Las Provincias

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Ranchera y fandango
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César Campoy | 15-12-2016 | 13:29

‘Lobo de bar’, el último disco de La Pulquería, vuelve a mostrar la vena más pendenciera y comprometida del grupo

 

Impredecibles como pocos, pero con las ideas más claras de lo que parece, La Pulquería se ha convertido, definitivamente, en uno de los proyectos valencianos con más predicamento fuera de nuestras fronteras, merced a una peculiar filosofía que podríamos denominar como anarquía estudiada, sembrada con el inicio del siglo y que, desde la publicación, en 2004, de aquel apabullante Corridos de amor y su celebérrimo El día de los muertos (luego llegaron C’mon Fandango, el directo Hey, Ho, Chingón! y Fast Cuisine), ha ido sumando, sin descanso, fieles a esa causa gamberra y comprometida, a base de una atrayente mezcla de estilos (del rock contundente, a lo mestizo y fronterizo, pasando por la eficaz fanfarria).

 

Camaradería, entre borrascas y anticiclones. Por Cristina Cuenca

Recién finiquitada la primera parte de la gira que les ha llevado por toda la península, aprovechando la edición de su último trabajo, Lobo de bar, aprovechamos para pulsar el momento en que se encuentra La Pulquería: «Esta gira ha sido una sorpresa. Somos una banda con doce años de recorrido, y la gente que hemos visto en los conciertos viene luego a hablar con nosotros, y nos ha conocido hace apenas cuatro. De modo que hay un relevo generacional motivante y sintomático, que empuja mucho y que fascina», aseguran, mientras comienzan a planificar nuevas rutas de cara a 2017, con aquellos directos ya vividos, años ha, en tierras Latinoamericanas, en el recuerdo: «Fuera hay que ir. Es sano y necesario. Arrancar en otro país es como volver a empezar, y una forma increíble de hacer turismo. Vamos a ponerle una vela a San Patrón de los Pilotos de Avión para que no paremos. En cuanto al territorio nacional, la gira tiene su prolongación natural en los festivales que ya mismo empezarán a celebrarse, de modo que, aunque no nos lo propongamos, entiendo que seguiremos girando. Aunque las salas tienen un sabor especial donde realmente nos encontramos más cómodos».

 

 

Quien haya asistido a uno solo de los espectáculos en directo de este combo sabrá de lo que hablamos. Lo tremendamente energético de sus conciertos se ha convertido en el secreto que hace posible que, sin variar radicalmente la propuesta en escena y sonora, la esencia de La Pulquería siga siendo tan adictiva: «Seguramente, somos un grupo para hiperactivos. Nos prescriben 9 de cada 10 médicos relacionados con la salud mental. Las madres nos mandan a sus retoños en plan terapia. Así llegan a casa tranquilitos y con garantía de una semana de descanso. Si no queda satisfecha, señora, la invitamos gratis al próximo concierto», aseguran.

Tras su retorno en 2014, después de una pausa, que no se sabía si sería definitiva, anunciada (cómo no) por sorpresa, la banda ha tardado dos años en publicar su nuevo disco. ¿Hubo dudas a la hora de tomar la decisión? «El estudio es tremendamente estresante. Una cosa es componer en casa y hacer arreglos con la banda en el local, y otra cosa es someterte a la contrarreloj del estudio. Creo que a nadie le gusta someterse al estrés voluntariamente, así que volver al estudio se hace como paso necesario pero, personalmente, no lo vivo como algo deseable. Aunque por supuesto hay tiempo para las risas y los experimentos, y son precisamente esos momentos en los que salen las ideas que no tenías previstas. ¿Cuál será nuestro siguiente paso? Creo que aún estoy digiriendo este», añade Huracán Romántica, vocalista del grupo.

 

 

