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Ayuno de fútbol

2012 febrero 26
por Antonio Badillo

Ya podemos abrir el arcón de los sueños y hacer las bocas agua con el presagio de un Valencia campeón de la Europa League. Ya puede el abnegado Vidagany estrujarse las meninges en pos de la fórmula contra el hastío y la crisis para llenar Mestalla. Ya puede la afición dar la espalda al calendario laboral con tal de que a su equipo no le falte aliento ni en un desabrido duelo continental. Ya puede la prensa colgar oropeles del rival de turno. Presentar al frágil Stoke como un ejército de gigantes. Conseguir que de tanto mirar arriba en busca de los ojos de Crouch acabemos temiendo una invasión alienígena, cuando en realidad la única amenaza del tropel guiri se cernía sobre las existencias de cerveza. Ya puede Llorente perpetuar su voto de silencio y amordazar así a los diablos que roen la moral.

Ya podemos tragar quina y vender ilusiones. De nada va a servir si el Valencia no juega mejor a fútbol. O eso o la última ocasión para dar el pretendido salto de calidad acabará igual que las anteriores; con un nombre más que añadir a los de Chelsea y Barça en el epitafio cincelado sobre la lápida de otra temporada sin historia.

Como estamos a tiempo de voltear el futuro, mejor no refugiarse en la excusa de esa batuta maldita que acaba con todo aspirante a dirigir la orquesta. Antes Canales, ahora Banega. Un equipo y un entrenador que exponen su crédito en la repesca continental no pueden permitirse el lujo del ayuno, máxime con las heridas del Camp Nou tan frescas. Cuatro goles ante adversarios como el Stoke, o en su día el Granada, son pocos si se puede hacer cinco. Esa es la filosofía. Ya que no acosas a los grandes, hinca con saña el colmillo en los inferiores.

Con el nuevo amanecer de Pablo y Parejo en cuarentena hasta que por la puerta de chiqueros asome algo más que una vaquilla, haría bien el Valencia en no jugar más con fuego cual faquir relajado y acudir ya al reencuentro con el buen fútbol. O al menos en cuidar la puesta en escena, aparentar ganas. Sólo así abrirá una ventana a la esperanza y disipará el perenne hedor a fin de ciclo.