Salamanca, Salamanca,
renaciente maravilla,
académica palanca
de mi visión de Castilla.
Miguel de Unamuno, aquel escritor de la generación del 98 y seguidor del racionalismo y el positivismo, nos dejó esta mini-historia de lo que Salamanca acoge en su interior. Mini-historia por ser poema descriptivo y encantador. Con ella, damos paso a la verdad de la ciudad castellano-leonesa.
Salamanca, ligada a Historia. Salamanca, referida a la ciudad de la magia y de la paz. Salamanca, abre sus puertas esta semana a un mundo a la carta.
Situada en la comarca del Campo de Salamanca, junto al río Tormes. Importantísima Universidad la que alberga, por ser la más antigua de España. Nombres propios como Antonio de Nebrija, Fernando de Rojas o Fray Luis de León, le aportan siglos de historia, filosofía y escritura. Una cultura que no se queda dormida, pues Salamanca ofrece de eso, con creces. Y ahí es nada, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988. Su patrimonio arquitectónico es un estallido de belleza, representado, entre otras, por sus dos catedrales: la Catedral Vieja y la Nueva; la Casa de las Conchas, la Plaza Mayor, el Convento de San Esteban y las Escuelas Mayores.
El salamanquino, salmantino o el charro, saben cómo sorprenderte. Gran placer el que ofrecen en una terraza de las muchas que abordan la Plaza Mayor, recibiendo el sol en el cuerpo y disfrutar de su gastronomía. Pura tranquilidad bajo los cuatro costados de esa maravillosa plaza. De estilo barroco y con diseño del arquitecto Alberto Churriguera, que fue descrita por Miguel de Unamuno como “un cuadrilátero. Irregular, pero asombrosamente armónico”. Completamente de acuerdo. Desde cualquiera de sus terrazas podrás hacerte con ella, como paso fundamental en tu estancia en la ciudad. Como emblemático y de especial reclamo turístico, su Casa de las Conchas, de estilo gótico, levantada desde el año 1493, y en cuyo interior destacan el patio, la escalera y el artesonado. Más de 300 conchas que acarician su fachada, acogen varias leyendas a lo largo de la historia; entre todas, se cuenta que bajo una de las conchas se encuentra una onza de oro, algo que fue costumbre en muchas construcciones para atraer la buena suerte.
Ciudad rica en estudiantes. Pero también es su Universidad el punto que no debes saltar en la visita. De día y más aún de noche, su belleza es excelente. Con el lema “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta”, desprende historia, pues desde 1218 se muestra en pie, fundada por Alfonso IX de León. La fachada da la impresión de ser un inmenso y rico tapiz, que te invita al embelesamiento.
Por no tener una, tiene dos. Dos Catedrales se encuentran ante ti en una visita obligada. Catedral Vieja de Santa María, de estilo romántico y gótico, desde el siglo XII. Considerada Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico de España. Y la Catedral Nueva de la Asunción de la Virgen, en pie desde el siglo XVI y con un estilo gótico tardío y barroco. Catalogada como Monumento Histórico-Artístico. Multitud de capillas aguardan en su interior, y con una majestuosidad que has de ver. No hay una sin dos, en este caso. Un conjunto que formará parte de tu viaje.
Como es habitual, dejarse llevar siempre suena bien, y has de ponerlo en práctica en Salamanca. Descubrirás lugares que se escapan de cualquier guía turística, que se cuelan en tu camino para ser retratados. Pero antes de echar a andar sin rumbo fijo, no olvides el Palacio de Monterrey. Uno de los máximos exponentes del estilo artístico plateresco, con una fachada preciosa. Ahora sí, Salamanca es tuya. Historia a tus pies y a tus deseos.
Elegir el descanso. Ese momento de hacer criba entre la oferta hotelera… Como es costumbre, un surtido se presenta aquí a modo de ayuda. Para los amantes de lo rústico, el hotel “Palacio de San Esteban“, elegante, muy bien ubicado y asentado en un hermoso convento reformado de gran encanto. Para el disfrute, no solo de la ciudad, sino también de los servicios del hotel, podrás encontrar el “Parador de Salamanca“. El hotel está en la ladera de una colina, en la orilla izquierda del río Tormes, y ofrece así, unas vistas maravillosas de la monumental ciudad. Por otra parte, un hotel boutique en pleno centro histórico, es “Microtel Placentinos“, ubicado en un edificio del siglo XVI. Podrás descansar entre algodones y entre las paredes de edificios con historia.
Nos sentamos a la mesa. Terrazas de la Plaza Mayor, al gusto y al momento. Pero alguna opción en concreto como: el restaurante “La Cocina de Toño“, luminoso local, de cocina en miniatura, de precios muy asequibles y buenísimo. Las Bodegas Cuzco, de lo mejor para unas tapas, muy elaboradas, aunque será difícil hacerte con hueco en la barra en su hora punta. Con la misma línea moderna y de tapeo, el local “Tapas 2.0“, una gastrotasca de tapas exquisitas. Y por último, la sugerencia de otro restaurante, “La Hoja 21“, has de sentarte a la mesa en su comedor de aire moderno y fresco, con tranquilidad y disfrute.
Es una fiesta para los ojos y para el espíritu
Ver la ciudad como poso del cielo en la tierra de las aguas del Tormes.
Miguel de Unamuno, de principio a fin, para expresar los sentidos salmantinos. ¡Recuerda! Abre bien los ojos para ella.
Toledo desde lo lejos y hasta sus calles empedradas. Un viaje para los sentidos. Ciudad mágica, puro secreto, de ensueño. No son habladurías, tremenda verdad palpitante. De tesoros históricos, cultura y turismo, acogido por sus vecinos deseosos de visitantes expuestos a nuevas experiencias. Convierte el ser Patrimonio de la Humanidad en su mejor activo, para continuar avanzando hacia el futuro. IMPRESIONANTE, dicen.
“Dicen por ahí…” No es todo con lo que nos podamos quedar. No es necesario el conformismo. Lanza el hacha y aterriza en la ciudad Imperial, como es conocida, por haber sido sede principal de la corte de Carlos I; o también ciudad de las tres culturas, por haber estado poblada durante siglos por cristianos, judíos y musulmanes.
Toledo, de corte manchego. Arropada por sus también manchegas Cuenca y Ciudad Real; si bien Madrid, Ávila, Cáceres y Badajoz comparten frontera con ella. Con una excelente situación en la Península. Privilegiada ciudad, y antigua capital del Imperio español. Se encuentra subida en una colina sobre el río Tajo. De hecho, el significado de Toledo sería “levantado, en alto”, algo completamente evidente.
Su casco antiguo, el más preciado y recordado en tu visita. Situado en la margen derecha del río. Este conjunto parte con la reseña de Conjunto Histórico-artístico desde 1940, aunque de forma insuperable la UNESCO lo tituló Patrimonio de la Humanidad en 1987. No hay dudas de su sabiduría, de su contenido, de su historial. Conserva el aire e imagen de ciudad medieval que se refugia en murallas y torreones que dan la bienvenida a su casco antiguo. La entrada oficial es la Puerta de Bisagra hasta el Puente de San Martín y el de Alcántara. Se abre un camino hacia la historia y sus múltiples posibilidades para disfrutar. Entre su oferta monumental e impresionante, toma nota de la Catedral, la Plaza de Zocodover, la Mezquita del Cristo de la Luz o el incansable Alcázar frente al Tajo. De carácter museístico también tiene mucho que dar, gracias al Museo de Santa Cruz o el Museo Sefardím entre otros.
Pero lo mejor de Toledo es echar a andar. El mejor plan es perderse entre sus callejuelas, adentrarse en sus jardines… No es sólo lo que encuentras al paso, Toledo es un museo al descubierto por tantas otras cuestiones desplazadas de la cultura. Bien una calle con un patio puede ser el rincón favorito y tu mayor recuerdo. Sin olvidar, cómo no, la noche toledana llena de leyendas. Ciudad mágica y noctámbula, es perfecta combinación para la inspiración de algunos autores como Quevedo, Bécquer o Buñuel, que dejaron historias que contar como testimonios fieles de la parte oscura de Toledo. Es la otra cara que no te puedes perder. Tampoco lo harás por su magnificencia, su iluminación bajo la luna es de impactante respuesta. Si por el día es un laberinto de piedras, la noche le da un ambiente único y encendido.
Un fin de semana para hacerte con Toledo, para sacar conclusiones, para saber que lo que “dicen por ahí” no es más que la certeza de buenas experiencias de tantos y tantos viajeros. Había que confiar en ello. Compruébalo si aún te falta por conocer la ciudad medieval de Castilla-La Mancha.
Importante punto a señalar el de la infinidad de sitios de buen comer y buen dormir. No pueden faltar en una excursión ambos sentidos de la vida. La propuesta que aquí merece no es más que una selección personal, aunque siempre recomendable. El “Restaurante Locum” en pleno casco histórico, reúne la modernidad y la tradición en sus platos y en su decoración, y de buenas tapas al lado de buenos precios. La “Taberna Alfileritos 24“, es de esos lugares que no pueden faltar, de aire tranquilo en un local precioso, con una carta llena de degustaciones elaboradas y de productos manchegos, es también un restaurante pero manteniendo el espíritu de una taberna. Otra propuesta es “La Abadía” que nace con la idea de Cervecería por lo que tiene un carácter informal y con exquisitos desayunos o tapas para comer. Para terminar con el paladar, sugiero un restaurante más apartado de la zona céntrica, “La Ermita“, que ofrece una carta demasiado apetecible de principio a fin, pero aún más impactante es su salón con cristaleras que ofrecen unas vistas únicas de la ciudad. En cualquiera de las opciones, merece la pena sentarse a la mesa y dejarse mimar.
