Skip to content

Un viaje extremadamente especial

2014 enero 16
por Beatriz Acosta

De esa que combina verde, blanco y negro. De esa que brilla al sol y a la luna. De esa vecina de Portugal. De esa extremeña con Mérida a la cabeza. De esa, perdemos las letras en lo que comienza en 3, 2, 1… Una ‘dehesa’ infinita. Aunque un nombre a veces desconocido, es EXTREMADamente especial. Con juegos de palabras se presenta la Comunidad acogedora que se tilda de poco sospechosa: EXTREMADURA.

Muchas veces lo desconocido se hace necesario. Cautiva lo impropio de lo típico. Regusto el que permanece en su ausencia. Flashes de vida en tu memoria por la experiencia de escondites extremeños. Paladar con sabores inimaginables. Sensaciones que desprenden envidia y que ensalzan un lugar de España semiescondido. Muy presente en sus límites cartográficos pero de tímido carácter para el público. Desnudarla es el mejor remedio para su historial. Muchos son sus puntos de vista, como forma de conocerla de arriba a abajo. En cualquiera de ellos, toma un reconocimiento con nota. Pero toca, con el permiso de sus paisanos, dar pie a cuatro grandes portentos de historia y monumentos: Cáceres, Trujillo, Guadalupe y Mérida. De aúpa.

Cada casa, un palacio. Cada piedra, un tesoro. Cada hombre, un hidalgo“. Así se define Cáceres, y con ello, ya inquieta. Presenta uno de los conjuntos Monumentales más importantes de España, y por no quedarnos cortos, hasta del mundo. Tanto por la conservación como por la densidad artística. La UNESCO supo premiar su presencia al declararla en 1986 Patrimonio de la Humanidad. La Ciudad Vieja de Cáceres, como renombre de su complejo urbano repleto de Edad Media y de Renacimiento. La ciudad es un exceso (sin empachar) arquitectónico. Entre sus calles es evidente su valía, y bien merece la visita por su aire a pie. Aunque con tal suerte, si es mezclada con rincones tales como la Plaza Mayor, las murallas, la Torre de Bujaco, el Arco de la Estrella o la Plaza de Santa María (entre otros), ya no habría excusa de escapatoria. Un tesoro descomunal, y en el que es difícil dirigir una ruta. No queda otra que empezar por donde buenamente se pueda, y resignarse a ver mucho menos de lo que deberíamos, sea cual sea la duración de la estancia.

A continuación de esos rincones citados, también los palacios del Obispo, Mayoralgo, Moctezuma y los Golfines o la iglesia de Santa María; son todos parte artística de los siglos XVI y XVII. Pero Cáceres, es bastante más que su pasado. Presenta proyectos de futuro casi incomparables con lo viejo. Un ejemplo que conjura lo nuevo y lo viejo son las facultades universitarias ancladas en palacios ancestrales. Al margen de las buenas vistas a tu paso, igual satisfacción merece el estómago. De obligado cumplimiento es tomarse unos pinchos a base de jamón, vino y de broche final el licor de bellotas, por las cuestas de la calle Aldana o sentado en uno de los acogedores lugares del paseo de Canóvas. De espectacular mención, el Restaurante y Hotel Atrio, con premio de estrellas Michelín, un lugar donde el acierto es seguro pero de gran categoría. Otras opciones accesibles son el Restaurante El Figón de Eustaquio un sitio con mucha historia y gran calidad en su cocina, y la Torre de Sande, en un espacio único y sin palabras. Para dormir, el Hotel Fontecruz, situado a las afueras y con un gran carácter de descanso ensalzado por su spa; o sino, en el mismo centro, el Hotel AH Ágora, con una ire moderno y de gastronomía muy apetecible.Una hora de conducción hacia el sur separan a Cáceres de Mérida, pero mejor ésta como punto y final. Por lo que ¡cambio de rumbo! En dirección Este, 30 minutillos al volante y Trujillo es todo tuyo. Dispuestos a la aventura… Un poco a caballo de esa frase tan afamada de “Extremadura, tierra de conquistadores“. Pues bien, aventureros fueron aquellos Hernán Cortés, Francisco Pizarro o García de Paradas, entre otro buen puñado; al igual que somos aventureros oportunistas nosotros, al paso por este municipio. Protagonsita es su Plaza Mayor, de soportales y presidiendo el caballo de Pizarro: este conjunto es imán para los que están y los que llegan. No sólo es centro de miradas este núcleo, también en su conservado complejo urbano, Trujillo se divide en dos zonas repletas de fotografías maravillosas. “La Villa”, más antigua y elevada, y por otro lado, bajo el suelo, donde se encuentran los restos históricos sobre los que posa el pueblo.

