Las Provincias
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LAS FIESTAS SIRVEN PARA ESCONDERLO
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Carlos Pajuelo | 04-01-2018 | 04:02

 

LAS FIESTAS SIRVEN PARA ESCONDERLO          

         Ayer un amigo mío con quien mantengo una relación salpicada de repaso a las noticias, me aseguró que, gracias al 155, la cuestión catalana iba por buen camino.

         Me dio un ataque de risa sana-que le hizo fruncir los labios más el entrecejo y con esa faz me hizo apresurarme a precisar que la risa no tenía que ver con él, si no con el hecho de observar como la tradición en este caso, había oscurecido cualquier otro asunto incluido el procés.

         Le hice una reflexión acerca del modelo de risa y de sus diferencias defendiendo mi risa frente a otras; se diferencia la risa sana, digo yo, porque termina en a y de hecho mientras yo sigo riéndome, usted puede ejercitarse en modo risavocales y comprobará cuan ridículo resulta reírse en i y es más estoy en condiciones de asegurar que con cada una de esas terminaciones vocales uno podría hasta caracterizar al personaje que representa

         La tradición se ha comportado aquí, en este y otros asuntos, a manera de un telón de colores donde impera la música del villancico, la necesidad de cuidar los árboles, el constante bombardeo de anuncios incitadores al consumo y alguno que otro con la intención de quedar bien con nuestra conciencia atendiendo a alguna obrita de caridad participativa.

         Entretanto imagino a los actores del DUI, los de la cárcel y los huidos preparándose, unos de cara al día 4 a ver que hacen con el Sr. Oriol, que va, lentamente adquiriendo constancia de empezar a ser considerado como un héroe sacrificado por la patria, que él desea implantar; parece mantener, se dice, una pugna interna con el huido Puigdemont que está hilando tácticas de camuflaje para atravesar la frontera como un partisano.

         Me permito – lo hago desde mi humilde pasión por la lectura de novelas de espiones- aconsejar algunos disfraces para que Puigdemont siga dando el timo; descarto la peluca por sobrepasada la historia de un Carrillo Santiago que en su día llegó a pasearse por la Castellana madrileña sorprendiendo a Martin Villa ministro entonces del recién llegado Suarez. Para peluca Puigdemon lleva la suya que es autoportante.

         Doy paso a la calvicie total-que todo sea por la causa, lentillas de color azul, tacones internos a la italiana para recrecerse un poco, terno de color gris ejecutivo para alejarse de los antisistema que dan en descuidados( mi amigo que es radical dice que guarros, yo no me atrevo a juzgar) y viajar en coche solo, porque  si se rodea de guardaespaldas y seguidores del procés dará el cante, aunque también puede hacerse acompañar por un pibón de señorita de medio muslo al aire, para distraer la lubrica mirada del aburrido guarda de fronteras.

         Se lo leo a mi amigo y me dice que el opta por trajes de nieve y el enyesado de un pierna y brazo para simular un accidente de esquí.

         A la vista de eso me permito recomendar al personal lector que mientras llegan los Reyes y pasa la lotería del Niño se entreguen a lo lúdico y piensen en cómo se disfrazaría para poder  llegar a recoger el acta en el parlamente sin ser visto.

         Termino no sin antes recomendar la compra de un invento procedente de Corea del Sur que es una especie de tela que le hace a uno invisible.

         O también que no vuelva.

Sobre el autor Carlos Pajuelo
Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera