Las Provincias

img
Autor: DolceCaroline
El final.
img
DolceCaroline | 01-04-2017 | 9:55| 0

Nadia deseaba que llegara Martín.

 

Habían quedado a las 23h y pasaban cinco minutos, ella estaba muy nerviosa. Como otro día más organizó la performance: puso música, sacó el colchón aproximándolo al extremo de la piscina, el vino y las copas. Decidió ponerse un cubata fuerte para hacer tiempo, tequila con fanta de limón fue su elección. Se sentó en el colchón contemplando el cielo.

 

Llevaba un vestido de encaje blanco que dejaba muy poco misterio a la imaginación y unos tacones de aguja muy altos. Nunca cesaba su provocación e insinuación, ni siquiera aquella noche.

 

Eran las 23:30h, se había bebido el primer cubata y preparó el segundo, el coche de Martín accedía al chalet, Nadia se puso de pie sin girar la vista hacia él.

 

-   Joder, que guapa te has puesto. –Admitía Martín aproximándose a Nadia con un look muy playero.

-   Pues nada, lo primero que he pillado. –Respondía con la mirada perdida en el tequila.

-   ¡Qué ganas tenía de verte! – Clamaba Martín abrazándola por detrás.

-   ¡Más tenía yo! –Exclamó Nadia inclinando la cabeza hacia detrás y depositándola en su torso.

 

Cada vez que tenían la oportunidad de encontrarse era como si una espesa nube de excitación abofeteara todos sus sentidos. Su conexión era como la del imán y el metal, con el contacto mínimo, solo acariciándose aumentaban considerablemente sus pulsaciones. Eran un gozo anhelado, una sutil perversión.

 

Nadia se dejó caer sostenida por sus brazos, apenas podía aguantarse sobre sus piernas.

Martín empezó a besarle el cuello, Nadia se estremecía por la delicadeza y suavidad que manifestaban los labios en su piel. Con serenidad la tumbo en el colchón y se colocó encima aguantando su peso. Su lengua le ganó protagonismo a su boca, bajaba despacio por el cuello bordeando sus considerables pechos duros y mordisqueando sus pezones. Nadia le miraba con descaro mordiéndose el labio y jugando con un mechón de su pelo.

 

Martín se abalanzó sobre su boca y empezó a besarla impetuoso, uno de sus dedos empezó a rozar su zona íntima por encima del vestido descubriendo que no había impedimento debajo, sino acceso directo. Su dedo índice, muy astuto penetró en su clítoris. Nadia sin mucho esfuerzo le bajó su bañador elástico y tomó aquel hermoso pedazo de carne palpitante, lo apretó con su mano y sintió cómo se desperezaba cada vez más. No paraban de besarse.

 

La vagina de Nadia cada vez producía más fluidos, el pene de Martín no podía estar más rígido. Se arrancaron las ropas mutuamente, Martín se tumbó en sentido opuesto a Nadia y le dieron vida a un clásico sesenta y nueve. Presos de una intensa excitación actuaban precipitadamente. Martín olía la entrepierna que tanto adoraba perdiendo su lengua en el laberinto vaginal, Nadia saboreaba su más exquisito manjar ciñéndolo a su aparato y mordiéndolo. Contempló por última vez su mancha de nacimiento situada en el femoral. Ambos necesitaban penetración.

 

Martín retiró su cuerpo y volvió a ponerse encima de ella, dirigió su salivado miembro hacia el interior de Nadia, quién le recibió con extremada lubricación natural. Sus movimientos se volvían más intensos, sus cuerpos se tensaban, todo indicaba que el orgasmo estaba próximo, Nadia detuvo sus movimientos para reducir su excitación y retrasar ese momento de eyaculación que significaría el fin del acto sexual y de sus encuentros.

 

Pero Martín le proporcionó un placer indescriptible, no podía aguantar más, gritó como nunca y encogió todos sus órganos vaginales para alargar ese momento y secuestrar la dureza de Martín, sensación que adoraba e irremediablemente le llevaba a la eyaculación. Sería la última vez que derramaría tinta blanca sobre Nadia.

 

Martín gimió fuertemente, los gritos de ambos se chocaban en el aire.

 

-   Esto es un lujo. –Sonreía Martín.

-   Esto es el fin. -Confirmó Nadia descorchando la botella y sirviéndose su copa con la mano temblorosa.

