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Fecha: febrero, 2016
La lucha de Kisu y Salao
Arturo Checa 23-02-2016 | 9:26 | 0

Kisu y Salao fueron el lunes unos más de los casi 200 perros que, obviamente junto a sus amos, se congregaron en el entorno de la peculiar ‘montañita’ situada junto al campo del Rumbo en el viejo cauce del río Turia. Lo hicieron durante la primera jornada práctica de la 9ª edición del curso gratuito de Educación Canina que organiza la protectora Modepran junto con la escuela de educadores caninos CIM  y la Concejalía de Bienestar Animal del Ayuntamiento de Valencia. En total, 165 ciudadanos se inscribieron en la jornada, que continuará el próximo lunes y se verá culminada el 7 de marzo.

Pero en realidad Salao y Kisu no eran unos perros más en el curso. Los demás canes tenían amo. Ellos, no. Ambos están bajo el cuidado de Modepran, y los dos son un ejemplo de dos cosas: de nuevo del incomparable afán de superación de muchos animales y de la obediencia y lealtad casi innata de los pequeños peludos.

 

 

 

 

KISU – Lleva ya año y medio en la protectora, como cuentan desde la misma. No era más que un cachorro, precioso y bueno. Pronto encontró un hogar. O eso creía él. Porque en realidad fue un infierno. Los amos que lo adoptaron lo dejaron atado y sólo en un balcón. Los miembros de Modepran, que nunca se olvidan de sus ‘ángeles’, no tardaron en conocer su infeliz situación. Retiraron la adopción y volvieron a cuidar a Kisu en las instalaciones de la protectora. Mirad esos ojos. Bondad pura.

 

 

 

 

SALAO – El nombre no puede estar mejor puesto. Mirar a este perro pastor mestizo es ver simpatía, alegría, vitalidad y pura vida. Y eso que su pasado no ha sido precisamente fácil: vivía en la calle con un mendigo que lo molía a palos y que pagaba con el animal sus problemas con el alcohol. Modepran supo de su historia y no dudo en acogerlo. Hoy “siempre está contento y es tremendamente sociable pese a la dura vida que ha tenido”, como explican desde la protectora valenciana.

 

 

 

 

Los dos esperan una cosa: SER ADOPTADOS. El lunes, durante el curso de educación canino, demostraron ser dos ‘gentlemans’ caninos. Deseando aprender y ser civilizados. Como el resto de participantes en la jornada de adiestramiento. Como explicaron desde Modepran, todo los ciudadanos cumplieron escrupulosamente las normas  en el viejo cauce: perros atados, recogida de heces, bozales los que por ley están obligados… Y todos lograron “conectar con su compañero de cuatro patas y bajo las instrucciones de los educadores caninos aprender a ser unos buenos ciudadanos”, caninos y humanos, detallaron desde la asociación.

El objetivo de la iniciativa de Modepran, CIM y el Ayuntamiento no es sólo mejorar la educación de los canes, sino también “evitar el maltrato o abandono“. Y en el mensaje de la protectora reside sobre todo una inmejorable intención: “Ayudar a mejorar la opinión pública que sufre las consecuencia de propietarios que no respetan las ordenanzas municipales o no pueden controlar a sus perros en las calles o los parques”.

Las clases prácticas tienen lugar de 9.30 a 11 horas en la zona de Naturia(bajo puente de Campanar). Las inscripciones se pueden efectuar a través de la web de Modepran o en el contacto que aparece en el cartel.

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Una red contra los perros perdidos
Arturo Checa 16-02-2016 | 8:13 | 4

 

Hoy esto va de perros, como no. Pero además va de apps. Y de una con raíces valencianas. De una que con muy poquito dinero puede evitarnos el disgusto de que nuestra mascota se pierda, por ejemplo en algún sitio tan amplio como el Parque de Cabecera, o si salimos por El Saler o algún otro punto del monte valenciano en el que los árboles o la espesura del terreno nos impidan seguir todo el tiempo con la vista a nuestro can. Se llama FantasticoPets. El invento es sencillo, aunque no por ello menos ingenioso. Por un lado, la mayor inversión, un localizador, el quid de la cuestión, formado por un pequeño colgante que colocar en el collar de nuestro perro. Veinte euritos y nuestro chuchete estará en todo momento localizado por GPS.

 

La otra parte del invento es la app en sí, gratuita y disponible en Google Play y la App Store. La aplicación hace que nuestro perro aparezca perfectamente ubicado en la ‘pantalla-radar’ de nuestro móvil. Eso sí, con un hándicap: la localización se limita a un radio máximo de 80 metros. Más allá de esa distancia, nuestro móvil no detecta al animal. Y aquí es donde entra lo de “red contra los perros perdidos”. Si nuestro perro se pierde, otros usuarios que tengan la aplicación descargada pueden detectar al animal si entra en su radio de acción. Es decir, un sinfín de “repetidores” de la App que multiplican la posibilidad de final feliz para la mascota perdida. De momento Google Play habla de más de 10.000 descargas, o sea que la red se va ampliando poco a poco.

