Las Provincias

img
Autor: ccampoy
Blues Explosion!
img
César Campoy | 16-02-2017 | 6:02| 0

Johnny B. Zero regresa, rotundo, con el que se convertirá en uno de los discos valencianos de la temporada

 

Bendito sea el día, hace media década, en el cual Juanma Pastor decidió dejar Austria para retornar a esta tierra. Ávido por demostrar que era capaz de brindar al respetable toda aquella variada cultura musical atesorada, a partir de desconcertantes trallazos, dejó boquiabierta a media escena musical valenciana merced a aquel magno riff, el de Planted like a tree, que abría, áspero, su primera referencia sonora, Mayday! (Outsiders Films and Music, 2014); una criatura descarada, cruda y descarnada, a la que siguió, el año pasado, el epé Crystal Totems (Ham House Recordings), un disco que, tal vez, no obtuvo la repercusión merecida. Esto, evidentemente, no hizo más que picar a un Pastor que, lejos de amilanarse, ha decidido fabricar un Birds (Hall of Fame) que, desde el segundo cero (Insane), ha llegado para abofetear a todo aquel que tenga las agallas de enfrentarse a él.

 

Plantados, junto al árbol. Por Vikpamnox

Ver Post >
Con la mente abierta
img
César Campoy | 09-02-2017 | 6:02| 0

Stereocolor ultima su nuevo trabajo, que vivirá del estribillo brillante

 

En menos de dos años, Stereocolor, la banda integrada por Óscar Ruiz, José del Olmo, Christian Boynak y Agustín Pascual, ha conseguido situarse a la altura de Scorsese, la formación de cuyas cenizas surgió: «Buscábamos un nuevo principio; lo que, inevitablemente, supuso el fin del proyecto anterior tras una trayectoria de 6 años con sus luces y sombras. Nuestra filosofía es, prácticamente, la misma que antes: trabajar mucho, confiar totalmente en nuestro proyecto, hacer la música que nos gusta y tratar de que llegue y emocione a quien la escuche», aseguran, convencidos. Vendría a tratarse, como el lector ya adivinará, de aprovechar todo lo que de bueno y provechoso quedaba en la mochila. Entre ello, unas influencias (que van, de La Habitación Roja a Deluxe, pasando por REM o Radiohead), variadas, reconocibles, y reconocidas por sus propios integrantes. Así pues, ¿qué es lo que realmente ha cambiado, en todos estos meses, en Stereocolor? «Estas referencias forman parte, entre otras, de la base musical sobre la que crecimos y que marcó definitivamente nuestras vidas. Son, por tanto, influencias marcadas y reconocidas por nosotros. ¡Imposible negar lo evidente! Por otro lado, la incorporación de nuestro cantante, Óscar Ruiz, y su gusto por el rock más clásico, ha dotado de más matices y versatilidad a nuestra música. Este cambio en la voz principal, y las mayores posibilidades a la hora de hacer coros, son el cambio más significativo en Stereocolor respecto al proyecto anterior», aclaran.

 

El cuarteto, ante el nuevo día.

Ver Post >
En busca del estribillo perfecto
img
César Campoy | 02-02-2017 | 6:02| 0

Consolidado el proyecto, tanto en formación como en filosofía, Atlàntic edita su primer larga duración, ‘1976’

 

Josep Bartual, María López, Thomas Mantovani y Fran Mesado parecen tener un objetivo en la vida: lograr cazar aquella melodía cautivadora y brillante que les convierta en autores del estribillo pop perfecto. Surgidos en 2013 como proyecto paralelo a los celebrados Moonflower, un año más tarde editaron su primera referencia, un epé que trataba de definir los derroteros de un proyecto que, en aquel momento, pareció surgir como un complemento a la marca madre. Ahora, con la publicación del larga duración 1976, parece que las tornas han cambiado. ¿O no?: «Es cierto que en los inicios fue un proyecto secundario, entre otras cosas porque Moonflower estaba funcionando muy bien y merecía toda nuestra atención. Reconozco que fue un error publicar nuestro primer epé y no darle la promoción que se merecía; aunque también es cierto que coincidió con la mudanza de Moonflower a Estados Unidos, y allí nos fue muy bien. Las cosas cambiaron con nuestro regreso a Valencia. Después de publicar el segundo disco de Moonflower y una gira estatal, comenzamos a tener más tiempo para pensar en Atlàntic, y hace un año aproximadamente nos centramos en componer el primer álbum. Aún así, considero que ambos proyectos están a la misma altura. Me gusta decir que es un grupo paralelo, porque ambos funcionan, aunque es evidente que con Atlàntic ahora tendremos que atender más compromisos», aclara Josep.

