Las Provincias

img
A muchas millas de ser viejo
img
César Campoy | 11-04-2017 | 12:01

Ramirez Exposure estrena su segundo trabajo, Young is the new old, grabado en Nueva York junto a Ken Stringfellow y Marc Jonson

 

Víctor Ramírez es una persona especial e intransferible. Pese a su juventud (o tal vez por ello) se ha mostrado como un ser increíblemente nervioso a la hora de evidenciar su pasión creativa, ya sea como escudero de Tórtel, formando parte de Coleccionistas y Oh, Libia! o, desde hace unos años, volando libre bajo una marca que, de Ramírez, ha mutado en Ramirez Exposure (¿una muestra más de esa inquietud congénita?).

Hace un par de años, de hecho, la vía solitaria la inauguró con un consistente y dulce disco, Book of youth (Demian Records, 2015) que, ahora, contempla a su sucesor, Young is the new old: «Es un disco mucho más meditado, que responde a la necesidad que yo tenía de hacer canciones muy influenciadas por la música de los 50, 60, 70 y las legendarias producciones de Phil Spector y su ‘wall of sound’, aunque esto último no fuese premeditado. Siento que he madurado a la hora de componer y que las letras, melodías y estructuras de las canciones tienen más sentido que nunca para mí. En cuanto a la producción, es evidente que son trabajos muy diferentes. Book of youth es un disco de búsqueda mucho más introspectivo, mientras que Young is the new old es una puerta abierta al tipo de canciones pop que siempre he querido hacer».

 

Dulce corazón. Por Felipe Hernández

Hoy por hoy, Víctor puede considerarse una de las personas del universo más satisfechas con una de sus creaciones artísticas. En esa suerte de hiperactividad un tanto anárquica, que ha permitido al artista toparse continuamente con almas gemelas y nuevos senderos, la historia de la gestación de Young is the new old es una muestra más del sino de un Ramírez que, desde un tiempo, comparte amistad con un Ken Stringfellow (The Posies) que un día quedó prendado de su universo. Él, precisamente, uno de los pilares del power-pop mundial, ha sido el encargado de producir el último trabajo de nuestro protagonista («siempre ha entendido mejor que nadie lo que busco a la hora de hacer canciones»), en compañía del cantautor norteamericano de culto Marc Jonson (una de esas almas gemelas de Víctor: «Es lo más parecido al tipo de persona que yo podría ser con 65 años»): «Hazel love y Suddenly sunshine las grabé en un fin de semana con Ken en Nueva York, en enero de 2016. El resto lo grabé en mayo con Marc en Plainfield, New Jersey. El proceso posterior a la grabación tardó mucho más de lo previsto porque volvimos de Estados Unidos para mezclarlo en España y eso coincidió con la gira de verano que hice con Jonson. Querríamos haber sacado el disco con una discográfica, pero lamentablemente iba pasando el tiempo y no encontramos a ninguna interesada que reuniese las condiciones que yo quería. Fue un proceso tan largo como frustrante, así que ha terminado siendo una autoedición. Eso sí, con el apoyo de Munster Records, que se encargará de la distribución».

 

 

Además, en este trayecto, el valenciano ha visto como se unían a la aventura otros nombres de altura como los de Brian Young (The Jesus And Mary Chain, Fountains Of Wayne) o Richard Lloyd (Television). Y en esa nube perenne, Ramirez Exposure ha gestado un disco agridulcemente optimista, preciosista, que, además, suena más a banda: «Dadas las circunstancias geográficas, al haber grabado este disco en Estados Unidos, no pude grabar con los músicos que me acompañan en directo en España. Lo que sí que es cierto es que todos los músicos que han colaborado son artistas increíbles con mucho bagaje a sus espaldas y eso es algo que se nota: Marc, Ken, Brian, Richard, Wayne Olivieri, Xavi Muñoz, Alfonso Luna, y otro personaje del que siempre he sido fan pero del que no puedo dar el nombre porque no se considera un músico de sesión. Aparece con el seudónimo de Lenny Cantrow», asegura.

Víctor ha conseguido cimentar la base de esa peculiar personalidad, entre otros aspectos, a partir su manera de crear y, sobre todo, en su forma de idear un universo fácilmente identificable, repleto de ironía, aparentes inseguridad e inocencia, imaginación y afán por vivir nuevas experiencias y emociones, y que sigue oliendo a (mucho) cine, en general, y a esa atmósfera de independencia visual norteamericana, en particular. Si en Book of youth, de hecho, había reverencias, entre otros, a Hal Hartley, aquí las hay, evidentes, a Elaine May y su cinta The heartbreak kid: «Cuando conectas de golpe con una película, es un gran momento. The heartbreak kid es una cinta muy especial de los años 70, que nos encanta a Marc Jonson y a mí. Es la comedia romántica más rara que he visto en mi vida. Va sobre la hipocresía de las relaciones amorosas, que es un tema bastante universal. Si hay una canción del disco que se llama The heartbreak kid es porque siento que la atmósfera y sensaciones que producen esa película también se pueden encontrar en las canciones de este disco. Hay una especie de ironía ‘educada’ circulando constantemente en mis canciones, como si defendiese todo lo que es poco convencional, pero sin levantar la voz, es decir, sin querer llamar la atención».