A poco que hayamos caminado por Trujillo, habremos advertido la presencia del castillo o alcazaba que domina la ciudad y la llanura, castillo que has de visitar en noches de luna llena. Un mayor disfrute de esta parte, que junto al paseo por sus calles es un lujo. Subir y bajar por ellas, para rodearnos de piedra, arcos y rejas. E importante tarea la de ojear la iglesia de Santa María la Mayor. Con cansancio asegurado, quédate a comer por este tesoro en bruto, con la buenísima opción del Parador, anclado en el Palacio de Santa Clara. Platos como la sopa de tomate con higos, gazpacho blanco o una buena perdiz al jerez, sabrán reconquistarte. Las sugerencias son: el “Restaurante La Troya”, mesón tradicional, muy acogedor y con platos típicos; o el “Restaurante Pizarro”, también en el centro, con toques creativos pero de platos puramente extremeños. Buenísimas opciones. En cuestión de sueño, los hoteles NH Palacio de Santa Marta en un palacio del siglo XVI remodelado, que ofrece una extraordinaria combinación de diseño tradicional y moderna comodidad; y el Hotel Izán de aire más tradicional y muy acogedor. Ambos situados en el centro de Trujillo.Destino Guadalupe. Una excursión de más trayecto pero con recompensa. Al Este de Trujillo, aún en la provincia de Cárceres. Se encuentra este pueblo ‘pequeñito, pero matón’. Matón, y mucho, por su secreto mejor guardado: el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. Éste, es considerado uno de los mayores símbolos de la comunidad extremeña, y su virgen de Guadalupe es patrona de la región. Al frente de espacios verdes, de agua corriendo libre por jarales, retamas y brezos. Entre calles estrechas y empinadas, el viajero encuentra un lugar de fachadas blancas y casas con huertos. Muy auténtico. El Monasterio, fundado por Alfonso XI de Castilla en el siglo XIV es su máximo resplandor, que mezcla lo gótico y mudéjar, de piedra y ladrillo y de torre cuadrada y redonda. Buen provecho, tras una visita enriquecedora, en la Hospedería del Real Monasterio, donde también poder dormir, al igual que en el Parador Nacional Zurbarán.La vigencia de la estética romana dos mil años después“. Esto es Mérida. Emérita, con más dulzura al nombrarla. LA capital en mayúsculas de Extremadura. A través de ella palpamos historia de siglos atrás, y que invita al viajero a descubrir la huella de Roma por cada extremo. Porque Mérida es todavía, en muchos sentidos, la gran Emérita del primer Milenio. Y sobre todo, alberga tal cantidad de tesoros monumentales que no tiene rival en el mundo que atestigüe la forma de vida de los antiguos romanos. Precisamente, exceso es el quid de la cuestión. Imposible recorrer la ciudad de un golpe y porrazo. El viajero se empeña en aprovechar un recorrido para meterse a los emeritenses en el bolsillo: craso error. Hay que recordar que es un viaje en el tiempo, de calma y sabio conocimiento. Una solución al ansia por observar, es disfrutar de la gastronomía a ratos, con la caza, el queso o el embutido como protagonistas. Podrás hacer el descanso en alguno de estos hoteles, como sugerencia personal: La Flor De Al-Andalus, muy moderno y con un estilo árabe, muy céntrico, tan acogedor y tan cuidado…merece la pena; por otro lado, Capitolio Apartamentos Turísticos es una opción muy diferente pero totalmente recomendable, a todo color y con un servicio impecable, de calificación sobresaliente; y el Hotel & Boutique Spa Adealba, con una categoría superior, se presenta para un mayor descanso gracias a su Spa y sus amplias instalaciones, también en el corazón de Mérida, es un hogar de diseño anclado a un elegante edificio del siglo XIX.Atravesada por el río Guadiana y el río Albarregas. Su conjunto arqueológico fue declarado por la UNESCO, en 1993, Patrimonio de la Humanidad. Con un clima bastante envidiable. Es bien sabido que no pueden quedar pendientes visitas como: Teatro romano, Anfiteatro, Circo romano, Acueducto de los Milagros, Templo de Diana, Arco de Trajano; y sin lugar a dudas, no podemos abandonarla sin pasar por el Museo Arqueológico, cuyo edificio es obra de Rafael Moneo. Un claro ejemplo de cómo una ciudad no se resigna a vivir de las glorias del pasado, y fundamental para conocer una excelente colección de objetos de época romana.

