Diario de un enólogo en Firmas

Como dice el sabio Carlos Pajuelo, es absurdo mantener dos blog para decir lo mismo, así que si algún loco del vino y su mundillo, es aun más loco de leerme, podrá seguir haciéndolo en http://firmas.lasprovincias.es/fernandomartinez/

El precio del vino

Un tema complejo este, que no se puede abordar a la ligera.

En la última entrada que puse: ¿Por qué no se bebe vino?, me comentaron que entre otros aspectos está el precio del mismo en restauración, y evidentemente este es un problema que merece la pena tratar.

El vino como tal, no deja de ser un producto secundario que se obtiene de la uva fermentada, la cual estos últimos años está por los suelos en cuanto a precio se refiere, perdiendo el agricultor dinero la mayoría de las veces. En cuanto a las bodegas, muchas de ellas grandes cooperativas, tampoco es que hagan el agosto transformando esa uva para venderla como vino. Luego ¿Por qué cuesta tanto la botella que pedimos en un restaurante?

El secreto no es otro que la cadena de distribución y el servicio del vino en mesa.

Un vino decente puede salir de bodega por un par de euros de precio, pero ese vino hay que venderlo y de esto se ocupa un profesional que ha de ponerle su margen, pues esos son sus honorarios por realizar el trabajo que la bodega no hace, este margen suele ser del 20 o 25 por cien, este vino se pondrá en 2,5 €, la tienda que lo compra le carga su margen y el I.V.A. quedando el vino en 3 o 3,5 € a público, siendo este precio superior en restauración ya que le cobran el descorche y servicio, quedando el P.V.P fácilmente en 4 € (el doble de la bodega).

Imagínense que a esto le sumamos que el agricultor selecciona las parcelas, las trata especialmente bien, invirtiendo trabajo y capital, el bodeguero lo mismo con el caldo, controlando las fermentaciones, sembrando levaduras seleccionadas y enzimas carísimas, invirtiendo en maquinaria y maderas para la crianza invirtiendo en almacenes donde guardar el vino embotellado, realizando el mismo en botellas caras (las normales van desde 10 Cts. a 1,20 € y mas), con sus corchos buenísimos (uno malo 8 Cts., uno bueno 75 Cts.) y un diseño pagado a un profesional, hacen que el precio se dispare, sacando al mercado un vino exquisito y de elegante presentación, pero evidentemente más caro.

Honestamente hablo de que un vino puede costar al productor más de 8 € la botella y solo en producirlo, a esto súmale el trabajo del personal y el beneficio del empresario-bodeguero ¡y claro! Si se duplica el precio es fácil calcular cual será el que te pongan en el restaurante si sale de bodega por 10€… y en adelante.

Así que yo, que sé cuánto me cuesta hacer el vino, no seré quien arroje la primera piedra a los restaurantes que me lo compran y me dan de comer, tendrán que ser ellos quienes justifiquen sus márgenes y se defiendan por el precio que cobran, dejándoles esta plataforma para que aleguen su defensa ante las criticas bien fundadas de los lectores de este Blog.

Aunque sirva la presente para comentar que aunque es bien cierto que algunos le cascan al vino de lo lindo, los hay que no le cargan casi y lo cuidan de vicio, solo hay que saber elegirlos.

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¿Por qué no se bebe vino?

La pregunta está en boca de todos los del sector, y lo más fácil es, al igual que en la vida, echar la culpa al otro, en este caso a la cerveza.

¡Pero no! Lo mismo que en la vida la culpa o el pecado , está en uno mismo, que no en el otro y si no, piensen ustedes en las mesas de nuestra infancia, enormes, con los padres los hijos la abuela y el tío Pep, su mantel bordado por la tata, la vajilla de bodas regalo de la abuela, buenos mendruscos de pan para todos, un buen puchero de esos de mojar y en el centro presidiendo la ceremonia la garrafa de vino, liquido vital, tonificador y recargador de pilas después de la jornada laboral.

¿Y el agua? Se preguntaran ustedes, pues mire usted, como decía mi padre, el agua para los patos… y los niños, que andábamos a la zaga del abuelo, rogándole que nos mojase el churrasco de pan en su copa, para mojarnos las ilusiones y el ánimo en ese vino soñado.

