Las Provincias

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En busca del estribillo perfecto
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César Campoy | 25-01-2017 | 12:52

Consolidado el proyecto, tanto en formación como en filosofía, Atlàntic edita su primer larga duración, ‘1976’

 

Josep Bartual, María López, Thomas Mantovani y Fran Mesado parecen tener un objetivo en la vida: lograr cazar aquella melodía cautivadora y brillante que les convierta en autores del estribillo pop perfecto. Surgidos en 2013 como proyecto paralelo a los celebrados Moonflower, un año más tarde editaron su primera referencia, un epé que trataba de definir los derroteros de un proyecto que, en aquel momento, pareció surgir como un complemento a la marca madre. Ahora, con la publicación del larga duración 1976, parece que las tornas han cambiado. ¿O no?: «Es cierto que en los inicios fue un proyecto secundario, entre otras cosas porque Moonflower estaba funcionando muy bien y merecía toda nuestra atención. Reconozco que fue un error publicar nuestro primer epé y no darle la promoción que se merecía; aunque también es cierto que coincidió con la mudanza de Moonflower a Estados Unidos, y allí nos fue muy bien. Las cosas cambiaron con nuestro regreso a Valencia. Después de publicar el segundo disco de Moonflower y una gira estatal, comenzamos a tener más tiempo para pensar en Atlàntic, y hace un año aproximadamente nos centramos en componer el primer álbum. Aún así, considero que ambos proyectos están a la misma altura. Me gusta decir que es un grupo paralelo, porque ambos funcionan, aunque es evidente que con Atlàntic ahora tendremos que atender más compromisos», aclara Josep.

 

Tras el cristal. Por Carlos Bartual

De hecho, entre los planes de Moonflower figura el objetivo de publicar un tercer álbum, eso sí, tan sólo cuando María, líder de aquella aventura, esté convencida «de que tiene un buen puñado de canciones que merecen la pena». La banda, de hecho, sigue ensayando y funcionando con normalidad. El águila bicéfala en que ha devenido el cuarteto parece funcionar sin demasiados problemas, aunque, ahora, las decisiones se toman tras meditarlas detenidamente: «Quizá con el segundo disco no se han cumplido muchas de las expectativas que teníamos. Volver de Estados Unidos con un subidón tremendo y encontrarse en este país con más desengaños que motivaciones, nos ha dejado un poco helados; a María especialmente. Pero la banda sigue ahí, ensayando los temas y listos para cuando nos llaman para tocar». Su próxima cita, de hecho, si María se recupera de una lesión, sería el 10 de febrero, en Wah-Wah, junto a Rusos Blancos.

Lo que sí parece claro es que el proyecto Atlàntic de 1976 tiene mucha más consistencia filosófica que aquel de hace poco más de tres años. ¿Qué ha cambiado en estos años? «El primer epé se grabó con los últimos temas que habíamos compuesto y con la única aspiración de tener una carta de presentación para la banda. Aún así, creo que salieron cinco canciones bastante redondas, pero le faltó tiempo, reposo y un hilo conductor claro. 1976 es un disco pensado y repensado, con canciones nuevas y otras que hemos recuperado del cajón en el que estaban guardadas. La producción [a cargo del solicitado Carlos Soler] ha estado a la altura de lo que pedía el disco, y hemos invertido en cuidar el diseño y la edición al máximo. En cuanto a la banda, había sufrido algún cambio de componentes, hasta que decidimos que lo mejor era que Atlàntic compartiera la misma formación que Moonflower. Esto, evidentemente, nos da estabilidad y nos ha permitido evolucionar muy rápido en poco tiempo, pues la banda se compenetra de manera muy fácil. Somos los mismos, aunque con distintas funciones, y todo es mucho más sencillo», añade Bartual.

 

 

Además, el grupo ha optado por dar un paso más allá de la mera versión digital, y ha apostado por una cuidadísima edición en vinilo. ¿En busca de una mayor perdurabilidad? «Efectivamente. Teniendo en cuenta que hoy casi nadie compra música, queríamos que quienes apoyan a Atlàntic (y, en general, la música) tuvieran la recompensa que se merece su fidelidad. Llevamos tiempo con la idea del vinilo; con Moonflower nos quedamos con las ganas, y con Atlàntic lo hemos podido materializar, pero, como te decía antes, hemos cuidado todos los detalles: diseño, edición, etc. La liturgia de sacar el vinilo de su carpeta, observarlo, leer las letras, disfrutar del diseño y escuchar las canciones es impagable. Se necesita tiempo para hacerlo, pero ese tiempo no se pierde, se disfruta».

Hasta hace poco, cuando se hacía referencia, precisamente, al vinilo, todo giraba en torno a conceptos que hablaban poco menos que de romanticismo. ¿Es una fase tópica que hemos superado? ¿Editar en vinilo está convirtiéndose en algo que tiene que ver más con lo práctico y lo habitual? «Sí, sin duda. Aunque 1976 también ha salido en cedé para aquellos que no tienen giradiscos, se ha pensado por completo para editarlo en vinilo. El vinilo ha recuperado tanto terreno en estos últimos años que vuelve a ser una opción viable para las bandas a la hora de recuperar la inversión. Combinar el vinilo con la descarga digital es, desde nuestro punto de vista, la opción perfecta. Con el vinilo disfrutas la música más pausadamente en casa, mientras que con la descarga te vas con ella a cualquier parte. En todo caso, hay que tener en cuenta que hemos hecho dos ediciones muy limitadas de los dos formatos: 100 cedés numerados y 220 vinilos numerados. Venderlos todos sería un éxito».