 

Martín descolocado encontró en la comisura de aquellos labios un mar de las lágrimas. Se quedó quieto por un momento.

 

- ¿Por qué dices eso, te ha dolido? Habérmelo dicho y hubiese parado, tonta.

-  No, no es eso, pasaba de mandarte un triste WhatsApp, necesitaba despedirme de ti por última vez cara a cara, cuerpo a cuerpo. –Intentaba aclarar.

-  Me estoy perdiendo, si es una broma no tiene gracia. Aun te quedan diez días en España ¿Cómo va a ser hoy la última vez?

-  Lo que es una broma de muy malgusto es todo lo que me has dicho, las ilusiones y expectativas que has creado en mí. Eres un mentiroso, un puto mentiroso.

-  Todo lo que te he dicho es verdad.

-  Recuerdas que me dijiste: “Estar contigo es lo mejor que me ha pasado en este año”, “Celebraremos la nochevieja en la Acrópolis”, “Nos iremos a la nieve juntos”, “Si el destino nos ha juntado ahora es por algo”, “XSJ” como final de cada mensaje, ¿Eso también se lo dices a Marta?

-  ¿De dónde has sacado eso? –Preguntaba con los ojos como platos.

-  Eso no te importa, pero casualmente en todos los lugares que has estado este verano ella también ha estado y los mismos días. Incluso en Costa Rica, dónde tú decías que te ibas con amigos, pero finalmente no pudiste ir por tu trabajo. Me imagino que le dirías que lamentabas no estar allí con ella… Esos días en los que me follabas a mí. Una lástima que ahora ella se tenga que enterar de toda la verdad. ¡Qué mal te ha salido la jugada!

Martín no dijo nada.

- ¡Vete, vístete y vete! ¡No quiero verte nunca más! ¡Borra mis recuerdos! ¡Deshazte de todos mis relatos y rompe lo que te regalé! ¡Para mi te has muerto! –Voceaba echándose el vino en la que sería su segunda copa y tragándoselo todo de una, como los persistentes pececillos del villancico.

-  Nadia, yo… No es así del todo, ella es del grupo de amigos con los que viajo. Tú me gustas muchísimo… Joder tú te vas dentro de cuatro días y volverás dentro de seis meses…

- ¿Vas a decirme que no te has acostado con ella? ¿Tú no decías que estabas mirando vuelos para visitarme en Grecia? ¡Qué te vayas, coño! ¡Un hombre vale por lo que vale su palabra! ¡Y tú no vales nada, inseguro de mierda! Si solo querías penetrarme no hacía falta tanta palabrería, ni celebraciones de cumpleaños, ni presentaciones de compañeros de trabajo, ni ningún detalle. Yo te hubiera reventado igual pensando que eres un rollo de verano.

-  Nadia, yo no me esperaba esto.

-  ¡Vete ya!

-  No te quedes aquí sola, ya has bebido mucho.

-  ¡Para ti estoy muerta desde ahora mismo! ¡Nada de lo que me pase te importa!

-  Sí que me importas.

-  ¡Claro! ¡Igual que Marta! ¡Martín y Marta pegáis y todo! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¡Ajjjj veteee! – Le gritaba histérica empujándole.

 

Martín se puso de pie, se vistió y cabizbajo con los ojos llorosos desfiló hasta su coche. Toda la magia de aquel verano se estaba esfumando, y sería para siempre. La felicidad se había convertido en tristeza, el sueño en pesadilla y la ilusión en melancolía.

 

Nadia siguió rellenando su copa y descubrió que se le hacía pedazos un órgano que nunca le había dado problemas, su corazón.

 

Carmen y Esmeralda estaban en una terraza bebiendo mojitos. Nadia no paraba de llorar, les llamó para contarles todo lo sucedido, ellas también quedaron desconcertadas y le ofrecieron como solución viajar las tres a Mykonos.

Eso hicieron…

 

Carolina Gascón.

La versión extensa de este relato, la encontrarás en:

http://www.carolinews.es/ree-elfinal.html

Ver Post >
Cumpleaños de Nadia.
img
DolceCaroline | 31-03-2017 | 8:37| 0

Nadia durante veinticinco años, el día exacto de su cumpleaños se había arropado de sus personas favoritas. Le encantaba reunir a sus familiares y amigas para disfrutar su entrada a un nuevo ciclo, no le importaba que ese día fuera lunes o viernes, ella lo convertía en fiesta nacional.