Muchas veces, ‘una imagen vale más que mil palabras’. Mucho temo que Extremadura nunca es suficiente, ni en pintura. Acércate al espacio gastronómico insaciable y al paraíso cultural que alberga cada curva de su cuerpo.

Extremadura es por y para siempre.

¿A qué sabe Madrid en el mes de diciembre?

2013 diciembre 5
por Beatriz Acosta

A marcar en el calendario este plan perfecto: una forma diferente de hacer turismo, degustando platos de lugares exquisitos en Madrid. Una selección de locales desde los que poder visitar lo mejor de la ciudad. Lo que prima esta vez será el comer, y lo que llegará después serán las visitas, los paseos y las compras en zonas aledañas. La gastronomía se vuelve protagonista en esta historia. Y es que se acerca diciembre, el mes mágico por excelencia. El frio de la capital se hace intenso pero envolvente entre sus calles. Madrid en el puente de la Constitución, en fin de semana cualquiera o en Navidad…¡más que un acierto!

<<Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo>>. Así resumía su filosofía el madrileño José Ortega y Gasset, aparecida en Meditaciones del Quijote en 1914. Casi 100 años después seguimos recordándola. Es el reflejo de que el hombre debe atender a todo lo que le rodea, sin límites ni abrumaciones. A su alrededor tiene circunstancias, y su misión es satisfacerlas. Siendo así, será importante el homenaje a Madrid, como el viaje que debemos provocar para sobrevivir. Con ello, damos valor a las vivencias, al fluir del tiempo y a darle sentido a lo que recorre por nuestra mente. Madrid se convierte en el deseo cumplido este mes de diciembre.

Mes blanco, como comienzo de nevadas. Mes primerizo de invierno. Mes navideño y familiar. Premiado por su capacidad de reunir a las personas. Con gran experiencia en despedida-bienvenida de dos años bien distintos: el que termina un 31 de diciembre con ilusión y satisfacción, y el que comienza un 1 de enero, con nuevas metas y oportunidades. Es por todo lo que ofrece, por lo que lo elegimos para que abrace a Madrid en todas sus noches.

La capital de España, centro de todas las miradas de las Comunidades de la Península. La Villa y Corte, situada en el centro de la Meseta Central. Achuchada por Guadalajara, Cuenca, Toledo, Ávila y Segovia. En su interior, cuenta con un rico patrimonio artístico y natural, con tres bienes Patrimonio de la Humanidad: el Monasterio y Sitio de El Escorial, la Universidad y casco histórico de Alcalá de Henares, y el Paisaje cultural de Aranjuez. Éstos, a las afueras de la capital, pero tan suyo y parte de su personalidad. Grandes zonas las que dan jugo a la ciudad, tan interminables sus puntos clave que acotamos con la ayuda de la gastronomía. Así está decidido, y así pasamos un viaje dedicado al estómago. Muy típicas sus tapas, como representación de la costumbre española para los turistas extranjeros, aunque también muy involucrada su cocina, en los platos de cuchillo y tenedor, con más sobriedad y mayor tranquilidad en la mesa.

Manos a la obra (o a la mesa) con ello. Del centro hacia sus alrededores, para seguir un orden, aunque siempre al gusto… con la flexibilidad del que lo disfrute.

