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Navidad en el Bioparc

Ya es Navidad en el Bioparc. Ese eslogan sí que mola, y no algún otro más famoso y con similar cantinela. Porque ver a las leonas dando saltos para explotar los globos que cuelgan de los árboles, a las hienas con la cabeza dentro de los regalos, a los chimpances metiéndose literalmente en las cajas, a los gorilas rasgando papel de regalo con ojillos de ilusión y chupándose los dedos con el gastronómico regalo de su interior, a las suricatas sobre dos patas oteando expectantes una caja colgando sobre su hogar, a los elefantes hurgando con sus trompas en las cajas… Todas esas escenas sí que no tienen precio. Y todas se han vivido en el Bioparc, otra joya de Valencia, donde ya es Navidad.

 

 

Papa Noel se ha adelantado y ha dejado escenas tan lindas como las que se ven en el anterior vídeo. Hienas, leones, suricatas, leopardos, elefantes, chimpancés y gorilas han amanecido decorados y con cajas sorpresa llenos de regalos y delicatessen gastronómicas para cada especie animal. El equipo de cuidadores del parque ha sido el encargado de que las familias de animales comenzaran la Navidad como lo harán muchas familias humanas. No faltó ni Papá Noel, dejando los regalos en los diferentes rincones del parque. Con los animales en sus guardias, claro está, que con civilizados… pero lógicamente salvajes.

Papa Noel coloca los regalos en el Bioparc.

En un año de ‘baby boom’, las crías han vivido algo nunca visto por ellas. Sorprendidas se han quedado la bebé gorila Virunga, la cría de hiena Niru o el cachorro de leopardo Ekon. No menos alucinados los muchos niños que contemplaban el deleite de los ‘peludos’ junto a sus diferentes hábitats. Los animales adultos también han ofrecido imágenes espectaculares, como el león Teimoso que de un salto ha ‘cazado’ una caja llena de carne colocada en lo alto de un árbol, o la manada de elefantes que se ha dado un festín con todas las delicias vegetales que han encontrado junto a los enormes baobabs.

Los chimpances escudriñan un regalo.

Como señalan desde Bioparc, así da comienzo la Navidad comprometida y solidaria del parque valenciano, que también hoy ha abierto su Poblado de las Jaimas. En un entorno original y mágico se ofrece, hasta el 5 de enero, un programa de actividades de ocio gratuitas con contenido lúdico-formativo con juegos y talleres que ayudan a los más pequeños a darse cuenta de la importancia de sus comportamientos para la preservación del planeta.

Las suricatas, expectantes.

La Fundación Bioparc está presente con un espacio donde se da a conocer la importancia del compromiso con el bienestar de los animales próximos y lejanos. Y en el Rincón solidario entidades sin ánimo de lucro como el Instituto Jane Goodall, Aldeas Infantiles, Cáritas, ACNUR, Arcadys, PayaSOSpital, Idogs, Motores Sin Fronteras, Fundación Pequeño Deseo, Fundación Vicente Ferrer y Manos Unidas, realizan cada día una actividad distinta.

La gorila, con su bebé y su regalo.

También se pueden entregar juguetes nuevos o en buenas condiciones para otros niños en un espacio habilitado para la recogida solidaria que, con el lema ‘Todos los niños merecen jugar’, se ha organizado a favor de la Fundación ANAR y en colaboración con El Corte Inglés.

El león 'atleta'.

 

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La cocinera de los 3.000 clientes al día

Raquel Marqués es posiblemente una de las cocineras con más éxito de Valencia. Y con más trabajo. Cada día tiene 3.000 clientes en su ‘restaurante’. Ni uno más ni uno menos. Ninguno falla. Aunque tampoco suele tener más. Por algo en su cocina tiene un diploma de ‘supercocinera‘.

El diploma de Raquel.

