Las Provincias

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De bisontes y abuelitas
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César Campoy | 13-03-2014 | 12:26

“Enllà dels llençols que ofeguen els somnis,
hi ha un exèrcit de nens petits.
Vénen tranquils cap a nosaltres,
ens vetllaran quan dormim”

Ferro i Níquel, Hugo Mas-Arthur Caravan (2013)

 

La banda sonora valenciana atraviesa vistosas rachas de explosión productiva. La misma que, desde hace varios años, ha conseguido que nuestra escena, estilísticamente, viva uno de los momentos más compensados que se recuerdan. Reiterar en torno a esta afirmación resulta, en ocasiones, sonrojante, teniendo en cuenta que la repercusión social de la mayoría de nuestras formaciones sigue siendo, indudablemente, escasa. Así que, con una industria musical, en muchos aspectos, herida de muerte, al menos, buscaremos consuelo al optar por asirnos al salvavidas de la heterogeneidad y calidad de muchas de las propuestas que siguen surgiendo desde estas lindes.

La de Gilbertástico sigue siendo una de ellas. Gilberto Aubán es uno de esos artistas (músico, actor…) que, nos convenza más o menos su oferta, hay que degustar, al menos, un par de veces, antes de adorarlo o aborrecerlo. Entes que pululan por el mundo de la música con tamaña filosofía son los que dotan a cualquier escena de ese toque necesario de peculiaridad y buen rollo alocadamente estudiado. Su personalísima manera de combinar una depurada formación clásica con brochazos de ópera rock, pop sinfónico, delirantes letras y mil y una influencias más, hacen de él un ser tan entrañablemente modesto, como ambiciosamente abierto en la ejecución. Un principito de la opereta contemporánea que es capaz de construir universos paralelos a partir de historias cotidianas, en muchos casos, surgidas del absurdo de una anécdota mundana, y que en ocasiones, de estrambótico, acaba cabalgando en una espiral sin control.

Con aquel Operación Cóndor EP (2008), y la connivencia de Dani Cardona, mostró unas cartas que despistaron al más centrado, con creaciones como Buceador Mecánico o Papas y olivas; profundizó en el barroquismo pop con aquel Versalles (2011) producido por Joaquín Pascual, que incluía composiciones destacadas como Nombres o Animal Perruno; vivió de la ambición orquestal, ya con Fernando Polaino, en Heil Gilber (2012), y, como ya avanzamos, se valió, junto a un buen puñado de amigos, de lo que el propio Gilberto ha dado en calificar una “banda sonora sin película”, llamada Música inframental, para recoger fondos para financiar su última creación, recién estrenada: El que corre con los búfalos.

 

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Grabado en Estudio Establo en colaboración, de nuevo, con Polaino, para GranjaBeat, y con un atractivo diseño de portada, Gilbertástico se ha vuelto a rodear de incontables miembros de su familia (Aitana Carrasco y Juan Terol en el aspecto gráfico, y Antonio J. Iglesias, Jorge Lorán, Exequiel González, Luis Alcober y Fernando Bonet, en el musical), para construir, sin duda, su criatura más equilibrada, estructurada y atractiva, y menos histriónica. Gilberto tiene la peculiar habilidad de deambular por incontables estilos y abordar diversas texturas sonoras de tal manera, que todas acaban formando parte de un todo personal, el suyo, peculiar e intransferible, irónico, sensible, festivo, pero, en ocasiones, hiriente. Perdura la incontestable habilidad de nuestro protagonista para moldear trabajadas melodías y complicados ejercicios vocales, sigue presente su gusto por generar llamativos textos, pero se evidencia una mayor querencia por la construcción de temas de estructura más consistente y madurada. Un recomendable rompecabezas compuesto por piezas que, por sí solas, podrían, incluso, convencer a la primera a cualquier persona que desconociera el bagaje de Aubán. De reposadas composiciones como 23-F/Rebel.Lion, Resentido Común o Funeral de verano, a coquetos ritmos tribales como Planteando, pasando por inquietantes y delirantes viajes personales (De cadencias, La elegancia es un factor y una llamativa Monta, toca, ¡vete!), o robóticas sintonías (Música para TV autonómica), todas ellas nos parecen decir que Gilberto ha conseguido apaciguar (en su justa medida, sin pasarse), las alocadas ensoñaciones de Gilbertástico; dotarlas de un mayor grado de naturalidad. O, mejor dicho, ponerlas en (cierto) orden. Ah, El que corre con los búfalos será oportunamente presentado el próximo 13 de abril, en la Sala Russafa.

