Las Provincias

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Autor: abadillo
El Valencia tendrá que seguir buscando al nuevo Ayala
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Antonio Badillo | 20-08-2015 | 12:36| 0

El Valencia de Peter Lim ha de ser un equipo campeón. No lo digo yo. Es literalmente lo que prometió Amadeo Salvo el 22 de diciembre de 2013, cuando tomó prestado el discurso de Paco Roig, espolvoreó con ilusiones un ambiente enrarecido y dio el primero de sus muchos pasos hasta empujar al singapurense hacia el palco de Mestalla. Aquel compromiso es una hipoteca de la que ahora está obligado a responder el nuevo dueño, una cláusula más del contrato de compraventa, y su diáfano enunciado tiene difícil encaje con el traspaso (porque ha sido un traspaso) de Otamendi.

La compra del argentino al Oporto no merece más calificativo que el de ‘negocio redondo’. Vino por 15 millones y se marcha dejando en caja 45. Los palos que recibieron sus artífices suenan hoy a chufla. La verdadera chapuza no fue, como se dijo, traer a Otamendi sin tener libre ninguna ficha de extracomunitario, sino la posterior decisión de renunciar durante seis meses a uno de los mejores centrales del mundo para hacer hueco a Vinicius (¿quién se acuerda ya de ‘Romarinho’?).

Pero el inapelable argumento económico que abrevó al llorentismo ya no puede tener vigencia. Aquella entidad deprimida que sacrificaba las aspiraciones deportivas a cambio de prósperas operaciones económicas en nada se parece a ésta. El nuevo Valencia no es un club vendedor. Nos lo dijo Salvo. “Lim quiere tener un equipo campeón”. Y eso siempre será más fácil con Otamendi en el campo que con 45 millones en el banco.

Tras casi una década de infructuoso rastreo, bastaron cuatro gestos técnicos del ya jugador del Manchester City para que Mestalla sintiera que al fin había encontrado al nuevo Ayala. Pues no, Nicolás tampoco va a ser el elegido, y no sólo por culpa suya. La diferencia entre Otamendi y el inolvidable Ratón es que, cuando éste tuvo un humano arrebato de debilidad y quiso marcharse (primero al Barcelona, luego al Real Madrid), aquí hubo un presidente firme, a quien tildaron de florero, y un consejo de administración que se negaron a vender. De aquel ‘no’ surgiría un central sin parangón en Europa, piedra angular del mejor Valencia de la historia. Nada que ver con la venta de Otamendi. Porque no lo obviemos, el argentino tenía una cláusula de 50 millones y ha salido por 45. Nadie se lo ha llevado a la fuerza.

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Sí… pero no (reflexiones en el filo de la navaja)
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Antonio Badillo | 23-05-2015 | 8:32| 0

Vuelve la Champions League a Mestalla. La sintonía más pegadiza del planeta fútbol, el tapiz mágico en el centro del verde, los tifos propios de las grandes ocasiones, la lluvia de millones que permitirá cuadrar las cuentas y los fichajes de un Peter Lim que no dará lugar a que le canten el ‘padrino roñoso’. Todo eso significa el gol de Paco Alcácer en Almería, glorioso zarpazo en puertas del patíbulo que refrenda que el corazón de este club sigue latiendo en Valencia.

Era el gran objetivo de la temporada y con eso podemos quedarnos, con la satisfacción del deber cumplido mientras dejamos que las burbujas del cava adormezcan el recuerdo de los malos momentos. Pero, aun a riesgo de pecar de aguafiestas, se puede ir más allá en la reflexión. ¿Imagináis lo que dirían hoy las críticas si el gol de Alcácer no llega a existir; si ese balón lo hubiera escupido un poste o la mano del portero rival? Pues a eso vamos, a que la distancia entre el fracaso superlativo y el éxito embriagador no debería ser tan corta en nuestros juicios acelerados. El tránsito del blanco al negro contempla una amplia gama de grises, y en ellos reside el equilibrio y la capacidad de evolución.

El resultado final es excepcional, pero algo ha fallado para que nueve meses de trabajo y crecimiento estuvieran en un tris de irse al garete. Ahora que todo ha salido bien cobra aún más sentido lamentar lo poco serio de que el Valencia se jugara su baza ganadora a la carta de la última jornada, en manos de imponderables como la lesión de Diego Alves o la expulsión de Parejo, frente a un rival que se sabía carne de cañón y anduvo muy cerca de morir matando. La Liga dura 3.420 minutos y en el 3.410 el maná de la Champions reposaba sobre la mesa de Emery.

Son enormes las conquistas que ha realizado este equipo en el primer año de la nueva era. Ha despertado a una afición que apenas necesitaba un indicio de amor propio para acudir a la llamada desde el frente. Ha regalado hermosas tardes de fútbol contra rivales arrebatadores ante los que hace no mucho tiempo bajaba instintivamente la cerviz. Ha desterrado también sus propios miedos. El que generaba la venta a Peter Lim, esa puerta a lo desconocido, o el que supuso la irrupción de la noche a la mañana de Nuno, llegado después de que por primera vez en muchos años el Valencia hubiera terminado una temporada sin que nadie clamara por un relevo en el banquillo.