Otorgado por sus propios clientes. No hay ‘local’ gastronómico más concurrido en la ciudad. Raquel Marqués es la jefa de cocina de animales del Bioparc. Y conocerla, comprobar la alegría con la que hace su trabajo, la sonrisa con la que relata como trocea la fruta con la que acompaña la dieta de los carnívoros o con la que despieza unos pollos para los felinos, el hecho mismo de visitar uno de los sitios menos conocidos de esta maravilla de parque de animales, por todo ello ya es más que una suerte tener este blog.

El primer mito (o mejor leyenda urbana) que destierras en cuanto pones un pie en la impecable cocina del Bioparc es aquel de “a los animales les deben dar fruta pasada, carne a punto de quedar en mal estado y alimentos más bien pasaditos”. Cuando uno aprecia el lustre de los platanos (un empleado del parque pasará luego a comerse uno), el brillo de la carne, el aspecto de los tomates, las acelgas, las lechugas… o la vivacidad de los gusanos (estos no son precisamente apetecibles, aunque sí sean un manjar para driles o mangostas), se da cuenta de que la calidad brilla por su presencia.

Una macedonia para chuparse los dedos.

“Al final es una cuestión de lógica: un buen alimento, sano y con todas sus propiedades, acaba suponiendo una buena salud de los animales, y eso lo que aquí buscamos”, cuenta Kielo Bokoko, del departamento de Comunicación de Bioparc, mientras observa un plátano con mirada de apetito.

Pollitos, un manjar para los felinos.

 

Las cifras del Bioparc son tremendas. Unos 100 menús se mete entre pecho y espalda Raquel. Más bien pasan por sus manos, para contentar a más de 3.000 animales de unas 200 especies. Nunca antes había trabajado en un restaurante. “Mis padres tenían un bar”. Y algo ahí se desfogó la ‘superchef’. La lista de la compra, la que se maneja a diario, lo dice todo:

  • 570 kilos de alfalfa y heno.

  • 300 kilos de fruta y verdura.

  • 250 de piensos variados.

  • 130 de carne (de caballo, pollo, pollitos, ternera, palomas, codornices, conejos, ratas y ratones).

  • 20 kilos de pescado.

  • 2 kilos de arroz.

  • 1 kilo de gusanos.

  • 20 unidades de yogur

  • 9 litros de zumos.

  • Caldos e infusiones en invierno.

  • Helados en verano.

     

    La pizarra de los secretos.

     

Da gusto pasear por las cuatro cámaras frigoríficas de la cocina del Bioparc. A mediodía aparecen a rebosar de cubos de verdura, fruta, pienso… Son las cenas. Raquel los deja preparados para sus chicos Aún queda algún cubo de los helados con los que se deleitan los animales en verano. A los chimpances sobre todo les apasionan. No menos que el pan a los elefantes. “Se pirran por él”, resume Raquel. Junto a las cámaras hay montañas de chuscos de pan, golosinas para los paquidermos.

Gusanos a mansalva.

En una pizarra, mil y un secretos de la cocina de los 3.000 comensales. Como la ‘nueva dieta de las cigüeñas’, que hay que sacar del congelador ocho ratones para los marabús, o tres codornices para los talapos o un conejo para los leopardos y las fosas. Mil y un detalles del mimo con el que se trata a las especies. O consejos que demuestran el afán de la tarea entre fogones: “Dios bendiga a quien no me haga perder el tiempo”.

Todo esto se comen sólo los leones.

En una barreña junto a Raquel, uno de los menús para una de las especies más delicadas. El puré de los oricteropos, el cerdo hormiguero, con arroz, manzana, pienso de perro… todo bien trituradito para que el oricteropo lo acepte. Ellos también tienen su paladar. A Tata, una de las leonas, no le gusta la carne de caballo. La otra cara de la moneda es Keops, uno de los leones más veteranos del parque, con 18 años. “¿Está enfermo?”, se preguntan algunos al verlo siempre delgado y siempre delgado. Todo lo contrario. Nadie zampa más que él. Más de 23 kilos de carne a la semana, entre caballo, pollo y vaca.

