Las Provincias

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Autor: ccampoy
El mundo en torno al Mediterráneo
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César Campoy | 23-03-2017 | 6:02| 0

El percusionista y compositor valenciano Pepe Cantó presenta ‘Vida’, inmerso en un océano de mestizaje y luz

 

«Tiquitiquitá-tacatá-tacatacatum-tacatá», marca la voz de Pepe Cantó en el inicio de Triste comme des albaes parisiennes, y define, de manera clara y cristalina, la filosofía, tanto de su último trabajo, Vida (PICAP, 2016), como del devenir de la carrera de este inquieto compositor y percusionista (su próxima cita en directo, el 2 de abril en la Casa de la Cultura de La Pobla de Vallbona), curtido en mil viajes por incontables mares y océanos y, tal vez por eso, amante de la fusión, de empaparse de aquí y de allá y, al final, pasarlo todo por el tamiz de su raíz mediterránea: «Mi música es bastante sencilla, desde el punto de vista de la composición, aunque los arreglos y la producción la hacen parecer más compleja. Siempre he pensado que el virtuosismo (velocidad, métrica, polirritmia, etc…) tiene que ir parejo a la composición, pues, si no, caemos en artificios innecesarios. A mí me interesa más la estética, la belleza, y eso a veces se consigue con una sola nota en el momento oportuno. En cuanto a lo interpretativo, siempre busco músicos no excesivos que sepan utilizar su técnica para engrandecer el tema, y no para su lucimiento personal. En este caso, Pau Chafer, Tóbal Rentero y Vicente Ferrer son un ejemplo de cómo músicos con un grandísimo nivel técnico, emplean sus dotes para situar mi música en un estadio superior», aclara un Cantó que se siente como pez en el agua cuando se le pregunta sobre los placeres sensoriales que supone viajar artística y musicalmente y, sobre todo, dejarse empapar por todo aquello que vale la pena: «Para mí, indudablemente, lo es. Pero comprendo y necesito que existan otros músicos que se centran en estilos muy definidos. Lo necesito porque son ellos los que desarrollan los lenguajes musicales en, bien sea, las músicas de raíz, el folk, el jazz, el flamenco, el pop, o cualquier estilo del que me nutra. Yo soy más una especie de turista vampiro. Escucho, analizo, estudio y trato de entender las reglas de los estilos que me resultan sugerentes. Luego succiono esa esencia y la empleo conforme me pide el cuerpo. Siempre me he sentido un apátrida musical, y tal vez por ello un poco ciudadano del mundo».

 

Un canto a la vida. Por Candela Cantó

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El difícil arte de dejar ir
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César Campoy | 16-03-2017 | 6:02| 0

Con la publicación de Underwater, Mist se despide tras tres lustros de pop melancólico de alta graduación

 

Desde hace mucho tiempo, Valencia tiene la suerte de contar con dos verdaderas y peculiarísimas joyas artísticas holandesas. Una de ellas es anónima, se encuentra en el Museo de Bellas Artes y lleva por título Dos niños enseñando a bailar a un gato. La otra acumula muchos menos siglos, responde al nombre de Rick Treffers, y se mueve como pez en el agua por una ciudad que ya considera suya: «Cuando estoy en el extranjero, echo de menos la luz de Valencia, la playa de Almenara o Pinedo, una paella casera, mi banda, mis bares favoritos donde me tratan como si fuera familia. Pero en Berlín o Ámsterdam encuentro cosas que aquí no encuentro. Son ciudades más cosmopolitas, hay más variedad. Cuando vuelvo a Valencia siempre me cuesta unos días adaptarme y suelo pensar: ‘¿Que coño hago aquí haciendo mis compras con mi tarjeta del Consum?’. Luego me pongo a trabajar y funcionar. Siempre intento coger lo bueno de cada sitio. La felicidad debe estar dentro de uno mismo», asegura Rick, años ha, en Girlfriend Misery y Miss Universe, y, posteriormente, en una aventura, la de Mist, que, con la edición de Underwater (Skipping Records), y tras tres lustros de vida, llega a su fin.

