Tienen que dar la cara
La tecnocracia se convirtió en refugio para peloteros mediocres. Desde el día en que el Valencia se asomó al abismo de la quiebra e irrumpió Llorente luciendo los hábitos del cobrador del frac, cualquier razonamiento deportivo quedó supeditado al imperio de los balances. Menuda frivolidad la de hablar de balones, sistemas o números que no fueran rojos, reprochaban las esquinas. Ambición, exigencia e idealismo debían ser ilegalizados. Reducción de deuda, jerarquización de los objetivos futbolísticos en función de los ingresos que reportan, amortización de cargos… El léxico de la crisis se enseñoreó de Mestalla.
Durante este trienio de desértica travesía, cada vez que el vaso de la paciencia se aproxima al punto de desborde los cañones de la resignación miran con saña hacia los mismos objetivos. Según por dónde sopla el viento, los Tomahawk se dirigen hacia el presidente, el entrenador y hasta la afición, mientras siempre hay un búnker a mano para esta plantilla que halló en la crisis la mejor coartada para vivir sin agobios. Que ya se sabe que en el reparto del rancho nos tocan dos días y uno sale nublado.
Demostrado está que la completa inocencia no existe. Llorente ejecuta con pulcritud el libro de instrucciones que le entregaron junto al cargo, pero muchas veces olvidó que al técnico se le protege hasta el minuto previo a su destitución. Seguramente algún caradura habría tomado nota del gesto. Tampoco Emery queda libre de culpa. Se bajó los pantalones ante la plantilla como nunca debió hacerlo y cargó contra una afición que, por poco que dé, entrega mucho más de lo que recibe.
Pero el ‘eurofiasco’ disipa la neblina de las vanas esperanzas y la foto del Valencia gana nitidez. La justa para apreciar que los responsables del desastre son los jugadores. Los pocos que pasan del escudo por indisciplina y los muchos que se esconden detrás suyo por inmadurez. Quienes deciden cuándo se trabaja y cuándo no vale la pena hacerlo. Los que zanganean hoy para desvivirse mañana. Que salgan hoy y den la cara en Málaga.

