Las Provincias

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La herida cicatrizada
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César Campoy | 01-03-2017 | 12:21

Con ‘Capitol’, el primer trabajo editado fuera del manto de Warner, Revólver inicia una nueva etapa vital

 

El Carlos Goñi al que un periodista cuarentón puede enfrentarse en 2017 es, conceptualmente, muy similar al que aquella misma persona, siendo apenas un ilusionado plumilla, podía toparse casi un cuarto de siglo atrás. Llámenle coherencia vital, cabezonería (esos genes aragoneses)… A Revólver le contemplan 12 discos de estudio, casi tres décadas de carrera, y una certeza: la constancia. ¿Conservadurismo? Bueno, Goñi acaba de romper con la multinacional de su vida, Warner, y ha optado por volar, todavía, más libre. El resultado de todo este proceso se llama Capitol (a presentar, en la sala Moon de Valencia, el 3 de marzo, y, en The One de Alicante, el 4), publicado bajo el propio manto de Carlos, merced a su sello Compañía de Canciones. Un disco engendrado desde una habitación del hotel de la Gran Vía madrileña, y que, desde que vio la luz, el artista ha gritado a los cuatro vientos que supone parte del proceso de salida de esa suerte de sótano («el pasado no es un buen lugar para vivir», canta en Campanilla) en que ha estado sumergido durante demasiado tiempo.

 

El mismo hombre. Por Domingo J. Casas

-Tras décadas con Warner, publicas Capitol con Compañía de Canciones. Optas por la autoedición, imagino que por controlar mucho más todo el proceso, cerrar el círculo. De todas maneras, pese a haber trabajado durante todos estos años con una multinacional, creo que se podría decir que, en muchísimos aspectos, has sido un privilegiado, en comparación con otros artistas, y has sido muy dueño de tu carrera profesional.

-Si es que yo no me creo que haya alguien que no controle su carrera. Lo que hay es mucho lenguaraz. Tú grabas tus canciones, y lo normal es que la compañía no se meta en eso. Es lo lógico. Yo he estado 27 años en Warner y, a mí, nadie me ha dicho jamás cómo tenía que grabar un disco. Te pueden pedir que grabes más canciones porque crean que no tienes suficientes singles, y tú puedes estar de acuerdo, o no, pero, en líneas generales… Y las portadas de mis discos han sido las que yo he querido. Warner se ha tirado toda la vida proponiéndome, no obligándome. Yo quiero imaginar que eso será así en general. ¿Tú, realmente, crees que a Manolo García, a Loquillo, a Los Secretos o a Mikel Erentxun, les van a decir qué tienen que hacer? ¿De qué artistas estamos hablando?

 

-Artistas con menos recorrido o estatus, con menos poder de decisión…

-No creo que tenga que ver con el hecho de que estén empezando. Tendrá que ver…

 

-Con la personalidad del artista.

-Ya está. Se acabó. Yo me fui de Warner porque, cuando no veo cariño me tengo que ir. Yo no puedo trabajar si no estoy rodeado de cariño que fluya por todos los sitios. Y, ahora, no, pero, hasta hace muy poco, he tenido muy acusado el sentimiento de que estás en un sitio y piensas que molestas, o que no quieren que estés. Lo he tenido acusadísimo, pero, además, hasta el punto de sentirlo como un complejo. Y cuando me voy de Warner, lo hago con un buen contrato encima de la mesa. No me gustaron movimientos del backstage. Y, luego, hay otro elemento de peso: no quería volver a trabajar en una oficina, donde hay 50 artistas más. No. Quiero trabajar con una persona que se ocupe de mí, sólo de mí. Porque ya me toca. Y es el caso de Mat [Sena, mano derecha de Carlos].

 

-Eso os ha llevado, incluso, a crear un sello.

-Sí. Y te diré que estamos llegando mucho más lejos. Por ejemplo, a programas a los que nunca llegamos antes, lo cual me hace pensar que la gente que se encargaba antes de estas cosas no lo intentaba.