 

Preparado para el despegue. Por Nuria Andrés Sáez

La estructura y concepto de esta suerte de epílogo están basados en un compendio de recuerdos, pasados y presentes: temas inéditos que pudieron formar parte de su anterior trabajo, The loop of love  (2015), duetos junto a Alondra Bentley y Maria Rodés, piezas grabadas en directo, remezclas, versiones… Una sentidísima colección de pequeñas gemas repletas de elegancia melancólica, dignidad sonora y belleza compositiva e interpretativa: «Underwater surge poco a poco. Cuando hice la campaña de crowdfunding para The loop of love, uno de los premios para los mecenas que aportaron 50 euros o más era ‘un disco de canciones inéditas’, pero no conseguí terminarlo a tiempo de una manera satisfactoria. Les prometí entregárselo lo más pronto posible. Mientras tanto, con la banda en Valencia, nos surgió la idea de grabar dos temas que funcionaban muy bien en directo: Heart surgery y Prepare for landing. Eso me dio la idea de añadir más grabaciones actuales y hacer una mezcla de temas de ahora y canciones inéditas del pasado. Pensé que sería bueno ofrecer un epílogo de peso y considerarlo como un disco nuevo de Mist. De todo un poco, pero completo», explica.

 

 

Treffers consideraba que este punto y seguido debía tener el empaque que se merecía. A una criatura a la que se le mima con tanta pasión no se le dice adiós, sin más. El propio Rick ha explicado, por activa y por pasiva, las razones de este final (la existencia de otros artistas con similar nombre, el contexto musical…). Al final, nosotros nos preguntamos si esta decisión tiene más de exorcismo o liberación, o se parece más a una lenta agonía: «De mis letras puedes entender que me suele costar bastante dejar soltar las cosas, así que no ha sido una decisión fácil de tomar. El nombre Mist, para mí, significa mucho. Sobre todo en cuanto al sonido y los arreglos, Mist es una filosofía musical y la gente lo conoce así. Cuando hice The loop of love ya pensé publicarlo bajo mi nombre, pero era demasiado pronto. En nada cumplo 50 años y sale un libro al mercado bajo mi nombre. Es el momento perfecto para mí: ir publicando todas mis creaciones como Rick Treffers. Los cambios son buenos. Ch-ch-ch-changes».

 

El turista arraigado. Por Stella Blasco Berlanga

Aquel The loop of love, como comprenderá el lector, fue un disco muy importante para nuestro protagonista ya que, además, representó el retorno de Mist tras más de seis años desde la publicación de su último trabajo. En aquel proyecto, el artista se rodeó, además de clásicos como Ivar Vermeulen o Jeroen Luttikhuis, de una familia de músicos valencianos, algunos de los cuales le han seguido acompañando. Hablamos de grandes de nuestra escena como Sergio Devece, Remi Carreres, Javi Galope, Gilberto Aubán…: «Han representado mucho para mí. Ha sido algo mágico llevar mis canciones a España e interpretarlas con buenos músicos españoles. Es hasta exótico [ríe]. Sergio y Javi ya conocían el repertorio de Mist de antes y estaban encantados de colaborar desde el principio. A Sergio le fiché sin saber cómo tocaba la guitarra, porque había tan buena onda y entendimiento sobre estilos que estaba seguro de que iba a funcionar. Y mira, ahora es uno de los ejes de Mist y de Rick Treffers, también en el tema de la producción. A Gilberto le conocí en 2007 cuando tocamos juntos en un Live in the Living que organicé en El Carmen. Me pareció un tío original y peculiar. Resultó ser un musicazo muy versátil, y mi suerte ha sido que a él le gustaron mis canciones y mi forma de trabajar. Ahora es mi compañero más fiel en los directos, y mi amigo. Remi ya no toca conmigo, pero es un buen bajista profesional con mucho recorrido y ha aportado su espíritu también», explica Rick, mientras sigue celebrando la facilidad con la cual ha acabado maridándose con un ambiente musical valenciano que no ha cesado de brindarle compañeros de viaje. ¿Más, todavía? Pues, sin ir más lejos, Lourdes Casany y otro histórico, Dani Cardona: «Lourdes me compró The loop of love hace un año y me dijo que era fan del disco. Y yo era fan de ella. La conocía de Polonio y Dwomo y me gusta su forma orgánica y supermusical de tocar. Era lógico que se incorporase y así fue. Además, la música de Mist tiene rasgos femeninos; no está nada mal tener una mujer en la banda. ¿Dani? Es un buen tío. Un reloj en la batería, y mis canciones necesitan esta maquinería pop que él puede dar. El hecho de que sea productor ayuda también. Además, escribe muy bien, y esto lo tenemos en común», añade riendo mientras desvela las fuentes en las que ha venido bebiendo todos estos años, a raíz de las tres versiones (revisitadas de manera muy personal) incluidas en Underwater, a partir de temas de Bacharach, Janis Ian y The Walker Brothers: «Los años 1998-2004 fueron importantes para mí, cuando escuché a grupos como Sparklehorse, Grandaddy, dEUS, Mercury Rev, The Divine Comedy, Radiohead, Tortoise y The Notwist. En el mismo periodo descubrí Pet sounds, de The Beach Boys, y un disco de Dusty Springfield cantando el repertorio de Burt Bacharach y Carole King, y me enganché mucho a esta música de los 60 y los 70 tan agridulce, bien grabada y arreglada».