Y en cuestión de descanso…múltiples ofertas hoteleras existen, pero por si hay que decantarse, ahí va un popurrí. “Hotel Abad“, con encanto, rural y muy bien situado para el viajero que no desea utilizar coche para desplazarse. “Parador de Toledo“, por su fidelidad y porque su situación en el Cerro del Emperador junto a un meandro del río Tajo, hace del hotel un mirador inigualable, una panorámica de Toledo perfecta. Algo más apartado también, pero con un descanso y comodidad completa, es el “Hotel AC Ciudad de Toledo“, el coche será necesario para disfrutar de la ciudad, pero sus instalaciones y vistas son magníficas. Para terminar, el “Hotel Antídoto Rooms“, de vanguardia, junto a la plaza de Zocodover, con un estilo moderno y de diseño relajante.
Un viaje de panorámicas y que poco puedes planear. Nuevas piedras en el camino saldrán para sorprenderte y hacer de Toledo el lugar que no olvidarás. Yo ya lo he probado, ¿tú a qué esperas?
En Castilla y León nace en la Edad de Bronce una ciudad con Z, de las últimas por orden alfabético. Románica por excelencia. Y por si le faltara carácter, posee el río Duero, imponente, rodeando la ciudad y en diálogo con ella. Situada en el noroeste peninsular con una superficie bien hermosa, de 10,5 km cuadrados. Tan sólo 249 km la separan de Madrid y como punto estratégico, por su distancia de 85 km con la frontera portuguesa de Braganza. Esta localización geográfica hace de ella un lugar emblemático y especial, encrucijada en la Vía de la Plata. Arte románico a raudales. Pequeña, tranquila y muy paseable. Un escenario que ha vivido cambios pero siempre con actitud cuidada y muy audaz. Peso pesado, pero con positivismo, el que aporta la catedral junto con las murallas y el castillo de la ciudad. En ella, además destaca una realidad auténtica en estos tiempos, es la “Ciudad de Congresos” y conocidísima también su Semana Santa. Bien merece mención este referente turístico internacional, aunque queden unos 360 días para volver a vivirla.
Ella no puede ser otra que Zamora.
La desconocida pero perfecta. Así se presenta para el turista. “Es evidente que todos los fines no son fines perfectos. Pero el bien supremo constituye, de alguna manera, un fin perfecto“. Debe de haber algo supremo que convierta a esta dama en la perfecta. Aristóteles teñía su filosofía con un color positivista, que hoy nos da un apoyo fiel de lo que, de verdad, promete ZAMORA.
Sin pasar por alto esta maravilla… de la Semana Santa hay que decir en su elogio, que es la mayor representación y profunda expresión de las tradiciones y el sentimiento del pueblo zamorano. Declarada de Interés Turístico Internacional en los años 80, sus orígenes se remontan al siglo XII, convirtiéndose con ello en uno de los acontecimientos religiosos más emocionantes de España. Un recuento de diecisiete cofradías procesionan por sus calles en toda su duración. Gran reclamo para el viajero, que entre todos quintuplican la población de Zamora en esta fecha, siendo un popurri de visitantes de todo el mundo. Los zamoranos viven, sin duda, para esta celebración, esperando durante todo el año a que ésta tenga lugar.
Ciudad románica por excelencia, insisto. La edad de oro de Zamora fue en el siglo XII. En él se configuró la estructura urbana y se edificaron la mayor parte de sus monumentos de estilo románico, lo que le he dado esta fama. Es, precisamente, la Catedral el icono máximo. Se inició en el año 1151 y se edificó sobre los restos de la basílica anterior. Característica su cúpula bizantina, innovadora y la primera en España. Junto a ella, la iglesia de Santiago del Burgo, La Magdalena, Santa María La Nueva, y un largo etcétera se suman a lo románico de Zamora. Podrás disfrutar de ello en un largo y agradable paseo, que se mezclará con la presencia de edificaciones modernistas que han ido convirtiéndola también en miembro de la Ruta Europea del Modernismo.
Como ciudad, se ofrece a pie. El casco antiguo te invita a caminar y callejear para perderte y conseguir llegar a la Catedral que se encuentra al final de su trayecto. Según te acercas a la grande, la belleza se hará contigo, y con ello, el mayor disfrute. Aunque para disfrute, el desprendido por el “restaurante Los Caprichos de Meneses“, dedicación y esmero en su cocina con un sabor a Zamora perfecto.
Como provincia, se ofrece al volante para recorrer sus aproximados 10.600 km cuadrados. La naturaleza te envolverá en cada costado. Dos grandes ríos surcan su territorio: el Duero como es bien citado, y el Esla, sin faltar. Orografía llena de contrastes, que van desde las cadenas montañosas de Sanabria a los valles fértiles de Benavente; de los relieves suaves y ondulados de la Sierra de la Culebra a los profundos cañones de los Arribes del Duero, en la frontera con Portugal; de las llanuras cerealistas de Tierra de Campos a los interminables viñedos de la Tierra del Vino. Abanico de posibilidades para respirar aire puro.
Bodegas y su maravilla vitivinícola son protagonistas en la provincia zamorana. Duero Bajo, como la zona cúlmen, que agrupa la ciudad de Toro y su alfoz, Tierra del Vino y la Guareña. Este espacio alterna en su paisaje las centenarias cepas de viñedo con otros cultivos. Toro posee un sabor medieval, patente en el Real Monasterio de Santa Clara, San Lorenzo el Real o Santa María de la Vega. La Colegiata de Santa María la Mayor, del siglo XII, es el monumento más emblemático. Destacando también el Pórtico de la Gloria. Anclado en la submeseta norte a orillas del río Duero, cuyo cauce lo atraviesa de este a oeste. Y es tal la calidad en vino, que desde hace años merece la Denominación de Origen Toro. Visita más que obligada. En ella, podrás descansar y hacerlo con creces en un hotel que debe ser tratado con mayúsculas. “HOTEL VALBUSENDA“, puro diseño y 5 estrellas en un complejo que tiene su propia bodega y viñedos; un trato único del servicio, con un spa que te llevará al séptimo cielo, en un entorno de sosiego que te rodeará en una constante. Descansado, podrás comer en el “Restaurante La Viuda Rica“, buena opción, tradicional y de productos de la zona, trato exquisito y calidad-precio adecuada. Al igual que el buen comer tiene lugar, importantes bodegas con experiencia para ser punto turístico en tu ruta.
Otra comarca de recomendación irreprochable es Sanabria-La Carballeda. Al noroeste, junto a Portugal y Galicia, cuyo epicentro es el Lago de Sanabria, perfecto para este buen tiempo que pretende asomar. Desde el Moncalvo y Peña Trevinca, a más de 2.000 metros de altitud, el parque natural recibe la práctica totalidad de las aguas del río Tera. Y por debajo de la línea de las cumbres, el agua precipita a través de profundos cañones hasta el lago. Espectáculo natural. De la mano de ésto, la arquitectura popular que es la más aclamada en estas zonas, presente en lugares como Galende, Vigo de Sanabria, Sotillo y Porto.
<<Miles de ideas, de amaneceres con historia, de caminos por recorrer, de noches para soñar, de lágrimas de pasión, de bocas contentas, así es ZAMORA. No esperes a que te lo cuenten>> Ni más ni menos. Así se define la Diputación de Zamora y no es cuestión de fallar a la cita…
Eso de que “Sevilla tiene un color especial“, no hay más remedio que creérselo. Pero desde luego, no hay mejor cosa que: “ver para creer“. Y más claro que Julio César no se puede ser, ‘los hombres creen gustosamente aquello que se acomoda a sus deseos’. ¿Qué es Sevilla sino un sueño, un deseo? Uno de los que se cumplen, con creces. Y sin faltar Antonio Gala, con una cita que desvela la verdad, ‘lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo…lo peor es que puede que tengan hasta razón‘.
Veamos cuánto de cierto ahí en ello…
Maravilla, por su rima. Ciudad del sur, y capital de una grande como Andalucía. La más poblada entre sus hermanas. Huelva, Córdoba, Cádiz y Málaga sus más allegadas por frontera, siendo Jaén, Granada y Almería las que viven más lejos. Por el norte, Badajoz es el territorio que la encierra. Sevillanos o hispalenses, y entre ellos “quillos”, en cualquiera de sus nombres, son de tremenda simpatía y salero. Acogedores ellos y su tierra. Cuidan de un casco antiguo bien extenso, tanto como para ser el mayor de España. De su patrimonio histórico y monumental hay que decir mucho, como primera clave: son la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias, Patrimonio de la Humanidad de forma conjunta. Tres de sus máximos exponentes que han de formar parte de tu visita.
