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Lobos de mar

2012 abril 15
por Antonio Badillo

No hace falta hurgar entre las memorias del Titanic para caer en una obviedad. Ningún capitán, ni siquiera el desahogado Schettino, decidiría emprenderla a hachazos contra la cubierta de su barco para aligerar la digestión del mar en pleno naufragio. Tampoco lo haría Emery, por supuesto, y eso deriva en una innegociable premisa: tanto la condena a Albelda, ya conmutada, como el meticuloso celo con Soldado sólo persiguen lo mejor para el Valencia, al menos a juicio del profesional que cobra por esto, por tomar decisiones.

Sin embargo, prescindiendo del fondo, en ambos casos habría venido bien una migaja de esa mano izquierda que tantos líos ha granjeado a Emery. Ya se sabe que la prioridad cuando el agua lame la cubierta es salvar a la tripulación. Lo dicen las leyes náuticas y hasta la canción del flecha en el campamento. Por eso sorprende que a Emery, el capitán que ha pasado cuatro años coleccionando indultos a grumetes de medio pelo obcecados en amargarle sus vacaciones en el mar, le falte el diálogo con dos de los más cualificados oficiales.

A un paso de los 35 años, Albelda seguramente ha jugado ya sus cien mejores partidos y nadie puede poner en duda que el presente pertenece a Topal. Pero el de La Pobla Llarga no es Miguel. Ha dado mucho al Valencia y además todavía guarda en la billetera lo que más necesita este equipo. Identidad, poso, experiencia y estímulos para conectar con la grada. Su caída de las convocatorias merecía una explicación, aunque fuera en la intimidad del vestuario. Es importante que no se sienta lanzado por la borda uno de los contados marineros que conocen los planos para acceder al bote salvavidas.

El mismo razonamiento podría servirle a Soldado, a quien de un plumazo le han volado tres boletos para la rifa de la Eurocopa. Aunque en este caso el goleador tampoco ha andado fino. Airear en público que está para jugar, además de ser incierto, equivale a pasar al entrenador por la quilla. Y eso se llama motín.

  • anuski

    En mi opición es que las series españolas que empiezan a funcionar las exprimen a base de temporadas y las lían con tramas que ya no resultan creíbles, como pasó con el internado, y ale más temporada, y la gente se cansa. Si las hicieran más cortas, una o dos temporadas y ya, tendrían éxito… y tras esas dos temporadas pues a hacer otra diferente!!!
    Por lo menos eso me parece a mi, al final peinso… venga yaaaaaaaaaa otra temporada si esta ya ha sido lo peor…, el internado, Gran hotel, Luna, y no digamos Los Serrano!!!