¡Claro esta!, hoy esos niños bebemos vino, ¿pero cómo son las mesas de hoy?

Mesas de prisas y nervios, mesas de pizzas y chinos, mesas de piedra y silestone, limpias bonitas y modernas, pero frías, como el ambiente que las llena, ya no hay niños ni viejos, y si los tenemos van a turnos, como la visita del doctor, asemejasen las comidas a esas series americanas que tanto daño han hecho a esta vida familiar, italiana y española, latina y escandalosa, pero humana.

En estas mesas no hay vino, hay coca cola y caracolas, batidos y precocinados, pero falta la gente, falta la risa, falta el alma… falta el vino.

En definitiva, somos en gran parte lo que mamamos, así que no le echemos la culpa a nadie de que los jóvenes no beban vino, más bien mirémonos los ombligos.

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A los que siempre piden un riojita.

Como todo empresario que se precie, gran parte de mi tiempo lo paso vendiendo, y estoy harto de escuchar la misma cantinela pase por donde pase:

-Valenciano? ¡¡¡Ufff!! que caro, tengo un rioja por 2 €.

EVIDENTEMENTE, y valencianos por 2 € también los hay, y a cascoporro, y me juego una barrica entera a que mejores de largo en calidad que el riojita de 2 euritos.

Pero vamos a ver señor, el vino Valenciano que yo les ofrezco no desmerece en nada al mejor rioja y, evidentemente, eso se paga. Y si el pecado cometido es que en la contra no pone rioja sino, solo Valencia, justifíqueme usted que mejora los millones de litros de Utiel-Requena que allí se mandan y salen con la tirilla de riojano, igual soy un poco analfabeto, pero juraría que la única diferencia, es el viaje que se le da al vino y este como a las personas, lo único que afecta es para marearlo.

Reconozco que Rioja lo hizo muy bien y además lo hicieron los primeros, pero nuestros bisabuelos están (menos algún “ciento cuarentón” con suerte) criando viñas, que no malvas, y creo que hay una juventud potente que está haciendo las cosas muy decentes, y esa juventud no está toda en Logroño.

Que hay que avenirse a catar cualquier cosa que aparente interesante, y si nos gusta, consumirla, que no por poner una zona determinada en el papel trasero garantiza que ese producto este mas bueno que el de otra zona, de hecho hay una guerra contra las Denominaciones de origen desde las propias bodegas que es un capítulo aparte que otro día trataré.

Anímense a probar otras cosas nuevas y descubrirán un inmenso mundo enológico que ni pueden imaginar, que a mí también me gusta el cocido una animalada, pero si solo me atengo a esta comida perderé el placer de descubrir la paella valenciana.

equinoccio

Aunque suelo poner cosas teoricas que a todos ayudan, como bodegero acabo de sacar al mercado un nuevo vino que aprovecho para presentar.

No por ser el último es el menos importante de todos. Os presentamos Equinoccio lo nuevo de Ladrón de Lunas. Benjamín por que viene en formato más reducido (50 cl), como los buenos perfumes, mejor en frasco pequeño. Desde bodega hemos querido darle un aúrea de misterio y romanticismo para disfrutar en buena compañía.

Tempranillo y cabernet-sauvignon se juntan para hacer disfrutar desde el descorche de la botella, después de 12 meses separados en barrica, tras ser vendimiados en octubre de 2007.
A la vista se nos presenta con un potente color picota con ribete violáceo y destellos tirando a rosa. Desprende aromas a grosellas y fruta madura con un fondo de regaliz. Al paladearlo nos sorprende su frescura en boca y buena estructura, yendo a un final agradable de almendra amarga…

El hermano pequeño viene pisando fuerte y completa la familia Ladrón de Lunas con un carácter diferente al de sus hermanos mayores…
¡Qué lo disfrutéis!

