Las Provincias

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Autor: ccampoy
A muchas millas de ser viejo
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César Campoy | 20-04-2017 | 6:02| 0

Ramirez Exposure estrena su segundo trabajo, Young is the new old, grabado en Nueva York junto a Ken Stringfellow y Marc Jonson

 

Víctor Ramírez es una persona especial e intransferible. Pese a su juventud (o tal vez por ello) se ha mostrado como un ser increíblemente nervioso a la hora de evidenciar su pasión creativa, ya sea como escudero de Tórtel, formando parte de Coleccionistas y Oh, Libia! o, desde hace unos años, volando libre bajo una marca que, de Ramírez, ha mutado en Ramirez Exposure (¿una muestra más de esa inquietud congénita?).

Hace un par de años, de hecho, la vía solitaria la inauguró con un consistente y dulce disco, Book of youth (Demian Records, 2015) que, ahora, contempla a su sucesor, Young is the new old: «Es un disco mucho más meditado, que responde a la necesidad que yo tenía de hacer canciones muy influenciadas por la música de los 50, 60, 70 y las legendarias producciones de Phil Spector y su ‘wall of sound’, aunque esto último no fuese premeditado. Siento que he madurado a la hora de componer y que las letras, melodías y estructuras de las canciones tienen más sentido que nunca para mí. En cuanto a la producción, es evidente que son trabajos muy diferentes. Book of youth es un disco de búsqueda mucho más introspectivo, mientras que Young is the new old es una puerta abierta al tipo de canciones pop que siempre he querido hacer».

 

Dulce corazón. Por Felipe Hernández

Hoy por hoy, Víctor puede considerarse una de las personas del universo más satisfechas con una de sus creaciones artísticas. En esa suerte de hiperactividad un tanto anárquica, que ha permitido al artista toparse continuamente con almas gemelas y nuevos senderos, la historia de la gestación de Young is the new old es una muestra más del sino de un Ramírez que, desde un tiempo, comparte amistad con un Ken Stringfellow (The Posies) que un día quedó prendado de su universo. Él, precisamente, uno de los pilares del power-pop mundial, ha sido el encargado de producir el último trabajo de nuestro protagonista («siempre ha entendido mejor que nadie lo que busco a la hora de hacer canciones»), en compañía del cantautor norteamericano de culto Marc Jonson (una de esas almas gemelas de Víctor: «Es lo más parecido al tipo de persona que yo podría ser con 65 años»): «Hazel love y Suddenly sunshine las grabé en un fin de semana con Ken en Nueva York, en enero de 2016. El resto lo grabé en mayo con Marc en Plainfield, New Jersey. El proceso posterior a la grabación tardó mucho más de lo previsto porque volvimos de Estados Unidos para mezclarlo en España y eso coincidió con la gira de verano que hice con Jonson. Querríamos haber sacado el disco con una discográfica, pero lamentablemente iba pasando el tiempo y no encontramos a ninguna interesada que reuniese las condiciones que yo quería. Fue un proceso tan largo como frustrante, así que ha terminado siendo una autoedición. Eso sí, con el apoyo de Munster Records, que se encargará de la distribución».

 

 

Además, en este trayecto, el valenciano ha visto como se unían a la aventura otros nombres de altura como los de Brian Young (The Jesus And Mary Chain, Fountains Of Wayne) o Richard Lloyd (Television). Y en esa nube perenne, Ramirez Exposure ha gestado un disco agridulcemente optimista, preciosista, que, además, suena más a banda: «Dadas las circunstancias geográficas, al haber grabado este disco en Estados Unidos, no pude grabar con los músicos que me acompañan en directo en España. Lo que sí que es cierto es que todos los músicos que han colaborado son artistas increíbles con mucho bagaje a sus espaldas y eso es algo que se nota: Marc, Ken, Brian, Richard, Wayne Olivieri, Xavi Muñoz, Alfonso Luna, y otro personaje del que siempre he sido fan pero del que no puedo dar el nombre porque no se considera un músico de sesión. Aparece con el seudónimo de Lenny Cantrow», asegura.

Víctor ha conseguido cimentar la base de esa peculiar personalidad, entre otros aspectos, a partir su manera de crear y, sobre todo, en su forma de idear un universo fácilmente identificable, repleto de ironía, aparentes inseguridad e inocencia, imaginación y afán por vivir nuevas experiencias y emociones, y que sigue oliendo a (mucho) cine, en general, y a esa atmósfera de independencia visual norteamericana, en particular. Si en Book of youth, de hecho, había reverencias, entre otros, a Hal Hartley, aquí las hay, evidentes, a Elaine May y su cinta The heartbreak kid: «Cuando conectas de golpe con una película, es un gran momento. The heartbreak kid es una cinta muy especial de los años 70, que nos encanta a Marc Jonson y a mí. Es la comedia romántica más rara que he visto en mi vida. Va sobre la hipocresía de las relaciones amorosas, que es un tema bastante universal. Si hay una canción del disco que se llama The heartbreak kid es porque siento que la atmósfera y sensaciones que producen esa película también se pueden encontrar en las canciones de este disco. Hay una especie de ironía ‘educada’ circulando constantemente en mis canciones, como si defendiese todo lo que es poco convencional, pero sin levantar la voz, es decir, sin querer llamar la atención».

