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Ven, Capitán Trueno

2012 marzo 4
por Antonio Badillo

El cielo está enladrillado para Emery. El técnico llega exánime a un debate sobre su renovación tan unívoco que ni existe. Para revertir el futuro que alguien ya le ha escrito necesitaría lo mejor de su manual de supervivencia; una suerte de proeza de peto y espada mientras invoca al héroe autóctono con el que se identifica. Aunque canturree aquello de “ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno”, o mucho cambian las cosas o ni Sigrid acudirá a la llamada.

Emery no puede seguir porque todas las costuras de su proyecto han cedido y apenas quedan ya aguja e hilo para zurcir el tramo final de esta temporada. Soldado defiende con razón el bronce liguero. Tras un lustro de nefasta gestión empresarial, es ese el único sueño lícito. Pero el análisis está desenfocado, porque aquí no hay un problema de resultados, sino de emociones. De fútbol e identidad. Ya que no podemos cambiar el fin, elijamos al menos los medios para alcanzarlo. El Valencia de Emery sufre la desconexión de su gente, atrapado en el bucle del quiero y no puedo.

Por muchas listas de sustitutos que asomen precipitadamente al escaparate mediático, ahora mismo el futuro del banquillo se adentra más en el terreno de la especulación que en el informativo. Aun así, el desenlace de la historia parece claro, pese a que este guionista ya nos cambió otras veces el final sobre la marcha. De ahí que convenga ir pensando en cuidar las formas. Emery merece una salida digna. Respetuosa con el técnico que cometió errores, pero derrochó profesionalidad. Que vino al Valencia ignorando la huida de un colega despavorido. Que no necesitó debutar para sentirse cuestionado. Que soportó estoico la inmadurez de unos jugadores, la marcha de otros, la frialdad presidencial, la acidez de la prensa, la hostilidad de la grada. Que siempre puso la otra mejilla y que nunca dejó de dar lo que se le pidió. Objetivos. Alguien debió decirle que también queríamos fútbol. Por eso no existe ya desenladrillador capaz de desenladrillar el cielo a Emery.