 

En el SXSW de Austin, con el apoyo de Ken Stringfellow

Además, los sonidos de raíz independiente norteamericana que inspiran a Víctor siguen caminando al son que marcan dos referentes también ineludibles en el proyecto Ramirez Exposure, unos Brian Wilson y Phil Spector, en esta ocasión, más visibles que nunca: «Nunca dejo de aprender del legado de Brian Wilson. Siempre es un referente y una forma de entender la música pop. Recuerdo que la primera canción que grabé en las sesiones con Marc, fue Blurred vision, que es probablemente la más Phil Spector de todo el disco. Habíamos construido ya el esqueleto de la canción y las pistas de batería de Brian Young sirvieron para convencernos completamente de que lo que queríamos iba exactamente por ahí, por la loca senda de Spector. En esta grabación en concreto, Marc y yo sabíamos lo que queríamos, pero, o bien no nos atrevíamos a decirlo, o, sencillamente, queríamos que surgiese de forma natural durante el proceso. Muchas veces es mejor así. Lo recuerdo como algo muy guay. Trabajábamos canción por canción y hasta que no terminábamos no pasábamos a la siguiente».

Pero la aventura americana de Ramirez Exposure no acabó aquí. Hace pocas semanas, la banda (completaban la alineación Xavi Muñoz, Pau Miquel Soler y Toni Blanes) se paseó por el celebérrimo festival SXSW que se celebra en Austin. Allí, en un decorado en el que Víctor debió moverse como pez en el agua, porque forma parte de ese imaginario en el que navega, la formación se subió a varios escenarios en una aventura coronada, días después, en Seattle, con otro concierto: «El SXSW ha sido una experiencia increíble. Dimos 9 conciertos y el público respondió muy bien a las canciones del nuevo disco. Espero volver el próximo año. En Seattle tuve la oportunidad de dar un concierto muy especial con Ian Moore en el Hotel Albatroos, que es un nuevo garito estupendo en el barrio de Ballard. La verdad es que Seattle me ha enamorado y no descarto irme allí por pequeñas temporadas. La ciudad tiene una energía especial y es un buen sitio para la gente que hace música. He hecho nuevos amigos y me han hecho sentir como en casa», sentencia un Víctor que parece tener la mirada puesta más en aquella parte del globo que en estas lindes: «Tengo la mirada puesta en todas partes, pero, evidentemente, esa parte del globo me interesa especialmente. Uno no deja de aprender cuando sale a tocar fuera en cualquier parte del mundo. Necesito hacerlo más a menudo».

 

 

Lo cierto es que, por ahora, el artista fija su atención en un proyecto que, con este disco, parece asentarse y, con toda probabilidad, centrará todos sus esfuerzos («me he dado cuenta de que es realmente complicado tener varios proyectos al mismo tiempo»). En pausa permanece, sin ir más lejos, aquel último disco de Oh, Libia! que, años atrás, nos comentó que estaba gestándose («espero que podamos terminarlo algún día»). Su título, Dalingeria, estaba (está) inspirado, en otra artista en la cual se mira Ramírez, la ilustradora alemana Angela Dalinger. Sí, la misma que se ha encargado de diseñar la portada de Young is the new old y que, nos recuerda el músico, vuelve a exponer en Valencia, en mayo, en Sebastian Melmoth. Posiblemente, Angela llegue a tiempo de visionar una copia casi definitiva del filme Paella Today, dirigida por César Sabater, autor de los vídeo-clips del artista. En ella, Víctor corre a cargo de la banda sonora. ¿Habrá cameo? «Serán 3 o 4 canciones del nuevo disco. No hay cameo, pero César y su equipo están preparando un videoclip muy sugerente para promocionar el disco y la película. Es un tipo muy divertido y con mucho talento, así que siempre es un placer colaborar con él. Me entusiasma la idea de participar en una película que da una imagen positiva y divertida de mi ciudad. ¡Los valencianos molamos!».

 

 

Los discos de la semana

 

Pogüey Romero y Los Malasangre

Gato negro (Sweet Grooves Records-Devil Records, 2017)

La vertiente más feroz de formaciones como Los Zzumbidos, Los Infraseres, Wau y los Arrrghs!!!, Los Espantos, The Fingersmiths, Los Subterráneos o Megaphone ou la Mort ha renacido en un proyecto que supura rock and roll, garage y punk sin medias tintas. Ahora, apenas un año después de que la criatura comenzara a dar sus zarpazos más prematuros, ve la luz su primera referencia, un sencillo en formato vinilo, grabado en los castellonenses Rockaway Studios, bajo la atenta mirada de otro viejo conocido de nuestra escena, Coky Ordóñez (Depressing Claim, Shock Treatment). Dos trallazos que huelen a autenticidad y que oscilan entre los The Clash más sucios, los The Stooges más nerviosos y los The Chesterfield Kings más alocados, y que es brindado al respetable en un envoltorio más que digno, con diseño de Mik Baro y elocuentes fotografías de La Nena Wapa Wapa.

 

El Diluvi

Ànima (Autoeditado, 2017)

Los de l’Alcoià profundizan en ese océano de mestizaje repleto de influencias variadas (ritmos latinos, aires celtas, ska y reggae, folk mediterráneo…) en el cual se mueven como pez en el agua. La fórmula que tan buenos resultados consiguió con Motius, de esta forma, se reafirma en un trabajo de sonido limpio y elegante, en el cual se mecen textos repletos de sentimientos y reivindicación. Para continuar la senda dispuesta, además, el combo ha decidido seguir contando con los servicios de David Rosell, y ha buscado la complicidad de pesos pesados como Pau Barberà, Toni Sánchez y Arnau Giménez (de ZOO), el acordeonista Carles Belda y La Trocamba Matanusca.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

Otros Blogs de Autor