 

En el SXSW de Austin, con el apoyo de Ken Stringfellow

Además, los sonidos de raíz independiente norteamericana que inspiran a Víctor siguen caminando al son que marcan dos referentes también ineludibles en el proyecto Ramirez Exposure, unos Brian Wilson y Phil Spector, en esta ocasión, más visibles que nunca: «Nunca dejo de aprender del legado de Brian Wilson. Siempre es un referente y una forma de entender la música pop. Recuerdo que la primera canción que grabé en las sesiones con Marc, fue Blurred vision, que es probablemente la más Phil Spector de todo el disco. Habíamos construido ya el esqueleto de la canción y las pistas de batería de Brian Young sirvieron para convencernos completamente de que lo que queríamos iba exactamente por ahí, por la loca senda de Spector. En esta grabación en concreto, Marc y yo sabíamos lo que queríamos, pero, o bien no nos atrevíamos a decirlo, o, sencillamente, queríamos que surgiese de forma natural durante el proceso. Muchas veces es mejor así. Lo recuerdo como algo muy guay. Trabajábamos canción por canción y hasta que no terminábamos no pasábamos a la siguiente».

Pero la aventura americana de Ramirez Exposure no acabó aquí. Hace pocas semanas, la banda (completaban la alineación Xavi Muñoz, Pau Miquel Soler y Toni Blanes) se paseó por el celebérrimo festival SXSW que se celebra en Austin. Allí, en un decorado en el que Víctor debió moverse como pez en el agua, porque forma parte de ese imaginario en el que navega, la formación se subió a varios escenarios en una aventura coronada, días después, en Seattle, con otro concierto: «El SXSW ha sido una experiencia increíble. Dimos 9 conciertos y el público respondió muy bien a las canciones del nuevo disco. Espero volver el próximo año. En Seattle tuve la oportunidad de dar un concierto muy especial con Ian Moore en el Hotel Albatroos, que es un nuevo garito estupendo en el barrio de Ballard. La verdad es que Seattle me ha enamorado y no descarto irme allí por pequeñas temporadas. La ciudad tiene una energía especial y es un buen sitio para la gente que hace música. He hecho nuevos amigos y me han hecho sentir como en casa», sentencia un Víctor que parece tener la mirada puesta más en aquella parte del globo que en estas lindes: «Tengo la mirada puesta en todas partes, pero, evidentemente, esa parte del globo me interesa especialmente. Uno no deja de aprender cuando sale a tocar fuera en cualquier parte del mundo. Necesito hacerlo más a menudo».

 

 

Lo cierto es que, por ahora, el artista fija su atención en un proyecto que, con este disco, parece asentarse y, con toda probabilidad, centrará todos sus esfuerzos («me he dado cuenta de que es realmente complicado tener varios proyectos al mismo tiempo»). En pausa permanece, sin ir más lejos, aquel último disco de Oh, Libia! que, años atrás, nos comentó que estaba gestándose («espero que podamos terminarlo algún día»). Su título, Dalingeria, estaba (está) inspirado, en otra artista en la cual se mira Ramírez, la ilustradora alemana Angela Dalinger. Sí, la misma que se ha encargado de diseñar la portada de Young is the new old y que, nos recuerda el músico, vuelve a exponer en Valencia, en mayo, en Sebastian Melmoth. Posiblemente, Angela llegue a tiempo de visionar una copia casi definitiva del filme Paella Today, dirigida por César Sabater, autor de los vídeo-clips del artista. En ella, Víctor corre a cargo de la banda sonora. ¿Habrá cameo? «Serán 3 o 4 canciones del nuevo disco. No hay cameo, pero César y su equipo están preparando un videoclip muy sugerente para promocionar el disco y la película. Es un tipo muy divertido y con mucho talento, así que siempre es un placer colaborar con él. Me entusiasma la idea de participar en una película que da una imagen positiva y divertida de mi ciudad. ¡Los valencianos molamos!».

 

 

Los discos de la semana

 

Pogüey Romero y Los Malasangre

Gato negro (Sweet Grooves Records-Devil Records, 2017)

La vertiente más feroz de formaciones como Los Zzumbidos, Los Infraseres, Wau y los Arrrghs!!!, Los Espantos, The Fingersmiths, Los Subterráneos o Megaphone ou la Mort ha renacido en un proyecto que supura rock and roll, garage y punk sin medias tintas. Ahora, apenas un año después de que la criatura comenzara a dar sus zarpazos más prematuros, ve la luz su primera referencia, un sencillo en formato vinilo, grabado en los castellonenses Rockaway Studios, bajo la atenta mirada de otro viejo conocido de nuestra escena, Coky Ordóñez (Depressing Claim, Shock Treatment). Dos trallazos que huelen a autenticidad y que oscilan entre los The Clash más sucios, los The Stooges más nerviosos y los The Chesterfield Kings más alocados, y que es brindado al respetable en un envoltorio más que digno, con diseño de Mik Baro y elocuentes fotografías de La Nena Wapa Wapa.