 

Tras el cristal. Por Carlos Bartual

De hecho, entre los planes de Moonflower figura el objetivo de publicar un tercer álbum, eso sí, tan sólo cuando María, líder de aquella aventura, esté convencida «de que tiene un buen puñado de canciones que merecen la pena». La banda, de hecho, sigue ensayando y funcionando con normalidad. El águila bicéfala en que ha devenido el cuarteto parece funcionar sin demasiados problemas, aunque, ahora, las decisiones se toman tras meditarlas detenidamente: «Quizá con el segundo disco no se han cumplido muchas de las expectativas que teníamos. Volver de Estados Unidos con un subidón tremendo y encontrarse en este país con más desengaños que motivaciones, nos ha dejado un poco helados; a María especialmente. Pero la banda sigue ahí, ensayando los temas y listos para cuando nos llaman para tocar». Su próxima cita, de hecho, si María se recupera de una lesión, sería el 10 de febrero, en Wah-Wah, junto a Rusos Blancos.

Lo que sí parece claro es que el proyecto Atlàntic de 1976 tiene mucha más consistencia filosófica que aquel de hace poco más de tres años. ¿Qué ha cambiado en estos años? «El primer epé se grabó con los últimos temas que habíamos compuesto y con la única aspiración de tener una carta de presentación para la banda. Aún así, creo que salieron cinco canciones bastante redondas, pero le faltó tiempo, reposo y un hilo conductor claro. 1976 es un disco pensado y repensado, con canciones nuevas y otras que hemos recuperado del cajón en el que estaban guardadas. La producción [a cargo del solicitado Carlos Soler] ha estado a la altura de lo que pedía el disco, y hemos invertido en cuidar el diseño y la edición al máximo. En cuanto a la banda, había sufrido algún cambio de componentes, hasta que decidimos que lo mejor era que Atlàntic compartiera la misma formación que Moonflower. Esto, evidentemente, nos da estabilidad y nos ha permitido evolucionar muy rápido en poco tiempo, pues la banda se compenetra de manera muy fácil. Somos los mismos, aunque con distintas funciones, y todo es mucho más sencillo», añade Bartual.

 

 

Además, el grupo ha optado por dar un paso más allá de la mera versión digital, y ha apostado por una cuidadísima edición en vinilo. ¿En busca de una mayor perdurabilidad? «Efectivamente. Teniendo en cuenta que hoy casi nadie compra música, queríamos que quienes apoyan a Atlàntic (y, en general, la música) tuvieran la recompensa que se merece su fidelidad. Llevamos tiempo con la idea del vinilo; con Moonflower nos quedamos con las ganas, y con Atlàntic lo hemos podido materializar, pero, como te decía antes, hemos cuidado todos los detalles: diseño, edición, etc. La liturgia de sacar el vinilo de su carpeta, observarlo, leer las letras, disfrutar del diseño y escuchar las canciones es impagable. Se necesita tiempo para hacerlo, pero ese tiempo no se pierde, se disfruta».

Hasta hace poco, cuando se hacía referencia, precisamente, al vinilo, todo giraba en torno a conceptos que hablaban poco menos que de romanticismo. ¿Es una fase tópica que hemos superado? ¿Editar en vinilo está convirtiéndose en algo que tiene que ver más con lo práctico y lo habitual? «Sí, sin duda. Aunque 1976 también ha salido en cedé para aquellos que no tienen giradiscos, se ha pensado por completo para editarlo en vinilo. El vinilo ha recuperado tanto terreno en estos últimos años que vuelve a ser una opción viable para las bandas a la hora de recuperar la inversión. Combinar el vinilo con la descarga digital es, desde nuestro punto de vista, la opción perfecta. Con el vinilo disfrutas la música más pausadamente en casa, mientras que con la descarga te vas con ella a cualquier parte. En todo caso, hay que tener en cuenta que hemos hecho dos ediciones muy limitadas de los dos formatos: 100 cedés numerados y 220 vinilos numerados. Venderlos todos sería un éxito».

