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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

LA CONDENA

LA CONDENA

         Los miles de voces gritando contra la pena a la que han sido condenados los llamados miembros de “la manada” todavía resuenan en las calles de docenas de ciudades, algún estadio de futbol e incluso en algunas ciudades extranjeras.

        Serán el contrapunto a lo que señalaba Lidia Falcón, líder histórico en la defensa de los derechos de la mujer, en la búsqueda de un espacio de igualdad, en el encuentro con las mismas condiciones que los hombres que, hasta ahora, presentan mejores condiciones, trato preferente en salarios y oportunidades.

         El camino del empoderamiento femenino no parece tener freno en este momento y a mi me parece bien.

         ¿El abuso es una condición humana?

         ¿La prepotencia forma parte de la naturaleza del hombre?

         Tengo un amigo que señala que somos, hombres y mujeres, miembros de una misma especie pero que somos “animales distintos”.

         ¿Se puede ser diferente con los mismos derechos y obligaciones? Puede que si.

         El papel tradicional reservado históricamente en nuestra sociedad a la mujer ha cambiado. Ya no son, afortunadamente, las sumisas heroínas domésticas que fabricaban pastelitos para el descanso del guerrero.

         Volvamos a la sentencia a la “manada”. Por cierto, el nombre ya asusta.

         Dejando los aspectos técnicos derivados de la aplicación estricta del Código Penal, cuestión que compite a los entendidos y aún dentro de esos entendidos hay diversas teorías acerca de los hechos que solo se adivinan por lo que se ha filtrado.

         Nosotros y muchos de los opinantes no han estado allí, no han estado tampoco en el juicio y no han visto las pruebas que allí se han mostrado.

         Quizás a mí solo me compite opinar sobre aspectos que si se saben. Veamos.

         Estamos en pleno San Fermín, la ciudad hierve de gente, de borrachos de ambos sexos, la fiesta no ha parado a descansar y los ánimos están exacerbados.

         Un grupo que conocemos como “la manada”, así se llaman ellos mismos, busca finalizar sus horas de juerga desenfrenada, se animan con bailes eroticofestivos , alabándose y aplaudiéndose…hasta que dan con una muchacha, no se sabe cómo, salvo que se insinúa que es uno de ellos el que entabla una conversación “conquistadora” y con un movimiento envolvente los cinco machos empujan, entran en un postal y allí se desencadena un ritual de tocamientos.

         ¿Es la chica una experta en artes marciales, un ninja dotada de secretos movimientos peliculeros que le permitan deshacerse de alguno y así parar el golpe colectivo?

         Parece que no y el miedo, el pánico, el aturdimiento propio de su estado- supongo que festivo- la paraliza y pasivamente se debió encomendar a Dios o al diablo y decirse. “Quieta y que acaben pronto”.

         La manada se desfoga y ella queda quieta y tirada…pero viva.

         Pasan los días y los meses y la línea entre abuso y violación se inclina, al decir de los magistrados, en mayoría de dos sobre tres, que allí lo que hubo fue abuso y un cierto consentimiento porque, dicen, no se oyen gritos de NO.

         A estas horas las voces de “Yo te creo hermana” siguen inundando el aire y el Código Penal ha sido calificado de obsoleto.

         Todos opinamos., incluso yo, como se lee. La pena es escasa. Sobre la “manada” debería haber recaído mayor rigor, incluso un rigor ejemplarizante.

         Es probable que algunos piensen, al leerme, que existe en mí un sentido de venganza. No.

         Son demasiados casos los de la violencia. Haciendo un giro posible, diría que la violencia es como una mancha de aceite y salpica las relaciones personales, las laborales, las sociales y es un movimiento de difícil contención; por eso preguntaba si estaría en la condición humana.

         Muchos vuelven la cabeza hacia el colegio y yo primero me detengo en el hogar. Deberíamos hacérnoslo ver.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera

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