Lobo de bar, como adivinarán, es un trabajo vibrante y directo, pero también repleto de sentimiento y bofetadas de realidad, como las que La Pulquería nos brinda en temas como El diablo va a ganar o El viaje de los perdidos. Además, el grupo se ha valido de la connivencia de la cantautora Rozalén y del mítico Jaime Urrutia, para dotar de más brillo a la criatura: «Ha sido gracias a una alineación de planetas. A María la conocimos en un festival, y en seguida surgió la idea de hacer algo juntos, y, en cuanto al maestro, pues tuvimos la fortuna de tener amigos en común que nos facilitaron el contacto. Ambas han sido experiencias memorables», explican, mientras caemos en el hecho de que, desde que aquel Corridos de amor viera la luz a través de la multinacional Sony-BMG, el proyecto ha ido sumergiéndose, progresivamente, en una suerte de liberalización que, con el tiempo, les ha llevado, incluso (éste es el caso) a optar por la autoproducción: «Cada vez somos más conscientes de que quien mejor entiende nuestra música y nuestras intenciones somos nosotros mismos y, sobre todo, en este último disco, hemos decidido, prácticamente en todas las canciones, qué era lo que queríamos hacer. Manuel Tomás también ha puesto parte de su talento en algunos cortes, pero, a grandes rasgos, se puede decir que hemos producido nosotros. Y aunque todos compartimos mesa de debate, en caso de dudas, quien tiene la última palabra y quien está más encima del proceso es el autor de cada canción. Por otra parte, no tenemos ningún interés especial en autoeditarnos, si las condiciones son buenas. Autoeditarse es un trabajo que no es nuestro trabajo. Nosotros componemos y tocamos. Si alguien se hace cargo de eso, mejor que mejor. Pero, obviamente, no a cualquier precio. Se trata de llegar a un acuerdo que satisfaga a las partes, cosa que, de momento, no se ha dado», aclaran, aunque, nos asalta la duda: algo se echará de menos de trabajar con una multinacional, ¿no? «Los contactos, la promoción, la facilidad para estar en el candelero. La visibilidad, en una palabra. Eso es lo que ellos hacen bien, y lo que es difícil de lograr desde la independencia».

 

 

No obstante, faltaría más, lejos de morirse de pena, La Pulquería sigue en pie, y mira al frente, discurriendo por esa senda que, avanzábamos, oscila entre lo poco predecible, y esas pistas que nos invitan a ver este proyecto como uno de los más profesionales de esta tierra, merced a lo estudiado que parecen estar muchos de los elementos relacionados con la promoción y la mercadotecnia que rodean al concepto. ¿Qué hay de meditado y de improvisado en la manera en que La Pulquería vive la música? «Pues, como bien dices, hay dos lados de La Pulquería. Uno absolutamente anárquico que es el de la composición. En ese nunca sabemos qué nuevo elemento entrará a formar parte de la ensalada pulquera. Sabemos que habrá rock, pero no sabemos al lado de quién le tocará sentarse en cada viaje. La otra parte, la del marketing, es un camino de llano, ordenado y bien planeado. Y lo es, precisamente, porque nosotros no intervenimos en él. Si no… sería otro desastre. Me refiero a que podemos aportar ideas y ayudar a incluir conceptos como el ‘PulqueBus’, el ‘PulqueTour’ o cualquier otra animalada, pero, afortunadamente, hay un equipo solvente detrás, coordinado por Actúa Music, que se encarga de llegar a los plazos y de que se comunique todo debidamente», finalizan.

 

 

El disco de la semana

 

VVAA

Ara ve Nadal (Mesdemil)

El romance entre Navidad y música contemporánea, adivinarán, viene de largo. Las más grandes leyendas del pop, el rock o el soul vienen rindiendo su peculiar homenaje al villancico desde tiempos inmemoriales: de Los Brincos a The Beatles, pasando por Elvis Presley, Frank Sinatra, The Jackson Five o The Beach Boys. En el plano colectivo, también abundan ejemplos memorables, como los llevados a cabo por la Motown, aunque, tal vez, la criatura sonora más adorada y recordada sea aquel magnánimo A Christmas gift for you, en el cual Phil Spector tiró de muro de sonido para construir, con la connivencia de Darlene Love, The Crystals o The Ronettes, uno de los tributos navideños más inolvidables.

Inspirados en aquella aventura, más de una veintena de artistas y productores de la tierra han unido sus fuerzas para crear un disco que revisita el cancionero valenciano en torno a la Navidad, a partir de miradas tan diversas, como diversas son las fuentes de inspiración. Hay quien, como en el caso de Tardor, hacen suyo el clásico A Betlem me’n vull anar; quien, como Mox, va un poco más allá y remoza por completo L’olla de Nadal; quien, como Arthur Caravan, bucea en la tradición más próxima para brindar un Pastorets i pastoretes alcoyano, casi psicodélico; quien, como Sva-ters, acaba marcándose una latina Nadala de Carcaixent; quien, como Herba Negra y Bit Beat Boy, opta por las referencias hip-hop para recuperar Barrabàs, o quien, como Feliu Ventura, Gent del Desert, Lilit i Dionís (junto a Mark Dasousa) o Andreu Valor, deciden tomar una senda más, digamos, tradicional, a la hora de recuperar Ai, Pep!, la antiquísima Ou, ou, quina meravella, la Nadala del poble de Callosa d’en Sarrià o Parrampim. En definitiva, un documentado trabajo al servicio del elemento festivo tradicional.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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