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Fecha: noviembre, 2015
El que salva una vida, salva el mundo
Arturo Checa 17-11-2015 | 9:42 | 1

AFP

Pueden haberlo perdido todo. Seguramente habrán mirado de cerca a la muerte. Quizás alguno de sus vecinos es uno de los más de 70 fallecidos que las inundaciones han dejado estos días en la India. Pero en la foto de AFP que abre este post, sus protagonistas lo tienen muy claro. Como sostiene la deliciosa frase de ‘La lista de Schindler‘, “el que salva una vida, salva el mundo”. La foto está fechada en el 17 de noviembre de 2015. Pero los valores que transmiten son intemporales, eternos.

Ese grupo de vecinos de la ciudad hindú de Chennai, cargando en una improvisada escalera a un pastor alemán herido, ensangrentado y vendado son la viva imagen de la grandeza humana. No se lo han pensado. Cargan al animal como si cargaran a un hijo propio. Sus rostros están llenos de serenidad. Quizás de tranquila resignación. Pero al mismo tiempo desbordan esperanza. La de una civilización y una comunidad de vecinos dispuestos a dar su vida y su esfuerzo por salvar una vida. Incluso por salvar la vida de un perro, de un animal. O quizás, SOBRE TODO por salvar la vida de un animal.

¿Y el rostro del pastor alemán? Se diría que hasta parece sonreír, mirar al agua que le rodea con asombro, con la sorpresa de verse salvado por los mismos seres humanos que en otros confines del planeta son capaces de la vileza de comerse a los perros, o que en mil y un rincones del globo abandonan cada día a millones de mascotas que darían la vida por ellos.

Ninguno de los improvisados rescatadores lleva nada en la mano, más allá de la pequeña bolsa que porta uno de ellos y que alza sobre el inundado terreno. En la improvisada camilla lo llevan todo. El tesoro. La vida salvada. El perro que quizás no sea de ninguno pero que en realidad pertenece a todos ellos. A la intrínseca bondad de la humanidad, capaz de sembrar la muerte y la locura en el corazón de París o de permitir seguir sonriendo a un pastor alemán en medio de un pueblo devastado por la fiereza del agua. Conscientes de la certeza de una frase: “El que salva una vida, salva el mundo”. Y quizás por eso la India esté predestinada a gobernarlo muy pronto.

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Los magos de la terapia
Arturo Checa 10-11-2015 | 9:11 | 0

Sonrisas. Aplausos. EntusiasmoGritos de alegría. Hasta algún intento de saltar desde la silla de ruedas. Son algunas de las reacciones de las personas de la residencia Carmen Picó de Alzira al comenzar la terapia canina de todos los miércoles. Y así ocurrió la pasada semana.

Uno de los magos de la terapia.

Trasto, Cora, Cleo y Bicho no faltan a su cita. Su objetivo, reforzar las habilidades comunicativas, afectivas y motrices de las personas con diversidad funcional, discapacitados y ancianos. Los cuatro canes son el alma de la ONG Intervención Ayuda y Emergencias (IAE). Con ellos, los voluntarios de la entidad realizan actividades y juegos con los animales que hacen las delicias de la quincena de integrantes de la residencia.

Internos del centro de Alzira.

“El contacto con los perros les aporta un incentivo diferente del trato cotidiano con los humanos”, cuenta Elia Martínez, una integrante de la ONG IAE. Eduardo no tarda en convertirse en un ejemplo. Los voluntarios le colocan a Trasto sobre sus rodillas y Eduardo empieza a peinarle. “Hazle una cresta”, le aconseja alguien.  Eduardo no lo duda. Comienza a estirarle el pelo hacia arriba con mucha delicadeza. El perro disfruta del momento y cierra los ojos.

Magia.

Eduardo tiene unos niveles de comunicación muy bajos. Casi nunca interactúa con los compañeros y sólo, a veces, emite algún sonido. Trasto obra en él el milagro. “Cuando llegan los perros le cambia la cara”, explica el director y psicólogo del centro, Paco Hernández, que está al frente del lugar desde su apertura en 1989. Como Eduardo, con este tratamiento muchos usuarios establecen relaciones afectivas y sociales en través del lenguaje no verbal. ”De todas las terapias que realizamos en el centro esta es una de las más llamativas porque proporciona beneficios que al ser humano se le escapan. Durante 45 minutos los perros se convierten en su apoyo emocional, relacional, comunicativo … Y esto nos da recursos y material para trabajar el resto de la semana “, puntualiza Paco Hernández.