Río Guadalquivir, privilegiado. Navegable desde su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda hasta la capital. ‘Al-wadi al-Kabir’, en árabe, con un significado lógico, “el río grande”. Abarca todo y más…como territorios de Jaén, Córdoba, Huelva y Cádiz. Desembocando en el Océano Atlántico, es de especial importancia para la ciudad. Por otra parte, en las entrañas, los sevillanos conviven en barrios tan famosos como el de Triana, La Macarena, Santa Cruz, Los Remedios, El Porvenir o Nervión.
Llegar a ella por tierra y aire. Ella, con un nombre que procede del indígena tartesio “Spal”, que significa “tierra llana”. Reseñar de tal señora, el crecimiento inintermitente en su parte urbanística, especialmente desde la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929; con ella, la ciudad experimentó un gran desarrollo, con la aparición del Parque de María Luisa o la Plaza de España. Dos grandes tesoros de la ciudad. Impresionantes. Quitan el hipo, sin caer en tópicos.
El Parque de María Luisa, un pulmón verde de aúpa. Bien de Interés Cultural. Desde 1914, da cobijo a las plazas de España y de América. Recorrerlo es un paseo inmenso, de fotografías infinitas. Recovecos y estancias de paz. Muy típico en últimos años el paseo en coche de caballo, bicis o derivados. De 40 hectáreas, goza de una extensa variedad vegetal, muy frondosa en muchos puntos, que comparten espacios entre fuentes y zonas de hierba que invitan al descanso. El sol potente se cuela entre las ramas de los árboles, alumbrando tus pasos. Muy conocido también como Parque de las Palomas, por la gran estampa de palomas que se agrupan formando una blanca alfombra en lugares como la Plaza de América.
De la mano, imprescindible, perfecta y despampanante… se abre ante ti el marco inigualable de la Plaza de España. Quizás no existan adjetivos o diferenciales posibles para atribuirle a esta PLAZA. Un espectáculo en vivo. Fue construida como edificio principal de la Exposición de 1929. Característico su recorrido en el que se encuentran bancos que representan todas las provincias de España, así como los bustos de españoles ilustres en sus muros. De estilo regionalista, Patrimonio Histórico de España. Su extensión y situación tienen una lógica: su dimensión es de 200 metros de diámetro y de forma semielíptica, con lo que “simboliza el abrazo de España y sus antiguas colonias y mira hacia el río Guadalquivir como camino a seguir hacia América”. Concretamente, la superficie total es de 50.000 metros cuadrados aprox. Tiene una fuente central, obra de Vicente Traver, y además, un canal que es cruzado por 4 puentes que representan los 4 antiguos reinos de España. Pura historia de lado a lado. La panorámica es complicada por su amplitud, pero perfecta fotografía.
Volviendo al casco antiguo. Inundado de coches de caballo. Olor a incienso con la llegada de Semana Santa. Turistas de todo el mundo. Terrazas en sol y sombra. Gente y gente sin cesar. Protagonista y testigo de tal escenario es la Catedral de Santa María de la Sede. Es también Bien de Valor Universal Excepcional. Su construcción comenzó en 1433 sobre la antigua Mezquita Aljama, y en pie mantiene una potente imagen de estilo gótico, siendo así la catedral con mayor superficie del mundo. Su exterior es tremendo pero lo que de verdad lo es, es su interior. Cinco naves que aguardan diversas capillas, y en cuyo conjunto se encuentra el cuerpo del navegante Cristóbal Colón y el del Rey Fernando III de Castilla. De su exterior, observamos cuatro fachadas diferenciadas por su situación norte, sur… y es en la norte donde se encuentra la Puerta de la Concepción que se abre al patio de los Naranjos. Desde éste, podrás tener el control del templo y sin duda, mirada hacia arriba para toparte con la grande, la Giralda. Es la torre y el campanario de la Catedral, con una altura de 104 metros, haciéndola visible desde gran parte de la ciudad. Por supuesto, no ha de faltar la subida a la misma, por 35 rampas bien anchas y un tramo final de 17 escalones para acceder al nivel de las campanas desde donde ver Sevilla en una perspectiva adorable.
Los Reales Alcázares son un siguiente peldaño en tu visita. Un conjunto de palacios rodeados por una muralla, en pie desde la Alta Edad Media. Con varios accesos, en su interior alberga el Palacio mudéjar y el Palacio gótico como atracción histórica importante, junto a sus Jardines, una parte fundamental del Alcázar, habiendo experimentado diversas transformaciones estilísticas desde su trazado primitivo. En el paseo por los mismos, encontrarás caracteres árabes, renacentistas y modernos. Desde luego, un lugar fresco donde prima el descanso y el sosiego. El tercero en discordia, en el conjunto del nombrado Patrimonio de la Humanidad, se planta el Archivo General de Indias, creado en 1785 por deseo del rey Carlos III, para centralizar en un único sitio la documentación referente a la administración de las colonias españolas.
Es cuestión de pasear por la Avenida de la Constitución, de tiendas y casas andaluzas, de bares y terrazas, del paso del tranvía y rodeando la Catedral. Y así, acercándonos al paso del río Guadalquivir, para toparnos con la Torre del Oro, otro gran atractivo y parte de tu lista de obligaciones. Una torre albarrana, junto a la plaza de toros de la Real Maestranza. En el margen izquierdo del río, se alza con 36 metros de altura, y cuyo nombre se le atribuye al brillo dorado que se reflejaba sobre el Guadalquivir. Y de un salto, nos hacemos con el Barrio de Triana, abandonando la zona del barrio de Santa Cruz, para empaparnos de otro aire sevillano. Ese salto lo podrás hacer a través del Puente de Triana, que es la verdadera seña de identidad para los vecinos del barrio. Al desembocar en Triana, desde el puente, se llega a la Plaza del Altozano, verdadero centro de referencia del barrio. Realmente un punto más a favor de Sevilla.
En lo que al dormir y el comer se refiere…no debemos faltar. Imposible no citar al precioso y magnífico monumento por hotel, el de “Alfonso XIII“, lujo y belleza se aúnan en este hogar sevillano, muy céntrico. Para bolsillos más económicos, encontramos varios hoteles pequeñitos perfectos para el turista en pleno casco antiguo: “Hotel San Francisco“, “Hostal Zurbarán” o el “Hotel Baco“. A la hora de sentarse a la mesa o apoyarte en una barra, la elección es complicada pues a tu paso verás locales ideales para tapear o probar un buen pescaito frito. Véase “Pura Cepa” o “Antigüedades”, o la gastro-taberna de “Tradevo“, con un estilo más moderno y de elaboración.
La confirmación de que Sevilla tiene un color especial, se palpa. Imparable, pues infinitos lugares se escapan de las manos. Un fin de semana entre sus calles es sumar años de vida. Puro arte para disfrutar sin parangón. Marc Chagall, pintor francés, da en el clavo, ‘el arte es sobre todo un estado del alma‘. Y cómo no…Sevilla te atrapa el alma.
Temor a lo desconocido. Sentimiento encontrado de la vida que sacude al futuro, desgarrándolo. ‘Temor’, como término de la RAE: pasión del ánimo, que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso. ¿Huir de lo desconocido? es eso lo que resulta ser. Pero, ‘desconocido’ ¿ha de ser peligroso? Ya se sabe, quien no arriesga no gana. De alguna forma así lo refiere en su pensamiento Víctor Hugo, “el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. En manos de uno queda ser valiente o aferrarse a lo imposible.
+No se puede, es imposible.
-Es un misterio maravilloso, ¿no?
Film LO IMPOSIBLE (reproducir)
Así es. Lo imposible se comprende como un enigma inalcanzable por lo fantástico de su contenido. Como enigma, algo que no se puede interpretar con facilidad, termina siendo algo oculto y soñador. Por consiguiente, lo imposible casi no existe y todo riesgo es capaz de asumirse. Temor que rechazamos aquí y ahora. Bien desprendido de nuestro azar, destapamos el secretismo de lo desconocido, el turno de una ‘buenaza’ y tan presente como escondida, una provincia manchega como Albacete.
Un desconocido, pero todo descubrimiento. Oculta y escondida. Quitémosle la venda y subamos el telón para despertar su espíritu. Aunque dormida parece, bien atentos a lo que ofrece. De 0 a 100 en emociones. Hermana de Guadalajara, Toledo, Cuenca y Ciudad Real. Y vecina de muchas otras: Valencia, Alicante, Murcia, Granada y Jaén. Ahí es nada las partes que la tocan. Abrazada con fuerza, como provincia, Al-Basit (en árabe) es “la llanura” o “el llano” por la planicie de su extensión. Situada en el sureste de la Meseta Central y cuenta con una riqueza, la de dos áreas protegidas como son el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, y el Parque Natural de los Calares del Río Mundo y de la Sima. Así, a bote pronto, no se presiente peligro de Albacete… ¡já! Peligro el que ahogará al viajero negado a marchar.
Comarcas de Albacete, Campos de Hellín, La Mancha del Júcar-Centro, Monte Ibérico-Corredor de Almansa, Sierra de Alcaraz y Campo de Montiel, y la de Sierra del Segura. Son las actuales y las que nos llevan a una ruta insustituible. Tres ingredientes fundamentales: el nacimiento del río Mundo, Sierra de Alcaraz y Sierra del Segura. Con ellos se producirá el mayor jugo de Albacete como deseada desconocida.