 

-Demasiados artistas de los que ocuparse, tal vez…

-Ya, pero te digo una cosa: si mi trabajo es tocar la guitarra, y el tuyo es hacer una entrevista, doy por hecho que cuando vienes aquí te has escrito la entrevista. Y si no la tienes preparada y escrita, pues eres un mangui, porque se supone que tienes que tener tu trabajo hecho. Y no se me ocurre ponerlo en duda. De la misma forma, yo, que acumulo muchos años de trabajo, cuando voy a un concierto nunca lo hago diciendo: ‘Bueno, pues a ver qué sale de aquí’. Y Mat, cuando me dice que nos vamos de promoción a Sevilla, no llega a Sevilla y se pone a llamar a las radios, a ver qué puede conseguir. Yo tengo que pensar que la gente de la compañía y el management lo ha intentado, pero les han dicho que no. Eso es lo que yo creía, hasta que llegó la jefa de prensa de la oficina de Mat y me dijo: ‘Carlos, te mentiría si te dijera que he picado muchísima piedra para conseguir entrevistas y apariciones promocionales’.

 

-Desde que vio la luz Capitol no te has cansado de incidir en esa salida del sótano en la que te hallas inmerso. ¿Tiene que ver, además de con un tema íntimo, personal, de exorcismo, también con algo mucho más estructural, funcional?

-No. La salida del sótano no ha tenido que ver con Warner. Lo que sí es cierto es que, el hecho de yo estar mucho más fuerte, emocionalmente hablando, hace que no le tenga miedo a nada, ni vértigo más allá de 24 horas, las que pasamos cuando decidimos emprender esta nueva etapa. ¡Había tal cantidad de trabajo por hacer! Sobre todo, yo. Y no había tiempo para lamentarse. El hecho de estar más seguro de mí mismo hace que pueda atacar cualquier proyecto. Ahora no le tengo miedo a nada. Tengo mucha suerte, y estoy rodeado de gente muy buena. Ahora mismo, a día de hoy, tengo el mejor equipo de trabajo posible que se pueda tener, y que haya tenido nunca. Jamás me he sentido tan querido, de verdad.

 

-Cuando decidiste retomar, hace pocos años, el proyecto Comité Cisne, aseguraste que necesitabas regresar al concepto de guitarra-bajo-batería. El rock también siguió vigente en Babilonia (Warner, 2015)…

-Y Enjoy (Warner, 2013).

 

-Así es. Evidentemente, Capitol supone sumergirte en otro universo, digamos, con un espíritu más acústico, meditado, menos rotundo, incluso plagado de temas menos directos, que se prestan mucho más a la reflexión. ¿Eras consciente, cuando en los últimos años viviste esa explosión de energía, de que lo hacías porque querías llegar a la filosofía de Capitol? ¿Te dijiste: ‘Quiero soltar todo esto para llegar a algo que se convertirá en Capitol’?

-El disco, en un principio, nace hace dos años. Hace tiempo que tenía previsto sacar un disco que sonara a guitarra y voz. Y, de hecho, este álbum nació con la idea de llevar bastante menos instrumentación de la que lleva. Lo que pasa es que fue creciendo, y, al final, las canciones lo pedían. Pero el elemento acústico es muy evidente. Y las acústicas de este disco son muy superiores a la media.

 

Lo que le hace feliz. Por Domingo J. Casas

-Este trabajo es, obviamente, Madrid (Frío en Madrid), es Barcelona (Sin Barcelona), pero también es una Valencia (Ángeles de alas sucias, BlackJack), que sigue estando presente en tu obra. Remigi Palmero, en una entrevista en Efe Eme comentó, hace unos años, que Valencia está muy bien como centro de inspiración, que, a nivel de magia y surrealismo es la vanguardia española. No obstante, añadía que, vivir aquí, sin salir de ella durante muchos meses, es bastante duro. ¿Estás de acuerdo?