 

El Diluvi

Ànima (Autoeditado, 2017)

Los de l’Alcoià profundizan en ese océano de mestizaje repleto de influencias variadas (ritmos latinos, aires celtas, ska y reggae, folk mediterráneo…) en el cual se mueven como pez en el agua. La fórmula que tan buenos resultados consiguió con Motius, de esta forma, se reafirma en un trabajo de sonido limpio y elegante, en el cual se mecen textos repletos de sentimientos y reivindicación. Para continuar la senda dispuesta, además, el combo ha decidido seguir contando con los servicios de David Rosell, y ha buscado la complicidad de pesos pesados como Pau Barberà, Toni Sánchez y Arnau Giménez (de ZOO), el acordeonista Carles Belda y La Trocamba Matanusca.

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El futuro ya está aquí
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César Campoy | 13-04-2017 | 6:02| 0

La Plata estrena su epé ‘Un atasco’, un verdadero tratado de energía que epata sin remisión

 

Hace apenas un mes, La Plata se subía al escenario del Peter Rock Club para cerrar la Fiesta Demoscópica de la edición valenciana de la publicación musical Mondo Sonoro. En ese preciso momento, quien todavía no sabía de esta joven formación quedó atrapado por todo aquello que ha llevado a catalogarla como una de las promesas con más mimbres del pop y el rock estatales. Porque la banda compuesta por María Gea (Alfa-Estilo, Carmonas), Patricia Ferragud, Diego Escriche (Acapvlco, Alfa-Estilo, Hyper Clear), Miguel J. Carmona (Teletexto, Poder Absoluto, Thee Vertigos) y Salvador Frasquet aúna demasiados condicionantes que provocan en el respetable el deseo de abrazarse a ellos: Insolente juventud, frescura, inmediatez, indudable presencia escénica, estribillos brillantes, un directo embriagador e imagen, mucha imagen. La propia María, de hecho, es la autora del diseño de la portada de Un atasco, el certero epé con el cual La Plata se estrena oficialmente, bajo los auspicios del más rápido y visionario de los sellos, Sonido Muchacho. Además, el combo ha contado con los servicios de Ostap Yashchuk para definir el peculiar logotipo que le identifica.

 

Ellos son La Plata. Por Irene Palacio

En una escena en la que, tal vez, uno de los puntos débiles más evidentes de gran cantidad de sus bandas haya sido (y sea), precisamente, la imagen (en el sentido más amplio del concepto), La Plata parece tenerlo muy claro: «El estilo es lo primero. En esta ciudad hay grandes grupos que viven su realidad musical tanto como en otras. Puede que algunos no estén interesados en compartirla con una escena normativa, o sea ésta la que no esté preparada para ellos. Esa falta de imagen no la vemos dentro de la escena por la que nos hemos estado moviendo», afirman, en referencia al ambiente que, desde hace años, se vive en colectivos y espacios como La Residencia. En ellos se dan cita nuevas generaciones y propuestas alejadas de convencionalismos: «La Residencia juega un papel indispensable en la escena musical por la que nos interesamos. La escena valenciana se renueva cada día aunque algunos no sean capaces de verlo. Es importante saber apoyar las propuestas emergentes, vengan de quien vengan, y eso es algo que La Residencia y otros colectivos valencianos están haciendo bien. Esto último no nos convierte en partidarios de estancarse en Valencia y, ni mucho menos, sentimos una sensación de pertenencia a ella».

 

 

Alto y claro se expresan. Además, afortunadamente, el quinteto parece haber decidido hacer caso omiso ante los constantes cantos de sirena en forma de elogio. Hacen bien: «Intentamos no prestar atención. Somos conscientes de que esas reseñas forman parte del momento, del ‘hype’, de que un comentario positivo puede venir de alguien a quien nuestra música no le importe lo más mínimo, y en unos segundos pueda estar echando pestes de La Plata. Es a nosotros a quienes realmente nos gusta lo que hacemos, y somos los únicos de cuyo juicio nos fiamos. Un comentario positivo ajeno puede llegar a gustar tan poco como otro negativo». ¿Queda claro?

La pasmosa efectividad del tema que da título a Un atasco comenzó a surtir efecto a finales de 2015. Por aquel entonces, Diego Escriche lanzó una sorprendente demo que impactó en quien dio con ella. Poco después, Carmona se une al proyecto. Patricia, María y Salvador lo harían inmediatamente. Muchas aventuras paralelas que acaban cristalizando en una. ¿La definitiva? «Todas ellas son importantes para nosotros. Que ahora se le esté prestando más atención a La Plata no convierte a las demás en menos válidas. De hecho, esta banda ha dado pie a la formación de otras», sentencian. A partir de aquí, todo viene rodado. El contacto con Sonido Muchacho, la grabación del epé con el apoyo de Dani Cardona, las mezclas de Carlos Hernández (Los Planetas, Triángulo de Amor Bizarro, La Habitación Roja, Sidonie, Cooper…), y, dentro de nada, en pocas semanas, la grabación de un larga duración («lo compondrán nueve u once canciones, la mayoría ya compuestas y tocadas en directo»).

