Las Provincias

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Esto no es un disco
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César Campoy | 13-10-2016 | 12:38

Arthur Caravan publican Major propòsit, un trabajo repleto de vericuetos en los que vale la pena bucear

 

La reiteración simula llevarnos a un estado acomodado. A base de repetir que la música valenciana vive una suerte de edad de oro creativa, cuya magnificencia es inversamente proporcional al interés que parece despertar en buena parte de la ciudadanía, parece que bajamos el listón de lo que se debería considerar más que recomendable. Nada más lejos de la realidad. Major propòsit (Música de Telers), el tercer disco de los alcoyanos Arthur Caravan, es una buena muestra de ello. Arte ideado desde parámetros creativos de altura, al servicio, no obstante (o, tal vez, por ello), del disfrute, casi inmediato, del oyente. ¿Es posible danzar mientras Rimbaud y Magritte se agitan nerviosos en medio de la sala? Toni Blanes, Pau Aracil, Jordi Richart y Pau Miquel Soler son capaces de conjugar los elementos para que así sea. Tal vez esa sea la razón por la cual han construido uno de los discos valencianos más recomendables del último lustro. Un trabajo gestado en los estudios de Ca la Cari, en Santa Maria de Palautordera, junto a la inestimable ayuda, en la producción, de Dalmau (Mau) Boada: «Ha sido más que un productor o ingeniero. Ha sido un verdadero catalizador en todo momento; nos ha hecho sentir más seguros y menos tensos que nunca, cosa que revierte positivamente en el producto final (mi voz suena más estresada e insegura en los otros discos, por ejemplo). También gracias a él, hemos explotado técnicas psicodélicas clásicas (voces y guitarras al revés, delays exagerados, baterías dobladas de velocidad) que de otra manera posiblemente no hubiéramos hecho. Sin Mau habríamos hecho otro disco, y canciones como Entreacte, El més enllà o La traïció de les imatges no serían como son; así que pensándolo bien ha sido un disco colaborativo en toda regla», aseguran.

 

Al fondo, el más allá. Por DP Chaigneau

Desde el mismo instante de su gestación, hubo que andar con cuidado a la hora de desmenuzar los entresijos que circundan y corren por las venas de este proyecto. Desde el mismo instante de su gestación, decimos, porque aquel bautizo que cristalizó en el nombre de Arthur Caravan, ya vino impuesto por una referencia cultural no fácilmente localizable, la de un díscolo sobrino de Oscar Wilde que ejerció, entre otras cosas, de poeta y boxeador. Porque, desde el mismo instante de su gestación, en la obra de este grupo se adivinan referentes externos que tienen que ver con varios campos de la cultura. ¿Proceso natural, o inconsciente? «No creemos que sea una cosa premeditada, pero sí es cierto que nos gusta mostrar y jugar con referentes que en un principio no tienen ninguna relación con la música; pero lo hacemos de manera natural, de la misma manera que la música ya muestra por sí de qué fuentes bebe. Con todo, los dos casos donde hemos hecho más evidente la “influencia” de algún agente externo, a nivel global, han sido Wegener [su anterior trabajo, junto a Hugo Mas] y este disco. Sea como sea, entendemos que podamos parecer, a veces, un grupo pedante, pero creo que no se trata de eso, sino de homenajes y deudas sinceras”, asegura Pau Miquel, pilar maestro del proyecto, y autor de las letras de Arthur Caravan.