-Sé a qué se refiere, pero eso mismo lo puedo decir de cualquier ciudad. En Nueva York, cuando llega el fin de semana, la gente huye, cuando el resto de personas del planeta, lo que queremos es estar allí. Si usas mucho una ciudad, es posible que te llegue a agobiar. Evidentemente, ciudades más grandes, como Madrid o Barcelona, tardarás más tiempo en acabártelas. Yo no tengo una raíz clara en un sitio. Remigi, sí. Yo nací en Madrid, a los 7 años mis padres me llevaron a Alicante, a los 20 me vine para acá, y llevo treinta y tantos años, ya, diciendo que estoy aquí de paso. Y en estos últimos 15 años, he estado 3 años en Alicante, 2 años aquí, 2 años en Alicante, 3 aquí… Todo eso mezclándolo con una barbaridad de conciertos que hacen que, normalmente, en un año de disco yo duerma fuera de mi casa 260 noches al año. No tengo una raíz. Yo me adapto a cualquier sitio. Estoy cómodo en cualquier ciudad.

 

-Es curioso pero, pese a tratarse de un trabajo más íntimo, profundo, reposado, hasta cierto punto, es posible que se trate de uno de tus discos con unos textos menos tristes, con más ironía.

-Hay más ironía que nunca. Incluso hay alguna canción por ahí en la que llego a rozar el sarcasmo.

 

-Más tequila.

-Efectivamente. Y yo creo que este disco es una visión, estando ya fuera del sótano, explicando cómo es el sótano. Hay quien se pregunta si ahora ya no voy a tratar ciertos temas. Tranquilos. Tengo material de sobra de lo que me ha pasado ahí abajo.

 

-En Más tequila, precisamente, desgranas, con muy mala leche pero, intuyo, algo de compasión, ciertos clichés y elementos de la, podríamos llamar, modernidad. ¿Existe una modernidad bien entendida diferenciada de aquella más superficial?

-Interesante cuestión. Es algo que no había pensado. El concepto de vanguardia te lo encuentras o lo buscas, pero no sé si se puede vivir, conceptualmente y contextualmente, en la vanguardia. Debe de ser muy cansado. Es como vivir dentro de un personaje todo el día. Muy cansado… y muy cansino, para la propia persona que trate de vivir continuamente en la modernidad. Sale alguien en la tele y te preguntas: ‘¿Este qué hace?’ ‘Este es influencer’. ‘Y, entonces, ¿qué hace? ¿Influencia?’ ‘No, marca la tendencia’. ‘Ah, pero ¿esos no eran los tendencers?’. Uf. O los personal shopper. ¿De verdad necesitas pagar a una persona para que vaya a comprar, contigo, ¡tu ropa!? Pues vale.

 

-¿Qué te planteas cuando te enfrentas a una creación artística?

-No me hago planteamientos de modernidad o no modernidad. Lo que pasa es que soy muy consciente de que yo no voy a revolucionar nada. Sé que Revólver y vanguardia son dos palabras que no cuajan. Soy consciente de que soy muy clásico trabajando, pero es que no creo que lo clásico vaya en detrimento de lo moderno. Lo malo es lo que va en detrimento de lo bueno. Tener esta filosofía de vida tiene una cosa mala: que nunca estás de moda. Pero tiene una cosa muy buena…

 

-Que nunca pasas de moda.

-Efectivamente. Y había alguien que decía: qué de pocas cosas nuevas quedan bajo el sol, pero cuántas cosas viejas por conocer. Una buena canción es una buena canción, la pintes como la pintes. Imagino que tú querrás oír buenas canciones, sean de la época que sean.

 

-Hablemos de ese componente social, evidente en Capitol, como en buena parte de tu obra. Tú tienes una forma muy personal de utilizar la música como elemento de compromiso. ¿Es complicado fusionar ambos sin caer en la demagogia?