La Sierra de Alcaraz, rompe el hielo. Es una de las sierras que forman la Cordillera Bética, al suroeste de la provincia. Su pico más alto es el Pico Almenara, de 1.796 metros, y el segundo pico más importante es el Pico de la Sarga. Destacamos en ella los pueblos de Alcaraz y Ayna, su mayores tesoros y pura recomendación. Entre ambos, una hora al volante será suficiente. Alcaraz se abre ante ti, una bonita opción comenzar la visita por esta tierra. Obligatoria la llegada y adentrarnos en la Plaza Mayor, declarado Conjunto Histórico-Artístico; de estilo renacentista uniforme y comprende los edificios de la Iglesia de la Santísima Trinidad, la Torre del Tardón, la Lonja de Santo Domingo, la Lonja de la Regatería y Ayuntamiento. Sin faltar, su Castillo alzado sobre el cerro que domina al Oeste la localidad. Además, una visita que colma estas tierras es el Acueducto medieval, justo a la entrada del pueblo, en el collado existente entre el cerro del Castillo y el Cerro de Santa Bárbara.
Para llegar a Ayna, introducimos la Sierra del Segura. Los territorios que conforman la albaceteña Sierra constituyen la porción más meridional del espacio geográfico de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Dicha localización, entre la llanura manchega y la huerta murciana, dota a esta sierra de una especial importancia en lo paisajístico y ecológico. Un gran espacio natural donde ven la luz las aguas del río Mundo, y lo hacen de una manera realmente admirable. Su fuente es una surgencia kárstica que aparece en la pared norte del Calar del Mundo, en el inicio de un valle en retroceso. La cascada que forma el agua al precipitarse al vacío desde el centro del imponente peñón rocoso es una de las más bellas en España. La Sierra alberga el tercer ingrediente: el nacimiento del Río Mundo, en el que nos ahogaremos en breves. Pero la dichosa, como sierra no tiene punto y final en su recorrido, merecen sus paisajes y sus pueblos; además, constituye por sí sola casi el 80% de la superficie del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.
Ahora sí, Ayna es tuya. La Suiza Manchega es su otra cara, por su gran cantidad de vegetación y su belleza pintoresca. Aparece en lo alto de un balcón natural de la roca sobre el bello río Mundo. Su peculiar forma de aprovechar el agua, así como su bien cuidada huerta y sus sorprendentes rincones, han convertido a Ayna en una adelantada en lo que al turismo se refiere. El sabor de lo antiguo y las comodidades modernas se dan de la mano en ella. Los ayniegos aguardan un pueblo lleno de interés cultural y patrimonial, con visitas a la Cueva del Niño, la Ermita de los Remedios, la Iglesia Santa María de lo Alto o los restos del Castillo de la Yedra.
Hasta Riópar, unos 45km, para disfrutar de ese maxi-conocido Río Mundo. Espectacular es también su definición. Su Nacimiento se encuentra en el pueblo de Riópar en ambas Sierras, Alcaraz y del Segura. De caudal muy variable, en los momentos de crecida llega a arrojar más de 80 metros cúbicos por segundo, como curiosidad. Uno de los parajes más visitados, pero al mismo tiempo muy desconocido. Las pequeñas cascadas rodeadas de pinos, tejos, robles, hacen del lugar uno fascinante. Para los aventureros, es posible seguir el curso del río por las entrañas de la tierra, a través de una cueva. No olvidarse, es un afluente del Río Segura que nace en la sierra castellana del Calar del Mundo. Y su nacimiento exacto se encuentra en Los Chorros del río Mundo.
Una ruta como degustación exquisita de Albacete. Sin duda, una representación pequeña de sus escondrijos, pero obtendrás el jugo albaceteño deseado. La zona presta a un paseo por los pueblos de Letur, Yeste, Hornos y Segura de la Sierra, igualmente recomendables. A su vez, el pico de Almenara o el Calar del Mundo, son parte del viaje si el tiempo no se echa encima. Y antes de cerrar la ventana de “lo desconocido”, podrás comer en Riópar en un buen lugar: ‘Restaurante San Juan‘, cocina casera y asados, productos de primera y con lo típico de la zona. Mientras que el dormir lo ofrecen múltiples casas rurales en toda la zona, con un tono acogedor y dueñas del descanso.
“Algunos se equivocan por temor a equivocarse.”
Gotthold Ephraim Lessing.
No temas. Todo por descubrir ante un miedo absurdo. Albacete, el mejor temor al descubierto.
Volumen segundo de ‘Querido pueblito bueno‘. Y aunque resulta redicho que segundas partes nunca fueron buenas, poco razonamiento aplicamos aquí. Imposible hacer un sólo juego de pueblos, pues grandes o pequeños, bien merecen ser vistos alguna vez. Deben formar parte de una lista de obligaciones a cumplir sin fecha de caducidad. Con el objetivo de ser recuerdos toda una vida. Ya se sabe que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Y tal para cual, el pueblo es el mejor amigo del hombre. Un tesoro. O como reseñaba Isócrates, “una colección de bellas máximas es un tesoro más apreciable que las riquezas”. No es más, no hay riqueza que gane un pulso a estas, nuestras maravillas en España.
“El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día”. Paulo Coelho nos abre los ojos ante el lado duro del viajero. La tarea imposible de las despedidas. El que no se acostumbró a eso del viajar, lo tiene complicado en esta historia. Pueblos que atrapan. Pueblos que nada tienen que ver de uno a otro. De sur a norte, o viceversa, con una tonalidad en temperatura y estilo muy dispar. Pueblos de refranes, tradiciones y costumbres profundas. Todos, con un clima común: acoger al forastero y hacer de su estancia, un mundo aparte. Quizás resulte un atrevimiento considerar tal cosa… pero sólo queda dejarte guiar por este segundo juego, y comprobar dicha locura.
Locura de Sur a Norte, por azar. Una criba que buen quebradero supone. Boli y papel en mano para dibujar los mejores secretos de viajes pasados, dispuesta a sufrir por el descarte. Decisión con fundamento, eso sí. Fotografías en la memoria que exigen una recomendación eterna. Finalmente, los 15 de la niña bonita. No más, por ajustarse a una selección teñida de especialidad y calidad. No menos, por lo complicado del asunto. Más o menos pueblos desentonarían en este encuentro. 15 bellezas que se complementan con las otras tantas del anterior capítulo. Gran problema de entre los 19.000 pueblos de España, aproximadamente. Con permiso de los no presentes, allá va la atrevida distinción.
Primero. Se lanza a la palestra el gaditano Arcos de la Frontera. A 85 km de Cádiz, y con un porte bastante alto, se encuentra esta villa, a cuyos pies discurre el río Guadalete. Destaca en la lejanía por el blanco radiante de sus casas y sus fértiles huertas, una estampa puramente andaluza. Casco antiguo declarado Monumento Histórico-Artístico. A destacar su iglesia de Santa María de la Asunción, de tremenda fachada, y la de San Pedro, cuya torre se alza con su estilo renacentista y elegante sobre una arquitectura andaluza 100%. Se encuentra entre la Campiña Jerezana y la Serranía. Un pueblazo, con ‘AZO’ merecido.
Del extremo sur, subimos a Extremadura. Un segundo, pero no segundón: Jerez de los Caballeros. Dueña es Badajoz, de sus calles empedradas, fachadas de cal y estuco, tejados rojos de teja árabe y de esbeltos campanarios. Grande y gran espíritu de la tierra. Construido por tartesos, fenicios, romanos, visigodos y árabes…todo ello ha hecho de él un completo Conjunto Histórico-Artístico. En Sierra del Sur, importante su iglesia de Santa María de la Encarnación, aunque otras bellezas merecen tiempo en el casco antiguo, como la muralla o el castillo templario. Un pueblo en forma de ciudad.
Y de extremos sigue la cuenta. En el Este de la Península encontramos Guadalest, en Alicante. Aunque su presentación oficial es El Castell de Guadalest. En la comarca de la Marina Baja se cobija este pueblecito, con un encanto propio. Tan pequeño pero tan vital. Fundamental su existencia, dada principalmente por su pintoresco castillo que domina todo el valle de Guadalest. Y precisamente el río con el mismo nombre atraviesa el corazón del municipio que se recoge en el pantano, muy bonita su estampa desde lo alto. Los castelludos, como se hacen llamar, son alrededor de 200, y cuidan de un pueblo muy especial.
En barco, un viaje hasta Mallorca. Isla vecina con unas playas envidiables. Acoge en la comarca de la Sierra de Tramontana, Deià o Deyá. Muy pequeñito, sobre una colina y rodeado de valle. Con fantásticos miradores al mar, puestas de sol increíbles. A tan sólo 28 km de Palma, lo que le da una mayor importancia por la ubicación. Lo mejor, recorrerlo a pie, descansar entre sus paisajes y preparar la cámara para imágenes de postal.
De vuelta a la Península y a Extremadura, Robledillo de Gata. En la provincia de Cáceres tiene un hueco este pueblito bueno. De esos con más encanto del que a primera vista desprende. Declarado Bien de Interés Cultural, y con razón. Rural, de calles empinadas, angostas y sinuosas, algunas de ellas transcurren bajo pasadizos o casas voladas, formando pequeños túneles. Luces y sombras para visitar su iglesia y patear toda su extensión. Los roblillejos son pocos y bien sabrán cuidar tu estancia. Rica miel la que traman.