El tamaño sí importa

Estamos tan familiarizados con el tamaño de las botellas de vino, que pocas veces nos preguntamos el porqué de la elección de la medida 0,75 litros como tamaño estándar. Dependiendo de a quien preguntemos las contestaciones pueden ser muy variadas. Así podemos escuchar que es porque refleja el rendimiento de vino de 1kg de uva, que si es la cantidad perfecta para dos personas, que si es la ideal para cuatro…

Lo cierto es que la respuesta se remonta al siglo XVIII cuando todas las botellas se elaboraban bajo el noble arte artesanal del soplado del vidrio. Entonces no se era tan escrupuloso con el tamaño, aunque cuando decide tomarse una medida como genérica se dan cuenta que todas esas botellas artesanales se aproximan a la cantidad de tres cuartos de litro, tomándola como referencia con la industrialización del vidrio, se dice que era justo el tamaño que conseguía el artesano del cristal cuando las hacía al soplar (su capacidad pulmonar).


Pues bien, sin desviarnos mucho del tema, las grandes marcas suelen ya producir sus vinos en botellas en tamaños espectaculares con lo que cubren la gran demanda existente entre expertos, empresas y/o particulares, los cuáles utilizan estos ‘monstruos’ principalmente para regalar, pero también para puro y duro coleccionismo (es un signo inequívoco de distinción), o bien sencillamente para decorar. Aunque claro está sirve para lo que funcionalmente están hechas que es para descorchar más cantidad de vino en un sólo servicio.

Las botellas de mayor tamaño han evolucionado tanto que los vinos llegan a ser mejores en muchos casos que los de la gama estándar, y aguantan su calidad más tiempo. Los grandes tamaños favorecen un envejecimiento del vino más progresivo y armonioso ya que al tener más capacidad el vino éste evoluciona de forma uniforme, con lo que además puede conservarse durante más tiempo. También soportan mejor los cambios bruscos de temperatura al contener menos superficie de contacto con el grueso del líquido, y el vino en definitiva está más protegido. Además, contienen menos oxígeno en relación con el líquido (la proporción es evidente) y se potencian las virtudes aromáticas y gustativas.

Por último los vinos crianza, reserva y gran reserva obtienen sus mejores calificaciones en estos formatos, pero sobre todos ellos los espumosos, que alcanzan una calidad redonda.


Los tamaños que existen atendiendo a los dos tipos de botellas de vino más afamadas del mercado (burdeos y borgoña) son los siguientes:


Los Magnum son las botellas de 1.5 litros
Los doble Magnum o Jeroboam (en Borgoña) son los de 3 litros
Los Jeroboam en Burdeos y Rehoboam en Borgoña de 4.5 litros
Los imperial en Burdeos, o Mathusalem en Borgoña son de 6 litros
Los salmanazar son de 9 litros
Los baltasar son de 12 litros
Los nabuconodosor son de 15 litros
Los solomón son de 20 litros
Los Primat son de 36 litros

Futuro en verde

Parece que, aparte de la moda, nos encaminamos irremediablemente hacia un futuro más ecológico y sostenible. Hablando del mundo de la viña la ecología, según se mire, puede incluso resultar más rentable y, por este motivo, convencer a más de un “verde-escéptico”.
Todo esto viene a raíz de la visita que llevamos a cabo la semana pasada a la Feria de maquinaria agrícola de Zaragoza. Es casi una cita obligada (aunque de compras nada), sobretodo para ponerse al día en las últimas novedades de maquinaria aplicada a la viña.
El caso es que me llamó la atención un stand en el que pregonaba a los cuatro vientos lo ecológico de sus aperos, así que para allá fuimos. En efecto muy ecológico todo, aunque un poco caro y de dudosa utilidad y efectividad la mayoría de los aparatos. De entre todos me llamó la atención especialmente una especie de quemador de mala hierba que crece entre cepas (dolor de cabeza de muchos viticultores), la eficacia parecía probada y los efectos sobre la viña doblemente beneficiosos, ya que desparecían los parásitos de agua y a su vez las cenizas fertilizaban la tierra. Doble tanto.