 

Este año iba a ser diferente. Martín le propuso cenar, sería su décima noche juntos, ella accedió sin pensárselo dos veces, solo indicó que sería en su restaurante preferido. Cuando se lo comunicó a su gente, todos se sorprendieron, ella alegaba que sus ambiciones habían cambiado, ahora solo quería ser a toda costa el motivo de felicidad de Martín, lo único que le importaba era que él sonriera por su culpa. Llevaba mucho tiempo manteniendo relaciones que solo le importaban momentáneamente, no significaban nada más allá del puro placer. Con él eso se multiplicaba y necesitaba conocerle más. Nadie había conseguido volverla tan vulnerable y nerviosa. Martín se preocupaba por ella, la adoraba y sabía conducirla a la lujuria.

 

Era jueves, 1 de septiembre.

 

Despertaba con el teléfono colapsado de buenos deseos y felicitaciones. Por el WhatsApp, Messenger y Facebook con diferentes videos, audios, fotos y letras impresas. Solo le interesaba leer uno, el de Martín, le costó encontrarlo porque fue el primero en felicitarle y su mensaje estaba de los últimos.

 

Este cumpleaños quería un regalo muy especial, inolvidable, nada que tuviese que ver con lo material, sino un sentimiento, una emoción. Quería que Martín la desvirgase analmente. Siempre había tenido curiosidad por esa sensación en la zona altamente erógena del perineal y el ano, aunque existen muchos prejuicios en nuestra sociedad todavía, está más que comprobado que el placer es absoluto y quien prueba con una preparación adecuada, repite.

 

Para un hombre no hay nada más deseable que aquello que no ha conseguido, Nadia mantenía a Martín con un alto grado de excitación porque este quería darle por culo –nunca mejor dicho- y ella le ponía límites y barreras.

 

Sobre las 21:30h llegaron a Brassa de Mar. La elección fue unos patés de setas, ciervo con salsa de arándanos, pechuga de pato con higos y maracuyá, todo para compartir. Auténtica cena afrodisíaca, como si no tuvieran suficiente deseo ellos dos solos.

 

La tercera vez que les rellenaron las copas de vino, Nadia se percató de la longitud del mantel para sacar el pie derecho de su zapato y acariciarle la zona más íntima a su oponente, mientras se acercaba la copa a los labios y estos los extraía como si le estuviera haciendo una felación y su mano masturbaba el tallo de la copa. Los ojos de Martín escapaban de su rostro, pero no podía decir nada, las mesas que les rodeaban estaban muy próximas, Nadia se recreaba cada vez más y más: pie, mano y labios al unísono. A Martín le costaba mucho aparentar que no sucedía nada y ocultar la sonrisita denotando fogosidad, finalmente optó por cambiar la silla al lado de ella.

 

Les sacaron la tarta y unas improvisadas velas. Martín sacó su teléfono y se hicieron unos cuantos selfies, el camarero se ofreció para que salieran mejor, una buena idea. Impecables y preciosos son los mejores calificativos para aquellas instantáneas.

 

Le dijo que soplase las velas y pidiese un deseo. Era consciente de lo que Nadía iba a rogarle al destino. Sacó su tabaco de liar y ella le propuso construirle el cigarro, lo medio intentó, él lo terminó y se lo fumaron. Nadia nunca había fumado, pero esa noche había decidido probar cosas nuevas. Le dijo que le hiciera fotos al más puro estilo de Sara Montiel fingiendo que era un puro. Era una pareja sumamente divertida y sin desperdicio.

 

Martín le invitó a cenar y abandonaron el restaurante. Los brazos de él rodeaban fuertemente su cintura, como buen macho ibérico le gustaba marcar territorio. Cuando se alejaron del restaurante, él la estrechó contra su cuerpo y casi no la dejaba respirar. Nadia notaba su cuerpo vibrante, duro y musculoso, ciñéndose a sus curvas, todos sus nervios estaban tensos, a punto de estallar.

 

Buscó sus labios, aquellos besos fueron para ella como la lluvia a la tierra sedienta. Comenzó despacio, luego impelido por el ardor de su sangre se volvió indomesticable, los besos recorrían su boca, sus ojos y su cara. De nuevo se detenían en sus jugosos labios que eran como fruta para él, su pecho palpitante se alzaba al ritmo de sus suspiros.
Se desataba la furia en mitad de la calle. Como pudieron avanzaron y subieron al coche.