Damos los primeros pasos en La Latina y su Cava Baja, en el llamado Madrid de los Austrias. Encontramos dos sitios de tapas: uno para comer y otro para el postre, muy original. ‘El Tempranillo’, taberna con especialidad en vinos, sus buenas tostas y con un ambiente agradable. ‘Angelika Cinema Lounge‘ para endulzarte, un nuevo concepto de bar para los amantes del cine y donde tomar un café o una copa combinándolo con una peli en compañía. De ahí, andando sólo 8 minutos, directos a la Plaza Mayor de obligado recorrido, cuyos recovecos estarán llenos de gente y de puestos navideños. Y saliendo de la misma, por la Calle de Ciudad Rodrigo, para toparnos con el lugar gastronómico por excelencia en estas callejuelas: el Mercado de San Miguel, que conserva su estructura original de hierro de principios del siglo XX; con una interior precioso, de dos plantas y una superficie de 1.200 metros cuadrados.Callejear es el cometido. Aunque el metro nos ayudará en grandes desplazamientos, pero el centro hay que vivirlo de pie y a pasos tímidos para cotillear lo inesperado. Después de un pastel, unas castañas asadas o un creppe en el Mercado…vamos hacia la Calle Mayor, por donde alcanzaremos la Catedral de la Almudena y el Palacio Real. Dos monumentos de aúpa, y cuyos alrededores son de cuento, bien sea por los jardines en la Plaza de Oriente o por los perfectos Jardines de Sabatini. De jardín en jardín y tiramos hacia Plaza de España, inundada de jóvenes y cuya rama más emblemática es Gran Vía. La más grande, la de los teatros, la que se abre ante ti llena de tiendas y de luces que reclaman tu atención. Y de 10 minutos en 10 minutos entre estos trayectos, llegamos a la Plaza de Callao y con ella, la inseparable Puerta del Sol. Y como diríamos por la capital, ya que estamos seguimos un poquito más y vemos la Plaza de Santa Ana (a escasos 3 minutos) y de la mano de la plaza, por la Calle del Prado nos chocamos con “los leones” de Las Cortes. Respiramos hondo… Demasiada información contenida y registrada en nuestra memoria. Fotografía tras fotografía, pedimos un descanso. Cualquier bar o terraza de la Plaza de Santa Ana, aclimatadas con estufas muy acogedoras, será buena elección y un alto en el camino muy halagador.

Terminaremos con empacho, pero que nos quiten lo bailado. Es la filosofía de esta historia, porque no podemos verlo de otra manera. Madrid y el buen comer van de la mano y de los pies. Pero el respiro lo podemos hacer, descansar y esperar un nuevo día.

Un nuevo día que amanece, y los pies inquietos piden más. El centro ya más que mascado, nos da tregua para palpar el arte madrileño en la zona norte. Eso significa menos bullicio pero mucho por ver. El Área de Negocios de las Cuatro Torres, son los cuatro rascacielos más altos de España, cada uno con un tipín diferente. Y otra parte financiera, la postrada en la zona de Azca, frente al magnífico Estadio Santiago Bernabeu. Todo se asienta en el Paseo de la Castellana, nuestra guía para mantenernos localizados. Concretamente, frente al Bernabeu, en la Calle General Perón, entramos en la ‘Taberna de Viavelez‘ y a pocos metros, el restaurante ‘Don Lisander‘. Dos estilos, dos mundos. La taberna es conocida por los clientes como la gran barra de Madrid, con un tapeo muy casero y moderno con un local fresco e informal. Y el segundo, un restaurante pequeño, puramente italiano, con una de las mejores cocinas de pizza de la ciudad, y unos entrantes muy originales. Elige según el apetito y las ganas de saborear la cocina de aquí o de allí.

