimentar, cuidar y sacar adelante a Yak (a través de la cuenta Bankia 2038 6046 42 3000524952), el hada madrina a la que no le han importado desvelos para lograr que Yak tenga un hogar y unos amos dignos de su grandeza canina.

Por eso la historia de Yak es tan grande. Por eso sus ojos y su lucha encierran tanto mensaje. Porque es una formidable prueba del poder del alma canina sobre los genes, del poder que el amor hacia los demás tiene y de como este es capaz de vencer hasta esa genética que puede empujar a los perros de presa a pelear. Es grande porque demuestra también el desbordado amor que muchos sienten (o sentimos) por los animales, las desmedidas y desinteresadas demostraciones que muchos humanos no dudan en hacer por esos impagables amigos peludos. Por la grandeza de los perros. Por la grandeza de los seres humanos con tantísima humanidad.

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