 

Cuando arrancó sonaba la canción “Don´t let me down” de Chainsmoskers, Nadia se motivó, le ordeno parar en seco y se abalanzó sobre él repitiendo la escena del exterior del restaurante. Era una de las melodías que llevaban escuchando todo el verano mientras copulaban.

 

A mitad canción decidió quitarle el botón, bajarle la cremallera y extraerle su pene. Toda su fortaleza estaba vencida ya de antemano. Volcó totalmente su cuerpo y empezó a saborear lentamente cada precioso milímetro endurecido. Tenía un sabor hipnótico que le impedía dejar de hacerlo. Martín volvió a arrancar, no sabía regresar a casa de Nadia, ella le intentaba guiar, una tarea difícil porque los testículos y la barra de carne empalmada secuestraron su voz. Nadia era una loca que le encantaba traficar adrenalina, él la consumía como un yonki.

 

Pleno centro de Valencia, semáforos, coches alrededor, peatones cruzando y Nadia amorrada al pilón, Martín expulsaba cantidades interesantes de líquido pre seminal. De repente se incorporó como si nada, sus senos duros y agresivos se insinuaban bajo la leve gasa del vestido, parecía que quisieran escaparse para buscar los labios de Martín, antes encontraron a sus manos nerviosas que los apretaron cual pelota desestresante. Nadia cogió su GPS, introdujo la dirección y volvió a atacar su miembro, él no cesaba de decir que le encantaba y que la iba a reventar cuando llegasen a su casa. Nadia irguió la cabeza y la levantó desafiante, sonriéndole.

 

Llegaron a su casa, aparcaron en la misma puerta y salieron corriendo. Montados en el ascensor, Martín le levantó su ajustado vestido y le introdujo toda su esencia. Quedaban 8 pisos, 8 segundos, 16 embestidas, Martín le susurraba palabras que desataban su fantasía, pronunciadas con un tono de voz muy salvaje.

 

La versión extensa de este relato, la encontrarás en:

http://www.carolinews.es/ree-cumple-nadia.html

Ver Post >
Secretos y confesiones en la cala nudista.
img
DolceCaroline | 05-03-2017 | 10:39| 0

Carmen estaba muy excitada tras escuchar el relato de Nadia, siempre decía que fue juglar en la Edad Media porque le encantaba recitar de memoria sus historias, sobre todo los encuentros sexuales, aunque pensándolo bien, la Santa Inquisición pronto la hubiera perseguido.

 

Carmen tenía el pelo larguísimo, hasta el final de la zona lumbar. Cuando viajaba a cualquier país le adivinaban su nacionalidad; Era el patrón de española, morena de pelo y de piel, ojos marrones muy grandes, labios carnosos y cuerpo definido por las máquinas del gimnasio. Era embajadora de aquella canción que decía: “La española cuando besa, es que besa de verdad.”

 

Se levantó de la toalla y miró boyante hacia el mar como si fuese su amigo íntimo, de repente se agachó muy despacio alcanzando un ángulo de 90 grados, como si estuviera en el gimnasio haciendo una sentadilla y buscó dentro de su bolso, Nadia la miraba de reojo riéndose.

- Ja ja ja, no me lo puedo creer ¿Vas a coger la cinta roja? –Adivinaba Nadia.

Fíjate en los dos chicos de la nevera, el que está más a la izquierda ¿Se ha dado cuenta que he cambiado de postura? –Preguntaba inquieta.

- ¡Cari, él y media cala!

¿Me está mirando ahora mismo?

- ¡Sí! Estaba tumbado y ahora se ha sentado para verte mejor ¿En qué momento te has dado cuenta de su existencia?

¡Perfecto! Lo tengo fichado desde que hemos llegado, de hecho, llevamos un juego de miraditas muy interesante, tú como estás flipada contándome lo de Martín no te enteras de nada, yo he recreado tu aventura pensando que somos él y yo.

- Joder, sí que esta bueno, sí, tiene todos los abdominales fuera, además es guapísimo. Hablando de Martín pásame mi teléfono que seguro que me ha escrito.

- Toma. Me voy, necesito un refresco de ese hombre.

- ¡Si si, a ver si es capaz de aliviarte el calor corporal, ja ja ja!