José María Sánchez es el valenciano responsable del invento. Nos cuenta que la próxima semana andará por China promocionando su actividad. Por cierto, que FantasticoPets también permite compartir en red alertas de otros perros perdidos, una especie de forma masiva de colgar en internet uno de esos carteles con una foto y un texto que a menudo vemos por las calles; o utilizar la app como una especie de podómetro para medir los paseos que damos con nuestro peludo, un “paseómetro” con contador de calorías gastadas para el amo… ¡y para el perro!; e incluso FantasticoPets permite colgar anuncios de adopciones de protectoras. También aparecen enlaces a artículos de mascotas y otras compras, con una parte del importe destinado a protectoras, como aseguran desde FantasticoPets.

Un ingenio muy original y que, de cuajar y extenderse mucho entre los dueños de perros, puede ser una gran manera de acabar con los quebraderos de cabeza de que tu perro se pierda. Echando un vistazo a las opiniones del Google Play, muchos alaban la app y su funcionamiento.

Eso sí, otros lanzan críticas, que expondremos aquí para que los impulsores de la app traten de sacarle brillo a esta joyita. Los hay que ven mal que la aplicación te pida enlazarse con tu cuenta de Facebook para funcionar, por aquello de la privacidad y de que muchos no tienen perfil en la red social. Otros hablan de errores de la app, que se bloquea o que no permite registrar al perro. Y alguno lamenta que no permite ponerse en contacto con el dueño de un perro perdido.

Como no nos cabe duda de que los errores se corregirán (en Google Play habla en la última actualización de corrección de fallos), no puedo más que dar un soberano sobresaliente a su creador. Sobre todo por frases tan acertadas como uno de los eslogans que aparece en la página de Google Play: “Queremos ser el segundo mejor amigo de las mascotas; el mejor siempre será el dueño”.

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La lealtad no entiende de color de piel
Arturo Checa 02-02-2016 | 9:40 | 0

Foto de Sajjad Hussain. /AFP

En el sistema de documentación del periódico tengo una carpeta bajo el nombre de ‘Dog’. En ella entran cada día decenas, cientos de fotos de perros de todo el mundo. Es un pequeño oasis en el que me refugio a veces para escapar de juegos de naipes con el Gobierno del país como botín, de ‘Taulas’, tahures del dinero público o de explicaciones no dadas por políticas de postín. Un refugio en el que deleitarse con fotografías de perros patrullando la franja de Gaza con el mismo afán juguetón con el que corretean tras una pelota, ajenos a la maldad y destrucción que reinan a un lado y otro entre esos que se hacen llamar seres “humanos”; o instantáneas de desfiles de perros ataviados como payasos, saltimbanquis o vestidos de zorros; pequeños falderos refugiados en los brazos de sus amos mientras a su alrededor se decide el futuro del primer país del mundo en eso que casi suena a ladrido de los Caucus de Iowa; o cachorros a los que acarician niños de rostro ennegrecido a su llegada a Europa, refugiados de los miles que cruzan a diario el continente huyendo de la guerra y la barbarie en Asia, por fortuna supervivientes de esa lacra de 10.000 niños desaparecidos en el camino, al parecer víctimas de las mafias de explotación sexual de menores.

Y hoy me he parado en la imagen que abre estas líneas. Mientras la contemplo suena en mis auriculares el tema principal de la banda sonora de ‘La lista de Schindler’. Esa epopeya del industrial alemán que, una buena mañana, decidió jugarse la vida por salvar a miles de judíos, aun a riesgo de que eso le costara perder la suya propia. Y lo miro a él, a ese chucho de pelo blanco pero ennegrecido por la suciedad de la calle. Con un vistazo sirve para comprobar que estamos en la India. La túnica naranja del dueño (o dueña, porque cuesta discernir si es hombre o mujer) del can delata al instante la situación geográfica de la escena. Pero de no ser por eso, podría ser cualquier calle de Valencia, Madrid, Roma, Nueva York o Tombuctú.

El pie de foto sitúa el instante en Nueva Delhi, ayer 1 de febrero, y describe a los protagonistas como “un vendedor y su perro”. Si los ropajes del protagonista humano de la instantánea fueran más neutros, la foto serviría para cualquier rincón del mundo. Y la conclusión es clara: la lealtad no entiende de color de piel. Ni de culturas, ni de civilizaciones, ni de idiomas, ni de costumbres. La lealtad es intrínseca a los perros. El de la foto diríase que dormita, que unos segundos después de cerrarse el objetivo de la cámara y captar la estampa, el mestizo cabeceará taciturno. Quizás arrancará una sonrisa del vendedor o vendedora, un instante de alegría en una vida callejera de suplicio, hambre, frío y calor. Al chucho le da igual.

Como le da igual a cualquier chucho callejero de cualquier rincón del mundo. Dicen que los occidentales son más sentimentales y humanos que los fríos orientales. Que aquí somos más de hacer vida en la calle y allí más de hacerlo de puertas para adentro. Entre chuchos es lo mismo. Aquí y allí son y serán fieles. Pasen hambre, frío, sueño y acabe costándoles eso la muerte. Seguirán día y noche al lado del vendedor hindú o del mendigo que empuña una guitarra y un brik de vino en cualquier esquina de Ruzafa. Fieles sin mirar la hora o el color de piel de su anhelado amo.

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