Aunque aquí comienza otro debate; ese quemador no se podría emplear en viña denominadas ecológicas (al menos así lo creo) ya que se es ecológico no sólo por no utilizar pesticidas y demás, sino también por no labran la tierra más de lo suficiente (incluso sólo dos al año). Los productos pueden ser dañinos para la tierra, pero no es menos malo estar labrando a dos por tres el campo, ya que lo único que conseguimos es acelerar el proceso de esterilización de la tierra. Es simple; a mayor movimiento más posibilidad de que el viento y el agua se lleven la tierra fértil de nuestra inmaculada parcela.

Nosotros mismos podríamos pasar por bodega ecológica (más de una vez me he preguntado si vale la pena nombrarlo), simplemente llevamos el campo como pensamos que será mejor para la viña, y en este sentido no tienen cabida ni los continuos laboreos ni por supuesto los productos más allá del clásico azufre. El quemador antes nombrado no sería muy buena solución para la hierba en nuestro caso, la idea de meter fuego (por pequeño que sea) en pleno mes de agosto más bien sería una temeridad.

Tras la visita a la feria y de camino a casa hicimos un alto para ver el ejemplo perfecto de ecología en la viña: el método Australiano; conocido por dejar crecer la viña sin labranza de ningún tipo y podando sólo las puntas. Sólo os comentaré que está en la d.o Cariñena, y se trata de 90 hectáreas que su dueña guarda celosamente en el anonimato ya que es única en España. La verdad es que salí sorprendido, choca bastante ver como la viña parece completamente abandonada y sin embargo los costes se reducen a una cuarta parte y la calidad del grano mejora. He de decir que también tiene sus contras, ya que hay que estar más encima de las cepas para que estas no mueran tras su “asilvestramiento”.

Tomo nota de aquello que, sin ser bonito, es rentable y ecológico, como el futuro.

En la imagen superior el “ecológico” quemador de hierbas y en la inferior primer plano de la viña cultivada con el método Australiano.

La adversidad

El otro día un comercial amigo mío fue a quejarse al cocinero de un afamado restaurante de aquí, que si no se vende nada, que si la crisis, que si ya nadie bebe vino… se quejaba acerca de su vida y como las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencido. Estaba cansado de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.


El chef, la llevo a su lugar de trabajo. Allí lleno tres ollas con agua y las coloco sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una coloco huevos en la otra zanahorias y en la última coloco café. Las dejo hervir sin decir palabra. Mi amigo espero impaciente, preguntándose qué estaría haciendo el cocinero. A los veinte minutos el chef apago el fuego. Saco las zanahorias y las coloco en un tazón. Saco los huevos y los coloco en otro plato. Finalmente coloco el café y lo puso en un tercer recipiente y mirando a mi amigo le dijo: ” colega, ¿que ves? -zanahorias, huevos y café. Le hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.

El lo hizo y noto que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observo el huevo duro. Seguidamente le pidió que probara el café. El sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente mi amigo pregunto Que significaba esto, El le explico que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llego al agua fuerte, dura, pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua hirviendo frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.

¿Cual eres tú?, le pregunto a mi amigo. Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el calor la tocan, te vuelves débil, presa fácil, pues pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón blando, poseyendo un espíritu fluido, pero después de una prueba la pérdida de un trabajo o de un ser querido, te vuelves duro y rígido y comienzas a cuestionar todo? Por fuera te ves igual, pero, ¿estás amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?

¿O eres un grano de café? El café cambia el agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café cuando las circunstancias son adversas, vas a cambiar las circunstancias como el grano de café cambia el agua, recuerda, las circunstancias no deben regir tu vida

¿Eres zanahoria, huevo o café?

Mi amigo, no respondió, no dijo nada, se levanto y se fue al siguiente restaurante a tratar de vender el vino.

De copas

Y no me refiero a irse de copichuelas con los amigotes, que no es desdeñable, sino a unas pequeñas nociones de tipos de copas utilizadas en los vinos, para ampliar esa culturilla general que todos necesitamos y de la cual, me comprometí el otro día a ser participe, aportando de vez en cuando una entrada que ayude con estas u otras dudas que puedan surgir.