 

Se colocó sus gigantescas gafas de sol y caminó hacia las toallas de los chicos pisando fuerte, únicamente decoraba su pezón derecho un piercing plateado y su brazo izquierdo una larga cinta roja enrollada a modo de pulsera.

- Ostia ostia, Cristian, la chica morena viene, no le digas nada que la quiero para mí. –Decía el chico de la izquierda.

- No tranquilo, a mí me gusta la otra. –Aclaraba su amigo.

¡Hola chicos! Me vais a perdonar, pero estoy seca y aquí no hay ningún sitio para comprar bebida. –Exclamo Carmen.

- Perdonada estás, una chica tan guapa como tú tiene que estar bien hidratada ¿Qué te apetece? – Respondía en un acento muy simpático y divertido.

- ¿De beber? – Pronunciaba ella en un tono muy sensual fijándose en su boca y mordiéndose el labio inferior.

- Emmm, si…Claro. –Tartamudeaba.

Una cerveza, por cierto, me llamo Carmen.

- Aquí tienes, yo soy Vicente y él es Cristian. –Se pusieron ambos de pie para darle dos besos.

Encantado, ufff, me muero de calor voy un ratito dentro del agua, ahora os veo. –Se excusaba Cristian.

- Encantada, si nos vamos te avisamos.

- ¿Te apetece que demos un paseo por la orilla? –Le sugería Vicente.

Perfecto, no te preocupes por vuestras cosas que Nadia las mira. –le hizo un gesto a Nadia indicándole su tarea, ella observaba la situación complacida, mientras se mandaba fotos y audios con Martín.

 

Vicente encajaba con el perfil de hombre que Carmen adora; Tenía el pelo castaño oscuro, los ojos de un azul cielo precioso, pestañas infinitas, era alto, musculado, y llevaba todo el brazo izquierdo tatuado con temas religiosos.

Me habías llamado la atención por tu cuerpo, pero tienes unos ojos muy bonitos.

- A ver los tuyos. – Le dijo mientras le levantaba las gafas – Joder mi niña, eres preciosa.

Ja ja ja, exagerado. Me encanta el acento que tienes ¿De dónde eres?

- Soy de Las Palmas de Gran Canaria, pero juego a futbol en Madrid y llevo aquí en la península unos añitos.

¿Canario? Pues yo seré tu alpiste.

- Ja ja ja, Carmen estás loca, las chicas como tú suelen ser rancias y estúpidas.

Eso será en Madrid, las valencianas somos muy salás.

- Eres la primera valenciana que conozco, llegamos a Jávea ayer.

Nosotras también llegamos ayer y vamos a estar todo el fin de semana. Una cosa, que te estoy mirando el brazo, ¿Me muestras los tatuajes? –Se detenía para tocarle el bíceps de manera casual.

- Si claro, mira, llevo un ángel de la guarda, una virgen, un Cristo, otro ángel protector y una insignia. –Le explicaba, mientras Carmen seguía con un dedo cada detalle de la tinta.

¡Quedar contigo es muy seguro, más protegido no puedes ir! –Bromeaba Carmen.

- Jajaja, cuéntame tú, ¿Qué es esta cinta roja tan llamativa?

- Lo siento, no te lo puedo decir.

- Perdona, perdona mi imprudencia.

No tonto, es nueva está sin utilizar. De hecho, es para ti.

- ¿Cómo? ¿Para mí? ¿Por qué?

Porque me vas a follar ahí detrás en las rocas y voy a utilizarlo para hacer “el carrete filipino.” – Le decía clavando en sus ojos una mirada firme y provocadora. Los hombres por muy viriles que sean también se estremecen de pies a cabeza si intentas seducirles.

- ¿El qué? ¿Follar dices, ahora, hablas enserio?

Bueno, si no te apetece…

- No no, si desde que habéis llegado y te has quitado la ropa estoy malo, malísimo, jugando un pulso con mis ganas de empalmarme que me van a ganar dentro de un momento. Vayamos dónde quieras.

 

Vicente no era consciente del placer que le iba a proporcionar aquel inofensivo trozo de tela. Carmen viajó de intercambio lingüístico a Filipinas y mejoró mucho su inglés el primer mes, luego le dedicó más tiempo y atención a los intercambios sexuales aprendiendo toda clase de técnicas orientales. Su viaje duró seis meses.

