Las “Tientaciones” de Olmeda.

Estimados lectores.

Durante todo este mes de julio estará expuesta al público la exposición titulada “Tientaciones. Un mar de refrescantes momentos” de la pintora madrileña afincada en Castellón, Maria Olmeda Vázquez, y que quedó inaugurada el pasado 30 de junio en el Centro municipal de cultura de la calle Antonio Maura 4 de nuestra ciudad.

Antes de hablar de esta exposición, debo decir que Maria Olmeda Vázquez, es una incansable y muy entusiasta creadora con una larga trayectoria de participación en diversos proyectos culturales y artísticos, así como en diferentes actividades tanto de manera individual, como colectiva. Una creadora a la que por primera vez hago una valoración de su trabajo de manera exclusiva, pero que he seguido desde hace algún tiempo, algo que me permite hoy, poder hacer una valoración de su trabajo, con cierta “objetividad” y notable perspectiva.

Dicho esto, les hablaré ahora de las “Tientaciones” de Olmeda

Al margen de esa forma “ocurrente” y un tanto cantinflesca de usar una palabreja para dar titulo a una exposición, como si eso tuviese alguna importancia en relación con la calidad de la propuesta, tanto en su aspecto formal, como en las intenciones de discurso que se persigue con la exposición, y que por mis dudas, no voy a entrar a valorar, ya que casi siempre la complejidad conceptual de una obra de arte, es un aspecto de apreciación, que a parte de ser muy sugestivo, puede resultar interesante, novedoso, trascendental o todo lo contrario, gracias a esa responsabilidad compartida entre el emisor (autor) y el receptor (publico) donde se depende en gran medida, del nivel intelectual que tengan ambos. Es por eso que una misma obra, por ejemplo de Velázquez, puede ser para algunos, toda una intención de discurso intelectual y propuesta revolucionaria, y para otros con menos capacidad de análisis, un cuadro donde solo sorprende la fidelidad con la que el maestro ha realizado un ropaje, o determinado objeto dentro de la representación de una escena.

Teniendo en consideración esta realidad, en este caso solo me voy a referir a las palabras de su autora, que con lenguaje y concepto taurino, nos describe en el catálogo de la muestra; refiriéndose a su tentadora intención de convertirse en un “maletilla”, es decir, en una persona que aspira a abrirse camino en el mundo del toreo por sus propios recursos, y que ella en una poética semejanza en sus palabras, lo vincula a su aspiración en el mundo del arte. Lástima que Maria Olmeda no tenga en cuenta que para esa paralela comparación de intenciones, tanto en un caso, (mundo del toro) como en el otro (mundo del arte) es imprescindible poseer amplios recursos intelectuales y técnicos que en ella (al menos en los técnicos) son aun bastante limitados y escasos para alcanzar tan alta aspiración. Es por eso que será mejor antes de tirarse al ruedo, sin capote, muleta y espada, observar desde la barrera para aprender de la faena que esté haciendo el, o los maestros de turno.

La exposición que nos ocupa, resulta simple y pobre en su iconografía, los recursos plásticos empleados en las telas, se limitan a un sencillo divertimento de lo abstracto, basados en una gestualidad simplista del tratamiento y del uso de las manchas de colores, así como de la relación cromática usada entre ellas, eso si, con un claro sentido decorativo que suele engañar con relativa facilidad al ojo poco exigente del público neófito, que a priori, podría definirla de muy “bonita”.

Como en otras ocasiones, María Olmeda pretende refugiarse en una propuesta que alude a los conceptos y recursos de “modernidad”. Aun recuerdo aquella instalación en la Sala Bancaja Abadía del pasado marzo, en la exposición colectiva con el grupo Comba 10 (de la que hice mención en este blog) donde para recrear la personalidad y la obra de la pintora francesa Gina Pane solo “encontró” cuchillas de afeitar y un jarrón con flores; con tal miopía de análisis, es como si solo pudiéramos reducir la gran importancia y aportación de Pablo Picasso al “Guernica” o la de Goya, a su famoso cuadro de la Maja desnuda. Y es que en esta exposición una vez más, María Olmeda recrea solo lo superficial y caricaturesco de lo moderno. Sin duda y recreando de sus palabras, sería una “maletilla” de muy pocos recursos, viéndose obligada a realizar muchas “faenas” antes de coger la preciada alternativa.

Es curioso como para esta pintora, en su concepto de “modernidad”, todo puede ser aprovechable, la estampación de una cibernética firma en sus cuadros, unas fotografías a color tratadas por ordenador, donde ella aparece en distintos lugares como principal protagonista de las escenas, incluso el aprovechamiento de los textos pegados a la pared, de la exposición anterior a la suya. Para ella todo vale en su limitado concepto de “lo moderno” provocando un inconexo collage donde cada uno de los elementos actúan como unos auténticos “pegotes”.

Es una lástima que ante esas irreprimidas “Tientaciones” de sentirse (que no de ser) una artista moderna, no haga mejor un humilde e introspectivo ejercicio de investigación y estudio, para adquirir de ese modo los buenos recursos de un prometedor “muletilla” y coger la alternativa como todo un buen maestro. Pero tengo la “Tientación” de pensar, que esto no va a ocurrir, (ojalá me equivocara) y es que hoy en día es mucho más divertido y en ocasiones hasta más rentable, ir de artista por la vida aunque para ello tengamos que engañar a los demás, e incluso a nosotros mismos.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez

Un mundo lleno de “tarecos” en la Sala San Miguel de Castellón.