La bandeja de las tortugas es digna de un autoservicio vegetariano: escarola, col china, endibias, col, apio, puerro, zanahoria, rábano, remolacha, pimiento, pepino, calabacín y lechuga. Casi nada. ¿Y la cena de los gorilas. Seis lechugas, 18 zanahorias, 12 pepinos, seis puerros, 12 cebollas, una calabaza, 12 manzanas, 12 platanos y una piña. Espectacular. Luego hay quien cuestiona que el Bioparc es muy caro…

Santi y Pablo, con el rancho de los elefantes.

A los cachorros que lo necesitan se les alimenta con biberón. Pero siempre se intenta que sea lo menos posible. Seguir el camino de la naturaleza. “Cuando a la madre no le sube la leche o alguna cría es rechazada, pero siempre como último recurso”, explica Bokoko. Otro espectáculo es ver a los elefantes alimentarse en el interior de la roca. Los visitantes no disfrutan de ello, es uno de los secretos internos del Bioparc. Desde la cueva de Kitum se ve a los paquidermos aglomerados alrededor de una roca. La roca, la llaman los empleados. Como Santi y Pablo, los encargados de abrir un cubículo con seis orificios para las trompas de los animales. Allí echan heno, paja y una bola gigante para que los elefantes saquen la comida del dentro. “Se trata de que no consigan todo automáticamente, que tengan que trabajárselo, como en la vida real“, explican sus cuidadores. Ahí va el vídeo de ese mágico instante.

Al final, hasta en el corazón de Valencia, los animales viven como si estuvieran en la mismísima sabana. Esa es la grandeza del Bioparc.

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El doble milagro de Wilma

Miren a Wilma con esa simpática diadema de espumillón en la cabeza, jovial y toda pancha sentada en un butacón. Miren a la bulldog francés y digan si parece que hace apenas unos meses tuvo que someterse a una operación para extirparle un tumor cerebral. De hecho, la segunda en poco menos de un año. Y aquí es donde está lo prodigioso de esta historia. Que Verónica Navarro, su dueña, una joven de Chiva, no dudara a la hora de desembolsar el coste de una doble operación, algo que a muchos propietarios les deja a menudo paralizados. No son a menudo baratos los tratamientos veterinarios. Lo sabe uno por experiencia, consciente de que cualquier visita a por vacunas, pastillas o revisiones acaba suponiendo un agujero en el bolsillo a la salida de las clínicas. Así que OLÉ por Verónica y su entrega por su mascota, algo que sin duda Wilma también haría. Y OLÉ por el Hospital Auna, un centro que echó a andar en noviembre en Paterna y una auténtica referencia en el sector, al ser el único hospital veterinario de España que aúna tres especialistas en Oncología, Cirugía y Neurología.

 

¿No queda claro el éxito de la operación a Wilma? Pues aquí va un vídeo que lo deja bien, bien clarito, sobre todo al comprobar el rótulo de “dos horas después de la operación” y observar cómo la bulldog anda lozana por las instalaciones de Auna, después de pasar por el bisturí del neurólogo Alejandro Luján. Para los entendidos en materia veterinaria, pues también un pequeño fragmento de cómo fue la operación de doble extracción de tumor.

En España hay apenas media docena de centros con especialistas e instalaciones aptas para llevar a cabo esta intervención quirúrgica, lo que eleva aún más el mérito de la intervención sobre Wilma y de las credenciales de Auna. Verónica Navarro, la joven de Chiva dueña de la coqueta bulldog francesa sonríe ahora al recordar cómo empezó todo el verano pasado. “Creíamos que tenía un golpe de calor”, recuerda al comprobar cómo Wilma empezó a convulsionarse. Los bulldogs acostumbran a tener muchos problemas respiratorios. Alejandro Luján comprobó con un TAC que todo se debía a “una masa sospechosa.