 

Esa técnica exótica consiste en atar la banda de seda suave en la raíz del pene y envolverlo en su totalidad para que, durante la penetración, la chica tire de ella y provoque placer intermitentemente, cuando estire más o menos, provocando la locura de su amante y ser ella la dueña de su momento del clímax.

Algo así, pero con un nudo en la base.

 

Las rocas se agrupaban formando una especie de cueva, aquello era un escondite perfecto, un lugar inusual, donde el morbo ocupaba cada mineral de esos pedruscos.

 

A medida que iban llegando, Vicente dejaba que ella adelantase sus pasos y se quedaba un poco retirado analizando todo el cuerpo que iba a disfrutar. Cuando se aproximaron a las rocas y ya no les veía nadie, Vicente aproximó su pene completamente recto y duro al trasero de Carmen y esta se detuvo, la rodeo con sus brazos depositando sus dedos derechos en el pezón de ella e introduciendo sus dedos índice y medio en su vagina. Ambas manos empezaron a funcionar a la vez, sus dedos derechos rotaban como si sintonizaran la radio en busca de una emisora que nunca encontraban. Los dedos izquierdos quedaron cubiertos de abundante flujo mientras Vicente los frotaba con ansia. Carmen estaba muy preparada, llevaba excitada más de media hora, lanzó su larga melena hacia el lado izquierdo, apoyó la cabeza en su pecho sintiendo cada movimiento de las manos de Vicente, cerró los ojos y jadeó como una gacela herida.

Canario necesito meterte en mi jaula. –Suplicaba.

- Me encanta tu olor, Carmen, enciérrame donde quieras. –Le dijo confiscándole los labios.

 

Las feromonas -esas sustancias químicas que envían señales de olor subconscientemente a las personas del sexo opuesto-  estaban despertando altos sentimientos de atracción en ambos.

 

 

La versión extensa de este relato, la encontrarás en:

http://www.carolinews.es/ree-calanudista.html

 

Ver Post >
Su primera vez.
img
DolceCaroline | 18-02-2017 | 12:08| 0

Nadia continuaba de vacaciones, su amiga Carmen le propuso pasar un fin de semana en el apartamento de la playa. Una idea que le fascinó porque quería broncearse y tenía algo muy importante que revelarle. Por WhatsApp no le había enunciado ninguno de los seis encuentros con Martín.

 

El sexo para muchas mujeres es un lugar oscuro donde tienen miedo a resbalarse, Nadia y Carmen poseían unas linternas de gran alcance y potencia, como buenas soberanas convertían en vasallo a cualquier hombre que quisiera entrar en sus dominios vaginales.

 

Se encontraban tumbadas en una cala nudista de Jávea, únicamente cubrían sus cuerpos por sus largas melenas y las miradas de los transeúntes, quienes continuaban su camino con una gran satisfacción.

 

-          Bueno cuéntame ¿Quién es el responsable de esa sonrisa y esos despistes que me llevas últimamente? –Interrogaba Carmen.

-          ¡Cari, como me conoces! ¡Tenía muchas ganas de verte para contártelo todo! – Exclamaba Nadia entusiasmada.

-          Si ya me lo recelaba yo ¿No será de tu pueblo? -Continuaba con sus investigaciones.

-          No no… Del pueblo al lado. Se llama Martín. –Descubría Nadia.

-          Mal empezamos ¿Una de nuestras reglas no es que haya tierra de por medio? Luego toca verlos por la calle y menudo rollo. –Recapacitaba Carmen.

-          Si si, yo la primera vez que quedé con él pensaba que solo sería para tomar algo. –Se excusaba Nadia.

-          Claro y te tomaste su fiambre ¿Con tostadas, pan o solo? ¿Estaba fresco?

-          Jajajajaja, que tonta eres, pues la verdad que la primera vez que probé su esencia varonil fue acompañada de ron, coca cola y hielos de cereza.

-          ¿Hielos de cereza?

-          Si si, hielos caseros, por lo visto rellena cada cuadradito de la cubitera con agua y cerezas para que cuando lo eche al cubata quede mejor.

-          Madre mía que personaje, me gusta como empieza la historia, entonces ¿Lo conoces de siempre? ¿Antes por qué no te gustaba? ¿Qué hace con su vida? Cuéntamelo todo desde el principio.