Estimados lectores:

Desde que por primera vez en 1917 Marcel Duchamp colocara un urinario en una exposición bajo el titulo “Fontaine” como elemento ilustrador de lo que el consideraba su percepción estética del no-arte, y no precisamente como una visión sensible e impulsora del arte nuevo; los museos, galerías y espacios estatales vinculados a las corrientes englobadas en la post vanguardia informalista y/o conceptual, erróneamente calificados como espacios de arte contemporáneo (como si lo contemporáneo solo fuera ese tipo de arte o lenguaje) no dejan de llenarse de “obras” ininteligibles, de dudoso valor estético, de inservibles y mugrientos objetos cotidianos, donde lo “nuevo” ha dejado de serlo (ya desde hace mucho tiempo) y donde se hace cada vez más necesario contar con grandes espacios de almacenaje para guardar tantos “tarecos” inútiles y anodinos, que no hacen otra cosa que “engordar” con el polvo que contienen; provocando la misma indiferencia, incomunicación e incluso rechazo, que la del famoso y blanquecino urinario de aquel connotado artista francés, solo que casi siempre, los “nuevos” intentos que siguen reclamando su parcela de “originalidad”, me recuerdan cada vez mas al original y por lo tanto, todos me siguen resultando más aburridos si cabe.

Esta fue precisamente la sensación que experimenté en parte, al visitar la exposición “Pailletes, Prothèses, Poubelles” (Lentejuelas, prótesis, basura) de Anita Molinero, Nina Childress y Emmanuelle Villard que se encuentra en estos momentos exhibiéndose en el Centro de Exposiciones San Miguel de la Fundación Caixa Castelló-Bancaixa en la calle Enmedio, 17; y que como no podía ser de otra forma (ya que este tipo de arte suele necesitarlo) viene acompañada hasta con un comisario, el señor Ramón Tió Bellido para explicárnosla, el cual nos “ilustra” en su presentación on-line, http://obrasocial.bancaja.es/cultura/exposiciones/exposicionesficha.aspx?ID=352 con un lenguaje que solo a él y tal vez a unos pocos más, le puede resultar de gran interés, no por lo atractivo y profundo de los conceptos que maneja, sino quizás por lo insulso, simple y ambiguo que resulta aquello que nos dice, ya que en su texto, no solo describe lo que todos vemos, sino que además trata de imponer lo que nadie percibe. Cuando estoy en presencia de casos como estos, siempre llega a mi memoria las palabras de David Hockney cuando dice “No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace”, creo que cuando tenemos la necesidad de explicar a los demás lo que uno hace, se me ocurre pensar en dos causas que lo provocan – seguro existen mas, pero solo diré dos – , la primera, porque la creación de la obra solo responde al interés y satisfacción del que la hizo, algo que a priori no estaría mal, si tenemos en cuenta que es bueno respetar la libertad individual del artista, para que este pueda hacer y decir lo que considere necesario, pero en defensa de esa misma libertad individual, no podemos romper el vinculo con aquellos que están llamados a disfrutar y valorar lo que hacemos, es decir el publico de arte, donde incluyo también a muchos especialistas del ramo, como críticos y pintores, ya que si no los tenemos en cuenta y/o los negamos, ¿Para qué vale la pena realmente esa libertad individual? con lo cual ¿Qué sentido tendría una exposición como esta que nadie entiende y pocos admiran? Algunos pensaran que este hermetismo en el discurso de las obras, también se encuentra presente en otros movimientos o tipos de artes, como por ejemplo el Abstraccionismo, pero sin embargo, la sutil diferencia que radica entre estos dos enfoques o maneras de crear, es que en el Arte Abstracto, sus resultados se estructuran a partir de los recursos plásticos inherentes a la propia pintura, con lo cual no resulta del todo hermético al menos para aquellos que entienden ese lenguaje, manejan los conceptos y saben utilizar los recursos que le son propios en su manera de expresarse.

Y la segunda causa, quizás más genérica y reflexiva que la anterior, pero en estrecha vinculación con esta, es que para que el arte resulte ser un factor de estimulo a la meditación y a la sensibilidad de las personas, (especialistas o no) es necesario que estas se reconozcan en él, porque si no algo falla, o está mal hecho y en esta exposición, por más neumáticos y partes de automóviles que se exhiban o azules contenedores de basura que cuelguen del techo, no creo que este recurso inspire siquiera a la comprensión sensible y empatía de mecánicos automotrices, o distinguidos trabajadores de la limpieza urbana.

Lo cierto es que a pesar de todo y como dato curioso, podemos contemplar un amplio derroche en la utilización de los soportes empleados en esta exposición tales como: neumáticos de coche y de maquinaria agrícola que cuelgan del techo de la sala, contenedores de plásticos para la basura urbana, medio derretidos como consecuencia de la acción del calor de un soplete, cajas de alambres de acero, plásticos multicolores, faros traseros de automóviles derretidos y ensamblados cual mosaico y muchos más cacharros que me hacen pensar más en una gran operación de orden y limpieza de un taller de mecánica, que en una sala de exposiciones donde se exhiben piezas de arte.

Y es que la gran paradoja de todo esto radica, en que muchos de los representantes o que representan a este tipo de arte, insisten en negar de manera reiterada, el valor de modernidad o contemporaneidad que pudieran tener los oficios tradicionales, clásicos o mal llamados académicos. Para muchos de estos defensores de la mega modernidad y la ultra vanguardia contemporánea, un pincel, un poco de pintura y un trozo de lienzo, resulta algo obsoleto, pasado de “moda” y casi sin sentido hoy en dia, pero sin embargo, en esta exposición de tanto “Arte Contemporáneo”, es precisamente el aspecto del soporte que se ha utilizado en la obra, lo que parece ser el elemento causal que provoca lo “original” o “único” del resultado, eso que sin embargo en otro momento (arcaico para algunos) de otro tipo de arte, no tendría mayor interés que aquel que respalda la durabilidad de lo técnico. Es curioso comprobar como esa exaltación de la llamada individualidad en el resultado, se vincula a este aspecto (el soporte) que siempre ha estado más vinculado al medio técnico y material que abarca el oficio, que a la finalidad de la propuesta conceptual del discurso.