 

Ellos eran cuatro. Por Carlos Bartual

Como avanzábamos, para mantener viva la llama del pop puro y cristalino, el cuarteto ha buscado la solvencia contrastada de Carlos Soler, uno de nuestros productores más brillantes. Con él ya había trabajado, de hecho, en aquel Round Trip de Moonflower. Josep asegura que el grupo buscaba a una persona a la cual confiar todo el proceso sin miedo. Tal vez como sucedió con Paco Morillas (antaño, inseparable de Soler), responsable del sonido del combo en aquel epé de estreno. ¿Diferencias y similitudes entre ambos? «Con Paco hemos trabajado en todos nuestros discos anteriores y con otras bandas anteriores; nos une también una gran amistad y afinidad musical, pero nos apetecía probar otras cosas. Con Carlos comenzamos a trabajar cuando estaba asociado con Morillas, así que tampoco íbamos a ciegas. Paco creo que, quizá, es más vehemente en sus aportaciones, mientras que Soler tal vez busca más la aprobación de la banda. En cuanto al sonido, tengo la sensación que, con Carlos, el disco ha salido muy pulido, mientras que con Paco el sonido era un poco más crudo. En todo caso, son dos grandes profesionales y es muy recomendable la experiencia con ambos».

 

 

Volvemos a dirigir nuestra mirada hacia los surcos de 1976. Giran mientras suenan Uiti Mau, Me gustan todos los días, la agridulce ¿Dónde estuve ayer?, Júlia… De nuevo, en nuestra mente, la cuestión recurrente: ¿Existe el estribillo perfecto? ¿En cuántas ocasiones se ha topado con él Atlàntic mientras se empapaba de música? «Supongo que el estribillo perfecto no existe, y por eso nuestra banda, como tantas otras, sigue buscándolo. Sin embargo, hay muchos estribillos que se acercan a la perfección; serían aquellos que no puedes dejar de cantar, que te contagian y nunca te aburres de tararearlos aunque los hayas escuchado un millón de veces. No sé, se me ocurren como ejemplos el Lucy in the Sky with Diamonds de los Beatles, el Stand by me de Ben E. King, o más de la época que musicalmente fue la que más me influyó (porque era adolescente), el Gigantic de los Pixies. Más recientes, por ejemplo, me pasé semanas enteras cantando todos los días The first single de una banda llamada The Format (cuyo líder, Nute Ruess, la petó luego con Fun). Y, últimamente, se me pegó mucho Second Hand Store de The Ships (el grupo de Paco Loco) o Aire y plomo del último álbum de Santi Campos», reflexiona Josep.

Y Atlàntic, ¿ha logrado acercarse, en algún momento, a tamaño objetivo? «En ello estamos. Supongo que lo tendrá que decir la gente, pero la progresión de Amante vehemente me encanta, la sencillez de Blava o Uiti Mau, o como estribillo puro pop también me fascina Me gustan todos los días. La verdad es que usar el término pop siempre genera un poco de ambigüedad, sobre todo entre el público menos especializado. Creo que perdemos muchas energías etiquetando las cosas y luego renegando de ellas, cuando en realidad todo es mucho más sencillo. Somos una banda de pop, de power pop, de indie pop o de cómo le plazca a la gente etiquetarnos, pero el lugar común de todas las etiquetas que nos puedes poner es pop. Con el tiempo he perdido un poco ese estúpido miedo a ceñirme a la palabra pop», sentencia.

Si Atlàntic llevan camino de lograr su objetivo, el respetable podrá opinar en su próxima cita en vivo. Será el próximo 1 de abril, en el Magazine valenciano, en compañía de los catalanes Her Little Donkey.

 

 

El disco de la semana

 

JEID

El asombroso mago Bimba Lu (primera parte) (Autoeditado, 2016)

Hace poco más de una década veía la luz aquel Pop&Roll de los enérgicos Supernova que lideró Jacobo Eid. Su evidente obsesión por la psicodelia, el brit-pop y los sonidos sesenteros más efervescentes se convirtieron en una seña de identidad que, ahora, vuelven a asomar (sobre todo, la primera) de manera más meditada, digerida y madura, aunque con mayor frescura y empaque. Además, el proyecto opta por la originalidad a la hora de mostrar, tras varios años de trabajo (tarjeta USB y botella de vino, mediante), esta suerte de mini ópera pop, El asombroso mago Bimba Lu, cuya primera parte acaban de estrenar. Resonando a lo lejos los ecos de aquel mágico En el país del Niño Mosca (Animal Records, 1995) de Los Imposibles, Jacobo y los suyos (Adrián Álvarez, de Rubick; Víctor Vila, de Copo, L’Emperador y Lost River Bastards, y Luis Búrdalo, de Sanford Alligator Band, ocupando el lugar dejado por Nando Vidagany) se han sacado de la manga una ensoñadora historia acompañada, además, de un vídeo-clip que augura una futura puesta en escena colorista y surrealista. En esta primera entrega, repleta de luminosidad pop (mezclada y producida por Carlos Ortigosa), JEID descubre los aspectos primeros de esta curiosa narración, basada en el devenir de los moradores de una suerte de reino, cuyos privilegiados habitantes, con su pasividad, acaban enfadando al Hombre de la Nube que, enojado, los abandona a su suerte y, para colmo de males, son engañados por un brujo que los convierte en animales. Como era de prever, tamaña historia se embadurna en melodías que entran a la primera, y que se acercan a la perfección pop en piezas como ¡Bailalo tú! (que cuenta con la participación de Bárbara Gramage) y, sobre doto, Quiero verte bailar. Sin duda, una aventura a seguir de cerca.

 

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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