Comenzaba la lucha contra los tumores, un reto idéntico entre seres humanos o entre animales. “Nada más operarla, esa misma tarde ya quería volar del sitio”, rememora hoy Verónica. Pero meses después volvió a aparecer otro tumor. de nuevo comenzaba la pelea. Y otra vez el éxito en la operación. “Por suerte tenemos una perra muy fuerte y una dueña dispuesta a lo que sea por ella“, subraya el cirujano.

Wilma y Verónica.

 

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Una red contra los perros perdidos

 

Hoy esto va de perros, como no. Pero además va de apps. Y de una con raíces valencianas. De una que con muy poquito dinero puede evitarnos el disgusto de que nuestra mascota se pierda, por ejemplo en algún sitio tan amplio como el Parque de Cabecera, o si salimos por El Saler o algún otro punto del monte valenciano en el que los árboles o la espesura del terreno nos impidan seguir todo el tiempo con la vista a nuestro can. Se llama FantasticoPets. El invento es sencillo, aunque no por ello menos ingenioso. Por un lado, la mayor inversión, un localizador, el quid de la cuestión, formado por un pequeño colgante que colocar en el collar de nuestro perro. Veinte euritos y nuestro chuchete estará en todo momento localizado por GPS.

 

La otra parte del invento es la app en sí, gratuita y disponible en Google Play y la App Store. La aplicación hace que nuestro perro aparezca perfectamente ubicado en la ‘pantalla-radar’ de nuestro móvil. Eso sí, con un hándicap: la localización se limita a un radio máximo de 80 metros. Más allá de esa distancia, nuestro móvil no detecta al animal. Y aquí es donde entra lo de “red contra los perros perdidos”. Si nuestro perro se pierde, otros usuarios que tengan la aplicación descargada pueden detectar al animal si entra en su radio de acción. Es decir, un sinfín de “repetidores” de la App que multiplican la posibilidad de final feliz para la mascota perdida. De momento Google Play habla de más de 10.000 descargas, o sea que la red se va ampliando poco a poco.

José María Sánchez es el valenciano responsable del invento. Nos cuenta que la próxima semana andará por China promocionando su actividad. Por cierto, que FantasticoPets también permite compartir en red alertas de otros perros perdidos, una especie de forma masiva de colgar en internet uno de esos carteles con una foto y un texto que a menudo vemos por las calles; o utilizar la app como una especie de podómetro para medir los paseos que damos con nuestro peludo, un “paseómetro” con contador de calorías gastadas para el amo… ¡y para el perro!; e incluso FantasticoPets permite colgar anuncios de adopciones de protectoras. También aparecen enlaces a artículos de mascotas y otras compras, con una parte del importe destinado a protectoras, como aseguran desde FantasticoPets.

Un ingenio muy original y que, de cuajar y extenderse mucho entre los dueños de perros, puede ser una gran manera de acabar con los quebraderos de cabeza de que tu perro se pierda. Echando un vistazo a las opiniones del Google Play, muchos alaban la app y su funcionamiento.

Eso sí, otros lanzan críticas, que expondremos aquí para que los impulsores de la app traten de sacarle brillo a esta joyita. Los hay que ven mal que la aplicación te pida enlazarse con tu cuenta de Facebook para funcionar, por aquello de la privacidad y de que muchos no tienen perfil en la red social. Otros hablan de errores de la app, que se bloquea o que no permite registrar al perro. Y alguno lamenta que no permite ponerse en contacto con el dueño de un perro perdido.

Como no nos cabe duda de que los errores se corregirán (en Google Play habla en la última actualización de corrección de fallos), no puedo más que dar un soberano sobresaliente a su creador. Sobre todo por frases tan acertadas como uno de los eslogans que aparece en la página de Google Play: “Queremos ser el segundo mejor amigo de las mascotas; el mejor siempre será el dueño”.

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El infierno de Óscar y Elena

Óscar, en el infierno.