 

Imagen. Por Irene Palacio

Efectivamente, casi todas ellas son conocidas por aquellos que han cometido la sensatez de acercarse a alguna de las eléctricas puestas en escena del combo. Aquellas en las que, entre tanto estallido pop, hay demasiadas cosas que huelen a Nueva Ola, a finales de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado. Unos derroteros reivindicados por algunos artistas jóvenes, y una influencia denostada por voces que aseguran que comienza a producirse cierta saturación. ¿Saturación ochentera, pero no sesentera y setentera? «Todo depende del ambiente y el público al que te dirijas. En todas las épocas se ha hecho de todo. En los 70 coexistieron el punk y el rock progresivo, como lo hicieron el hip hop y el techno en los 80. Cada género tiene su edad dorada y sí, es cierto que muchos acabaron hartos de ese sonido digital lleno de efectos moduladores y reverbs puerteadas tan característico de esa última, pero otros también lo hicieron de las historiadas y complejas estructuras armónicas que nos brindó la anterior. Nosotros no bebemos únicamente de los 80. Hoy en día contamos con internet y tenemos a nuestra disposición una amplia gama genérica con su respectiva información, los altibajos de cada época e infinito acceso a bandas actuales de todo el mundo».

 

 

Los discos de la semana

 

Capitán Booster

6 puñaladas (Lengua Armada, 2017)

Si hace nada reseñábamos el estreno sonoro de Pau Monteagudo (Corazones eléctricos), ahora nos detenemos en el nuevo proyecto de otras columnas de los míticos Uzzhuaïa. Israel (Izzra) Ferrer y Álex Simón apuntaron alto uniendo sus fuerzas a otros pesos pesados de nuestra escena: Rafa Bonet (Babylon Rockets, Shame City), Álex Manza (Lullaby, Perro Grande) y el siempre eficiente Rafa Rocamora (Mafarka). Comprenderá el lector que, con esta selección, al menos tres elementos están asegurados: Rock and Roll sin florituras, un alto grado de honestidad y muchísima contundencia interpretativa. Eso es 6 puñaladas. Un certero puñetazo de riffs y atronadora sección rítmica, aupados por unas letras ásperas y directas, un constante duelo de guitarras y la voz de un Rocamora desatado. En definitiva, un viaje por lo mejor del mejor rock: The Hellacopters, Backyard Babies

 

Tito Pontet

Candela (Mésdemil, 2017)

Apasionados de los ritmos jamaicanos y latinos, los alcoyanos finalmente se lanzan a publicar su primera referencia después de tres años de rodaje. Bajo la producción de Lluc Casares, y seguros tras la solvencia vocal de Alba Terol (versátil, tanto en registros como en su facilidad por afrontar temas en tres idiomas), los ocho instrumentistas cumplen con nota a la hora de surfear entre horizontes como el rocksteady, la cumbia, el bolero o el ska, y asientan el valor de este disco en piezas como las embriagadoras Cento el tendero y Cúmbia de Sant Benet, así como una Ska Bomb convertida en vehículo de lucimiento, a partir del concurso del propio Casares y Javier García (The Oldians).

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Y llegó el día en que se liberó
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César Campoy | 06-04-2017 | 6:02| 0

Txema Mendizabal se ha rodeado de una generosa nómina de buenos amigos y reputados artistas para construir su primer disco en solitario

 

Tiene que estar un poco harto Txema Mendizabal de que quienes le quieren bien no cesen de atormentarle con la misma pregunta: Después de tantos proyectos compartidos y colaboraciones (Nanga Parbat, Manolo Tarancón, Star Trip, Nacho Vegas…), ¿por qué un artista de sensibilidad tan contrastada ha tardado tanto tiempo en lanzarse en solitario? «No lo sé. Supongo que antes no me había planteado escribir canciones. Había creado bajos, muchas líneas de pedal steel y armónicas, pero siempre para vestir temas de otros músicos, y, si se dejan, me encantaría seguir haciéndolo. Ahora me gusta, además, crear canciones y poder disfrutar viviendo de pleno su evolución y comprobando la reacción, primero de mis personas de referencia, luego del resto de amigos, y, finalmente, de la gente que se cruza con ellas. Quizás no era el momento, hasta ahora. Nunca es tarde supongo», asegura este músico vasco afincado en tierras valencianas. Bajo el amparo de La Viejita Música ha publicado Golpe de estado, un trabajo de altura que presentará, con formación de lujo (Thomas Mantovani, Álex Casal, Carlos Soler, Luis Borrás, Luis Alcober, Virginia Iranzo, Carla Pascual y Manolo Tarancón) este 8 de abril en la Sala Russafa.