Al final con esta moderna concepción de lo “contemporáneo”, hemos pasado de un arte, donde la comunicación de los discursos en mayor o en menor grado era entendida, o al menos compartida por todos, a un mundo de tarecos” inservibles, mudos y caducos que esperamos, que como el polvo que las cubre, se pierdan en el olvido, con la más mínima brisa del equitativo y justiciero pasar del tiempo.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez

Tareco (n.) definición:

Ajilimoje, ajilimójili, bártulos, batiburrillo, cabo, cachirulo, chirimbolo, chisme, cosas, cosas sueltas, cositas, ensalada, enseres, maritatas, mezcla, mezcolanza, ñaque, pingo, ropa, tanate, trasto, trebejos, vestimenta, zarandajas.

En Castellón a los que no quieren caldo, se les ahoga en sopa.

Estimados lectores:

Una vez más los periódicos locales nos informan de una nueva obra escultórica del único y omnipresente artista castellonense Juan Ripollés, la escultura con 18 metros de diámetro de circunferencia (el mayor volumen de todas las que ha realizado hasta la fecha) se instalará en la rotonda de acceso al aeropuerto de Castellón. La misma rinde homenaje, al que según palabras del autor, ha sido el máximo impulsor de la instalación aeroportuaria, el Sr. Carlos Fabra. La monumental obra servirá para dar la bienvenida y el adiós, a los turistas que lleguen y se vayan en avión de nuestra provincia.

Y digo yo que además servirá, para que todos aquellos que nos visiten (sean turistas nacionales o extranjeros) no tengan la menor duda, en cuanto a que toda esta ciudad no es otra cosa, que la particular galería al aire libre de este cabrituno artista, por la gracia de los políticos que nos gobiernan en esta comunidad desde hace algunos años; como tampoco podrán tener dudas, de que así como en la antigua Roma, en el Irak de Saddam Hussein, en la Corea del Norte de Kim IL Sung, o en la España de Franco, aquí también practicamos el culto a la personalidad de nuestros lideres políticos realizándoles obras colosales, como queda demostrado en estos significativos ejemplos. Algo que particularmente me molesta y desde luego no puedo aprobar, pues siempre he creído más digno y de aprecio, que a un político se le recuerde más por sus obras y gestión al servicio de los demás, que por los monumentos que le erigieron en vida, máxime aun, cuando existen más que sospechas, sino indicios legales, de conducta irregular del que precisamente le ha servido en esta ocasión de inspiración a este artista para esta obra, pero en fin, “es lo que hay”, como me dicen con resignación, algunos de mis amigos de Castellón que al parecer ya están acostumbrados de que cosas así ocurran en estas tierras.

Por otra parte, volver a ver en tan corto espacio de tiempo, otra obra de Ripollés en nuestra ciudad, es un acto que ante la incuestionable evidencia, solo puede ser “entendido” o “justificado”, si pensamos en turbios compadreos con la clase política que gobierna en esta comunidad.

Porque los favoritismos que se tiene con este artista, ya huelen muy mal y resultan de una obscenidad y de una falta de respeto, no solo a los artistas de la zona, muchos de ellos jóvenes con obras de mejor y mayor calidad que la del Sr. Ripollés, y que ante estos claros tintes de prevaricación y arbitrariedad en el diseño de la política cultural de nuestra ciudad, no les queda más remedio (o al menos es lo que hacen) que corresponder con el cómplice y servil silencio, sino que además (y a mi juicio aun más grave si cabe) se menosprecia a la población, que en los tiempos que corren de grandes ajustes y recortes presupuestarios, tienen que resignarse a escuchar en las emisoras locales o leer en los periódicos, como jugosas partidas de nuestro dinero (en esta ocasión son 300.000 euros, pero que ya suman millones) se quedan, controlan y reparten siempre entre los mismos, dejando actuar con manos libres a aquellos que deben servirnos y gestionar con responsabilidad, equidad y justicia los intereses de todos. Y es que no se puede dejar hacer y deshacer con total impunidad, lo que a estos señores les da la gana. Decía el escritor español Noel Clarasó que un político es aquel que se pasa la mitad de su vida haciendo leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas. Y no encuentro en estos momentos y para el caso, mejor frase, porque lo que ocurre en Castellón (al menos con los asuntos del arte y la cultura) es de juzgado de guardia (y nunca mejor dicho).

Por otra parte tiene gracia, pues luego me hablan del descontrol en la gestión, del despilfarro y del cacicazgo que existe en las republicas bananeras de otros países, principalmente en Iberoamérica; quizás fueron estos polvos, los causantes de aquellos lejanos lodos, pues sin duda la colonización fue larga y profunda y sería más aconsejable que antes de ver la paja en el ojo ajeno, miremos la viga en el nuestro.

Y es que en esta comunidad, al menos en lo referente a la cultura y el arte, las cosas o se realizan mal, o no se realizan, o se realizan a dedo, beneficiándose siempre los mismos y quedándose los más importantes y jugosos proyectos (también en términos presupuestario) en manos de los mismos. Y todo esto pudiera ser comprobable, pero al parecer, no interesa. Curiosa similitud con la “Banana Republic” ¿no lo creen así?