Digerimos bien. Abandonamos esta parte norte del Paseo de la Castellana. Y en metro, hasta la Plaza de Colón. Es un tramo más largo, una bajada por la amplia avenida, para llegar a nuestro último punto del día, aunque bien extenso. Hablamos entonces, del Barrio de Salamanca, enganchado a la Plaza de Colón por la Calle de Goya y de Serrano. Ansia de compras automáticamente al pisotearlas. De principio a fin, que corra la imaginación por este Barrio de un ambiente más “chic”. Además, desde Serrano, imprescindible ya que estamos, llegar a la Puerta de Alcalá, y con ella, ver El Retiro. Un compendio de sitios sin guía fija. Al gusto el tiempo en cada parada. Aguantarás el atardecer por aquí, por lo que ya en la cena apuesto por el ‘Lateral‘ o ‘Luzi Bombón‘, o ambos. En las inmediaciones de Serrano, con entrada en la Castellana. Ambos son posibles de una sóla vez, uno de tapeo y otro como local de copas. El primero, de ambiente envidiable, en la noche es precioso a la luz de las velas, de tapas buenísimas, con toque moderno, gran atención y rapidez, y una carta repleta de posibilidades. El segundo, ofrece una parte de restaurante, algo más serio y de sentarse, pero lo combina con una barra de tapeo, y una tercera sorpresa: la de cocktelería. Podrás combinar los dos para rematar una jugada imparable.

Una jugada que termina con un viaje culinario muy singular. Secretos de Madrid al descubierto para que los disfrutes a bocados. Un Madrid diferente, sano y abundante. Que espero que aproveche (y no empache) y siente de maravilla… ¡feliz mes de diciembre!

Aprieta el frío en la Sierra de Madrid

2013 noviembre 28
por Beatriz Acosta

FRÍO.
Ahora cuando aprieta.
Cuando su roce sobre la piel se descompone en hielo. Cuando el viento nos desnuda. Cuando hace calor al sol, pero frío. Cuando respirar se traduce en humo. Cuando un abrazo ansia ser constante. Cuando el otoño juega a ser invierno. Cuando los días se vuelven noche. Cuando el vaho deja dibujar con los dedos. Cuando las nieblas ocultan ciudades. Cuando el frío disfraza nuestros cuerpos.
Cuando.

Toca pasar frío, pero del que no duele. Este otoño tardío, que tiñe las calles y cruje en los suelos, de charcos mojados, de noches tempranas y hogares de ardiente calor que empañan ventanas. Un otoño que ya se funde con el invierno en las sierras de la Comunidad de Madrid. Nos desplazamos al punto central de la Península para envolvernos del alma de pueblos y paisajes de la Sierra Norte de Madrid y la Sierra de Guadarrama. En el extremo septentrional y al este de la capital, respectivamente, nos marchamos hasta Montejo de la Sierra, Rascafría, Manzanares el Real y San Lorenzo de El Escorial.

Montejo de la Sierra, concretamente en la Sierra del Rincón, en el pico superior que forma la Comunidad. Los montejanos son pocos, no más de 360 habitan sus calles. Cuidan de un municipio precioso, muy típico de montaña y con un encanto otoñal. De vegetación compuesta por extensas praderas y bosques caducifolios y de coníferas. Además, discurre por aquí el río Jarama, y el arroyo de la Mata que divide en dos la parte urbana de Montejo, uniéndose al final con el río Lozoya. Sin olidarnos del Hayedo de Montejo, un paraje que tiene la catalogación oficial de Sitio Natural de Interés Nacional. No querrás marchar de lo mágico que es. Un sueño lleno de color. Un bosque de hayas de unas 250 hectáreas, que se mantiene vivo dada a la humedad constante, captada por las masas de aire, y que existe desde épocas postglaciales. Sus hayas, enormes, de más de 20 metros de altura, pero también verás entre ellas a robles, cerezos silvestres, avellanos, abedules, acebos o brezos, aunque en mucha menor proporción. Por cierto, en la visita guiada te contarán que algunas hayas tienen nombres como la de la Roca que tiene más de 250 años.

Eso sí, para adentrarte en el bosque, deberás reservar. La gran afluencia de personas ha provocado que el acceso sea restringido. El pase puede obtenerse gratuitamente en la oficina que hay en Montejo o bien a través de internet accediendo a la página web de la Sierra del Rincón. Recuerda, el tiempo de visita es de una hora y media aproximada, unos tres kilómetros.