 

Pacto perfecto. Por Jorge Bellver

Los temas que componen este disco se caracterizan, además de por unas estructuras tremendamente trabajadas, por unos textos brillantes (‘a corcheas me golpeo el pecho como un animal salvaje’). El avispado lector intuirá que se trata de criaturas cinceladas desde hace mucho tiempo, mientras Txema brindaba su saber hacer a otros artistas. Nada más lejos de la realidad: «No tenía canciones guardadas en un cajón. La primera fue Pacto y la haría allá por marzo de 2015. Unos meses después salió A corcheas; después, Terceros tiempos, y, después, Cuatro. En octubre de ese año ya había grabado los temas con cuatro amigos músicos/productores diferentes. Me ayudaron un montón, y salieron ideas muy interesantes y canciones que estaban geniales. Fue con Vicente Prats, Francis Palacios, Manolo Tarancón y Montxo Burgos. A principios de noviembre de 2015 decidí hablar con Carlos Soler para proponerle empezar a trabajar juntos y sacar algo homogéneo de aquellas canciones, que ya estaban muy bien, incluyendo un par de temas nuevos que me empezaban a rondar. Le ilusionó mi propuesta, me ilusioné con su ilusión, empezamos, y el resto, hasta las diez canciones, salió durante el proceso de grabación en los estudios Calexico de Valencia».

 

 

Efectivamente, llegó la hora de que algunos de aquellos músicos con los cuales ha compartido estudio y escenario Mendizabal, trataran de devolverle toda aquella pasión que éste les había brindado. Esto explica la gran cantidad de nombres conocidos de nuestra escena que figuran en los créditos de Golpe de estado. Sin ellos, por supuesto, este homenaje al pop y al rock de autor no hubiera sido posible: «Soy primerizo en este papel, pero con las ventajas de haber grabado, tocado, reído y brindado muchas veces con musicazos que son amigos de primera línea. De todos aprendo, y todos han estado cerca apoyándome mucho… y siguen ahí. Personas como Vicent Almenar, Alejandro Jordá, Vicente Prats, Manolo Tarancón, Fabián, Javi Sáez, Amparo Abdulah, Luis Alcober, Luis Borrás, Ricardo Gener, José Luis Navarro, Thomas Manthovani, Virginia Iranzo, Carla Pascual, Alex Casal o Carlos Soler forman parte de la banda, han grabado o contribuido de alguna manera a dar brillo a este proyecto», asegura orgulloso, mientras nosotros adivinamos, con tan sólo escuchar este o aquel arreglo, esta o aquella modulación, la importancia jugada, sobre todo, por uno de los músicos y productores más brillantes de la música valenciana actual, el propio Soler: «Carlos es impresionante como músico, como productor, como psicólogo con los músicos en las grabaciones y como persona. Su tímida propuesta pidiéndome el favor de tocar conmigo en algunos directos es de los recuerdos que no olvidaré y que me hacen sonreír. Le dije: ‘Carlos, elige instrumento… o voz principal, lo que quieras’. Le estoy muy agradecido por todo. En este punto me felicito a mí mismo por la decisión que tomé poniendo Golpe de estado en manos de un artesano de primer nivel».

Y ante la buena relación de Txema con tal cantidad de músicos valencianos, cuya producción, en algunos casos, se caracteriza por una suerte de retroalimentación personal y profesional, no podemos dejar de pensar en aquellos comentarios que hablan de la nuestra, como de una escena excesivamente dividida en ‘familias’. ¿Es cierto? «Como dices, he tenido la suerte de tocar y/o compartir buenos ratos con músicos, quizás, de diferentes familias dentro de la ciudad, y me parece en parte normal que haya artistas que formen sus ‘pandillas’, tanto por afinidades musicales, como personales, como por coincidencias en directos compartidos en los que se buscan grupos de cierta homogeneidad. Yo siempre me he sentido muy bien tratado por prácticamente todos, y, en ocasiones, hasta sobrevalorado. Hay familias en las que aún no he entrado, pero me parecería muy guay hacerlo».

 

Txema, satisfecho. Por Jorge Bellver

El caso es que este Golpe de estado, cocinado sin prisa, con mimo, a lo largo de más de medio año («por falta de tiempo; viajo bastante por mi trabajo, y me eso deja pocas horas para poder completar jornadas de estudio») se verá coronado, en breve, por una sorpresa gestada, de nuevo, por otro de los pilares en los que se apoya Mendizabal, Manolo Tarancón: «Se trata de un clip de una canción nueva que estoy grabando con mi amigo y compañero de aventuras Manolo Tarancón como productor. Nos conocemos a la perfección. Yo quería repetir con él tras su producción en la primera versión de Terceros tiempos. Está haciendo un trabajo espectacular y ayudándome de manera bestial en la promo del disco. Manolo, que ya había trabajado con Rubén Soler, me propuso que fuera él quien se encargara de la producción visual, y yo no había hecho ningún vídeo de los temas del disco, así que me pareció genial hacerlo con una canción que no estuviera incluida en Golpe de estado. Cuando Manolo escuchó el tema por primera vez, me propuso la idea de que colaborara Fabián. Le mandamos el tema y aceptó gustosamente. Somos compañeros de sello los tres, y que salgamos en el vídeo es un homenaje que me hago y un guiño de orgullo por formar parte de La Viejita Música. Contar y cantar con Fabián ha sido increíble. Para mí él es uno de los grandes».