En fin que ya puesto a proponer y realizar homenajes, sería sin duda más lógico y coherente, con la política cultural que aquí tenemos, llamar a Castellón “Ciudad de las artes y las ciencias del engaño” al menos así, todos sabríamos a que atenernos, porque lo que está claro es que aun cuando estés convencido de que existen en Castellón más valiosas, atractivas e interesantes propuestas que la del Sr. Ripollés, los políticos de turno te lo van a seguir metiendo por los ojos, no se si por gusto, por desconocimiento e incultura, o por simple compadreo, porque aquí en Castellón con este tema, a los que no quieren caldo, se les ahoga en sopa.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

¿Cual es tu grupo? Autodidacta y profesional. Segunda parte.

Estimados lectores como continuidad al anterior artículo referido a los grupos que están vinculados a los aspectos de la creación en el arte, concretamente en la disciplina de pintura, me dispongo a opinar sobre los que comprenden a los creadores Autodidactas y Profesionales en esta segunda entrega

El autodidacta, es aquel que consulta, estudia, investiga, y se auto enseña, alimenta siempre la duda, porque la utiliza como motor impulsor de su desarrollo y búsqueda, no se conforma fácilmente con los resultados, y es en definitiva, un eterno aprendiz que en dependencia del rigor y la constancia que aplique a su particular método de estudio, este se aproxima, y a veces supera, los resultados de un profesional, tanto en los aspectos técnicos, como en los del discurso de su obra, lo cual no le imposibilita la obtención loable, de un beneficio material por su trabajo, así como un reconocimiento colectivo a su obra. Pero aun cuando esto en un principio pudiera resultar de gran atractivo, no podemos olvidar que este sistema de formación también tiene sus limitaciones provocadas por esa formación solitaria e individual que el estudioso lleva a cabo, en él recae toda la responsabilidad de éxito y si bien es cierto, que en todos los sistemas la voluntad, dedicación y disciplina del sujeto es determinante, en esta se hace más patente pues las pretensiones del autodidacta van dirigidas a la superación técnica y especializada pero en solitario, viéndose imposibilitado a establecer de manera ágil e inmediata un ágora de debate constructivo y enriquecedor con personas que participan de los mismos intereses y motivaciones en un entorno común para todos. Por otra parte, la ausencia de un sistema “ordenado”, provoca la necesidad de un uso mayor del tiempo de investigación y búsqueda, para llegar a similares resultantes que un profesional alcanzaría en menor tiempo, gracias a un sistema de orden y selección, que surge como resultante de una herencia del conocimiento que se ha alcanzado durante años, a veces siglos. Otra limitante provocada por esta acción solitaria de estudio y que se expresa como característica muy común en este grupo, es la imposibilidad de confrontación de resultados con aquellos que tienen más años de experiencia en el tema, (llámense maestros) a los que el autodidacta no tiene acceso inmediato o la posibilidad de acceder cómodamente cuando empieza a acercarse u obtener los resultados deseados, de ahí que podamos encontrar que mucho del conocimiento que dicen tener, no es verificable, sino que este se reduce a una declaración que no ha sido sometida a examen por un publico experto. Pero aun así y a pesar de estas deficiencias o limitaciones, el autodidacta se diferencia del aficionado, en el interés hacia la aceptación de un sistema de estudio, que le incita a la experimentación y búsqueda constante de sus objetivos ayudándole a elevar la calidad de su trabajo. Podemos decir que para un autodidacta el buen resultado no es tan importante, como el conocimiento que lo provocó, asumiendo una actitud de constante renovación y mejora.

Así como en todos estos años de experiencia personal, vinculado al mundo del arte, no he podido tener la posibilidad de descubrir sorprendentes resultados en el primer grupo (el de los aficionados), en el caso de los autodidactas, sí la he tenido, y es algo que incluso me ha hecho dudar entre las diferencias sustanciales entre éste, y un pintor profesional. Sinceramente en algunos casos, lo único que he podido encontrar como diferencia sutil y a mi juicio, de una importancia relativa, entre un pintor autodidacta y otro profesional, es la tenencia de un papel a modo de titulo, que a uno de los dos le ha sido otorgado por una institución oficial de Bellas Artes del país en donde reside, algo que para lo único que puede ser utilizado es como documento administrativo indispensable para trabajar en la docencia publica o como funcionario del estado vinculado a la rama del arte y la cultura, pero en el caso de que el profesional quiera vincularse al sector privado o dedicarse exclusivamente a la actividad creativa, ese titulo no le serviría absolutamente para nada, ya que en este caso el factor a valorar, es el conocimiento sobre la especialidad que pueda demostrar y/o el resultado del producto artístico, es decir, la calidad de la obra misma que se valora.

En varias ocasiones, para mi sorpresa, he visto resultados artísticos de una gran calidad, realizados por rigurosos autodidactas, que han superado ampliamente los de profesionales, lo cual me ha llevado a pensar, en el positivo valor de la constancia, el rigor y la disciplina en el trabajo, como motor impulsor de la calidad, o que la educación en el terreno de las Bellas Artes, tiene en estos momentos grandes deficiencias pedagógicas y de método, que imposibilita la garantía, de al menos, buenos pintores. Pero esto es otro asunto que alguna vez trataré en este blog.