 

Inocencia gilbertástica

 

Nuestro siguiente protagonista es uno de esos buenos tipos que han venido poblando y pueblan nuestra escena musical. Pepe García del Real, más conocido como Pepe Cangrejo o Pepe Tent, volvió a unir sus fuerzas a David Campillos (ya lo hizo en Tent), hace varios meses, para crear The Grannies, una formación en lento, pero seguro, proceso de evolución y construcción (tanto, que su nombre tiene fecha de caducidad para evitar problemas con la banda de San Francisco). Desde los 80, Pepe ha venido dando buena cuenta de su pasión por las buenas melodías guitarreras, primero, con Los Scooters y Los Cangrejos, aquella superbanda autóctona (en ella también militaron miembros de NES o Fernando Po), héroes de aquella mítica Gasolinera.

 

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Ya avanzados los 90, el propio Pepe lideró uno de los proyectos valencianos más ambiciosos y llamativos, Tent, capaces de crear un buen puñado de canciones que, afortunadamente, quedaron registradas en alguna maqueta y un par de cedés, uno de ellos, oficial, que, a finales de los 90, llegó a ver dos ediciones diferentes, a través de Tranquilo Niebla/Caroline, y La Estación Records. Un aventura que, a pesar de su esencia vigorosa y lúcida, incomprensiblemente, no acabó de consolidar un rumbo que, de haber encontrado sendas más allá de nuestras tierras, seguramente habría visto reconocido, de una manera más masiva, su explosivo directo, y la valía de incontables pildorazos de buen rock, reconvertidos en verdaderos himnos de una época. I Don’t Want To Change, la pletórica Talkin’ About, una descarnada Didn’t She Love Me, Bottoms, Cooktail, la hipnótica Puppett Face, o la épica Greedy Noses, desparramaron distorsión, una mala leche incontestable y estribillos coreables, apoyándose en el peculiar registro del bueno de Pepe que, transcurridos los años, siguió trabajando en nuevos temas que, justo ahora, se concretan en casi media docena de criaturas que, eso sí, todavía no han encontrado el necesario vehículo de difusión pública.

 

Evolución Tent

 

Sigue perdurando el sello propio del Pepe más batallador, esta vez, ahondando más, por ejemplo, en el gusto por referentes de primera como los Beatles más crudos. Welcome On Board, sin ir más lejos, se instala en tu cerebro sin remisión, a partir de unos vibrantes coros y un estribillo de esos que sólo un gato viejo sabe idear; My Mother Told Me huele a rock sesentero de muchos quilates; High and Low, a pop refinadamente gamberro; Let Them Grow, a pura pasión por los acordes penetrantes; You y You Won’t Be Like Me, a hits beat… Sin duda, si estas perlas quedaran vírgenes de edición, las personas de bien deberían subir todas las noches a su terrado para clamar al cielo durante 20 minutos ininterrumpidos.

Y hablando de clásicos de ayer y hoy, la noche de este jueves, día 13, era la elegida para la puesta de largo y presentación de una de las más alocadas y fulgurantes formaciones que Loco Club podía elegir para amenizar muchas de sus veladas. Vamos, lo que viene siendo una “banda residente”. Fletán, a la batería; Satu, a la guitarra (ambos, actualmente, en Wau y los Arrrghs!!!, y, el primero, en incontables aventuras más); Gigante, al bajo, y David, a la voz (la mayoría de ellos ya coincidieron en aquellos electrificantes Tail), prometen demoler el escenario varias veces al mes, a base de garage, punk, soul salvaje y, al fin y al cabo, R&R, mucho R&R. ¿Su desconcertante nombre? The Untendedmen. Sus revisiones de clásicos y descatalogados, a buen seguro, desconcertarán al más purista, y, su puesta en escena, a cualquiera que se deje caer por el Loco. La entrada para presenciar tamaño espectáculo es gratuita. Eso sí, hasta que se hagan famosos, apuntan desde la sala.

Así pues, emociones fuertes las que le esperan a los centenares de atrevidos que opten por visitar el local de la calle Erudito Orellana de la capital valenciana, como pletóricos se muestran los componentes de Reno en su último vídeo-clip. Se trata de Selección natural, uno de los temas más recomendables de la puesta de largo del conjunto. La producción de Cápsulas Musicales, realizada por Rubén Soler Ferrer y Saponia, y con la colaboración de Edie Fú, vendría a ser un curioso homenaje a los filmes de artes marciales de los 70, y una nueva excusa para que sigamos recomendándoles que consuman cultura y, si es cercana y de calidad, mejor que mejor. Por regla general, no se arrepentirán.

 

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Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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