‘Al abrigo de la rutina no se pasaba nada de frío’, canta Mendizabal en . Él, un buen día, decidió escapar de aquella mágica rutina en la que se mecía mientras regalaba su arte a (o con) los demás. Entre ellos (lo hemos apuntado) aquella brillante aventura llamada Nanga Parbat, a la cual, como era de prever, Txema seguirá unido: «Con Nanga Parbat se presenta una temporada primavera/verano muy emocionante porque hay un nuevo disco a punto de ver la luz. Son músicos brillantes y colegazos. Mario Dubla compone temas que son mágicos por terapéuticos. Javier Marcos, Luis Alcober, Dani García, Carla Pascual y el propio Mario, son mis compañeros en este proyecto. Aquí toco el bajo y el pedal steel. Es genial ser un Nanga Parbat», sentencia.

 

 

Los discos de la semana

 

Wild Ripple

Wild Ripple (Discos de Perfil, Carmen Records, 2017)

Los ex de Red Buffalo, Manolete Blanco, Mario Aguilera y Miguel Izquierdo han tirado de los seguros de vida Alberto Díaz (Polock, a los mandos en los estudios Elefante) y Mik Baro (responsable del llamativo diseño de la criatura) para ofrecer, sin ningún tipo de recato, una rotunda filosofía sonora en la que la psicodelia, la distorsión desenfrenada, el garage más tardío, el stoner rock más voraz y el espíritu de los MC5 más atronadores campan a sus anchas en una suerte de orgía sonora que alcanza picos incontrolables (Space shit, Weez), se modera, por momentos, a partir de estructuras sobrias y efectivas (En el long, Vietznam), delira febrilmente sin remisión (Antares, Marte), y desembarca, sin miramiento alguno, en una despedida y cierre (Outro) de casi 15 minutos absolutamente hipnótica, tenebrosa y taladrante, capaz de descomponer al más curtido en estas batallas.

 

Corazones eléctricos

Corazones eléctricos (Autoeditado, 2017)

Pau Monteagudo es uno de los vocalistas con más personalidad y empaque que ha dado la música valenciana. Al frente de los míticos Uzzhuaïa brindó al respetable momentos intensos que, desde hace poco más de un año, en compañía de Kako Navarro (Delaire) y Víctor Traves (Candela Roots), pretende repetir. Las opciones (con semejantes mimbres), recién publicado su primer larga duración, permanecen intactas: hay clase; buenos riffs, estribillos y transiciones (Camino al Sur), y amor, mucho amor por el rock de raíz netamente americana. En Corazones eléctricos no hay trampa, cartón, impostura ni segundas lecturas, y sí declarada pasión por el acorde clásico y efectivo.

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Dentro de él está él
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César Campoy | 30-03-2017 | 6:02| 0

Segunda Persona es punk, pop, flamenco y jota en su nuevo trabajo, Torneo en mi casa

 

Efectivamente, tan sólo Jose Guerrero es capaz de acercarse a entender qué diantres ocurre en ese cerebro suyo tan predispuesto a la hiperactividad. Betunizer, Cuello, Jupiter Lion, Rastrejo y, faltaría más, Segunda Persona, que acaba de publicar su nuevo trabajo, un Torneo en mi casa (Mascarpone) que será presentado, el 7 de abril, en dELUXE. Todas esas criaturas son las que, casi sin descanso, sirven para dar rienda suelta a la pasión de nuestro protagonista por crear. Cada una, eso sí, ayuda a que Guerrero muestre una parte de él mismo. Tal vez ése sea el secreto: «Betunizer la veo la más visceral, la que muestra los instintos más primarios; no sólo lo más básico, también lo más complicado de nosotros. Pero con la idea de que no hay que tomarse muy en serio a uno mismo; más bien reírse y dejarse llevar. En Cuello está lo optimista, la energía que uno puede encontrar en la juventud, pero que siempre debe estar ahí, tengamos la edad que tengamos. Reivindicar las ganas de vivir ¡coño! En Jupiter Lion se encuentra lo expansivo, la psicodelia y los bucles que también forman parte de nosotros. ‘Los viajes sensoriales’, dicho así de manera pedante, de flipaete. Rastrejo es como un juego, pero en serio, buscando experimentar con los instrumentos, a veces de un modo casi infantil, y con el subconsciente como máximo aliado. Es divertirse improvisando, sin barreras estilísticas, sin miedo. Segunda Persona tiene algo de lo que es Cuello, pero de un modo más calmado y más sensible».