 

 

Pero dejemos de mirar hacia atrás. Treffers tiene demasiadas criaturas a las que mimar en un futuro. Demasiados proyectos y creaciones con los que jugar con la misma cara de pillo con que aquellos niños holandeses de mediados del siglo XVII manosean al resignado minino. Habrá disco bajo, ahora sí, la marca Rick Treffers, El Turista Optimista seguirá ironizando sobre las costumbres hispanas y, como ya se ha avanzado, habrá libro: «Para el próximo disco ya tengo las maquetas de ocho canciones. El gran cambio es que las letras no van sobre el amor o el desamor, sino sobre cosas obvias como la muerte, la juventud, la amistad y el sentido de la vida en general. Musicalmente siguen siendo canciones con toques de pop y folk. El Turista Optimista es un proyecto que va muy sobre la marcha, porque cada vez soy más español [ríe]. Saldrá en el libro, también. Se trata de una especie de ‘ficción autobiográfica’. Hay relatos de las giras por España, Argentina, Estados Unidos, México y Holanda, entrelazados con una historia medio ficticia, en torno a la vida de un músico, los sueños y la industria musical. Se publica en Holanda, y luego quiero traducirlo o reescribirlo al castellano. Me hace mucha ilusión», sentencia un Rick que seguirá rodando por esos mundos para seguir mostrando esa sensibilidad que tan certeramente es capaz de escarbar en las buenas almas. Rodará y rodará, pero siempre acabará retornando a su Valencia, para celebrar con sus amigos la vida. Si quieren asistir a una de esas mágicas citas, anoten la fecha: 13 de mayo, en el Tulsa Café.

 

 

Los discos de la semana

 

Doctor Lobo

Metodología (Autoeditado, 2016)

Bajo el manto de dos seguros de vida (Carlos Ortigosa en la mesa de mezclas, y Manuel Cabezalí a la masterización), el segundo trabajo del quinteto se ha convertido en un auténtico espaldarazo creativo e interpretativo en la trayectoria de una banda que muestra sus cartas sin ambages: pasión por la épica, obsesión por las ambientaciones llamativas, y entusiasmo por los desarrollos progresivos que desembocan en abrumadoras explosiones sonoras a base de frondosas guitarras y arreglos que rozan el horror vacui. Metodología, si la competencia no fuera tan feroz, debería servir para que Doctor Lobo se convirtieran, definitivamente, en serios candidatos a pisar habitualmente grandes escenarios, excusándose en desarrollos trabajados como los de Caballos salvajes y Cápsula, etéreos entramados como los dispuestos en Escritura automática, o estructuras más directas como las de Lobo.

 

Lost River Bastards

First (Autoeditado, 2017)

También han sido los Music Rooms de Carlos Ortigosa los estudios elegidos por una más de las jóvenes ‘superbandas’ (en Lost River Bastards encontramos a componentes de The Dirt Tracks, l’Emperador, Copo, Flaco Favor o Smoking Souls) que pululan por la escena valenciana. Precisamente ese espíritu inquieto se antoja como el mayor de los valores de un trío que, con First, parece mostrarse completamente libre de prejuicios a la hora de abordar, con solvencia, tanto el pop de esencia indie, como los ritmos bailables (del funk a lo tribal), combinados con ciertos momentos de ambición expositiva que mira, sin ningún tipo de complejo, hacia horizontes más experimentales.

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Al servicio del artista
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César Campoy | 09-03-2017 | 6:02| 0

Manolo Tarancón, Moonflower, Capaje, La Pulquería, Gatomidi o Arcana Has Soul saben lo que es trabajar con el productor Paco Morillas

 