Las personas con diversidad funcional que participan en terapias caninas como ésta reciben también el aprecio incondicional del animal, que los acepta más allá de cualquier prejuicio y prevención impuestas por la sociedad. En muchos casos se fomenta la autoestima de los pacientes, se palía su soledad y les ayuda a valorarse. Por eso, los animales que intervienen en actividades terapéuticas deben tener ciertas características: ser sociables, ágiles, inteligentes, muy cariñosos y obedecer tanto al cuidador como a los pacientes. También es recomendable que tengan un tamaño medio, pensando en las personas que están en la cama o en la silla de ruedas.

Otro mago es Bicho. Este pone una pata encima de una de las personas invidentes. Este, al abrazarlo, certifica que los perros siempre están “calentitos y suavets”. ”La risa tiene un valor terapéutico muy importante” , afirma el director general de Diversidad Funcional de la Consejería de Igualdad y Políticas Inclusivas, Antonio Raya. El vínculo sentimental con el animal es casi milagroso, especialmente para las personas que se encuentran en situación de orfandad absoluta. A muchos usuarios del centro se les ha tenido que educar en el afecto a los perros para conseguir una conducta natural de acercamiento a los animales, donde el rechazo, la desconfianza o el miedo se arrincone para dejar paso a la alegría y la emoción. Este tipo de tratamientos, que se lleva a cabo sobre todo con perros y caballos, permite además a los terapeutas y voluntarios lograr una mejor interacción por parte de las personas enfermas. Sólo mimando a Cora o Trasto, los pacientes ejecutan ejercicios de motricidad fina que de otra forma serían imposibles.

Todo cariño.

Abrazarlos o pasear con los perros ayuda a los pacientes a reducir los niveles de ansiedad y aliviar los casos de depresión. La terapia en el centro de Alzira se desarrolla durante 45 minutos. E incluye ejercicios intelectuales que alimentan el aprendizaje y el trabajo en equipo de forma siempre lúdica. Los juegos trabajan los colores o los números, cuestiones muy básicas donde los perros son un apoyo fundamental. ”Dos más dos?”, pregunta uno de los voluntarios. ”Cuatro”, anuncia Esther, una de las personas con diversidad funcional que participa. Fali opta por levantar cuatro dedos de su mano. Llega entonces el momento más esperado por todos los presentes, ahora tiene que dar su respuesta Cora, una de las perras.“¿Cuánto es dos más dos?”, le preguntan. Y ella no lo duda: “Guau, guau, guau, guau”. Cuatro ladridos. Todos aplauden y silban. La magia lo ha vuelto a lograr.

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Él nunca lo haría
Arturo Checa 03-11-2015 | 7:29 | 2

AFP PHOTO / VLADIMIR SIMICEK

La frase que sirve de título a este post era el corazón de la mítica campaña contra el abandono de animales más genial y sencilla que uno ha visto. “Él nunca lo haría”. Luego muchos han utilizado la frase, pero por primera vez lo hizo la Fundación Affinity allá por 1988, con un solitario mastín entregado a su suerte, en medio de una carretera, preguntándose con los ojos por qué alguien podía hacerle eso. La genial frase bien podría emplearse de nuevo con el pastor alemán de la foto. Una máquina de matar, un ingenio de destrucción por caer en las manos equivocadas. Porque él nunca lo haría. Él nunca se abalanzaría a destrozar a dentelladas a un niño que recorre la embarrada Europa, huyendo de las bombas y luchando por su vida. Él jamás haría llorar a una madre viendo su familia hecha añicos mientras huye de los perros asesinos. Pero la foto deja bien claro que “el hombre es un lobo para el hombre”. Y que hasta un pastor alemán, el can más equilibrado e inteligente de entre todas las razas, acabe convertido en un demonio.

Hoy sólo comentaré una imagen. Una instantánea que me ha llegado al alma revisando teletipos de agencia en la redacción. El perro de la foto estira su cuerpo hacia su presa en Eslovaquia. Aunque él seguramente preferiría no estar ahí. Forma parte a la fuerza de un simulacro entre la Policía y el Ejército eslovacos en las fronteras del país. El hombre que camina encorvado y engrilletado finge ser un inmigrante ilegal que ha entrado en el país. Y el perro, entrenado por la mano de lobos, mataría por clavarle sus colmillos. Es el mensaje más directo para las decenas de miles de refugiados que luchan contra el frío, el hambre, las enfermedades y la insolidaridad humana por el viejo y descosido continente.

Él, si pudiera, nunca lo haría. Él, si pudiera, se comería a lametones y carantoñas a cualquiera de los miles de niños que a estas horas lloran, tiritan y sufren en algún punto de alguna frontera de Europa, huyendo de la sinrazón de Siria, del avispero de Irak o de la locura del corazón de África. Pero el hombre le ha enseñado a morder y a matar. El mismo hombre que se cruza de brazos ante el drama humano a las afueras de nuestra puta Europa o que acusa a los medios de comunicación de morbosos por difundir cruentas imágenes de la REALIDAD. Ojalá fuéramos bastante más perros.

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