El sexto puesto: Patones de Arriba. Madrid se hace protagonista gracias a este premio de pueblo. Se desliga de Patones de Abajo en esta ocasión. Un lugar subido en la montaña al nordeste de la Comunidad. Tiene un encanto especial. Con un tipo de arquitectura rural que emplea la pizarra, roca muy abundante en la zona. Es de esos sitios en los que has de echar a andar para toparte con la historia y el paso del tiempo. Rural de pura cepa. Muy turístico y es pueblo, pueblo, pueblo.
Y de uno pequeñito a uno tremendo. Calahorra en La Rioja tenía que ser descubierto aquí. En la Rioja Baja, y considerada ciudad por su extensión. Conserva el título de pueblo pues su crecimiento no ha abandonado el sentimiento como tal. Destaca su catedral, con la impresionante torre mandada construir por el cardenal Cisneros. Sin olvidarnos del palacio episcopal, al lado de la catedral, y el convento de las monjas carmelitas descalzas. Religión e historia en tu visita. El calagurritano en la Calagurris Nassica Iulia de la época romana, y de la que mantiene altiva su magnificencia.
El número ocho para Aínsa. Se encuentra en Huesca, en la comarca de Sobrarbe. Un conjunto de geografía e historia, ambas máximas se dan de la mano en Aínsa, hasta el punto de que la arquitectura de la ciudad parece una continuación de la labor de la naturaleza a la que acentúa y resalta. De sabor medieval y con ello, más próxima al pasado que al presente. Parte de éste, está ocupado por el Parque natural de la Sierra y los Cañones de Guara. Y cómo no, por su clara distribución medieval, el casco histórico de Aínsa está declarado Conjunto Histórico-Artístico.
Subimos un peldaño más. Llegamos a Cantabria, y a 117km de Santander encontramos Potes. Vaya planta. Es capital de la comarca de Liébana. De ésta, precisamente, dicen los cántabros que no hay zona en Europa con más montañas que ella. Por lo que Potes se rodea de volúmenes incansables. Con sabor a Reconquista y a monasterios, tierras del románico de los Beatos. Fue parte de Asturias y Castilla, y siempre ha recibido en cualquiera de sus formas, todo tipo de elogios y admiraciones. El corazón del pueblo está en el Ayuntamiento, situado en La Torre del Infantado. La villa muestra su nobleza en recias casas solariegas, con grandes portones y escudos. Destacan las torres de Orejón de La Lama y la de La Canal. Potes, como nombre, significa puente, y mucho tiene que ver en la construcción e historia que aguarda.
¡10! Allá vamos con el décimo. Santillana del Mar, el premio gordo de la costa occidental de Cantabria. Muy conocido como la villa de las tres mentiras: ni es santa, ni llana, ni tiene mar. Declarada conjunto histórico-artístico. Y como acompañamiento, tiene en sus inmediaciones la cueva de Altamira, Patrimonio de la Humanidad. Tiene una espectacular ubicación, y con un exterior precioso. En el interior, el casco histórico no defrauda, está formado por construcciones homogéneas de piedra, en su mayor parte de los siglos XIV al XVIII. Edificios destacados como Casa de los Valdivieso, Palacio de Velarde o de las Arenas y la Colegiata de Santa Juliana. Buen lugar para unas buenas anchoas de Santoña o el rico sobao pasiego.
Superando la barrera de la década, en el 11, alcanzamos Galicia con Betanzos. Concretamente, A Coruña es su provincia. Villa marinera por excelencia, pero también conjunto señorial presente en la solera de sus casas nobles y pazos. Cuenta con bellas iglesias de estilo gótico, entre las que destaca San Francisco. También es relevante el templo de Santiago, muy representativo. Calles empedradas, plazas con soportales, cafés con aire romántico, varias puertas de la antigua muralla y casonas con solera…todo ello proporciona una personalidad única a Betanzos. Personalidad propia de pueblos con tesón.
De un municipio marinero a otro. En la provincia de Vizcaya, Mundaca. Situado en la margen izquierda de la desembocadura de la ría de Mundaca. A 44km de Bilbao. Importante su iglesia románica de Santa María y la de Santa Catalina. Además, digno de ver el Palacio Larringa. Su localización es puramente natural, en el extremo norte de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Posee dos excepcionales miradores en el alto de Portuondo y en la atalaya del pueblo, desde los que se pueden apreciar los arenales y la desembocadura de la ría de Mundaca, y es punto de partida del sendero que remonta la ría hasta Guernica. No te lo puedes perder.
Hondarribia en el País Vasco. Un pueblo mucho más ciudad. En la provincia de Guipúzcoa, en la desembocadura del río Bidasoa, que hace de frontera natural con Hendaya (Francia). Y especialmente situado en la orilla oeste de la Bahía de Txingudi. Hay que reseñar el Palacio de Zuloaga, en el casco histórico, gran parte pertenece al siglo XVIII. Espectaculares y coloridas casas en el barrio del Puerto o de la Marina. Éste, el antiguo arrabal de la Magdalena, que estaba situado extramuros, tradicional barrio de pescadores. Magnífico.
El número dos, empezando por abajo de esta lista: Besalú. No abandonamos el norte, que nos ha atraído por más tiempo. En la comarca de La Garrocha, en la provincia de Gerona. Arquitectura medieval, ésa es su máxima. La imagen que más recuerdos nos ofrecen es la de su puente románico-gótico, bajo el que corre el río Fluvià. Pero no se queda ahí, pues Besalú conserva en sus calles todo el espíritu de la España romántica. En pocos pueblos se mantienen tan bien las coordenadas urbano-arquitectónicas de la Edad Media. Cualquier rincón de la villa ofrece una estampa que transporta a tiempos pasados.
Llegados a este punto, un número 15 tan grande y potente como Cadaqués. Sin abandonar la provincia de Gerona, en la comarca del Alto Ampurdán, se encuentra este municipio, el más oriental de la Península Ibérica, y ocupa la mayor parte de la costa de levante del macizo del cabo de Creus. Su nombre tiene un origen especial, es “Cap de Quers”, que se traduce por ‘Cabo de rocas’. Fundamental, la Casa Museo Salvador Dalí y Parque Natural del cabo de Creus. Teñido de blanco, su panorámica es única. Enamora.
Fin a un juego de 15 para satisfacer al viajero. Como siempre, el orden no afecta al conjunto, pues ninguno es más que otro en belleza y calidad. No siempre en el juego hay que ganar. De hecho, Jorge Luis Borges lo traduce: “yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara”. La felicidad y el placer de jugar es sólo eso, jugar.
Porque la vida necesita vida… Ya lo decía Will Smith en la película Hitch, “la vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento”.
“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad.
El mundo solo tendrá una generación de idiotas”
Este Albert Einstein dió en el clavo. Con todos los respetos, por lo idiota de la generación, pero sí. Sí es así. A colación del título, la tecnología y el mundo ‘red social’ ha creado un universo paralelo. Bien supo adivinar tal cosa el físico alemán. ‘#TierraQueMiraAlMar‘ porque es la identidad de la Comunidad Valenciana, la responsable de toda sensación a partir de ahora. Un juego de aventura y descanso, de lo rural y lo moderno, con aire acogedor dulce, y salado por el mar. Y ‘@Valencia‘ por su protagonismo, por ser dueña en Twitter de todo lo que en ella se despierta. Twitter como canal de historias que contar, la herramienta en el saco de la idiotez. Cuestiones a parte, la región valenciana nos roba el corazón, nos lleva en cuerpo y alma a un mirador hacia el mar, incomparable.
Mar Mediterráneo, su preferido. Con un clima donde el verano se estira. Más de 300 días de sol al año. La Costa de la Comunidad al completo cuenta con 632 kilómetros, repletos de puertos, playas y puestas de sol al azar. Comunitat Valenciana en valenciano. Ocupando el este de la Península, goza también de las islas Columbretes, la isla de Tabarca y algunas islas menores. Y una sorpresa en forma de Rincón, separado del territorio valenciano, anclado entre turolenses: el Rincón de Ademúz. Como Provincia en lo particular, limita con la de Castellón y Teruel, y Cuenca, Albacete y Alicante. Destacada su Valencia, pero también son apuestas fuertes: Gandía, Torrente, Sagunto, Paterna, Alcira, Requena o Buñol. De carácter fuerte, por lo montañoso de su interior. Famosa la huerta de los valencianos. Con litoral arenoso y de aguas profundas, de baja llanura, con una sola incertidumbre: su cabo de Cullera con el Golfo de Valencia que alcanza desde el cabo de la Nao al de Oropesa.
Valencia es el resultado de tierra de romanos, invadida por árabes y reconquistada por cristianos. Conserva el pasado multicultural, que se funde con un presente y futuro de regusto cosmopolita y moderno. Atesora cuatro Patrimonios de la Humanidad, sin ser otros que: Lonja de Valencia, pinturas rupestres del arco mediterráneo, Palmeral y Misteri d’Elx. Aunque para fascinante, la pasión por lo verde de la naturaleza a través de sus Parques Naturales. Y es que los bosques de pino y encina, las montañas del interior y los valles en su caída, dan paso a extensas playas de arena blanca para fundirse con el mar. Un cambio en degradado de pura originalidad. Siendo sus Parques como L’Albufera, Turia o Sierra Calderona, algunos de sus espacios naturales con una recomendación impepinable. El de L’Albufera, a 15km al sur de la ciudad de Valencia, un gran lago de agua dulce conectado con el mar Mediterráneo. Lo convierte en único lo dulce del agua junto con la biodiversidad del espacio protegido, un lugar muy valioso. Turia es el Parque Natural único por ser uno de los últimos pulmones forestales que sobreviven en Valencia, recorriendo las riberas del río Turia hasta Pedralba. Y Sierra Calderona, a caballo con la provincia de Castellón, un macizo montañoso teñido de bosques, barrancos, cumbres y manantiales.