El profesional, es aquel que ha sido formado e instruido, en un método con arreglo a leyes y procedimientos que ilustra al conocimiento académico, el cual toma a la pedagogía como herramienta vehicular de las materias, basadas en la experiencia del legado histórico, tanto de los aspectos conceptuales como en los puramente técnicos y de oficio, en la aplicación de un método científico que como tal, se sustenta en sus dos pilares fundamentales, la reproducibilidad es decir, la capacidad de repetir un determinado experimento, en cualquier lugar y por cualquier persona y el de la falsabilidad que es aquel que nos plantea que toda proposición científica tiene que ser susceptible de ser falsada, es decir que para constatar una teoría esta debe intentar refutarse mediante un contraejemplo, sin duda un principio que contradice y deja sin argumentos, a aquellos que plantean la rigidez, o inmovilismo, así como la limitación creativa del conocimiento académico. Sin duda un método que proporciona permite y facilita, el desarrollo de las habilidades, basadas en las actitudes y aptitudes del que quiere aprender. En definitiva la academia posibilita una formación sistemática y sistémica en los conocimientos de las materias a estudiar, debate con maestros y entre pares, adquiere un primer reconocimiento autorizado y oficial, implementado mediante exámenes que son analizados, valorados y finalmente aprobados, por expertos en arte o en la disciplina artística concreta, lo cual hace posible en un principio, que los resultados suelan ser de mayor calado en la calidad formal y en las propuestas conceptuales. También es el profesional el que posee más posibilidades de establecer un “dialogo” mas profundo y fluido con la imagen permitiéndole un goce mayor que no se circunscribe solo a la descripción formal de esta, (como suele ocurrir en el grupo Aficionado) sino que este disfruta de además de los objetivos planteado por el autor en su propuesta artística.

Dicho esto hay que decir, que todas estos recursos especializados de vinculación con la disciplina artística, que vemos en este ultimo grupo, no garantiza que el profesional tenga un éxito comercial, ni un reconocimiento social al concluir dicha formación y que mucho menos pueda vivir de ello, pues como todos sabemos, las “leyes” del gusto, se basan fundamentalmente en cuestiones que tienen que ver más con la subjetividad, o con la preferencia “caprichosa” de un reducido grupo de poder, (marchantes, galeristas, grandes capitales, etc.,) que marcan las líneas de éxito comercial de los artistas y las obras en el mercado del arte, y que tal decisión, no tiene nada que ver a veces, ni con la calidad, ni con la formación del artista, ni con la rigidez matemática de las leyes. Otra cuestión, es que si bien es cierto que la obtención del conocimiento técnico, tanto del oficio como los culturales, facilitan un vínculo más armónico con la calidad, esto no puede garantizar el éxito en las propuestas y motivaciones artísticas que expone el autor, ya que es un factor que tiene que ver más con lo vivencial y casuístico, que con un resultado aritmético regido por leyes.

En cualquier caso, todo éxito dependerá del factor humano, y solo él podrá garantizar la calidad de las propuestas artísticas en la medida que este abrigue la necesidad de poseer un amplio sentido de la responsabilidad, la constancia, la disciplina y los valores que puedan hacer posible, que sus propuestas artísticas sean escuchadas, valoradas y reconocidas por el gran publico y la critica especializada. Solo el artista es el primer responsable de otorgarse la categoría que merece y con ella, el juicio valorativo de la crítica y el amplio publico. En definitiva poco tiene que ver si el que crea es profesional, autodidacta o aficionado, la calidad de su trabajo hablara siempre por el.

Y es que el secreto de todo se encuentra en nosotros mismos.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

¿Cual es tu grupo? El aficionado. Primera parte.

Nota del autor:
Debido a la amplia extensión de este artículo, me veo en la necesidad de presentarlo en dos partes; la primera, referente en exclusiva al grupo Aficionado, y en una segunda entrega, a los grupos del Autodidacta y el Profesional. Espero que ambas partes resulten de su interés.

Algunos aspectos diferenciadores básicos según mi opinión, entre el aficionado, el autodidacta y el profesional en el mundo del Arte.

Sin ánimo de llegar a conclusiones categóricas ni definitivas, me dispongo a exponer y compartir con todos ustedes algunas cuestiones relacionadas con los tres principales grupos que abarcan a aquellas personas que están vinculadas a los aspectos de la creación en el arte, concretamente en la pintura, por ser esta la disciplina artística, con la que más me he vinculado a través de estos últimos 25 años. Estoy seguro, que a muchos de ustedes les resultará familiar algunos comportamientos, obras y actitudes de personas, que aparecen reflejadas de manera implícita en alguno de los tres grupos que aquí se describen.

Al margen de la finalidad ultima a la cual se destina la producción artística, sea esta por el placer individual de quien la realiza o por el beneficio material que se obtenga, la más clara diferencia que podemos apreciar entre los que ostentan estas tres condiciones, (aficionado, autodidacta y profesional) radica fundamentalmente en la aplicación de su método de estudio, el cual puede determinar de alguna manera la calidad final del producto artístico, aunque también he podido percibir algunos otros aspectos, que unido a esto, pueden relacionarse a la singular personalidad de sus portadores y que aun siendo únicas de cada individuo, estas suelen tener comunes aspectos de vinculación entre ellos. De ahí que podamos afirmar que a pesar de que existan “artistas” que vendan sus obras e incluso obtengan por ello un reconocimiento público, seguirán siendo aficionados, al menos, en la aplicación de su método de estudio y en la argumentación de su discurso. Al igual que también habrán profesionales, que aun aplicando un método sustentado en un conocimiento racional y científico y argumentando con solidez y sapiencia la propuesta conceptual de su obra, no obtengan un proporcional beneficio material por ello, o ni siquiera, un reconocimiento social. Fenómeno este, que me ha estimulado a pensar en la razón (si es que la hay) que lo provoca.

Qué es un aficionado, según mi opinión.