 

Ellos eran cuatro. Por Carlos Bartual

Como avanzábamos, para mantener viva la llama del pop puro y cristalino, el cuarteto ha buscado la solvencia contrastada de Carlos Soler, uno de nuestros productores más brillantes. Con él ya había trabajado, de hecho, en aquel Round Trip de Moonflower. Josep asegura que el grupo buscaba a una persona a la cual confiar todo el proceso sin miedo. Tal vez como sucedió con Paco Morillas (antaño, inseparable de Soler), responsable del sonido del combo en aquel epé de estreno. ¿Diferencias y similitudes entre ambos? «Con Paco hemos trabajado en todos nuestros discos anteriores y con otras bandas anteriores; nos une también una gran amistad y afinidad musical, pero nos apetecía probar otras cosas. Con Carlos comenzamos a trabajar cuando estaba asociado con Morillas, así que tampoco íbamos a ciegas. Paco creo que, quizá, es más vehemente en sus aportaciones, mientras que Soler tal vez busca más la aprobación de la banda. En cuanto al sonido, tengo la sensación que, con Carlos, el disco ha salido muy pulido, mientras que con Paco el sonido era un poco más crudo. En todo caso, son dos grandes profesionales y es muy recomendable la experiencia con ambos».

 

 

Volvemos a dirigir nuestra mirada hacia los surcos de 1976. Giran mientras suenan Uiti Mau, Me gustan todos los días, la agridulce ¿Dónde estuve ayer?, Júlia… De nuevo, en nuestra mente, la cuestión recurrente: ¿Existe el estribillo perfecto? ¿En cuántas ocasiones se ha topado con él Atlàntic mientras se empapaba de música? «Supongo que el estribillo perfecto no existe, y por eso nuestra banda, como tantas otras, sigue buscándolo. Sin embargo, hay muchos estribillos que se acercan a la perfección; serían aquellos que no puedes dejar de cantar, que te contagian y nunca te aburres de tararearlos aunque los hayas escuchado un millón de veces. No sé, se me ocurren como ejemplos el Lucy in the Sky with Diamonds de los Beatles, el Stand by me de Ben E. King, o más de la época que musicalmente fue la que más me influyó (porque era adolescente), el Gigantic de los Pixies. Más recientes, por ejemplo, me pasé semanas enteras cantando todos los días The first single de una banda llamada The Format (cuyo líder, Nute Ruess, la petó luego con Fun). Y, últimamente, se me pegó mucho Second Hand Store de The Ships (el grupo de Paco Loco) o Aire y plomo del último álbum de Santi Campos», reflexiona Josep.

Y Atlàntic, ¿ha logrado acercarse, en algún momento, a tamaño objetivo? «En ello estamos. Supongo que lo tendrá que decir la gente, pero la progresión de Amante vehemente me encanta, la sencillez de Blava o Uiti Mau, o como estribillo puro pop también me fascina Me gustan todos los días. La verdad es que usar el término pop siempre genera un poco de ambigüedad, sobre todo entre el público menos especializado. Creo que perdemos muchas energías etiquetando las cosas y luego renegando de ellas, cuando en realidad todo es mucho más sencillo. Somos una banda de pop, de power pop, de indie pop o de cómo le plazca a la gente etiquetarnos, pero el lugar común de todas las etiquetas que nos puedes poner es pop. Con el tiempo he perdido un poco ese estúpido miedo a ceñirme a la palabra pop», sentencia.

Si Atlàntic llevan camino de lograr su objetivo, el respetable podrá opinar en su próxima cita en vivo. Será el próximo 1 de abril, en el Magazine valenciano, en compañía de los catalanes Her Little Donkey.

 

 

El disco de la semana

 

JEID

El asombroso mago Bimba Lu (primera parte) (Autoeditado, 2016)