Habitual en los títulos de crédito de numerosas referencias musicales valencianas editadas en los últimos años, ha prestado sus servicios a bandas tan dispares como Iba Andando, Moonflower, Guille Dinnbier, Caravana Sur, Fanáticos, Manolo Tarancón, Adrian Levi, Capaje, Santero y Los Muchachos, La Pulquería, Capitán Booster, Derrota, Tostaki, No Regrets, Huessos, Ainda Não, Jimmy Project, Voltor, Zhuo, Pelicano, Lyann, Sergio Sanz, Eternos rivales, Stéphanie Cadel et la Caravane, El Kanka, The Fuzzy Clouds, Reno, Perdido y la Octubre Band, José Moreno, Peter Aduana, Arcana Has Soul, Sotos, Ambros Chapel, Bill Hicks... Sí, efectivamente, Paco Morillas es uno de los técnicos y productores más solicitados de esta tierra. Sin ir más lejos, en el preciso momento en que usted lee este artículo, él anda inmerso en los próximos trabajos de Los Califas, La Hora del Té, Fronkonstin, Ulan y Limbotheque. «Y hacia el mes de mayo empiezo a producir un disco de una banda que canta en valenciano y me gusta mucho; se llaman VOL», asegura, orgulloso.

«Monté mi primer estudio en el año 2004, con la intención de grabar mis propios discos, pero ya estamos en 2017 y todavía no he grabado ningún álbum mío», bromea Morillas mientras explica las razones por las cuales decidió dedicar su vida a mimar y acariciar la mesa de mezclas: «La verdad es que grabar música y todo lo que rodea este arte es apasionante. Desde pequeño siempre me interesó el sonido y las canciones. Estuve trabajando muchos años en la tienda Bosco, en Valencia, y ahí aprendí mucho sobre instrumentos modernos y tecnología de grabación. Cuando tuve la oportunidad dejé ese trabajo por el estudio, y, así, hasta hoy».

 

Paco Morillas, concentrado

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La herida cicatrizada
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César Campoy | 02-03-2017 | 6:02| 0

Con ‘Capitol’, el primer trabajo editado fuera del manto de Warner, Revólver inicia una nueva etapa vital

 

El Carlos Goñi al que un periodista cuarentón puede enfrentarse en 2017 es, conceptualmente, muy similar al que aquella misma persona, siendo apenas un ilusionado plumilla, podía toparse casi un cuarto de siglo atrás. Llámenle coherencia vital, cabezonería (esos genes aragoneses)… A Revólver le contemplan 12 discos de estudio, casi tres décadas de carrera, y una certeza: la constancia. ¿Conservadurismo? Bueno, Goñi acaba de romper con la multinacional de su vida, Warner, y ha optado por volar, todavía, más libre. El resultado de todo este proceso se llama Capitol (a presentar, en la sala Moon de Valencia, el 3 de marzo, y, en The One de Alicante, el 4), publicado bajo el propio manto de Carlos, merced a su sello Compañía de Canciones. Un disco engendrado desde una habitación del hotel de la Gran Vía madrileña, y que, desde que vio la luz, el artista ha gritado a los cuatro vientos que supone parte del proceso de salida de esa suerte de sótano («el pasado no es un buen lugar para vivir», canta en Campanilla) en que ha estado sumergido durante demasiado tiempo.

 

El mismo hombre. Por Domingo J. Casas

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Elegantes y distinguidos
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César Campoy | 23-02-2017 | 6:02| 0

Santero y Los Muchachos brindan una lección de rock clásico y meditado con su primer larga duración, un brillante y pulido Ventura

 

Miguel Ángel y Joseman Escrivá, Soni Artal y Marc Guardiola no podían haber elegido mejor tema que Abrácese quien pueda para abrir Ventura (Actúa Music), el delicioso larga duración que este cuarteto de curtidos e inquietos músicos ha tenido a bien marcarse. Sonidos elegantes, reposados, meditados, que beben de lo clásico; una imagen y puesta en escena dignísimos; textos de altura, ora agridulces, ora golfos; la emoción de la pieza que da título al disco, lo épico que emana de la recta final de Esté donde esté… Hace un par de años, un epé autoeditado, Buenos y malos, pareció avanzar que Santero y Los Muchachos habían llegado para quedarse. No obstante, de repente, alguien pareció pulsar la tecla de ‘pausa’, hasta ahora: «Efectivamente, este proyecto nació para quedarse. Nació de la necesidad de desarrollar algo de carácter más personal que con otros proyectos no podía desarrollar, y ha sido precisamente ese juego a varios balones lo que dejó esto algo rezagado. De puertas hacia fuera hemos aparentado un parón, pero en la sombra le hemos dado forma, y prueba de ello es el disco que ahora presentamos. Un repertorio más extenso que, creo, nos dará el público que necesitamos para convertir esto en prioridad absoluta», aclara Miguel Ángel, alma del proyecto.

 

El relax de los vaqueros, por Daniel Sánchez

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Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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