Reglas de una copa adecuada para servir el vino

Deberá:
Tener la boca más estrecha que la parte baja.
Ser lisa y transparente.
Tener un tamaño suficientemente grande.
Ser tipo “flute” para espumosos y champán.
Los vinos espumosos deben servirse en copas estrechas y sin color

Desde 1970, se normalizo el uso de la copa de cata, de caracteristicas descritas anteriormente

Nunca utilice:
Copas de color, ocultan el agradable aspecto visual del vino.
No se debe llenar demasiado una copa, ya que:
El vino precisa de espacio suficiente para “respirar”
Debe de poder liberar su magnifico aroma.

No sirva el vino de vasos pequeños:
No disfrutara del vino
Da sensación de estar escatimando cantidad ya que el vino necesita de una copa generosa como lo es su propia naturaleza.

Las copas, imprescindibles para la cata y la degustación de los vinos, aunque transparentes, no son ni mucho menos tan inocentes como parecen.
No sólo ponen el vino en contacto con la vista, el olfato y el gusto, sino que también subrayan de forma evidente sus cualidades o sus defectos.

La copa es una institución relativamente reciente. A decir verdad, sólo nos interesamos por ella desde que el brebaje ácido a base de uva de nuestros antepasados se convirtió en “vino” tal y como lo entendemos hoy en día, es decir, una obra de arte que nada tiene que ver con aquel lejano mosto fermentado.

Suelte su cubilete y coja una copa. Durante muchos siglos se ha bebido en cubiletes de estaño, de plata o de plata dorada. El escanciador vertía en esas copas vinos sin finura ni complejidad, de los que hoy no tomaríamos ni un sorbo. La copa no se impuso hasta que se quiso saber lo que se bebía. Pero ha sido preciso esperar aún más para descubrir que la forma de la copa podía revelar un vino de calidad o bien anularlo, algo que podría chocarnos inicialmente, pero que se comprueba de manera fehaciente cuando empleamos distintos tipos de copas en la degustación de los vinos.

En efecto, desde la imprescindible transparencia del vidrio o cristal, hasta su finura y forma, influyen decisivamente en los vinos, que ganan o pierden al mostrar sus cualidades según haya sido la elección de las copas. Una fácil comparación con el vestido nos mostrará lo que significa la copa. Pensemos, en efecto, cómo elegimos nuestro vestuario según la ocasión. Si una encopetada fiesta de gala exige el smokin en los caballeros y el traje de cóctel para las señoras, evidentemente no vestiríamos de esta manera para una sencilla cena informal o para una excursión campestre. Di igual modo, cada vino, y cada ocasión, requieren su copa determinada. Así pues, no emplearemos la misma copa para disfrutar de un fino jerezano

La guerra de las curvas

La sustitución del cubilete de estaño o del vaso de vidrio por la transparente copa permitió comprender que las formas abiertas dejaban escapar lo que la viña y los viticultores habían estado elaborando durante tanto tiempo y con tanto cuidado: un bouquet rico, complejo y sutil, y se intentó aprisionar los perfumes del vino concibiendo copas que retuvieran el bouquet en lugar de dejar que se dispersara. Cerrando ligeramente la parte superior de la copa, se le daba una forma, que ya es clásica, de tulipán. Para apreciar los olores del vino es preciso, pues, utilizar una copa de un volumen suficiente, más alta que ancha y ligeramente elíptica. En cualquier caso, las formas varían notablemente, desde la flauta que empleamos para el cava y el champagne al catavinos jerezano, pasando por la copa balón de los tintos más corpulentos.

Elogio de las copas sobrias

Es preferible presentar el vino en una copa de cristal liso y fino, sin tallar, incolora, y si es posible sin incisiones ni otras decoraciones. De este modo, los matices y los reflejos de un gran vino son visibles cuando se inclina la copa. El cuerpo de la copa debe estar separado de su pie plano por una fina columna de vidrio o cristal, lo cual nos permite sostenerla sin calentar el vino y facilita asimismo la acción de rotación (para lo cual se sostiene la copa por el pie). La copa debe llenarse únicamente hasta poco más de un tercio de su capacidad, de modo que encima del líquido se establezca una cámara de aire en la que se concentran los aromas.