Hace poco más de una década veía la luz aquel Pop&Roll de los enérgicos Supernova que lideró Jacobo Eid. Su evidente obsesión por la psicodelia, el brit-pop y los sonidos sesenteros más efervescentes se convirtieron en una seña de identidad que, ahora, vuelven a asomar (sobre todo, la primera) de manera más meditada, digerida y madura, aunque con mayor frescura y empaque. Además, el proyecto opta por la originalidad a la hora de mostrar, tras varios años de trabajo (tarjeta USB y botella de vino, mediante), esta suerte de mini ópera pop, El asombroso mago Bimba Lu, cuya primera parte acaban de estrenar. Resonando a lo lejos los ecos de aquel mágico En el país del Niño Mosca (Animal Records, 1995) de Los Imposibles, Jacobo y los suyos (Adrián Álvarez, de Rubick; Víctor Vila, de Copo, L’Emperador y Lost River Bastards, y Luis Búrdalo, de Sanford Alligator Band, ocupando el lugar dejado por Nando Vidagany) se han sacado de la manga una ensoñadora historia acompañada, además, de un vídeo-clip que augura una futura puesta en escena colorista y surrealista. En esta primera entrega, repleta de luminosidad pop (mezclada y producida por Carlos Ortigosa), JEID descubre los aspectos primeros de esta curiosa narración, basada en el devenir de los moradores de una suerte de reino, cuyos privilegiados habitantes, con su pasividad, acaban enfadando al Hombre de la Nube que, enojado, los abandona a su suerte y, para colmo de males, son engañados por un brujo que los convierte en animales. Como era de prever, tamaña historia se embadurna en melodías que entran a la primera, y que se acercan a la perfección pop en piezas como ¡Bailalo tú! (que cuenta con la participación de Bárbara Gramage) y, sobre doto, Quiero verte bailar. Sin duda, una aventura a seguir de cerca.

 

Ver Post >
Hacia la vida mínima
img
César Campoy | 26-01-2017 | 6:02| 0

Le Garçon Rêvé presenta su segundo disco, ‘Eat your makeup’

 

En la segunda mitad de la década pasada, los cimientos de nuestra escena musical se tambalearon por culpa de una de las ofertas sonoras más rompedoras que, victoriosa, paseó por innumerables salas y festivales su portentosa puesta en escena. Aquellos Megaphone ou la Mort, a medio camino entre Valencia, París y Buenos Aires (la procedencia de sus componentes), estaban llamados a convertirse en una de las referencias indiscutibles de estas lindes hasta que, un buen día, su espíritu entró en una suerte de combustión espontánea. Mientras aquellas llamas sorprendían a propios y extraños, sonaba una banda sonora, la de Le Garçon Rêvé, uno de los temas de su primer elepé, Camarada Coma (2009). Y, de repente, en mitad de aquella humareda azulada, dos de sus miembros, John Martínez (voz) y Diego Summo (guitarra), emergieron y decidieron tomar la senda de la dignidad sónica. Así surgió Le Garçon Rêvé, una aventura, si cabe, más ambiciosa que, en 2014, se estrenó con un bello Songs for mediocre men vol​.​1 y que, ahora, retorna con un Eat your makeup, repleto (como viene siendo habitual) de referencias a otras artes (el título, sin ir más lejos, evoca a John Waters), y que podrá ser degustado por el personal el próximo 27 de enero en el Espai Llimera de la capital valenciana, en un concierto en el cual compartirán escenario con Raúl Moreno.

 

Dualidad. Por Rohan Thapa.

Ver Post >
Alabados sean Gener
img
César Campoy | 19-01-2017 | 6:02| 0

Inspirada en la figura femenina, la banda ha facturado uno de los mejores discos valencianos de los últimos tiempos

 

¿No se han preguntado nunca en qué momento es, un artista, consciente de que tiene una obra magna entre manos? ¿No les asalta la duda de si siente algo especial, de cuáles son las señales (si existen) que le hacen presagiar que algo sobrehumano acabará ocurriendo? La fuerza y el espíritu que emanan de Oh, germanes! (Mésdemil, 2016), desde el minuto cero de su escucha, hacen que entendamos por qué ha acabado convirtiéndose en (si no el mejor) uno de los mejores discos valencianos del año que acaba de finalizar, así como uno de los más recomendables de la década. La verdad, da la sensación de que, desde un principio, estuviera predestinado a lograr algo grande. ¿Era ése el pálpito que embriagaba a los miembros de Gener nada más acabar de grabarlo? «Sabíamos que teníamos un buen disco antes de ir al estudio, y seguimos creyendo ciegamente en esa idea hasta hacer los últimos retoques de la mezcla. Esto no quiere decir que en el camino no hayan aparecido dudas, chascos, desajustes entre la voluntad y el resultado final. Pero tenemos la íntima sensación de que ese abismo que suele separar la idea inicial del producto ejecutado es, en este caso, mucho más estrecho, apenas una pequeña fisura», sentencia, seguro, Carles Chiner, alma máter de un proyecto que, hace un par de años, con aquel sobrio El temps del llop (Mésdemil) ya dejó descentrado a más de uno.