La historia de Óscar y Elena es de las que te rompe el alma, pero al mismo tiempo es una de esas historias que te llena el corazón. Te rompe el alma ver cómo dos perros, madre e hijo, pueden acabar sufriendo de tan ruin manera las consecuencias de años y años de abandono. Hasta el punto de prácticamente dejarse morir en una casa en ruinas. Pero el corazón se te hincha y vuelves a confiar ciegamente en la bondad del ser humano al ver a Michel Nebón (el rescatador) y a los chicos de Let’s Adopt International (la entidad de rescates caninos extremos que ha difundido su caso en las redes y trata de sacar adelante a madre e hijo) conducir una y otra vez entre los caminos de Montserrat, colocar con mimo Michel el lazo en la cabeza de Óscar y Elena, cogerlos en brazo con mimo y llevarlos hasta un hospital donde tratar de lograr el milagro de curarlos. Porque ambos están al borde de la muerte. Pero ambos aún se aferran a la vida. Y entonces, la esperanza sigue.

Óscar, muy grave.

Su vuelta a la vida se produjo el primer fin de semana de septiembre. La llamada de un vecino de Montserrat a Michel obró el inicio del milagro. El joven veía desde hace más de un año a los dos perros vagando por los alrededores de la casa en ruinas. Entre piedras sueltas y basura. Sólo salían de noche, cuando nadie les veía, en busca de comida y agua. Apenas nunca la lograban. Por el día volvían a esconderse en el infierno.

Míchel observa a Óscar (izquierda) y Elena. La madre se escondió después.

Madre e hijo han perdido el pelo y su piel casi parece una costra. Entre cicatrices y pulgas. Y dentro de sus cuerpos, una bomba letal… “Sarna, leishmaniasis, ehrlichia y anaplasma, las cuatro enfermedades juntas podrían matarle. Pero Óscar es fuerte… fortísimo… y, si nos ayudáis, estoy seguro que le salvaremos”, es el mensaje de Let’s Adopt International, quien ha puesto en marcha un paypal para recaudar donativos con el que salvar a Óscar.

Ahí va el vídeo del rescate de Óscar

Cuando Michel rescató a Óscar, a su lado estaba Elena, su madre. La perra ni se movía. Al lado de su hijo. “Se dejaba morir”, relata el rescatador. Cuando Michel logró ponerle el lazo en el cuello al más joven de los animales, la madre se escabulló entre los escombros. Esperó hasta que supo que el perro estuvo a salvo y luego huyó. De nuevo en el infierno. Pero Michel no estaba dispuesto a olvidarla. “Le hicimos una promesa: que no la dejaríamos atrás. Que no solo salvaríamos a su hijo sino que volveríamos a por ella”, explican Michel y Let’s Adopt.

Míchel y Elena

Y vaya si lo hicieron. Volvieron a emprender el camino de la esperanza entre los caminos de Montserrat. Otra vez la ruta del milagro. Dieron de nuevo con Elena. Moribunda, incapaz de defenderse ni del lazo con el que la inmovilizaron para trasladarla al veterinario. Sólo dio señales de vida cuando Michel le dio un trozo de comida. Seguramente el primer bocado en meses. Fue antes de volverse a sentir amada en los brazos de Michel.

El dolor de Elena.

Ahora lucha también por sobrevivir en un hospital canino. “Está en cuidados intensivos. Está tan enferma como su hijo, o más. Esquelética y deshidratada. La sarna se la come. Su sangre está envenenada por leishmania, erhlichia y anaplasma, como él. Sus riñones apenas funcionan. Nunca se habría recuperado sola. De hecho, se había buscado un rincón donde morirse“, subrayan sus rescatadores, que también recaudan para salvar a Elena. Ahí va el vídeo del rescate de Elena, “llamada así por lo hermosa que es“, subrayan sus rescatadores.

 

 

 

Hoy luchan los dos. Viven. Hay esperanza aunque parezca mentira. Sirva el ejemplo de Kempes. ¿Lo recordáis? Desahuciado, casi ciego, sin poder apenas andar y al borde de la muerte. Lo contamos en este post. Hoy, en esta foto que nos manda Michel, sonríe así. Vivan los perros y quienes hacen posible que sean felices.

El nuevo Kempes.

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