 

No hay donde tumbarse. Por Miriam García

Así, cualquiera, pensará el avispado lector. Con tantas y tan variadas vías de escape, sobran terapias y química. ¿O no? ¿Realmente tamaña incontinencia creativa puede ser saciada? Es decir, ¿son suficientes todos esos vértices para que una personalidad como la de Jose acabe despojándose de todo aquello que quiere (o necesita)? «Yo creo que, en cuantos más proyectos puedas estar involucrado, mejor. Y no porque te falte algo en los otros, sino porque ponerte en la tesitura de verte en una nueva forma de hacer las cosas, también con otras personas con las que hacerlo, inevitablemente, te lleva a otros lugares que no te habías ni planteado en un principio. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes. Y eso te enriquece sí o sí, será positivo sin ninguna duda, y se revierte en los otros proyectos. El problema es la falta de tiempo, pero no hay otra razón por la que no meterte en más y más proyectos. Es como viajar. ¿No es genial visitar cuantos más sitios mejor?», aclara Guerrero.

Existe, en la cosecha de Segunda Persona (registrada, claro, a base de guitarra y voz, en una casa de campo en Almoradí, y mezclada por, faltaría más, Pablo Peiró), una presencia de estilos variados, y algunos de ellos tienen que ver con palos tradicionales como el flamenco o la jota. Realmente, parece que su ritmo y cadencia se adaptan muy bien a la filosofía sonora del proyecto. En ciertos momentos, incluso, parece confirmarse que el registro vocal de Jose se acopla muy dignamente al de la jota: «Curioso, lo de la jota. No me lo había planteado, pero me agrada oírlo. Para mí es difícil verme desde fuera y saber a qué me parezco o cómo canto. No suelo pensar en que una canción en concreto la voy a cantar de un modo u otro; simplemente me sale así. Luego, a la larga, a veces me doy cuenta de que alguna voz tiene similitudes con algún palo, pero no pienso en ello durante la composición. Escucho y me atraen muchos palos diferentes y supongo que eso estará por ahí dando vueltas por tu cabeza como cualquier otra influencia».

 

Propietario del cielo. Por Miriam García

Y es que, esa querencia hacia lo flamenco, también se ha hecho evidente en algún tema de Cuello, aunque, tal vez, es con la desnudez que confiere la guitarra, sin más artificios, como mejor se aprecia esa influencia. Pero, no nos equivoquemos, Torneo en mi casa es mucho más: es punk, es noise, es pop de ensueño (sí). ¿Hasta qué punto quiere Guerrero que las diversas fuentes en las que bebe convivan en las diversas aventuras musicales en las que anda inmerso? «Más que querer que esas fuentes convivan, simplemente me sale sin pensarlo. Pero siempre me parece más interesante la mezcla de muchas cosas que la imitación de algo, y supongo que eso también me influye, el no querer que suene muy ‘parecido’ a algo. También me interesa la influencia de sensaciones más que de aspectos musicales. Quiero decir que, a veces, la influencia no tiene por qué ser en el aspecto melódico o rítmico con el que canta uno, también puede residir en la energía en la forma de cantar. Y del flamenco, al igual que del punk, me flipa que se canta con mucha pasión, con toda la energía que tu pecho y tu garganta te deje», asegura un Jose que aclara las razones por las cuales este Torneo en mi casa parece rezumar una mayor pasión por los ritmos reposados que el anterior trabajo de Segunda Persona, Faro sencillo: «Para mí este proyecto en acústico, con sólo voz y guitarra, es algo nuevo, que antes ni me había planteado. Aquí puedes darle importancia a otras cosas, como la calma o el silencio. Es otra forma de componer. Así que, poco a poco, voy aprendiendo y buscando otras formas de hacer las canciones. Después del primer disco quería ver cómo funcionaría bajar las revoluciones, e incluso cantar más suave, pero sin perder energía. Está claro que lo reposado le va bien a algo totalmente acústico y tan vacío de instrumentos, así que supongo que iré investigando en ese terreno».

 

Aliento con brillo. Por Miriam García

Agárrense los ociosos a la brocha, que nos llevamos la escalera. Jose asegura que, en los próximos meses habrá disco de Cuello y de Jupiter Lion, así como ¡dos más! de Rastrejo. Y, en 2018, nueva criatura de Betunizer y de Segunda Persona, «como mínimo». Por si esto fuera poco, Guerrero seguirá dándole a la manivela de Mascarpone, sello especializado en la edición en vinilo y casete, un formato que, en los últimos tiempos, vuelve a ser reclamado por ciertos sectores: «Desde luego, ha habido un resurgir, al igual que con el vinilo, que volvió hace unos años. No hablamos de que se vendan grandes cantidades, pero yo estoy contento y me da para seguir adelante con el sello. También porque los costes del casete, evidentemente, son mucho menores y puedes permitirte arriesgar más». Perfecto, pero, incluso hay voces que llegan a asegurar que se trata del soporte que mejor calidad sonora es capaz de proporcionar. ¿En serio? «Como el vinilo no hay nada. Eso es así, pero, aunque me encantaría publicarlo todo en vinilo, mi economía no me permite hacerlo, y publicar en casete es una buena opción. El casete tiene un sonido muy particular, que a mí me encanta, pero no creo que sea el que mejor calidad tiene. El vinilo es mejor».