 

¡Aleluya! Por Paula Duart

Aquel primer disco fue grabado, casi en su totalidad, por el propio Chiner, aunque los miembros actuales de Gener ya asomaron la cabeza de manera solemne. Eso convirtió aquella aventura en una especie de soliloquio que, con el paso del tiempo, parece que ha mutado su imagen de marca en beneficio de la colectividad a la que también pertenecen Pasqual Rodrigo, Enric Alepuz, Vicent Todolí y César Castillo: «Gener nació desde el mismo principio con vocación de banda. La grabación de El temps del llop se planteó conmigo solo, porque entonces no había una banda creada. Pero, vaya, siempre lo vi como una eventualidad a superar. Hoy por hoy, Gener es un proyecto de cinco personas, cuya dirección creativa recae sobre mí. Esto incluye componer y dar el visto bueno final de las cosas. Pero Pasqual, Sangui, César y Enric no son músicos a sueldo, mercenarios. Son piezas activas, de una u otra manera, en todas las partes del proceso: creatividad, producción, estrategias, imagen. Somos cinco personas dedicando sus energías y talentos específicos a la banda», asegura Carles.

 

 

La banda (o el trabajo de la banda). Este es el primero de los tres condicionantes que, según Chiner, han hecho de Oh, germanes! (a presentar, el 20 de enero, en La Rambleta) aquello que es. ¿La segunda? Paco Loco, leyenda del indie español de los 90 del siglo pasado convertido, desde hace mucho, en solicitadísimo productor. Hasta sus venerados estudios del privilegiado Puerto de Santa María viajaron los valencianos para registrar su obra. Y acertaron. Vaya que si acertaron: «Fue una de las primeras opciones, pero la descartamos por cuestiones de distancia, gastos, etc. Sin embargo, cuando fueron definiéndose las canciones sentíamos que había una cosa con peso, y que era el momento de hacer la apuesta para conseguir el disco que queríamos. Lo que buscábamos es fácil de definir, pues es el espíritu de aquello que hace Paco: una manera de trabajar que respeta la interpretación de los músicos (errores incluidos), que encuentra la virtud en la peculiaridad del sonido entrante, y no en su perfeccionamiento posterior, y que no convierte la posproducción y la mezcla en un taller de tuneado de coches. De alguna manera, el tipo de canción que teníamos entre manos exigía ese tipo de producción, sin desmerecer para nada otros estilos y formas de funcionar».

 

El quinteto, inspirado. Por Paula Duart

De esta manera, los sonidos ideados en El temps del llop, repleto de referencias provenientes de la esencia sonora norteamericana de raíz, sobre todo, folk, han seguido discurriendo por la senda madre, aunque, en esta ocasión, los aires huelen más a soul, a música negra. ¿Qué ha sido aquello que ha removido las entrañas de Gener en los últimos tiempos? «Pienso que tiene más que ver con mirar hacia atrás, a pesar de que no de una manera especialmente nostálgica. A nivel sónico, nos apetecía mirar hacia las músicas que nos han marcado, celebrando las virtudes de las sonoridades del presente, que nos ofrece otras texturas y posibilidades a partir de las cuales romper una rueda de acuerdos estándar».

Esto hace posible que el resultado final de la obra acabe convirtiéndose en una especie de celebración festiva con elementos agridulces. Como si de una misa gospel se tratara: «Me parece una buena definición. Y me alegra que te llegue con esta claridad, pues desde la misma asunción del ‘concepto’ (y, más tarde, ordenando las pistas, terminando la portada) perseguíamos esta idea de altar de ofrendas pagano, emulando aquellos altares llenos de santos de diferentes estilos artísticos y en diferentes formatos (postales, cirios, imaginería, a la manera del collage) con los cuales las mujeres católicas mediterráneas vehiculan sus plegarias. En definitiva: utilizar, de alguna manera, los símbolos que históricamente han servido para encadenar a las mujeres y su sexualidad, para desactivarlos, ofreciendo a través de ellos un discurso más liberador», aclara Carles.