El aficionado en un sentido amplio, es aquel que cultiva algún arte, sin tenerlo por oficio y sin aspiración de beneficio, donde los resultados casi siempre están supeditados al placer personal de la acción que se realiza y no necesariamente al beneficio material que se obtenga, ni a la calidad rigurosa de la propuesta, entendida esta tanto en los aspectos formales, como por el interés del discurso. Sus conocimientos, así como su método se fundamentan en lo empírico, el cual se basa en la experiencia y la observación de los hechos, y no necesariamente de las causas que los provocan. El sujeto hace lo que hace, basadose principalmente en la práctica repetitiva de formulas y clichés; lo cual lo convierte en un ser muy cerrado y/o hermético. Difícilmente el aficionado hace las cosas de otra manera a como siempre la ha hecho, bien por el temor a los imprevistos resultados que puedan surgir durante el proceso creativo y su incapacidad para resolverlos, o por su acomodado espíritu conformista, lo que hace que generalmente y salvo raras excepciones, los resultados resulten de gran pobreza tanto técnica, como conceptual.

Hasta llegar a su “personalidad creativa”, (si es que esta llega alguna vez) el aficionado dedica gran parte de la producción temprana de su singular aprendizaje, copiando las iconografías de otros pintores de libros y enciclopedias de arte, así como de catálogos de exposiciones que este visita con asiduidad, independientemente de su calidad, ya que el único elemento que maneja para la selección, es el de su deficiente gusto personal, generalmente un gusto contaminado con chiches seudo culturales, que manifiestan un claro desconocimiento hacia los valores de la imagen plástica. Por otra parte y gracias al uso de su método empírico (estos carentes conocimientos) no repara en las causas que provocan los resultados de tales imágenes, sino en la resultante exterior de las mismas; es por esto que puedo afirmar como una característica fundamental de los que pertenecen a este primer grupo, que el aficionado es alguien que bebe de la superficie de las cosas, es decir, de los aspectos exteriores y superficiales, y no de la esencia sustancial, profunda y más significativa de los resultados. La falta de conocimiento, rigor y de criterio en la selección de la imagen que se copia, provoca que el aficionado imite también los defectos de aquellos pintores de dudosa calidad técnica y/o conceptual, algo que ocurre porque éste se basa solamente en el subjetivo valor del gusto, que por otra parte, en su caso, es deformado e inculto. Este desconocimiento le provoca además una gran confusión de los términos y conceptos necesarios para establecer una correcta aproximación y un dialogo fluido con la imagen, ya no solo en su aspecto conceptual, sino también y quizás lo mas visible, en los aspectos técnicos y de oficio, de ahí que éste confunda por ejemplo, desequilibrio compositivo , con “audacia” del diseño en la distribución de los elementos, colorido, con aberración cromática, fuerza, con tosquedad, soltura y destreza, con descuido y descontrol, expresividad formal, con mal dibujo y “modernidad”, con extravagancia y locura, por citar solo, algunos de los más comunes errores.

Algunos aficionados, suelen copiar primero, a los grandes maestros de las escuelas tradicionales, como Velázquez, Leonardo da Vinci, Rafael etc. pero ante el virtuosismo técnico de estos maestros, sobre todo en los aspectos relacionados con el dibujo, y la incapacidad del sujeto para reproducirlo dignamente, se deciden por aquellos que en “apariencia” les resultan más “fáciles” o “descuidados” en su tratamiento y acabado, como pueden ser los pintores Impresionistas y Post impresionistas franceses, o de las Vanguardias, siendo sin duda Vincent van Gogh, el preferido por la gran mayoría de ellos, aunque también hay quienes se inclinan por las tendencias menos comprometidas con la fidelidad de las formas naturales, como es el caso de la pintura Naif o por el surrealismo de Chagall, ya que este nos indica también una figuración casi infantil, luego le tocaría el turno a Picasso en su etapa Post cubista y solo si el grado de inconsciencia, irresponsabilidad y atrevimiento es mayor, el aficionado realiza grandes “obras” llenas de inconexas texturas, colores arbitrarios y estridentes y anacrónicos collages, que el “artista” suele justificar con su inclinación e interés “repentino” por las corrientes abstractas, de las cuales no entiende, ni sabe absolutamente nada, pero que en compensación a su ignorancia, suele acompañar con una actitud seudo intelectual sensiblera, de comportamiento alto “espiritual” y pose existencialista cual pintor de la alta bohemia. Como dato curioso de esta singular personalidad, podemos decir que para este tipo de aficionado, no es tan importante ser, sino parecer, de ahí que su actitud responda a falsos clichés de exagerada “sensibilidad emocional”, “incontrolable capacidad creadora” y de “vivir” siempre en un mundo más idealizado, que real, y que no escatima en ponerlo de manifiesto constantemente en presencia de todos, algunos incluso suelen vestir (mas bien “disfrazarse”) con exagerados y anacrónicos atuendos, para de ese modo llamar la atención sobre una actitud, más propia de bufones egocéntricos, que de auténtico artista plástico, recurso este que suele provocar en el público neófito, un errado juicio de su autentico valor y talento, ya que suelen atribuirle meritos que realmente no posee, pues artista no es el que dice ser, sino el que realmente lo demuestra en la seriedad y trascendencia de su trabajo y nunca debe ser equiparable en el reconocimiento, aquel que pinta por el placer de hacerlo, con marcado egocentrismo y sin una voluntad seria y comprometida con el fenómeno artístico, con la de otro, que aun disfrutando con su trabajo, lo hace como profesión, buscando no solo el beneficio material con ello, como medio elegido de subsistencia, sino además estudiando con rigor las causas y efectos de los objetivos que persigue, y donde la calidad impera gracias al conocimiento real del fenómeno y no a intranscendentales payasadas. En este grupo realmente existen muy escasos ejemplos, que pueden llegar a alcanzar excelentes resultados en su trabajo y por lo tanto, despertar en el ojo experto, la grata sorpresa y la admiración objetivamente justificada, debo decir, que en todos estos años de experiencia, he visto muy pocos casos en este grupo, que han llegado a provocar en mi tal admiración. Solo si impera la exigencia con humildad y la dedicación del sujeto es alta y además, goza de un talento “natural” destacado, se puede producir “el milagro”.