 

 

El disco de la semana

 

Reynaldo & Mastrangelo

Los 7 pescados capitales (Hall of Fame, 2017)

Los tiempos modernos siempre han jugado a favor de un Luis G. que, desde su refugio, ha venido buscando la connivencia de numerosos artistas para seguir dando rienda suelta a su inquieta y nerviosa pasión por la música. En compañía de Manoel Macia, sin ir más lejos, puso en marcha Los Visionarios, una suerte de proyecto folk-pop medievalista. Ahora lo hace buscando la complicidad del uruguayo Andrés Mastrangelo, una especie de alter ego de Luis, en esto de la música desde hace décadas, que, dos lustros ha, mostró buena parte de sus cartas con aquella descarga llamada Dis is da candombe.

Como avanzábamos, Reynaldo y Mastrangelo tienen mucho en común. No tan sólo su peculiar manera de entender la vida y la música, sino, también su veneración hacia Zappa. El de Freak Out!, precisamente, fue el culpable de que Luis y Andrés comenzaran a trabajar juntos. No obstante, no ha sido hasta ahora cuando la pareja ha decidido unir sus fuerzas para construir una suerte de trabajo conceptual que define, a la perfección, la filosofía (o, al menos, una de las tantas aristas) de dos creadores que siguen su camino ajenos a modas y corrientes, con un único destino en el horizonte: seguir abrazando el surrealismo como fe primera.

Así pues, Los 7 pescados capitales gira alrededor (efectivamente) del universo marino (el disco se abre con Pescadería La Sirenita, se cierra con El puerto de San Gay y, entre medias, encontramos atunes, sardinas, meros…) y se construye a partir de embriagadoras y pegadizas melodías funky y disco, que mecen textos sin desperdicio y algún que otro mensaje comercial subliminal. Como suele ocurrir con buena parte de la cosecha del Caballero, quedarse tan sólo con el envoltorio es un error. Vale la pena, en este caso más que nunca, bucear por sus entresijos.

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El mundo en torno al Mediterráneo
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César Campoy | 23-03-2017 | 6:02| 0

El percusionista y compositor valenciano Pepe Cantó presenta ‘Vida’, inmerso en un océano de mestizaje y luz

 

«Tiquitiquitá-tacatá-tacatacatum-tacatá», marca la voz de Pepe Cantó en el inicio de Triste comme des albaes parisiennes, y define, de manera clara y cristalina, la filosofía, tanto de su último trabajo, Vida (PICAP, 2016), como del devenir de la carrera de este inquieto compositor y percusionista (su próxima cita en directo, el 2 de abril en la Casa de la Cultura de La Pobla de Vallbona), curtido en mil viajes por incontables mares y océanos y, tal vez por eso, amante de la fusión, de empaparse de aquí y de allá y, al final, pasarlo todo por el tamiz de su raíz mediterránea: «Mi música es bastante sencilla, desde el punto de vista de la composición, aunque los arreglos y la producción la hacen parecer más compleja. Siempre he pensado que el virtuosismo (velocidad, métrica, polirritmia, etc…) tiene que ir parejo a la composición, pues, si no, caemos en artificios innecesarios. A mí me interesa más la estética, la belleza, y eso a veces se consigue con una sola nota en el momento oportuno. En cuanto a lo interpretativo, siempre busco músicos no excesivos que sepan utilizar su técnica para engrandecer el tema, y no para su lucimiento personal. En este caso, Pau Chafer, Tóbal Rentero y Vicente Ferrer son un ejemplo de cómo músicos con un grandísimo nivel técnico, emplean sus dotes para situar mi música en un estadio superior», aclara un Cantó que se siente como pez en el agua cuando se le pregunta sobre los placeres sensoriales que supone viajar artística y musicalmente y, sobre todo, dejarse empapar por todo aquello que vale la pena: «Para mí, indudablemente, lo es. Pero comprendo y necesito que existan otros músicos que se centran en estilos muy definidos. Lo necesito porque son ellos los que desarrollan los lenguajes musicales en, bien sea, las músicas de raíz, el folk, el jazz, el flamenco, el pop, o cualquier estilo del que me nutra. Yo soy más una especie de turista vampiro. Escucho, analizo, estudio y trato de entender las reglas de los estilos que me resultan sugerentes. Luego succiono esa esencia y la empleo conforme me pide el cuerpo. Siempre me he sentido un apátrida musical, y tal vez por ello un poco ciudadano del mundo».

 

Un canto a la vida. Por Candela Cantó

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Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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