Simple y claras: el ideal según la ISO

A fin de limitar la influencia de la copa sobre las sensaciones olfativas y gustativas a la hora de la cata, la International Standard Organization (ISO) ha creado un tipo de copa, también denominada “catavinos ISO”, que ofrece todas las garantías de eficacia para el catador y para el aficionado. Esta copa, que puede adquirirse en tiendas especializadas, es la recomendada para las catas profesionales. Como un altavoz ideal que no favoreciera ninguna frecuencia del espectro sonoro, tiende a restituir la naturaleza “objetiva” del vino. Además, existen una serie de copas de formas originales, especialmente las llamadas “impitoyables” (son verdaderamente despiadadas e implacables), así bautizadas porque “radiografían” sin piedad todos los tipos de vinos (efervescentes, vinos blancos, tintos jóvenes y rosados, tintos maduros…), que en esas copas revelan incluso sus defectos más ínfimos.
Curiosamente, la copa “impitoyable” carece de pie y de columna de sustentación; se maneja introduciendo los dedos en unos encastes laterales, y quien la haya empleado alguna vez sabe que el vino, cualquier vino, queda completamente desnudo ante sus efectos. No es una copa para la degustación y el placer, sino para la cata que valora y compara; de ahí que su empleo quede reducido casi exclusivamente a los profesionales. Aunque, por supuesto, nada impide que tengamos en casa algunas unidades, para poder realizar nuestras propias catas. Insistamos, sin embargo, en que las degustaciones entre amigos en el curso de una comida serán más agradables si se emplea una copa universal, en forma de tulipán o de balón alargado.

Copas de variado diseño

Aunque un buen degustador sólo necesita que su copa sea de cristal incoloro, con la boca más estrecha que el cuerpo y provista de pie para sostenerla, existen diferentes tipos y los más variados diseños. Para los vinos blancos se prefieren, en general, copas más altas; en forma de catavinos o de tulipa, que permiten apreciar bien los aromas. Para los vinos tintos se utilizan las copas más anchas, como las que tienen forma de balón, que permiten apreciar bien el color y los matices del pigmento.
En un registro más tradicional encontramos la silueta esbelta de las copas altas de champagne o cava (preferibles, de lejos, a las copas que desperdician los aromas, como la clásica coupe, de forma ancha y aplastada). Los vinos espumosos más elegantes no pueden degustarse bien en una copa tan abierta que no deja ver la formación de las columnas de burbujas. También es mejor la copa en forma de tulipa que las de flauta (abiertas en su boca).

Atención con los lavavajillas

Lave sus copas con agua caliente y aclárelas bien. Los puristas llegan a rechazar los lavavajillas, pues las moléculas gigantes del detergente tienden a pegarse en las paredes. Sepa que las copas detestan el aire viciado, por lo que es preferible posarlas sobre su pie, en lugar de ponerlas a escurrir cabeza abajo o, mejor aún, colgarlas por el pie; de este modo se evita la aparición de malos olores. Si no se han empleado desde hace tiempo y han estado guardadas en el aparador, no olvide enjuagarlas con agua limpia y fresca y secarlas cuidadosamente antes de llevarlas a la mesa. Cuando alguna vez necesite “limpiar a fondo” una copa no utilice detergentes, sino simplemente alcohol de vino.

El arte y las maneras

¿Cuántas copas debemos servir para una comida? La respuesta es simple; cuente una copa para el agua y una copa para cada vino. Para simplificar, una copa para los vinos blancos y otra para los vinos tintos pueden bastar. Atención: no olvide poner las copas altas de tulipa si sirve champagne o cava. Pero no es necesario que tire las viejas copas de champagne achatadas, las coupes, ya que pueden utilizarse como recipientes muy elegantes para servir en ellas las cremas heladas y las macedonias de frutas.

Como vender o venderse.

Una bodega, como cualquier otro negocio, vive de ventas, y en los tiempos que corren mas vale agudizar el ingenio y ser optimista, porque aunque no lo crean, el optimismo abre carteras que el pesimismo cierra.

Quiero mostraos un video que aparte de bien realizado y bonita toma, tiene un fondo comercial muy instructivo que todos deberíamos meditar.

Yo no digo más, que hable el video que encontrareispinchando este enlace.

lasprovincias.es