Por ultimo y como otra de las características manifiestas de este grupo, puedo decir que como justificación y pretexto ante la falta de rigor y conocimiento de su trabajo, el aficionado dice no querer estar sujeto a la rigidez de las leyes de la academia, una excusa con la que pretende justificar sus evidentes carencias. Este considera de manera errónea, que estas leyes que rigen el método académico atentarían contra sus capacidades “naturales” y su “talento”, el cual aparece encerrado en una “personalidad creadora”, que casi vemos manifestarse con vida propia, cada vez que este “artista” habla de si mismo en presencia de un grupo de personas, las cuales muchas veces por educación, o ignorancia, se limitan a callar con rostros de sorpresa.

Fin de la primera parte.

Continuara…

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez

La critica sin vocación, carnaza de criticones.

Estimados lectores:

Motivado por las opiniones y valoraciones surgidas a raíz de dinámicos y entusiastas debates entre amigos, así como por comentarios recibidos en mi correo electrónico, refiriéndose a la singular manera que tengo de hacer las valoraciones a las obras de los pintores (que no a ellos) que exponen en los centros públicos de nuestra ciudad y que dista mucho de la forma en que lo hace la critica oficial, hoy quiero compartir con todos ustedes una reflexiva opinión sobre tal diferencia; sobre todo, en lo referido a la pintura y principalmente, por parte de algunos (que no de todos) los críticos “oficiales” que la ejercen de manera regular en la prensa y en los diferentes medios públicos de mayor alcance y difusión de Castellón, algo que sin duda le debería exigir mayor responsabilidad y rigor en sus enfoques y planteamientos.

De más está decirles que soy de los que piensan que para opinar sobre algo, siempre es mejor tener un buen conocimiento de lo que se dice. Y con esto no me refiero únicamente al conocimiento académico, pues de todos es sabido, que existe aquel universitario que pasa la mayor cantidad del tiempo de sus estudios superiores, disfrutando de la cafetería del centro, fumando algún que otro cigarrillo de la risa y haciendo novillos; me refiero a algo que a veces resulta tan importante o más, que el ostentar un titulo de licenciado o de doctor en arte, me refiero al factor vocacional, el cual provoca y determina en gran medida el grado de profundidad, compromiso, sinceridad y esclarecimiento de los juicios que se hacen, ya que mientras mayor y mejor sea este vinculo al conocimiento, todo lo que decimos pasa de ser una simple opinión, a tener carácter de criterio y por consiguiente, mayor peso e interés para todos.

Desde mi llegada a Castellón hace más de 16 años, me he percatado de algunos errores de forma, y también de contenido, en los análisis y valoraciones que realizan algunos críticos de arte de nuestra ciudad, principalmente sobre las cuestiones referidas a los resultados de la creación artística en la especialidad de pintura. Aquí van algunos ejemplos.

Por una parte, y respondiendo a lo que entiendo como un claro desconocimiento del significado técnico del lenguaje de esta disciplina artística, algunos críticos parecen no entender aun, la gran diferencia que hay entre la soltura de una pincelada y el descuido impreciso en su tratamiento, entre el dominio cromático de un pintor con oficio, y el aberrante uso del color que hace otro en un cuadro, donde más que “color”, encontramos una explosión infantil del “colorín”, o del expresivo carácter que puede transmitir la recreación formal de un objeto, donde se aprecia un claro dominio del dibujo, a la de otra, donde se desdibuja por falta de conocimiento y descontrol en este aspecto, ¡y para que hablar de la más utilizada y recurrente de todas las características de las que aluden en sus escritos!, la llamada “fuerza”, que de paso hay que decir, que no tiene nada que ver con la película “Star Wars”, pero que puede ser atribuible tanto a la característica de la pincelada, a la composición, al color, o al empleo de los tratamientos y recursos plásticos, entre otros, y que solo puede existir, siempre que ésta responda al control y dominio de estos aspectos por parte del pintor, y no a la debilidad que expresa el claro desconocimiento de la estructura que existe bajo el color, el color mismo, las composiciones, las texturas y demás recursos plásticos expresivos.

Y pienso que todas estas deficiencias en el uso del concepto de los recursos plásticos y técnicos que se aluden en las criticas, vienen dadas porque aun pudiendo tener éste especialista el aval de un conocimiento académico, a veces ilustrado por un titulo de licenciado o de doctor en Arte, estos carecen de la cultura necesaria para una clara y eficaz percepción de lectura de la imagen, a veces muy ligada al aspecto técnico y especializado de la disciplina artística que están criticando, algo que podemos encontrar en el concepto intrínseco de discurso, que encierran los recursos plásticos. Es por ello que a veces el critico recurre en los análisis, a una percepción subjetiva y más o menos simplista, basada en su particular gusto (a veces carencial, otras tendencioso) algo que lo coloca conciente o inconscientemente como especialista, en un posicionamiento muy limitado y partidario de autores, lenguajes o tendencias únicas y concretas, impropio de alguien que debe analizar en su justo valor la calidad y además, tener una visión amplia y universal del estudio, tanto de las obras, como de las propuestas.