Pero todavía subyacen demasiadas lagunas bajo el fulgor de este final feliz rubricado por Alcácer cuando ya comenzábamos a preguntarnos qué hacíamos con los fuegos artificiales. ¿Es un éxito que después de gastar 130 millones en fichajes tan sólo Otamendi, y a ratos Mustafi y André Gomes, hayan dado un rendimiento acorde con las expectativas? ¿Seguimos midiendo a Negredo por lo que fue en vez de por lo que es? ¿Cabe esperar algo más de tino de la alianza estratégica con Jorge Mendes?

Y sigo. Para alcanzar exhausto la orilla, este Valencia sin desgaste continental tuvo que suicidarse en una Copa donde, no lo olvidemos, los rivales que le separaban de la final eran Espanyol, Sevilla y Athletic. ¿Qué acontecerá la próxima temporada con la erosión de la Champions? Porque ahí no cabrán más concesiones. La presencia en la máxima competición continental no es un premio para disfrutar un año, sino que este club tiene la obligación de hacer de ella su hábitat, por prestigio y dinero. Y nadie tolerará que se deje llevar en la Liga como hicieron otros equipos de menor enjundia.

El Valencia vuelve a ingresar en la jet set del fútbol. Viva la madre que los parió a todos, a los que se partieron el pecho sobre el césped y a los fieles que se desgañitaron en la grada almeriense. Sin embargo, queda mucha faena por hacer. Llegarán refuerzos de lujo, quizá aún sea posible espabilar a alguno de los muchos fichajes fallidos de la ya extinta temporada, pero la madurez no se compra con dinero. Si a este equipo de marcha marcial se le aflojaron los esfínteres frente al Celta ante un Mestalla entregado, con Lim en el palco y una semana para preparar el partido, da pavor pensar lo que pasará cuando tenga que jugarse las habichuelas en el Parque de los Príncipes. Aunque tras lo visto este año, quizá debería preocuparnos más lo que pueda acontecer en la visita, pongamos por caso, al BATE Borisov. La gran ventaja es que hay tiempo para arreglarlo, así que, señores, manos a la obra.

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Madera de campeón
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Antonio Badillo | 12-05-2015 | 11:41| 0

El gimoteo merengue no debe distraernos. Si el Valencia tuvo suerte infinita en Madrid fue porque el destino le debía una muy gorda desde la desafortunada visita al Camp Nou. Lo sustancial de cuanto ocurrió frente al muro de las lamentaciones erigido por Diego Alves es la agradable confirmación de lo que ya se intuía; que este equipo ha subido de un solo brinco todos los peldaños descendidos durante su década ominosa. Falta el último, el más inabordable, el que distingue entre los buenos planteles y los llamados a escribir la historia. Esta temporada, apresuradamente edificada sobre la base inestable del proceso de venta, ha servido para situar al Valencia en la pole, armar un bloque sólido, demostrar a los talonarios ajenos que el hipermercado de Mestalla cerró sus puertas y apuntalar la ambición que conduce a comparecer con el colmillo afilado en cualquier campo. Pero el gran reto llegará la próxima campaña. Con los retoques deluxe de Lim, el Valencia tendrá que engrasar los pocos goznes que aún chirrían. Queda aprender a cerrar partidos como el del Bernabéu, frente a un rival desesperado que descubre sus flancos inermes. O alcanzar la regularidad necesaria para ser competitivo. ¿Dónde dilapidó el equipo de Nuno las aspiraciones a todo si no ha perdido ninguno de sus seis partidos contra Real Madrid, Atlético o Sevilla y apenas cedió, y de qué manera, frente al Barcelona? Si el Valencia pule estos detalles y hace acopio de víveres para el desgaste que (ojalá) traerá la Champions, el futuro es suyo.

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El santo juega ahora con el Valencia
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Antonio Badillo | 12-05-2015 | 10:32| 0

LA APOSTILLA

Real Madrid-Valencia (2-2). El Bernabéu desnuda a un santo para vestir a otro. Frente al caído Iker, excomulgado con ligereza por esos mismos fieles que lo elevaron a los altares, Alves demostró ser, de largo, el mejor portero de la Liga. Recordman de los once metros, la distancia maldita del fútbol. Felino bajo los palos. Brasil al fin ha descubierto que desaprovechaba a un portento y el Valencia sospecha que no fue el sábado cuando tuvo suerte, sino el día en que Braulio se la jugó al gastar sus pocos cuartos en un arquero pese a que ya tenía otro, o el verano en que el carioca abortó su intento de fuga, harto de la incomprensión de Mestalla. Hoy ya nadie le discute el trono.

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Castigo desmedido
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Antonio Badillo | 11-05-2015 | 10:25| 0

LA APOSTILLA

Vaya por delante que lo de Rodrigo y su reincidencia no tiene nombre. Toño, portero que ya difícilmente superaría la ITV por exceso de kilometraje, le tendió una emboscada y él reaccionó con la bobería impropia de un profesional. La edad le enseñará a reprimir los arrebatos justicieros. Pero una cosa es la torpeza del reo y otra lo desmedido de su condena, exagerada a tenor de los hechos, irritante si se revisa el currículo valencianista que estrenó De Paul allá por el mes de agosto y humillante en comparación con los castigos a otros clubes y estrellas. A tres abogados del Estado no se les puede exigir que sepan de fútbol, pero sí que juzguen con equidad.

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Sobre el autor Antonio Badillo
Estás aquí, por lo que imagino que te gusta el fútbol y llevas al Valencia en el corazón. Aunque podremos discrepar en el futuro, ya es mucho lo que tenemos en común.