-Con mis letras, cuanto más sociales son, más cuidado tengo para escribirlas, porque es tan fácil caer en lo ordinario: ‘Sois todos unos chorizos y unos cabrones’. No. Yo no caeré ahí, nunca. Cuanto más duro sea lo que estoy diciendo, más poesía tiene que llevar. Es mi manera de pensar, y ni tan siquiera se me ocurre plantear que sea la correcta. Siempre lo he subrayado: es mi opinión. Ni tan siquiera a mis hijos les doy consejos. Les digo cómo veo la vida yo. Jamás me atrevería a decir cómo es la vida. Con la letra es complicado no caer en la demagogia. Hace un par de años, hubo gente a la que en su vida se le había ocurrido escribir una sola coma que tuviese que ver con un mínimo de compromiso social, y lo hizo. Y creo que no les salió bien. Te estoy hablando de artistas grandes, de los que me gusta su obra, pero aquí patinaron.

 

-Hablamos de…

-No te lo voy a decir porque, además, todos son buena gente. Igual lo hicieron porque tocaba… o porque les dio la gana. Perfecto, pero es que, cuando te pones a tocar el tema social has de tener mucho cuidado, precisamente, porque es muy fácil caer en lo banal, en lo chabacano, en lo ordinario. Y cuanta más denuncia social tenga lo que estás abordando, más recursos literarios debes usar. Porque, si no, aquello es un panfleto. Y yo soy cero, cero, cero populista. Detesto el populismo. De izquierdas, de derechas. Me da igual.

 

Cuando todo va bien. Por Domingo J. Casas

-Pese a que, en los últimos años, parece que esta fea costumbre ha comenzado ha mutar, en este país ha habido siempre una evidente desconexión entre generaciones musicales. Nunca se ha llevado, demasiado, por parte de las nuevas hornadas de artistas, ni reivindicar a, ni colaborar con artistas que les han precedido. ¿A qué crees que se debe? Es algo que, en muchos otros países, no sucede.

-Yo, desde luego, tengo muy buenos amigos, y son jóvenes, con los que me identifico y llevo bien. Gente muy dispar. No sé. ¿Sabes qué pasa? Que Revólver me ocupa muchísimo tiempo, y ese tipo de cosas, como no me son necesarias, tampoco las detecto, las estudio… Simplemente, no tengo opinión.

 

-Se habla mucho, precisamente, de la gran calidad y variedad de esas nuevas generaciones de músicos que, obviamente, disponen de una información mucho más amplia. ¿Estás de acuerdo? ¿Hay más nivel y variedad que nunca?

-No. Y te digo no porque hemos decidido abrir el sello, Compañía de Canciones, a artistas nuevos, y sé de lo que hablo. Esta profesión, como la mayoría, está basada en el trabajo, trabajo y trabajo. Hay desarrollos de guitarra en Capitol que, si no llevo tocando media hora, no soy capaz de ejecutarlos. No paro de estudiar. Trato de mejorar, día a día. Soy muy curioso.

 

-Cuestiones eternas: ¿Trabajo fuera de la música para vivir y poder hacer música? ¿Me arriesgo y decido centrarme, únicamente, en la música?

-Si tienes otra profesión y quieres hacer música, posiblemente trabajes de algo que no quieres ser. Y, por culpa de ese trabajo, que no te llena, posiblemente no acabes de ser músico, que es lo que quieres ser. Así, es difícil que mejores ostensiblemente como músico, porque no tienes tiempo.

 

-Ese es el problema de muchos músicos valencianos. Eso sí, tienes que buscarte la vida de alguna manera. Por supuesto, es peligroso…

-No es peligroso, es falso. Si cualquier disciplina artística es tu vocación, ojo, es tu vocación, tú le entregas la vida a tu vocación. Te tienes que tirar a la piscina. No sabes si hay agua o no hay agua, pero te tienes que tirar a la piscina. Si no te tiras a la piscina, con o sin agua, no lo vas a conseguir. Y, aquí viene lo bueno: tirándote, con o sin agua, tampoco nadie te asegura que lo vayas a conseguir. Lo que sí es seguro es que, si no te tiras no lo vas a conseguir. Pero, repito, depende de las expectativas de cada uno. Las mías siempre fueron tocar, escribir, componer… Esa es mi felicidad. La de otro es tocar, pero también pegarse unas vacaciones de 50.000 euros y largarse a las Seychelles. Ojo, a mí también me gustaría largarme a las Seychelles, pero si me dan a elegir entre comprarme una guitarra nueva o irme de vacaciones a las Seychelles, no tengo dudas. Yo sé que soy esto, con o sin éxito.