 

 

La figura femenina, sí. La tercera de las patas de Oh, germanes!. «Las mujeres de mi vida», en palabras exactas de Chiner. Esa temática (el evidente homenaje a la mencionada figura femenina), junto al desarrollo musical ya expuesto, convierten este disco en una suerte de pieza conceptual. ¿Qué llevó a Gener a idear esta creación tan compacta y con un objetivo tan definido? «El amor, el azar, el trabajo, la procrastinación, la familia, la relación con la banda, el dejar que el inconsciente haga su trabajo sin presiones, manteniéndote abierto a lo que puedas encontrar sin necesidad de buscarlo desesperadamente… No hay nunca una sola semilla. Al principio surgieron unas pocas canciones, y casualmente todas hablaban de o giraban alrededor de mujeres. Así que, en un momento dado, decidí seguir esa línea y la banda lo apoyó plenamente, respetando el proceso de composición y ofreciendo feedback. Ya lo he dicho varias veces y tengo miedo de repetirme, pero nunca me canso de insistir en la importancia de tener periodos de sequía; me costó unas cuántas crisis vitales darme cuenta de que una crisis creativa sólo es una oportunidad para poner la oreja y abrir los ojos al mundo porque (al menos de momento) tú tienes poco que ofrecerle a él y él todo a ti. Quién tenga siempre cosas que decir sin contrastar sus ideas con las experiencias vitales que la vida le ofrece sólo puede ser un idiota militante o un artista presa del autismo».

 

 

Contrastar, abrirse, vivir, experimentar, empaparse de todo aquello que valga la pena. Todo ello se evidencia en un hecho: este trabajo incluye diversas referencias a artistas que han marcado a Chiner, no sólo de dentro, sino también de fuera del universo musical (de Sylvia Plath a Rosa Luxemburgo, pasando por Ray Bradbury). Algo parecido viene sucediendo con la oferta de otras bandas de la tierra como Arthur Caravan, que van más allá de lo meramente musical, para tratar de abarcar otros campos del arte. ¿Podríamos hablar de una especie de ‘intelectualización’, por muy pretencioso que suene el término, que busca un mayor esfuerzo del oyente a la hora de tratar de asimilar las obras creadas? «No creo que sea tanto fruto de un proceso de intelectualización, signifique esto lo que signifique, como de asumir sin complejos los referentes (personales, morales, estéticos) que han hecho de ti la persona que eres, asumiendo a la vez que no eres especial por eso; que hay gente a la otra parte de la valla o el charco que también se ha enamorado de la vida a través de aquellos libros, poemas o artistas, y que hacer música es, en cierta medida, lanzar mensajitos dentro de botellas a aquellos desconocidos, que te constatan que no estás solo», finaliza Carles.

 

 

Los discos de la semana

 

Pastore

Reverdecer (Autoedición, 2016)

Rodearse de gente de fiar es lo mejor que puede hacer uno cuando emprende una nueva aventura. Esto lo ha tenido claro Sergio Pastor a la hora de construir su primera criatura sonora bajo la marca Pastore, al contar con la producción de Manolo Tarancón y la masterización de Carlos Soler. El resultado es un dignísimo disco, que igual te remite al Ariel Rot más lúcido, que te brinda los senderos más elegantes y sentidos del rock convencional perfumado de esencia folk. Todo ello, mostrando a un Sergio que desnuda su alma sin vergüenza. Ayudándose, además, de otros nombres destacados de nuestra escena como Txema Mendizábal, Néstor RausellSara Ledesma o Carles Chiner, piezas como aquella que da título al trabajo, las evocadoras Virgen del Mar, Fuego y Bienvenida estación, o las sobrias Pequeña Habana o No paren el combate hacen presagiar futuros buenos tiempos para este proyecto.

 

Tremp

Zaindu (Mésdemil, 2016)

El segundo larga duración de los de La Marina profundiza, todavía más, en la evidente pasión que muestra la formación por los senderos más frecuentados y habituales del indie-rock de esencia anglosajona. De esta manera, destellos de los Franz Ferdinand más nerviosos, los Mando Diao más efectivos o los The Strokes más relajados, son fácilmente identificables en piezas como L’hotel, Per tornar a nàixer o Jo vull. Gratamente trabajados algunos de sus parajes sonoros, para construir este Zaindu la banda ha contado con la connivencia de un ocupadísimo Mark Dasousa a la producción, además de colaboraciones como las de Arnau Castell (Physis) y Remei Giner (Skalissai, Aspencat).

 

Ver Post >
Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

Otros Blogs de Autor