Pensando en verde. Así palpita el tiempo en Valencia a tu paso por esos espacios de sonidos improvisados, por el soplido del viento, el calor apretando la tierra, las aves, el rugir de las ramas… Así de pensativo es tu viaje. Y ya lo decía Miguel de Unamuno, ‘hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento‘; un conjunto de dos, bien presentes aquí. Pensar para sentir. O como se suele decir, ‘piensa en verde para que la Tierra siga siendo azul‘. Con ello, de un salto, vamos a lo azul de su costa, de sus playas. Imposible no recorrer la provincia valenciana y no pisar la arena fina y caliente de las mismas. Véanse las playas en Valencia capital, de la ‘Devesa’ y ‘Las Arenas’; en Puçol, la playa ‘El Puig’; en L’Alboraia, la playa de la ‘Petacona’, o en Sueca, ‘Mareny Blau’. Opciones a lo largo de la costa de la provincia de Valencia que pisarás por capricho y deseo.
‘València, Terra i Mar’. Ya está dicho, es el mensaje de la Provincia y con el que llega al fin del mundo. Su punto de partida es el lugar más alejado de la costa, y un rincón favorito dueño de valencianos pero en territorio ajeno. El Rincón de Ademúz, ya citado. Uno de los parajes rurales más bellos de la Comunidad, una comarca accidentada. Entre tierras de Cuenca y Teruel, le descuelga de su madre Valencia por unos 15km, y constituye una zona geográfica con los valles que recorren los ríos Tuira, Ebrón y Boilgues. Es el comienzo del viaje, para descender hasta las llanuras y playas en Oliva, Sagunto o Cullera. Aunque, antes de hallar olor a mar y arena entre los dedos, importante parada en el Parque Natural de las Hoces del Cabriel, lindando con la provincia castellano-manchega de Cuenca. Importante cita y a destacar al margen de los expuestos anteriormente. Ocupa unas 31.446 hectáreas donde se hace particular el practicar rafting, escalada o descenso por barrancos. Siguiendo la ruta hacia el litoral, por donde descubrir también, ciudades como Xàtiva, la comarca del Alto Turia, Requena y su buen vino, Utiel, las masías y caminos en Sierra de Mariola y el relieve de Sierra Calderona.
Pueblos con raza. Bocairent, en la comarca del Valle de Albaida. Al extremo sur de la provincia. Lindezas en la zona antigua con la plaza del Ayuntamiento junto a la iglesia de la Virgen de la Asunción. En la comarca de la Huerta Norte, es donde destacamos Alboraia, un pueblo donde la chufa y su horchata es protagonista, junto con la ermita del Milagro de los peces. Alzira, capital de la Ribera Alta del Júcar, preciosa estampa la de su Muralla y el Monasterio de La Murta. De menor tamaño, Alborache, en la comarca de la Hoya de Buñol, posee un carácter a la vez abrupto y pintoresco. Vilamarxant, en la comarca del Campo de Turia, es una parada que ofrece naturaleza a través de su Paraje Natural Protegido de Les Rodanes. Y en la comarca de Los Serranos, el pueblo de Chulilla, con una vista general del mismo fascinante, y fundamental la visita a su castillo.
El orden de los factores no altera el producto. Ya se sabe. Por lo que la ruta por los altibajos de Valencia no exige un estricto seguimiento, ni por recomendación siquiera. Déjate llevar. Aunque no olvides disfrutar de la tranquilidad en un atardecer resplandeciente por las aguas de L’Albufera, con un paseo en barca. Y por supuesto, probar el arroz bomba de la zona, en su variedad en la mesa o una rica Horchata bien fresca.
Comer y dormir. Ambos placeres del hombre que aquí llegan.
‘Hotel L’Estació‘, en Bocairent, en la antigua y romántica estación de ferrocarril de vía estrecha del pueblo, con un aire típico valenciano, muy entrañable y donde descansar en tu camino. Otra opción de hospedaje, en Vilamarxant, ‘Hotel Mas de Canicattí‘, una finca por hotel, con un esmero y dedicación que respira en todos sus rincones, piscina, jardines…da cabida al máximo descanso. Mientras que en Xàtiva, se encuentra el ‘Hotel Mont-Sant‘, también con rico restaurante, a los pies del Castillo de Xàtiva, rodeado de naturaleza, una hostería muy pequeñita y elegante.
‘Taberna El Rabal‘ en el Rincón de Ademúz, típica taberna, auténtica y especializada en las tapas pero con un punto innovador y con excelentes productos. En L’Alboraia, en su playa Petacona que bien señalamos, abre las puertas un espectacular asador, ‘Brassa de Mar‘, carnes y pescados a la brasa, en un lugar precioso acompañado de un lounge bar para la noche. Muy cerca de Sagunto, en Canet d’En Berenguer, ‘El Galeón de Canet‘, con un lugar precioso y comida propia valenciana, sin faltar los arroces en su carta. Gandía es otra posible parada para el paladar, en su restaurante ‘Almar‘, una carta muy completa con platos muy bien presentados, en un espacio fresco y sencillo.
¿Irrepetible? ¿Incansable? ¿Imprescindible? ¿Inesperado? ¿Imposible? Un sinfín de preguntas en el viaje, con o sin respuesta. Todo, con tal de mantener viva la ilusión por este rincón mediterráneo de la Península. Albert Einstein, concluye, con que ‘Lo importante es no dejar de hacerse preguntas’.
PD: ‘El Mundo a la carta’ se une a la ‘idiotez’ del mundo tecnológico con su Twitter @viajaralacarta. ¡Síguelo!
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡Yo no sé
qué te diera por un beso!
Gustavo Adolfo Bécquer. RIMA XXIII.
Chapeau! Poeta. Uno grande. Uno que nació un 17 de febrero. Dejó en el aire palabras que hipnotizan. Bécquer es el mejor prólogo de esta historia. Castilla-La Mancha en su grandeza, y Cuenca en lo particular. Lugar del que enamorarse. Donde los capítulos se devoran y las páginas se deslizan con la mirada. Cuenca es un cuento, prueba de ello es su ‘ciudad encantada’. Por ella, ¡yo no sé que diera por ella! Un símil poético envidiable.
Cuenca, hermana de cuatro manchegas. Albacete, Ciudad Real, Guadalajara y Toledo pocos celos desprenden, pues es un juego de cinco grandes tesoros. Protagonista Cuenca esta vez, nos traslada a la época musulmana en la que se construyó la fortaleza de Qūnka. En árabe, Qūnka, ciudad que ostenta a los títulos de “Muy Noble, Muy Leal, Fidelísima y Heroica“. Conquenses son sus dueños, que aguardan una comarca con Serranía Media por nombre. Como provincia, limita con Valencia, Albacete, Ciudad Real, Toledo, Madrid, Guadalajara, y Teruel. Excelente situación para el viajero. Gran desconocida en sus 17.141 km cuadrados. Cinco comarcas: Alcarria conquense, La Mancha de Cuenca, Manchuela conquense, Serranía Alta, Serranía Media-Campichuelo y Serranía Baja. Un contraste de llanuras alteradas por su serranía. Explosión de belleza desde su capital, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, hasta parajes naturales de alrededores. ¡Comprobemos esa fusión!
Recorre Cuenca en 3, 2, 1…
NORTE. Extremo de la provincia para conocer Beteta, la antigua Vétera romana. Desde la que partiremos a los destinos próximos. En ella, el casco urbano y el Castillo de Rochafría forman la introducción a un itinerario acertado. Su Plaza Mayor cuenta con soportales de vigas de madera, muy serrano y auténtico. Del Castillo, coronando el paisaje con una arquitectura militar. Importante el Mirador de Masegar para comprender lo tremendo de Beteta como enclave. Cerca, Priego destaca por otro Castillo del que sólo se conserva el Torreón de Despeñaperros y la puerta de entrada, y como panorámica espectacular el Convento de San Miguel. 7 km ligeros le separan de Cañamares, donde el río Escabas hace de la zona una tranquila con praderas… Un remanso de paz que también nos acompañará en nuestro paso por Cañizares, esa villa que bien podría identificarse como el balcón de la Alta Serranía. Habiendo ya pasado por la Hoz de Beteta, nos queda su recuerdo…por su garganta kárstica, único acceso a la Villa de Beteta.
Como punto de partida de nuevo, Beteta, nos acerca a Cueva del Hierro de curiosa arquitectura negra, muy presenta esa piedra oscura en casas o en su iglesia. Dejándola atrás, a 1.300 metros de altura, nos topamos con el encinar más alto de la provincia en el valle del Masegar. Y Masegosa como continuación de un viaje múltiple en muchos sentidos. Masegosa está construida en un altiplano, muy abundante en cuevas. Sorprende. Siguiendo en la línea de Beteta, nuestra ocupación, terminamos en Poyatos, de origen medieval, se conserva de maravilla, con arquitectura de los siglos XV y XVI, ejemplo de ello son: el Arco del Concejo, la Parroquia de la Magdalena y el Ayuntamiento y restos de la antigua muralla.