-          Vale, pero ahora solo te contaré nuestra primera noche, anda rellénate el mojito y atiende que te va a gustar.

 

Uno de los elementos que convierte el título de amiga en el de mejor amiga es la confesión del sexo explícito con su nueva víctima, Carmen sabía que Nadia no le iba a hablar de la marca de ropa que utilizaba Martín, las discotecas que frecuentaba o las dimensiones de su casa. Era consciente que después de aquella confidencia recurriría a la masturbación para saldar su excitación, Nadia era muy detallista con sus aventuras:

 

- El sábado 16 de julio había quedado con mis amigas de la quinta para salir por el único pub del pueblo, pero justo cuando cerré la puerta de casa mi teléfono vibró. Era él, Martín, sobre las doce de la noche me dijo que había pasado el día en Denia y no tardaría en acostarse, cuando leí esas letras impresas en la pantalla de mi teléfono, mi mundo se detuvo por unos instantes. Reflexioné durante unos segundos y le respondí solicitándole la dirección de su casa, mi noche iba a dar un giro de 180 grados.

 

Martín accedió velozmente, de hecho, me dijo que tenía dos botellas de vino muy fresco en la nevera. Me gustó la idea de embriagarnos para causarnos algún tipo de enajenación y así romper el hielo –aunque este terminaría rompiéndose en su pene dirigido por mi lengua. 

 

Aparqué cerca de su casa y le sorprendí por la calle de atrás. Me recibió con una sonrisa preciosa mostrándome sus dientes perfectamente alineados y blancos, lo primero que me dijo es que estaba súper guapa, le di dos besos y me invitó a pasar.

 

Nos actualizamos, recordamos tiempos pasados, reímos, se notaba que estábamos conectando, pero no era una conexión cualquiera, sino una capaz de hacer saltar las alarmas de cualquier corazón oxidado. Nos terminamos la segunda botella de vino y se levantó del sofá para sacar el ron con coca cola y los famosos cubitos, le puse la zancadilla para que tropezase y terminase entre mis brazos. Conseguido.

 

Apoyó sus manos en los reposabrazos del sillón para no caer íntegramente encima de mí, sonrió y acercó sus labios junto a los míos. Se le aceleró el pulso de puro deseo desde el mismo momento en que le miré con mis ojos grandes y expresivos, nuestras lenguas nerviosas, inquietas y excitadas empezaron a codearse, yo estaba inmóvil, Martín acaparaba todo mi espacio. Prometo que no esperaba terminar penetrada, solo quería una primera toma de contacto. 

 

Disfrazado el deseo en forma de lista de reproducción musical de Karen Souza se apoderó de nosotros, todavía no lo sabíamos, pero íbamos a ser adictos a nuestros cuerpos desnudos. No tardó más de cinco minutos en quitarme mi precioso vestido mostaza, sin dejar de besarme, nuestra temperatura corporal aumentaba cada segundo más. 

 

Me depositó en el amplio sofá y me acosté, derramó un poco del cubata sobre mi pecho, yo empezaba a sentirme muy fogosa, mis pezones notaron la acuosidad y respondieron fortaleciéndose, Martín limpió con su suave lengua toda la mezcla del ron y fue recorriendo mi cuello hasta llegar de nuevo a mis labios, dando lugar a besos ardientes e irresistibles. 

 

Le desabroché cada botón de la camisa sin mirar lo que estaba haciendo, continué con el cinturón, el botón y la cremallera de los pantalones, él se apartó de mí para lanzar la ropa y quedarse desvestido, aproveché para ponerme de rodillas simulando súplicas.

 

La versión extensa de este relato, la encontrarás en:

http://www.carolinews.es/ree-suprimeravez.html

 

 

Ver Post >
Noche improvisada.
img
DolceCaroline | 09-02-2017 | 2:51| 0

La gente convencional organiza planes y anhela el momento en que estos sucedan. Nadia y Martín eran tan imprevisibles como irracionales, esclavos del desconcierto que la situación les generaba.

Carecían de etiquetas, simplemente eran cómplices del placer adulto, una especie de secreto y confidente, causa y efecto, acción y reacción.

 

Era verano y vivían en unos pueblos dónde hacía un calor insufrible, situación que requería bañarse constantemente, no importaba que fuera por la noche. Nadia le sugirió remediar los sudores corporales de ambos en su piscina, Martín accedió a un bañito rápido, ya que el día siguiente madrugaba. Le gustaba engañarse a sí mismo, sabía que iba a distar bastante de ser rápido.

