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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

POR LA CARA

POR LA CARA

En estos tiempos de tecnología punta en pleno progreso, los antiguos procesos de comunicación mediante claves alfanuméricas están a punto de ser considerados obsoletos.

Los hackers son rápidos y no descansan ni mientras usted está tomando el Sol, casi veraniego, que nos calienta la piel en la idílica-en general-Malvarrosa o usted trata de enhebrar un sueño nocturno salpicado de vivas u otros gritos menos “blancos” que pespuntean la noche de una valenciana capital del botellón.

La vieja ruta del bacalo ha sido desbancada por la ruta de plazas y jardines donde diversas etnias se dan la mano gracias a la generosidad de los viejos amigos que anidan en el alcohol.

Recordemos que Valencia en tiempos pretéritos era conocida en Europa por sus burdeles, pronto lo será, creo, por sus carriles bici y sus constantes maratones que nos hacen cada fin de semana ver que calles están cortadas para quienes no vamos en bici, no corremos y nos limitamos a vivir conservadoramente

Como ya es habitual en mi me desvío y es que como me afecta lo del sueño nocturno no tengo más remedio que hacerlo saber, porque dicen que cuando uno hace participar a otro de sus cuitas esas son menos. Es una afirmación que considero falsa.

Cuando hay algo que me preocupa hasta el extremo de comentarlo con otro, sé que al otro no le importa, aunque ponga cara de que si le importa y además me sigo quedando con el asunto preocupante dentro de mi ¿entonces? entonces nada.

Vuelvo al origen del titular “POR LA CARA”. Desaparecerán las claves y la identificación la harán por el reconocimiento de la cara de cada uno. Lo digo deprisa antes que otro asunto cruce mi pensamiento y me vaya por los llamados Cerros de Úbeda.

Me pregunto si será solo la cara de uno o serán las posibles caras que uno se fabrique en función de la estética.          Imaginemos que uno no se guste (y tenga como yo unas ojeras que no hay manera, salvo por maquillaje) y quiera acudir a alguna clase del “pedagogo” de pacotilla el Sr. Cantó, diputado y actor a la sazón, para que me diga como debe uno maquillarse o me diga: “Hermano lo suyo no tiene solución”.

¿Cómo se las arreglarán los nuevos hackers? ¿Se harán cirugía estética cada vez? ¿Tendrán un juego de caras concretas almacenadas y las comprarán como se compran ahora, dicen, herramientas para el robo?

La cosa se simplificará. Uno terminará por mandar claves, caras, huellas y toda esa parafernalia a tomar por… total para comprar medio kilo de bacalao o una exprimidora de zumos.

Bajaremos a la tienda de la esquina a que el Sr. Paco, por ejemplo, nos resuelva el pedido del día o de la semana. Ese Sr. Paco inventado es el hijo de otro Sr. Paco, su padre, que ya le servía a mi madre o a mi abuela y me regalaba caramelos a mi, cuando era casi un bebe.

Desconecto el móvil, cierro el Wasap, el portátil me lo dejo en el armario y me voy andando a comprarme una madalena en el horno de Irene y que les vayan dando a los de Silicon Valley.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera

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