Recientemente he leído una “critica”, donde el único interés que podría tener el escrito, era el hecho anecdótico-testimonial de una frívola e insustancial experiencia, que el critico nos narraba como una simpática “batallita” de sus años mozos cuando trabaja en otro periódico, pero que curiosamente, esta “simpática” anécdota, no guardaba ninguna relación directa con la supuesta obra que éste estaba criticando, quizás cosas así ocurren, porque el Sr. critico no había tenido tiempo para hablar con el autor, y así tener al menos una idea más próxima y objetiva, de las intenciones y características del proceso de trabajo que el artista había seguido en su obra, algo que para mi (y creo que para cualquiera) no solo resulta de elemental sentido común, sino además de respeto y coherencia con su trabajo y con el del propio artista, que supongo, hubiese preferido ante que las simpáticas, amables y bonitas palabras del escrito, un juicio más serio, profundo y ponderado sobre su trabajo.

Por otra parte y a propósito de palabras “amables” y “bonitas”, debo reconocer que a veces y a pesar de la banalidad de los análisis, encuentro en estas criticas, altos valores literarios, con opiniones envueltas en un exquisito lenguaje más o menos poetizado, a veces indescifrables, rememorando a un barroquismo dieciochesco, muy edulcorado, no apto para diabéticos y que en su contra puedo decir, (basándome en la reincidencia con la que esto ocurre), que siempre es favorable al artista; independientemente de la calidad, experiencia y maestría que este posea; donde nunca faltan los suculentos adjetivos para encumbran al “creador” que atentamente nos muestra sus obras en los espacios públicos. De ese modo, todos ellos resultan magníficos, excepcionales, geniales, virtuosos, con gran fuerza, (sea esta del tipo que sea) expresividad, originalidad, y así un largo etc. criticas que siempre nos predisponen a disfrutar en exclusiva, de algo supuestamente excepcional y único, pero que al comprobarlo en la realidad, a veces vemos que tales elogios, no se corresponden y mucho menos se justifican, con la calidad de la obra y de ese modo nos damos cuenta de que no es para tanto, sintiéndonos realmente engañados y sobre todo, desinformados por aquellos que en teoría, son los expertos y también encargados de cultivar nuestro gusto estético y cultural.

Tampoco faltan en estas críticas, las siempre socorridas comparaciones con los consagrados maestros del arte, equiparando los resultados de los que empiezan, y aun no han dicho, ni hecho nada en el arte, con los que ya forman parte de su historia por meritos propios. Y todo esto publicitándose en los medios, en un acto que entiendo, de gran irresponsabilidad profesional, tanto para el que expone, que sin haber salido del cascaron, ni haber demostrado nada, o sin ser apenas un modesto maestro, ya piensa que ha llegado a un lugar importante en el panorama del arte, gracias al comentario que ha publicado un “especialista” en la materia. Como igualmente es engañado el público que asiste a ver las exposiciones, que ante tanto elogio de aquellos que reconocemos como “expertos”, no les queda más remedio que aceptar como buenas la valoraciones que hacen de lo que no tiene más valor que aquel que se le puede conceder a un aficionado, o a un profesional que empieza.

Soy de la opinión que la buena crítica profesional, debe ser siempre honesta, responsable, didáctica, objetiva, equitativa y por consiguiente justa, y el anteponer estas cualidades como premisa, es algo prioritario, sano, constructivo y sin duda necesario en el ejercicio de la crítica. La reiterativa amabilidad y altísima generosidad en los juicios que se hace de los resultados de todos aquellos que exponen en los espacios públicos, no solo es contraproducente para el propio pintor, (que amablemente ha sido engañado) sino un acto de clara injusticia para los artistas que se tienen como referentes. Porque si en una crítica calificamos de genial al resultado que puede ser aun sustancialmente mejorable, ¿Cómo llamaremos entonces al que realiza un maestro que actúa como referente técnico y de propuesta? Sinceramente pienso que no es solo una desproporción y falta de objetividad del análisis, sino además una clara injusticia para quien posee realmente una calidad en su trabajo.

Hay quien me dijo una vez, que los críticos en esta ciudad, tenían las “manos atadas” porque Castellón era un lugar donde todos se conocían y si se era demasiado sincero en las críticas, se podían obtener a cambio actitudes de agravio y discordia y que no tenían la intención de coleccionar enemigos.

Sinceramente pienso que si es esa la razón por la que tenemos en nuestra ciudad, una critica oficial tan carencial y/o deshonesta, poco o ningún respeto se tiene por el arte, por el público, por los pintores y sobre todo por su propio sentido de la responsabilidad profesional, y no encuentro justificación posible para actuar de esta forma, pues las reglas del juego desde siempre, son claras y determinantes. Cuando un artista expone su trabajo fuera de su estudio en un espacio público, lo está sometiendo al juicio sincero y a la valoración de todos aquellos que lo contemplan, sean profesionales del ramo, especialistas, aficionados o simplemente público de arte, y esto es algo que el artista debe asumir con coherencia, normalidad y sentido autocrítico y si no es así, bien podrá hacer uso de su trabajo para la decoración de su casa.

En coherencia con este principio, seguiré analizando y valorando con libertad las obras (que no a los autores) que se exponen en los espacios públicos (que no en las galerías privadas) desde la honestidad y la franqueza que siempre me ha caracterizado para con el arte, dando razones y argumentando en cada una de mis críticas como hasta ahora, y que como es lógico y además justo, son susceptibles de ser compartidas o debatidas por los demás, pero siempre desde el respeto y el análisis ponderado que obliga a dar argumentos. Y el que se enfade por ello, siempre podrá cambiar de canal desde su mando, o por el contrario, sacar buen provecho de mis palabras, la experiencia me ha demostrado que una crítica profesional, aunque pudiendo ser a veces contundente, si está fundamentada, es didáctica, honesta y justa, siempre crea opinión y enriquece.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

lasprovincias.es