¡Hoy es un gran día! ¡Compre la última playxttiooon, hay que probarla cuanto antes! ¡Queme las calorías de sobra con la nueva wiiii! ¡Sus hijos se merecen la Xbooox-5! Por un poco más disfruta la Sammmsung 46’ Led. Así repetitivamente hasta la saciedad.
En el sur se vuelven locos con la última versión del Fifffa 23, en el norte con el de Hockey sobre hielo XIX. Han colado el último bolo, en octubre saldrá el Max E5c, última tecnología 5G perfeccionada.
¡Qué paren el mundo que me bajo! Su publicidad advierte del placentero orgasmo de adquirir el teléfono móvil de última generación antes que tu vecino o amigo y nuestro ego sube por las nubes hinchado por tanto placer. Todo una vorágine de “last generation product” hechos a medida que en cuestión de unos meses se quedan retrasadillos por la mejoría del producto en la próxima temporada.
El consumismo desenfadado, bien calculado por las empresas que aprovechan el deseo y curiosidad humana por lo último, por estar a la moda, haciendo de esta forma su agosto. Después de todo, ¿hacemos el amor o consumimos sexo? Algo tan natural se híper valora e idolatra. ¿A quién nos tenemos que parecer y cómo debemos de ser físicamente correctos? Esa es otra.
Por consumir consumimos nuestro tiempo y nuestro dinero en cosas de valor que si pensamos un poco no lo tienen tanto. Curioso lo costoso que fue para mí adaptarme a una cultura totalmente ajena a la nuestra, la valenciana, en infinidad de aspectos. Uno de ellos, que relaciono con el consumismo desenfadado, es el hábito de gran parte de la población finlandesa, y no sólo en la capital y grandes ciudades, sino en las zonas rurales también; del habito de usar el “Kirpputori” o tiendas de segunda mano, ya sean físicas o a través de la red. Inmensas cantidades de productos medio utilizados, poco usados, que se venden y compran a precios infinidad de veces inferiores al de coste. Lugares, bien físicos o en la “World Wide Web” fiables, impensables para dar salida a cualquier objeto robado.
Recuerdo que cuando oí hablar por primera vez de los “kirpputori”, me llamó la atención, por el bajo porcentaje de la población española que lo utiliza. Tal vez, en nuestra cultura española postmoderna, tenga un tinte peyorativo, utilizado por algunos minúsculos grupúsculos de nuestra sociedad. Aquí, por Escandinavia, es algo realmente usual, normal y muy bien visto. Por decirlo de alguna forma: verde, ecológico. Que beneficia al medio ambiente.
¿Os acordáis de vuestro primer teléfono móvil? Seguramente si lo tuvierais todavía funcionaría o tal vez no. ¡Ah que reaccionario me estoy volviendo, seguramente es el frío que me afecta la cabeza! Pero fuera de historias, no hace mucho, viendo un reportaje de la televisión española: obsolescencia programada, aclaraba cierto punto de vista de los fabricantes y de cómo reduciendo la vida de un producto, (idea que al principio no contaba con muchos prosélitos), podían dar salida, de forma “ética – razonable”, a la recesión que empezó por el año 1929 y acabó a finales de los años 30 o 40 del siglo pasado. Modelo que ha venido siendo usado y en vigor hasta nuestros días en gran parte del planeta Tierra. Al grano, no nos quita el sueño, porque como dijo aquel sabio “lo que me importa es que tenga yo mi salario y a mis hijos no les falte de nada”. Afirmación sumamente humana para poder ser extirpada de nuestro comportamiento. Nuestra sociedad española es como es y no la vamos a cambiar, del mismo modo que la finlandesa es como es y no se podrá cambiar. Tal vez podamos aprender algo de nuestros vecinos, pero realmente nosotros somos como somos y eso nos define e identifica. En definitiva, que pudiere o no, esto sirva para conocer un poco más como funciona la sociedad en este rincón del mundo que me ha tocado vivir, Escandinavia: una mirada helada.
Hasta la próxima.