 

La gran familia . Por DP Chaigneau

Las deudas sinceras pendientes, una vez devorado Major propòsit, demuestran ser todavía muchas y variadas. En esta ocasión, como apuntábamos, ha sido el universo de René Magritte el que ha ayudado a acabar conformando los temas. Por su parte, Rimbaud ha sido el culpable de inspirar uno de los temas más brillantes de la trayectoria del grupo, Entreacte: «Sí. Rimbaud es el autor del poema de la letra de Entreacte; un poema (Democràcia, de su libro Il·luminacions) que hemos adaptado, quitado versos y añadido otros. Magritte está presente no sólo en los títulos de las canciones, sino en buena parte de la orientación lírica de algunos temas, especialmente de La gran guerra, El mes enllà y Le mal du pays, donde, de alguna forma, se ha dado “letra” a las imágenes de Magritte. Pienso que esto ha sido posible, en parte, por la peculiaridad del artista, que, más que un pintor, es un pensador con imágenes; un poeta gráfico. En ese caso, es fácil entender que pueda orientar la inspiración de algunos de los textos o dar pequeñas referencias a otras canciones. La idea, matizamos, no era la de hacer un disco temático, pero sí la de crear una especie de relación triangular y abierta entre imagen, música y texto, donde explorar significados».

 

 

Sumergirse en una criatura sonora de Arthur Caravan, de esta manera, es una suerte de atractiva aventura que despierta la curiosidad del oyente. No se trata, tan sólo, de escuchar; se trata, también, de buscar, serpentear, adivinar… y encontrar más o menos facilidades (instantes de La gran guerra remiten, claramente, al Day Tripper de The Beatles: «Era casi una broma; hay algún que otro elemento humorístico en este disco; pienso que es sana la autoparodia, aunque hay escondidas referencias a la mitología y los arquetipos más clásicos del rock») a la hora de descubrir aquellos secretos escondidos: «Nos gusta que la gente reconozca nuestros referentes, y si no los conocen, que lo hagan porque todo siempre forma parte de un sistema más amplio: La cultura. Volviendo al tema de antes, es lo que pretendemos con este trabajo. Hacer un disco “conceptual” sobre Magritte podría haberse convertido en una cosa muy obvia (una portada icónica, unas letras más explicitas…), pero no… Nosotros invitamos sutilmente a que, quien quiera investigar, vea el cuadro para complementar la escucha de la canción y que saque sus propias conclusiones e interpretaciones. Al fin y al cabo, el arte trata de estimular la imaginación», sentencia Soler.

 

La traición de las imágenes. Por DP Chaigneau

Además, las ilustraciones de Àngela Tarrazó que acompañan al disco también acaban convirtiéndose en complemento ideal para tratar de enfrentarse a los textos: «El concepto lo trabajé yo [Pau Miquel], pero Àngela ha tenido libertad gráfica y licencias para redondear el diseño a su estilo, de una manera magnífica. La portada, por otra parte, está inspirada en otros referentes no europeos; se trata de unas pinturas tántricas del siglo XVII que simbolizan aspectos de la cosmología hindú o budista. Como siempre, dejamos al oyente la posibilidad de explorar significados y relacionarlos en el contenido».

Textos y diseño que, evidentemente, han de apoyarse en el elemento sonoro. De la misma forma que la diferencia entre los dos primeros discos del grupo era más evidente, ésta no lo es tanto entre ese segundo, Atles enharmònic, y este Major propòsit. De hecho, el aclamado Wegener podría considerarse, de alguna forma, como una especie de pausa en la trayectoria de Arthur Caravan. No obstante, resulta complicado ignorar que el disco compartido con Hugo Mas no ha podido influir en la forma en que la banda ha seguido entendiendo la música: «Wegener es un caso aparte en nuestra producción, porque es un disco capitaneado por Hugo Mas. Major propòsit reanuda el estado de las cosas desde Atles enharmònic, y, desde mi punto de vista, conjuga la intimidad del primero [Arthur Caravan] con la potencia del segundo. Quizá Wegener ha influido en la densidad de los textos y en el hecho de hacer un disco aún más poético. Nos han dicho, y somos conscientes de ello, de que quizá este trabajo no contiene ningún hit tipo L’amor és cec o Vents, pero, como Wegener, consigue ser una experiencia emocional completa para el oyente».