 

-Décadas después, y salvo contadas excepciones como La Habitación Roja, el gran público (recalco lo de el gran público) sigue relacionando la música valenciana, sobre todo y únicamente, con lo que podríamos definir como la santísima trinidad…

-Revólver, Presuntos Implicados y Seguridad Social.

 

-Exactamente. ¿Qué ha fallado?

-Cuando esas tres bandas comenzaban en los 80, no faltó la paciencia, el talento y el curro. En esos tres grupos, lo tenías. Otros no quisieron. Yo tenía muchísimos amigos que, cuando sacaban un single y no pasaba nada, inmediatamente se ponían a trabajar, no sé, vendiendo coches. ‘¿Por qué lo haces?’, les preguntaba. ‘Yo quiero mi coche, mi casa… paso’. Yo vivía en Xirivella, y era consciente de que era lo que era con o sin éxito. Es que quería hacer esto. Y si tengo éxito, tendré un cochazo, y si no lo tengo, pues una chatarra. Si tengo éxito viviré en un sitio cojonudo y, si no, pues en otro más modesto. ¿Y qué? Lo que sí haré será seguir tocando la guitarra. Porque eso es mi vida. Eso es a lo que yo dedico mi vida. Y si no puedo comprarme una botas de 100 pavos, pues me las compraré de 15. Porque lo que me hace feliz no son unas botas de 100 pavos, es una guitarra. Hay gente que no es así; la mayoría, probablemente. Así somos los que, por una cuestión puramente vocacional, nos dedicamos a lo que nos dedicamos, sea lo que sea. No hay otra. Y una cuestión más: en los 80, a las compañías les daba pánico fichar a artistas valencianos, porque decían que eran grupos de un excelente primer disco, pero que, los royalties que ganaban se los fundían, y ya nunca había segundo disco. Y, cuando por contrato se lo pedías, lo que te entregaban era infumable. ¡Es que hay que trabajar mucho! Amo profundamente lo que hago. Tengo muchísima suerte. Estoy enamoradísimo de aquello a lo que me dedico. Y cuando tienes todo eso, no hay ningún problema en tratar de hacer las cosas lo mejor que sabes».

 

 

Los discos de la semana

 

Varios autores

Unidos: Tributo a Parálisis Permanente (Leningrado Records, 2017)

Las gentes de Leningrado Records desembarcan en el agitado mundillo musical con espíritu valiente y arriesgado: un doble vinilo, de edición cuidadísima, en el cual nueve bandas de todo el estado hacen pública su veneración hacia la banda liderada por Eduardo Benavente y Ana Curra. Lo hacen con pasión y éxito dispar a la hora de tratar de deconstruir la fuente. Así pues, sin ir más lejos, Autómatas o Múnich 72, muestran su fidelidad hacia el original. En el otro extremo, como era de prever, encontramos referencias como las de unos Luna y Panorama de los Insectos, siempre dulcemente impredecibles cuando entran en el estudio (aquí dan una vistosa vuelta de tuerca a Autosuficiente). Precisamente estos últimos, en compañía de Watson y Ronda Norte, serán los encargados de protagonizar la presentación de esta pequeña joya en tierras valencianas. Será en la sala 16 Toneladas, este 3 de marzo.

 

King Kong Boy

KKB (Mésdemil, 2017)

El segundo larga duración de los de Gandia representa un incuestionable giro estilístico en la trayectoria de los de Alcem el vol. La más evidente, en comparación con los derroteros de aquella primera criatura, de hace poco más de dos años, sin duda, tiene que ver con la ausencia de aquellos vientos tan, antaño, omnipresentes. Ahora, el pop, en su más diversas vertientes, entre las que prevalece, claramente, la bailable (A través de l’espill, Subterrània), se erige en protagonista absoluto para convertirse en envoltorio ideal y amable de unas letras que, también, buscan inspiración en aspectos menos comprometidos, a partir de unos textos mucho más elaborados y cuidados.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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