Las Provincias
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César Campoy | 23-03-2017 | 13:15

Segunda Persona es punk, pop, flamenco y jota en su nuevo trabajo, Torneo en mi casa

 

Efectivamente, tan sólo Jose Guerrero es capaz de acercarse a entender qué diantres ocurre en ese cerebro suyo tan predispuesto a la hiperactividad. Betunizer, Cuello, Jupiter Lion, Rastrejo y, faltaría más, Segunda Persona, que acaba de publicar su nuevo trabajo, un Torneo en mi casa (Mascarpone) que será presentado, el 7 de abril, en dELUXE. Todas esas criaturas son las que, casi sin descanso, sirven para dar rienda suelta a la pasión de nuestro protagonista por crear. Cada una, eso sí, ayuda a que Guerrero muestre una parte de él mismo. Tal vez ése sea el secreto: «Betunizer la veo la más visceral, la que muestra los instintos más primarios; no sólo lo más básico, también lo más complicado de nosotros. Pero con la idea de que no hay que tomarse muy en serio a uno mismo; más bien reírse y dejarse llevar. En Cuello está lo optimista, la energía que uno puede encontrar en la juventud, pero que siempre debe estar ahí, tengamos la edad que tengamos. Reivindicar las ganas de vivir ¡coño! En Jupiter Lion se encuentra lo expansivo, la psicodelia y los bucles que también forman parte de nosotros. ‘Los viajes sensoriales’, dicho así de manera pedante, de flipaete. Rastrejo es como un juego, pero en serio, buscando experimentar con los instrumentos, a veces de un modo casi infantil, y con el subconsciente como máximo aliado. Es divertirse improvisando, sin barreras estilísticas, sin miedo. Segunda Persona tiene algo de lo que es Cuello, pero de un modo más calmado y más sensible».

 

No hay donde tumbarse. Por Miriam García

Así, cualquiera, pensará el avispado lector. Con tantas y tan variadas vías de escape, sobran terapias y química. ¿O no? ¿Realmente tamaña incontinencia creativa puede ser saciada? Es decir, ¿son suficientes todos esos vértices para que una personalidad como la de Jose acabe despojándose de todo aquello que quiere (o necesita)? «Yo creo que, en cuantos más proyectos puedas estar involucrado, mejor. Y no porque te falte algo en los otros, sino porque ponerte en la tesitura de verte en una nueva forma de hacer las cosas, también con otras personas con las que hacerlo, inevitablemente, te lleva a otros lugares que no te habías ni planteado en un principio. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes. Y eso te enriquece sí o sí, será positivo sin ninguna duda, y se revierte en los otros proyectos. El problema es la falta de tiempo, pero no hay otra razón por la que no meterte en más y más proyectos. Es como viajar. ¿No es genial visitar cuantos más sitios mejor?», aclara Guerrero.

Existe, en la cosecha de Segunda Persona (registrada, claro, a base de guitarra y voz, en una casa de campo en Almoradí, y mezclada por, faltaría más, Pablo Peiró), una presencia de estilos variados, y algunos de ellos tienen que ver con palos tradicionales como el flamenco o la jota. Realmente, parece que su ritmo y cadencia se adaptan muy bien a la filosofía sonora del proyecto. En ciertos momentos, incluso, parece confirmarse que el registro vocal de Jose se acopla muy dignamente al de la jota: «Curioso, lo de la jota. No me lo había planteado, pero me agrada oírlo. Para mí es difícil verme desde fuera y saber a qué me parezco o cómo canto. No suelo pensar en que una canción en concreto la voy a cantar de un modo u otro; simplemente me sale así. Luego, a la larga, a veces me doy cuenta de que alguna voz tiene similitudes con algún palo, pero no pienso en ello durante la composición. Escucho y me atraen muchos palos diferentes y supongo que eso estará por ahí dando vueltas por tu cabeza como cualquier otra influencia».