 

 

Y, a algunos elementos musicales, marca de la casa, que tienen que ver con aquellas fuentes que emanaban del folk y lo experimental, tenemos que añadir, ahora, la evidente presencia de líneas y riffs que remiten a ritmos negros, al soul, a los setenta (del siglo XX). Hablamos de bases (muy efectivas, por cierto), desarrolladas por la sección rítmica, y que convierten temas como Entreacte en creaciones realmente adictivas: «Este universo lo tenemos dentro en cuanto que nuestras escuchas como melómanos son muy eclécticas y diversas. Así que, teniendo presente la importancia de las bases de bajo y batería en la potencialidad de una canción, el toque soul sí que se ha trabajado conscientemente, porque es la música que mejor menea el alma. Incluso antes de coger esta dirección más psicodélica teníamos un par de temas con una potencialidad aún más afrobeat o tipo Atlantic-Stax. Obviamente, es un territorio generoso donde poder continuar explorando más adelante; es muy divertido poder decir atrocidades apocalípticas como la letra de Rimbaud mientras la gente mueve el pie. La mejor música es siempre la que sintetiza la cabeza, el corazón y el cuerpo».

Mover el pie bajo parámetros apocalípticos, pero también a partir de otros repletos de esperanza. Más que nada, porque Major propòsit se balancea, constantemente, en cuanto a sus textos, entre el pesimismo y la esperanza. Al final del proceso, ¿Arthur Caravan ha llegado a alguna conclusión existencial? «La conclusión es que no hay conclusión. El disco tiene evidentes puntos nihilistas y oscuros, porque obviamente no vivimos en el mejor de los mundos posibles aunque Leibnitz pensara lo contrario. Por otra parte la vida se quiere, se quiere la belleza, y eso no es incompatible con la angustia o el asco. El amor y la fortaleza son necesarias para hacer de esta especie de infierno un lugar medianamente agradable. Quizá parezca todo un discurso un poco “espiritual” porque en parte lo es (ahí están las referencias de la portada)».

 

 

Los discos de la semana

 

Andreu Valor

Bandautòrium (Mésdemil, 2016)

Inmerso en una vorágine creativa e interpretativa, y todavía latente el recuerdo de aquella aventura llamada Co(i)nspiracions, desarrollada en compañía de Joan Amèric, el cantautor de Cocentaina sigue evidenciando su maestría a la hora de envolver a sus criaturas de un elemento sonoro tremendamente sensible. En esta ocasión, lo ha hecho en compañía de la banda SEM Santa Cecília de l’Olleria. Con tamaño muro de sonido como escudero, y con la ayuda de Blai Antoni Vañó, Andreu Valor ha conseguido construir un trabajo que consigue dotar de indudable empaque a unas piezas (algunas inéditas, otras, viejas conocidas del repertorio del artista) que adquieren una evidente dimensión emocional que, por momentos (Camí de les Garlandes, sobre un poema de Vicent Valls), rozan la épica. Un trabajo, en definitiva, que (loable la labor en los arreglos) destila valencianía a raudales.

 

Lanuca

Mirando al mar (Autoeditado, 2016)

Ángela Bonet y su equipo (al fiel Manolo Bertrán se han ido uniendo, con el tiempo, Dani Cardona, Ana Santos y Vanessa Juan) disfruta paseando por el filo. Lo vuelve a hacer revisitando el eterno y magnífico clásico del valenciano Jorge Sepúlveda, a partir de esas ambientaciones etéreas, capaces de convertir en original la versión. Mirando al mar es el avance del próximo disco de Lanuca, que llevará por nombre Tibia turbia y que cerrará la trilogía abierta por sus dos anteriores trabajos, Pómulo y Gran mandíbula. En todos ellos, la artista ya demostró, sobradamente, su pasión por filtrar, a través de su personalísimo hacer, otros clásicos como Corazón contento o Tú me añorarás.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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