Bajando, aún a 80 km de Cuenca, nos adentramos en la sierra para encontrarnos con lo más atractivo: el Nacimiento del Río Cuervo. Precipita sus aguas que van a despeñarse desde altas cornisas dando lugar a formaciones caprichosas que harán de tu boca agua. Para llegar al nacimiento es necesario remontar a pie los senderos de tierra marcados que caminan de forma paralela al curso del río, pasando por preciosas cascadas por donde se resbala el agua. No podrás perderte, aunque más quisiéramos hacerlo y toparnos con el silencio rebotando con las gotas del agua.
Con los ojos cerrados, nos dejamos caer hacia Cuenca. De obligado cumplimiento pueblos como Tragacete, Huélamo, Uña y Villalba de la Sierra. Un alto en el camino en todos, algunos de origen medieval que conservan historia a raudales. Y de un salto, de una hora al volante, toca disfrutar de la ilusión y la magia que esconde la provincia. Es la Ciudad Encantada. Paraje Natural de formaciones rocosas calcáreas o calizas formadas a lo largo de miles de años. Así se define y es el mayor reclamo turístico de la zona. Entre pinares de la Serranía conquense se encuentra, y a la que se accede con un precio de 3€. Declarada Sitio Natural de Interés Nacional en 1929. Gracias al viento, al agua y al hielo, hoy disfrutamos de secretos de la naturaleza como éste. La mirada se te escapa y las fotografías serán el mejor remedio. Una excursión de 3km aproximados, una hora y media de duración llena de juegos con las rocas.
Y sin más resistencia: CUENCA. Paseo a ciegas, para descubrir el espíritu, adivinar el paso del tiempo…es la realidad de una ciudad como ésta. Dar pasos bajo la luz del día, tímidos, para sentirte conquense por un día, dos o tres. Días, en plural, siempre serán la clave de su conocimiento. Visitar la Catedral, el Ayuntamiento, Torre de Mangana, Puente de San Pablo, su Plaza Mayor, y ¡cómo no! las Casas Colgadas. Lo más característico. Una serie de casas edificadas sobre la Hoz del Huécar. Su origen en el siglo XV, estiman, aportan una originalidad a la ciudad; con tres casas, de las cuales dos albergan el Museo de Arte Abstracto Español. Las Casas del Rey y la Casa de la Sirena es su otra denominación. No te pierdas detalle ni de su Museo de Arte, ni de su exterior desde el Puente de San Pablo.
Faltan palabras para un final así. Advertencia: perfecto plan hacerlo a la inversa. Y como no es de consideración quedarse con hambre o parar los pies. Allá va una selección de gustosos lugares de culto a la gastronomía manchega y de especial reseña.
-Ars Natura de Manuela de la Ossa. En un lugar precioso, y es poco decirlo así. Hacen magia con los platos. Perfecta presentación. Está ubicado en Cuenca, en la calle Río Grito nº5, no dudes en reservar.
-El Figón de Huécar. Es la antigua casa de José Luis Perales. Situado en la ciudad, con una terraza especial en verano que se asoma a la Hoz del Huécar. Una gastronomía al detalle y con un máximo cuidado en sus platos.
-La Masía. En Arcas de Villar, a 10 km de Cuenca. En plena naturaleza, al borde de la carretera que conduce a Valencia. Muy refinado y de alta cocina.
Tres opciones para sentarse a la mesa de aúpa. Si bien es importante el paladar, así lo consideramos en el buen dormir:
-Hotel Convento Del Giraldo. En un edificio del siglo XVII, a escasos metros de la Catedral y de la Plaza Mayor. Pequeño, con mucho encanto y donde gozar de la pura tranquilidad en puro centro.
-Hotel Francabel. Hotel reformado con un aire muy moderno, cerca del centro de la ciudad. Genial relación calidad-precio.
-Hotel Boutique Pinar. Algo más exquisito. A 7 km de la ciudad de Cuenca. Diseño vanguardista. Para escapadas especiales.
-Hotel Los Tilos. En Beteta, con unas vistas a la naturaleza de lo más relajantes. De un aire rural y de lo más acogedor.
Ya sólo queda iniciar el camino. Todo, para poder disfrutar de los recuerdos de tu viaje, porque significa vivir dos veces. ¿Quién no querría vivir x2?
Vivir 2, 3, 4,….veces CUENCA.
Mediterráneamente. Así es y así está Castellón. Provincia y ciudad de la Plana. Un mix de lo rural, monumental, cultural, turístico, moderno e innovador. Un perfecto todo. Una tierra bañada en el mar de mejores vistas al calor, ese Mediterráneo que acaricia los 120km de costa castellonense. Aguardando un paisaje montañoso de interior. Castelló es su presentación valenciana. En el Este del país, con Tarragona, Teruel y Valencia de testigos. Y no te olvides de su nombre, en el que son protagonistas sus playas, la ‘Costa de Azahar‘. Y es azahar la flor apreciada por su belleza, aroma y propiedades terapéuticas. Un símil de lo más acertado.
Como Provincia es una grande. Como capital, de la Plana, no traiciona. Más que cualquier barbaridad, Castellón conquista. Por tierra, mar y aire. En la comarca de la Plana Alta. Los castellonenses acogen al viajero con temperaturas muy apetecibles. Y te sentarán a la mesa con paella como la estrella, o arroz en sus múltiples facetas. Un gran patrimonio que bien descubre lo escondido de la ciudad. La concatedral de Santa María la Mayor, la Torre Campanario El Fadrí, el Palacio Municipal o el Palacio Episcopal, la Plaza de Toros, y la Ermita de Santa María Magdalena son ‘a bote pronto’, algunas de sus magnificencias. Recorrer sus calles para toparte con semejantes regalos. Especial recomendación su Mercado Central, para hacerte con ricos y frescos productos de la tierra. Precisamente hacerte con la ciudad es una tarea más que fácil, por el disfrute; y más que complicada, por el cansancio. Pero nada vale para abandonar sus calles hasta entrada la noche y descansar en el hotel. Por su parte, gran oferta hotelera, indecisa elección. Ahí va una selección: ‘Luz Castellón‘, tremendo, moderno, muy fresco, y con una estupenda localización; ‘Port Azahar‘, pequeñito, a escasos minutos del centro, frente a la Marina, muy acogedor y renovado; ‘AC Castellón’, también muy céntrico, un aire moderno propio de la cadena AC, ideal para un fin de semana.
Hospedados. Con mapa en mano. Cámara y acción.
Dirección sur. Es el destino mejor guardado. Castellón de la Plana, de primer plano. Envolvente, da paso a rincones del sur. Es el sur más reconocido con los municipios de Burriana, Moncofa, Nules, Xilxes y Almenara. Reclamos en el mundo entero. Una suma total de 35 kilómetros de costa. Sensación de escalofrío. Zonas de aguas tranquilas, paseos por la playa, sol puro, poblaciones marítimas como máximo exponente. Gustosas sus vistas, de entornos naturales, aves volando y campos de naranjos.
Playas vírgenes y de canto rodado. Donde el deporte es tuyo. En Burriana, el más norteño, con su Malvarrosa, Grao y L’Arenal. De un salto, Nules ofrece tranquilidad, con un ‘playeo’ halagador. Mientras que Moncofa derrocha zonas de arena densas y fuertes, con gran carácter internacional. Xilxes nos da ese punto familiar, de belleza perfecta, lleno de momentos para el recuerdo. Con un final muy natural, por Almenara y sus arrozales, en ella encontramos Casablanca, la playa extensísima que hace de límite de la provincia.
Sacudimos los pies. Arena fuera de bolsillos, toalla y chanclas. Todo con tal de gozar con la naturaleza de interior. Una parte rica en contrastes de verde y amarillo. Toda ruta que marques en el mapa será adecuada, aunque mucho más lo será perderte. Descubrir a ojo lo que ofrece esta parte del Mediterráneo es el plan A. No hay B, no hay doble cara. Es buen comienzo la Desembocadura del Millars: una zona húmeda que acoge alrededor de 200 especies distintas, un paisaje recientemente protegido. Privilegio es también dar un segundo paso en L’Estany de Nules, un Paraje Natural Municipal, junto al mar, donde se cultivaba arroz y donde ahora verás un bosque de ribera a todo color, completamente vivo de especies únicas. Si bien hemos cumplido expectativas, Puntal de Nules, no las abandona; a los pies de la Sierra de Espadán, desde donde fotografiar el choque de lo verde y lo azul del mar. Y como acompañamiento, L’Estany d’Almenara, son tres lagos con biodiversidad animal muy rica, donde el reflejo del cielo hace cuentos imposibles.
La naranja, el espejo del alma. Un tapiz verde de los Naranjos es la imagen del Sur de Castellón. Gracias a ellos, la flor de Azahar da un aroma que no se olvida. Perfume que impregna tu memoria. El clima de esta zona, junto con la protección que da la Sierra de Espadán, hace de las naranjas, un sueño. Precioso bocado, dicen por ahí. Más que oírlo, mejor palparlo. ¡Acércate al paraíso castellonense!