 

Propietario del cielo. Por Miriam García

Y es que, esa querencia hacia lo flamenco, también se ha hecho evidente en algún tema de Cuello, aunque, tal vez, es con la desnudez que confiere la guitarra, sin más artificios, como mejor se aprecia esa influencia. Pero, no nos equivoquemos, Torneo en mi casa es mucho más: es punk, es noise, es pop de ensueño (sí). ¿Hasta qué punto quiere Guerrero que las diversas fuentes en las que bebe convivan en las diversas aventuras musicales en las que anda inmerso? «Más que querer que esas fuentes convivan, simplemente me sale sin pensarlo. Pero siempre me parece más interesante la mezcla de muchas cosas que la imitación de algo, y supongo que eso también me influye, el no querer que suene muy ‘parecido’ a algo. También me interesa la influencia de sensaciones más que de aspectos musicales. Quiero decir que, a veces, la influencia no tiene por qué ser en el aspecto melódico o rítmico con el que canta uno, también puede residir en la energía en la forma de cantar. Y del flamenco, al igual que del punk, me flipa que se canta con mucha pasión, con toda la energía que tu pecho y tu garganta te deje», asegura un Jose que aclara las razones por las cuales este Torneo en mi casa parece rezumar una mayor pasión por los ritmos reposados que el anterior trabajo de Segunda Persona, Faro sencillo: «Para mí este proyecto en acústico, con sólo voz y guitarra, es algo nuevo, que antes ni me había planteado. Aquí puedes darle importancia a otras cosas, como la calma o el silencio. Es otra forma de componer. Así que, poco a poco, voy aprendiendo y buscando otras formas de hacer las canciones. Después del primer disco quería ver cómo funcionaría bajar las revoluciones, e incluso cantar más suave, pero sin perder energía. Está claro que lo reposado le va bien a algo totalmente acústico y tan vacío de instrumentos, así que supongo que iré investigando en ese terreno».

 

Aliento con brillo. Por Miriam García

Agárrense los ociosos a la brocha, que nos llevamos la escalera. Jose asegura que, en los próximos meses habrá disco de Cuello y de Jupiter Lion, así como ¡dos más! de Rastrejo. Y, en 2018, nueva criatura de Betunizer y de Segunda Persona, «como mínimo». Por si esto fuera poco, Guerrero seguirá dándole a la manivela de Mascarpone, sello especializado en la edición en vinilo y casete, un formato que, en los últimos tiempos, vuelve a ser reclamado por ciertos sectores: «Desde luego, ha habido un resurgir, al igual que con el vinilo, que volvió hace unos años. No hablamos de que se vendan grandes cantidades, pero yo estoy contento y me da para seguir adelante con el sello. También porque los costes del casete, evidentemente, son mucho menores y puedes permitirte arriesgar más». Perfecto, pero, incluso hay voces que llegan a asegurar que se trata del soporte que mejor calidad sonora es capaz de proporcionar. ¿En serio? «Como el vinilo no hay nada. Eso es así, pero, aunque me encantaría publicarlo todo en vinilo, mi economía no me permite hacerlo, y publicar en casete es una buena opción. El casete tiene un sonido muy particular, que a mí me encanta, pero no creo que sea el que mejor calidad tiene. El vinilo es mejor».

 

 

El disco de la semana

 

Reynaldo & Mastrangelo

Los 7 pescados capitales (Hall of Fame, 2017)

Los tiempos modernos siempre han jugado a favor de un Luis G. que, desde su refugio, ha venido buscando la connivencia de numerosos artistas para seguir dando rienda suelta a su inquieta y nerviosa pasión por la música. En compañía de Manoel Macia, sin ir más lejos, puso en marcha Los Visionarios, una suerte de proyecto folk-pop medievalista. Ahora lo hace buscando la complicidad del uruguayo Andrés Mastrangelo, una especie de alter ego de Luis, en esto de la música desde hace décadas, que, dos lustros ha, mostró buena parte de sus cartas con aquella descarga llamada Dis is da candombe.

Como avanzábamos, Reynaldo y Mastrangelo tienen mucho en común. No tan sólo su peculiar manera de entender la vida y la música, sino, también su veneración hacia Zappa. El de Freak Out!, precisamente, fue el culpable de que Luis y Andrés comenzaran a trabajar juntos. No obstante, no ha sido hasta ahora cuando la pareja ha decidido unir sus fuerzas para construir una suerte de trabajo conceptual que define, a la perfección, la filosofía (o, al menos, una de las tantas aristas) de dos creadores que siguen su camino ajenos a modas y corrientes, con un único destino en el horizonte: seguir abrazando el surrealismo como fe primera.

Así pues, Los 7 pescados capitales gira alrededor (efectivamente) del universo marino (el disco se abre con Pescadería La Sirenita, se cierra con El puerto de San Gay y, entre medias, encontramos atunes, sardinas, meros…) y se construye a partir de embriagadoras y pegadizas melodías funky y disco, que mecen textos sin desperdicio y algún que otro mensaje comercial subliminal. Como suele ocurrir con buena parte de la cosecha del Caballero, quedarse tan sólo con el envoltorio es un error. Vale la pena, en este caso más que nunca, bucear por sus entresijos.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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