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El futuro no espera

2012 marzo 18
por Antonio Badillo

Ahora que su modelo pierde lustre, justo es reconocer lo bueno que hizo Fernando Roig en el Villarreal. Supo profesionalizar un club modesto hasta convertirlo en potencia europea, y todo ello sin estridencias. Cuando decidió cambiar a Paquito por Pellegrini, no esperó a mayo para dar el paso. Movió ficha antes, con tiempo por delante para que el chileno diagnosticara al equipo desde la grada, asimilara la idiosincrasia de un peculiar destino, se sintiera partícipe de la planificación deportiva. El resultado es de sobra conocido. El Madrigal acarició una final de la Champions y al Ingeniero se le abrieron las puertas del Real Madrid.

El Valencia aboga por la fórmula opuesta. Para Llorente no hay más unidad de medida que el objetivo, por encima de intangibles como las sensaciones o la confianza. De ahí que se resista a firmar el certificado de defunción de una etapa a todas luces esquilmada. Y mientras Braulio conforma la nueva plantilla, ficha a Guardado o echa la red por Holanda, el jefe insiste en esperar al último minuto para hablar del entrenador. Notable en elegancia, suspenso en estrategia. Luego vienen los ‘casos Parejo’. Más vale que todo sea una pose y Braulio ya haya abierto la carpeta de sustitutos que tuvo que cerrar precipitadamente hace un año. La duda es mala consejera. Aun siendo tercero en la Liga y campeón de la Europa League, Emery habría incumplido el objetivo capital de la temporada: diluir el escepticismo de la afición.

Nada más pasar Utiel ya resuena la monserga. ¿Pero qué quieren estos ingratos? ¿No les basta con ir primeros de la otra Liga? Tampoco es tan difícil de entender, chicos. Mestalla no pide el gran título, porque asume que Madrid y Barça han montado bien su chiringuito. Ni siquiera fútbol de salón. Basta con que el Valencia tenga personalidad, apueste por un patrón de juego reconocible, pelee cada asalto, luzca ambición y no se esconda tras la grada si vienen mal dadas. Que incluso en la derrota despierte orgullo. Como Athletic o Betis. Qué envidia.