Relajarte será la mejor opción después de conocer Montejo, así como endulzarte con lo más rico:

Hotel Restaurante Montedeltejo

Calle Pozo, 23

Casa Rural Fuente del Arca

Calle Fuente del Arca, 26

Pastelería Nani
Plaza Mayor, 3

Rascafría llega de la mano del Valle Alto de Lozoya con alrededor de 1.100 metros de altitud. Este valle nos descubre un pueblo serrano y ganadero situado al pie del Pico de Peñalara. Muy pequeñito, los rascafrienses nos deleitan con múltiples leyendas que dieron vida a sus calles. Muy próximo a él, se halla emplazado el Monasterio de El Paular, la cartuja más antigua de Castilla, que está declarada Monumento Nacional. En su casco urbano, reseñamos la visita a la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol. Pero sin duda, de lo que quedaremos prendados, será de El Paular, a 2 kilómetros del pueblo. Data del siglo XIV, y es de admirar su iglesia, el claustro y el patio del Ave María, con una mezcla de gótico y mudéjar, e incluso barroco. Bosques de pino y roble bañados por numerosos ríos y arroyos, ése es su cuadro, que nos invita al paseo y a perderse por sus caminos desdibujados. Perfecto lugar donde disfrutar de esa estamapa natural es el Arboreto Giner de los Ríos, un rincón de especies caducifolias de diferentes partes del planeta.

El descanso y el mimo al paladar podrás disfrutarlo en esta pequeña selección…

Posada el Campanario

Amargura, 11

Sheraton Santa María de El Paular

Carretera Cotos M-604 Km, 26,5

Tascafria

Plaza de la Villa, 31

Asador La Abuela
Calle de Abelardo Gallego, 10

Manzanares el Real se encuentra a los pies de la Sierra de Guadarrama y el río Manzanares surca por sus alrededores, haciéndose notar a través del embalse de Santillana que forma a su paso por el pueblo. Con una población cercana a los 7.000 habitantes, disfruta de espacios naturales como La Pedriza y su Peña del Diezmo, desde la que se puede obtener una gran panorámica del pueblo. Mucha presencia del pino silvestre y de robledales y encinares. Pero adentrándonos en el centro, entre sus calles de balconadas de madera, tropezamos con la Plaza del Pueblo, acogedora y coronada por su Ayuntamiento y el antiguo cine. Además, cada primer fin de semana de mes, rodea la plaza un bonito mercadillo artesanal. Y desde ella, hacia el Castillo de los Mendoza, guiándonos por la calle La Cañada, la cual nos presenta a lo lejos el paisaje del embalse de Santillana. El Castillo nos invita a rodearnos de naturaleza, de madroños y de pinos. Incluído en la Ruta de los Castillos, se trata del mejor conservado de toda la provincia y al tiempo, uno de los más valiosos de España. Junto a esta fortificación, Manzanares el Real cuenta con el Castillo viejo del que se conservan dos muros o la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, con un pequeño jardín delantero muy tranquilo.

Duerme y comer de maravilla entre estas joyas que te ofrece El Real:

Residencia La Pedriza

Calle Urumea, 8

Mirador La Maliciosa
Avenida de la Pedriza, 60

La Taberna de Antioquia
Plaza del Pueblo, 7

La Charca Verde
Plaza del Raso, 9

San Lorenzo de El Escorial se asienta en la zona suroriental de la Sierra de Guadarrama. Es hermano del pueblo El Escorial, su vecino de abajo, y por el que recibe el nombre de El Escorial de Arriba para ser diferenciados. Es en San Lorenzo donde se encuentra el gran patrimonio y de rica presencia: el Monasterio de El Escorial y las Casitas del Príncipe y del Infante, así como el Valle de los Caídos. Desde los vecinos escurialenses a los sanlorentinos: un trazado de largúisimo paseo propuesto por la Casa del Príncipe Carlos IV, marcado por una hilera de pinos, y con una estampa verde alrededor, con lo que se hace tranquilo el camino. Fin y principio, para conocer San Lorenzo, que entre las nubes ya nos da pistas de un grande: el Monasterio de El Escorial. Se alza en la ladera del Monte Abantos, de carácter renacentista y con una superficie espectacular, pues cuenta con unos 33.000 metros cuadrados entre los que se disponen patios, fuentes, claustros, torres, escaleras… Su fachada cuenta con 207 metros de longitud. De él es más considerado la Real Basícila y la Real Biblioteca. Aunque igual de apetecible son sus calles laberínticas llenas de terrazas al sol y a sombra.