Él huía de la sensatez refugiándose en la locura de ella.

 

Martín se encontraba de sobremesa con sus amigos y la ginebra tramando la gestión de una despedida de soltero, pero no eran contrincantes para Nadia. Se despidió de ellos alegando que el día siguiente trabajaba, sus amigos conocían su profesión de bombero y dedujeron que probablemente fuese a apagar algún fuego en ese momento, pero corporal.

Apareció en el chalet veinte minutos después del ofrecimiento de Nadia.

 

La ausencia de luminosidad en aquellos caminales se veía interrumpida por los focos del BMW de Martín.

Bajó de su coche y Nadia apareció del interior del chalet con unos rizos perfectos, un trikini de cebra, tacones negros de 10 centímetros, dos copas y una botella de vino blanco. Martín tenía una altura notable, la cogió en brazos y sin mediar palabra se fundieron en una infinidad de besos.

 

- Abre la boca. – Le imponía Nadia.

 

Él obedecía sin hacer preguntas, Nadia abrió la botella y le dio de beber como si se tratase de un biberón, Martín bebía sin oponer resistencia hasta que ella paró.

 

-  Estás feísima. – Ironizaba Martín mientras la observaba cual escáner a un folio.

-  Vaya, buenas noches ¿eh? Cuenta la leyenda que mis amantes me trataban como a una princesa o una diosa. – Se defendía ella.

-  Con cuanto mentiroso has quedado, yo que te tengo aprecio te seré sincero, ni eres una princesa ni mucho menos una diosa, que sepas que eres una tía muy normalita. – Se reía él.

-  ¿Perdona? Pues te voy a dar un consejo yo, no pierdas el tiempo con una chica normalita, tú mereces follar con una divinidad. –Le reprendía ella, soltando sus brazos y apoyando los pies en el suelo.

- ¿Ya te has picado? Jajajaja… ¿Sabes lo que me merezco yo? –Expresaba él en un intento en vano de parecer formal y sensato

 

Nadia no respondía nada, solo le miraba con el ceño fruncido y una ligera incredulidad.

 

Yo me merezco lo mejor y tú eres la mejor. – Se justificaba él.

 

Sabía que era la respuesta que Nadia quería escuchar, repentinamente él la abrazó fuerte intentando no romper las copas y ella apoyó los labios en su torso lamiendo unas pequeñas gotas de vino que habían terminado ahí.

 

- Anda, sígueme. – Le ordenaba Nadia con una voz más dulce.

 

Había colocado el colchón al lado del tobogán de la piscina, para darle un ambiente más delicado llevó su ordenador con canciones emotivas. Se sentaron justo en el borde de la piscina y metieron los pies en el agua. Martín llenó las copas del vino blanco afrutado.

 

-  Por más noches como esta. –Fueron sus palabras.

-  Que este verano sea recordado como el nuestro. – Le contestó Nadia.

 

Parecía un ambiente romántico y delicado algo muy extraño en Martín y Nadia, finalizó cuando Martín la lanzó a la piscina.

 

-  ¿Eres idiota? ¡Mira mi  pelo! –Le reñía mientras Martín se quitaba la ropa velozmente.

 

Se tiró de cabeza, la atrapó con fuerza acercándole todo su cuerpo, Nadia se agarró a la escalera mientras él se colocaba dentro de ella, coqueteaba con un mechón rizado que cubría su cara y se lamía el dedo índice derecho, Martín le robó los labios y empezó a besarle pasionalmente balanceando todo su cuerpo sobre el de ella, sus lenguas bailaban rápidamente, ella mordía los labios de él, le absorbía la lengua, le palpaba su torso y sus brazos como si le fueran a cortar las manos en unos minutos, él no soltaba su cintura ni dejaba de embestirle como el rudo que llevaba dentro.

 

Nadia escapó y subió las escaleras contoneando sus caderas, Martín le siguió sin retirarle la mirada. Se sentó en el colchón y cogió la copa que estaba recargando, él abrió con fuerza sus rodillas y derramó parte de la botella de vino sobre todo su cuerpo.

 

La versión extensa de este relato, la encontrarás en:

http://www.carolinews.es/ree-noche-improvisada.html

Instagram: DolceCaroline_

www.carolinews.es

Ver Post >