Hay más motivos que hacen de ella, de la Provincia, de su Sur…una especial y necesaria. En lo referente a la historia, grandes estructuras arquitectónicas se ven postradas en estos municipios. Véanse la Iglesia de los Santos Juanes en Almenara y sus Murallas, en Moncofa la Iglesia de Santa María de Magdalena y su Ermita, mientras que Nules ofrece un Recinto amurallado precioso y la Villa romana Benicató; la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y Fuente la Unión son protagonistas en Xilxes, y en Burriana, la Iglesia de El Salvador. Un conjunto de cinco pueblos, no tan pueblos. Atravesarlos a pie, en bici o con la mirada, es todo lo que debes hacer en tu próxima escapada.
Castellón por el sur. Meditierránemante, tiene todo lo que quieres.
PD: @viajaralacarta ¡¡te espera!! #Mediterráneamente
Como reflejo de la sufrida despedida de una Extremadura viva y ‘en estado puro‘, de la que se hizo cargo la entrada anterior, procedemos a darle gusto a un ambiente muy extremeño de la mano de su segunda apoderada: BADAJOZ. Tierra de gastronomía superior. Rodeada de su hermana Cáceres, de Toledo y Ciudad Real; por el sur, Córdoba, Sevilla y Huelva, y hacia el exterior, Portugal. Tercera provincia más extensa de España y gran desconocida, nos brinda una oportunidad a todo color. Una escapada que no se escapa de este frío Febrero. Con ‘fecha’ y ‘nombre y apellidos’, así se presenta esta procesión de placeres: Carnaval de Badajoz, del 8 al 12 de febrero.
Con cortesía, Badajoz se presenta. En árabe, ‘Batalyaws’, una etiqueta muy atractiva. Está anclada a la comarca de Tierra de Badajoz. Nacida en el siglo IX. El río Guadiana es su guía hidrográfica de este a oeste. Los pacenses albergan un clima bien frío en invierno, muy contrario al de su verano con 40 grados. Se ha unido a la moda de la bicicleta, en alquiler o propiedad, para recorrer la ciudad a dos ruedas. Acceder a ella por tierra y aire, siendo su aeropuerto, a 14 kilómetros de la ciudad, su mejor opción. La compañía aérea ‘Helitt’ opera a muy buenos precios desde Málaga, Madrid y Barcelona.
Hospitalidad y filosofía inundan las calles. Badajoz y su magia son algo tan desconcertante y misterioso como intrigante. Ciudad plena de recuerdos árabes, orgullosa de palmeras y chumberas. Bajo un cielo azul, muy desértico, se encuentra ella, rodeada de lo rural, y que reafirma en cada uno de sus rincones su orgullo urbano, su solera de vieja ciudad. Fronteriza y filosófica se antepone Badajoz, con su presentera ‘Puerta de las Palmas‘, escoltada por dos admirables torres almenadas de manufactura islámica. Esa es la emblemática estampa, aunque juega con un rival: el ‘Puente de las Palmas‘, que nos conduce a dicha Puerta. Un Puente que no deja indiferente, con sus 32 arcos, nada menos. Una pena que no tenga el perfecto enclave de su historia, con las murallas bien conservadas y completas, pues fueron derribadas por algún desdichado que prefirió dar rienda suelta al cemento y hormigón. Los restos de las mismas son el símbolo pacense, fiel a sí misma.
Es Badajoz ciudad del buen caminar, de plazas pequeñas e íntimas, sombreadas, de grandes avenidas modernas y estrechas, calles resguardadas del frío y del sol, liberadas del tráfico, laberintos de bares, tabernas, comercios… Contraste de ideas. Bullicio de vecinos y turistas que dan vida a calles de pintores, escritores, militares… La popular ‘Plaza Alta‘, a pie de las murallas, es un buen comienzo. Portificada, bajo sus arcos se celebraban mercados en la Edad Media. Las calles que rodean la plaza tienen un sabor especial. Y desde ella, asoma la ‘Torre de Espantaperros’. Luego está la ‘Plaza de Cervantes‘, una de las mejores de la ciudad. Allí se encuentra el monumento a Zurbarán y la iglesia de San Andrés. De plaza en plaza, la de ‘España‘, sin faltar, es donde nos topamos con el verdadero alma de Badajoz. Es lugar de encuentros, saludos, paseos, terrazas entoldadas con grupos, y otros secretos contados. Con la ‘Catedral de San Juan Bautista’ como testigo, los pacenses disfrutan de tascas y mesones que dan el buen jamón y vino de Cañamero. Aunque el vino, se da en otras facetas, en tinto, con cuerpo, áspero, de mucho empuje…en cualquiera de ellas se ve reflejada una denominación extremeña bien dispar. Para terminar una visita histórica, marchad a la ‘Alcazaba de Badajoz‘, anclada en el Cerro de la Muela rodeando la antigua ciudad de la época musulmana.
Sin demorarnos más. Advertidos estáis de las muchas y tremendas calles en Badajoz con solera. Ellas se abren ante nosotros, y por las que veremos pasar este fin de semana el espíritu carnavalero. Reservadas esas fechas en tu calendario, con todo listo para la franja 8-12F, ¡allá vamos!
Lo primero, aterrizamos con equipaje y horas de viaje a la espalda y… ¿dónde hospedarnos? Tres opciones en distintos puntos. ‘NH Gran Hotel Casino de Extremadura‘, tremenda recomendación, muy moderno y de genial servicio, junto al río Guadiana, a 10 minutos a pie del centro de la ciudad de Badajoz y de la Alcazaba. ‘Husa Zurbarán‘, de ambiente tranquilo y con un aire más tradicional, muy cerca del Museo de Bellas Artes. ‘Confortel Golf Badajoz‘, esta opción está apartada del centro, ofrece descanso y tranquilidad en tu escapada, preciosas instalaciones, junto al campo de golf Guadiana, y a 15 minutos en coche del centro. Según tus intenciones, podrás disfrutar de uno de estos tres lujos por hotel.
El siguiente paso a seguir: el Carnaval. Esa fiesta que se viste de color, llena de “mascaradas, comparsas, bailes y otros regocijos bulliciosos”. El disfraz como protagonista. Y es que en sus noches, todo vale. El de Badajoz fue declarado de Interés Turístico Nacional en 2011 por el Gobierno de España. Una masiva fiesta donde la diversión está servida a todas horas. Raro será no chocarse con gente bajo máscaras y telas. Se cifra en 80.000 las personas que abordan las calles del casco antiguo y alrededores. Es un evento que sube como la espuma cada año, y este 2013 te toca a ti, ¡súmate a su magia!
Inaugurado queda días atrás con su ‘Fiesta de las Candelas‘ (como despedida del carnaval del año anterior), en la que al llegar la noche se queman unas enormes hogueras, y las comparsas tocan su instrumentos de percusión en un concurso conocido como ‘La Tamborada’, que se hace en la Barriada de San Fernando. No es mal comienzo que da la bienvenida a 5 días de ajetreo sin fin. De viernes a martes. Siendo el primer día el desfile infantil, trazando calles hasta la Plaza de España, donde miles de personas esperan el Pregón. Desde ahí, toda sorpresa es posible, acompañada de actuaciones diurnas y nocturnas que colman de alegría la ciudad. Son las murgas las encargadas de ello, y es concretamente a la luz del día cuando se trasladan a la Plaza Alta, donde pasar un rato agradable rodeado de los carnavaleros menos noctámbulos.
Badajoz disfrazada. Así se define el fin de semana, en el que su sábado ofrece ‘Concurso de Disfraces y Comparsas infantiles‘. Pero es éste su mayor premio: el sábado. Un día de jolgorio, sus 24 horas, donde reconocer vecinos de localidades extremeñas, y portugueses unidos a la curiosidad de la festividad. De concurso en concurso, el domingo amanece cansado para los nocturnos, pero bien despierto para los grupos que acuden al Paseo Fluvial, Santa Marina y Avenida de Europa para ver el ‘Gran Desfile‘. Una noche larga de Carnaval da la bienvenida al martes, el colofón, con el ‘Entierro de la Sardina’ en el Barrio de San Roque.
Y… qué mejor broche final que su gastronomía. Con un sabor único gracias a platos tan típicos de Badajoz como los elaborados con productos del campo, carne de caza (perdices, palomas, tórtolas, venados), o el rico morcón y jamón ibérico, que perfeccionan el paladar. Dos sitios de tapeo exquisitos son ‘El Sigar‘, un lugar moderno y muy fresco, con una barra llena de platos muy apetecibles como: la ensalada de queso de cabra rebozado, pan tostado de foie y módena o el crujiente de espinacas con bacalao. Lo máximo de la cocina extremeña, con buen producto. O bien, ‘Lo Nuestro‘, situado en la Plaza de los Alféreces, mucho más céntrico; calidad-precio que te sorprenderá, producto de la tierra combinado con platos creativos en una barra acogedora, unas croquetas de jamón y solomillo de ternera de “olé”.
No queda más que ¡IR!. Badajoz disfrazada y… consigue un Febrero diferente. <<Con frecuencia el hombre busca una diversión y encuentra una compañera>>, André Maurois. El novelista francés así lo decía. Un símil perfecto. Badajoz, tu compañera.