Toma nota de dónde comer bien y hacerlo igual de bien en el dormir…

Taberna Casa Povedano

Calle Santiago, 2

Montia
Calle Calvario 4

NH Victoria Palace

Calle Juan de Toledo, 4

Hotel De Martin

Calle Gobernador, 1

Cuatro estaciones en el mapa de Madrid.
Cuatro hermosuras que debes memorizar.
Nieve y frío: su mejor suma.

Gran Canaria, un continente en miniatura

2013 noviembre 21
por Beatriz Acosta

Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.
-Gregorio Marañón

Una síntesis maravillosa de la vida.
Me atrevería a descubrir una máxima en ese desfiladero de versos: ‘Viajar‘. Porque viajar sin soñar es imposible. Viajar sin existir, otro tanto. Y viajar sin gozar, más todavía. Moraleja: es la premisa en una vida que no es la mía sino la de ustedes. No aprendan a vivir sin viajar.

Clima de felicidad. Redobles de intriga. Nervios de curiosidad. Sapiencia ansiada. Reloj de tiempos largos. Días desbordantes. Belleza incontenible. Impaciencia desenfrenada. Probar. Sorprender. Caminar y sin detención. Porque una aventura siempre está para que choquen los sentidos, para que se alteren las manías. Y más allá, hacer del conjunto de esa sucesión de puntos, una cuestión indescriptible.

Algo así como lo que decía Oscar Wilde: La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación. Como tampoco necesita explicación lo que aquello anterior supone, ni lo que ahora viene a contarse aquí. Pura necesidad la de vivir en propia piel. Y por esta vez, no es otra que la belleza de Canarias.

Gran Canaria como su representación para este invierno que a punto está de darnos cobijo, junto a una Navidad que cada vez se anticipa más. Perfecto deseo el de disfrutar los últimos días del año o los primeros de otro (mejor) en LA isla. En pleno trópico de Cáncer, rodeada de Atlántico, Lanzarote y Tenerife de un lado y de otro, y segunda en población de todo el archipiélago. También en población se supera su capital: Las Palmas de Gran Canaria, respecto de sus vecinas. Nombre y apellido explosivo, aunque en el pasado tuvo otra denominación que se tradujo como ‘país de valientes’. Tal valentía tomamos nosotros para enfrentarnos a esta tierra del plátano y del tomate.

A nivel mundial, es el ‘Continente en Miniatura’, por la variedad paisajística que presenta. Enorme su riqueza natural, de numerosas playas de arena rubia y algunas únicas en el mundo. Claridad en sus aguas que te invitan los 365 días del año. Un norte y un sur muy diferente: de norte escarpado, con acantilados; y de sur con llanuras litorales arenosas como las dunas de Maspalomas. Además de playas, ‘la Grande’, posee muchos parajes naturales que poco tienen que ver con el aire volcánico de zonas de costa. Esos parajes son, por ejemplo, el Parque Natural de La Isleta, el Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo o el Parque Rural del Nublo, entre otros. Todos, de originalidad y espectacularidad que bien merecen una visita.

Aterrizas y la humedad es tuya. Arrastrando maletas, que han rescatado el armario de verano, súbete a la guagua…dirección al paraíso. El primer paso es deshacerte de bultos y asentar la cabeza en lo que será tu hogar. Aquí van algunas pistas para sentirte como en casa. Lopesan Villa del Conde Resort & Corallium Thalasso, uno de esos complejos, que más que un hotel simula un pequeño pueblo canario en la zona de las Meloneras, ofrece descanso y experiencia; y además tiene un novedoso campo de golf en un verdadero oasis de palmeras y lagos. Sheraton Salobre Golf Resort & Spa, rodeado por el paraje incomparable de Salobre, en el sur. Un espectáculo por hotel, también con campo de golf. Repleto de rincones, un espacio atípico, con distribución escalonada, con siete piscinas en distintas plantas. Sorprendente desde el primer minuto, y aunque la playa le queda lejos, una ‘casa en la playa’ sirve de unión con el hotel para disfrutar de las aguas de Maspalomas. Best Western Plus Hotel Cantur, como se definen “es un establecimientos donde ofrecen ‘Ese algo más’”; un hotel de estilo Boutique en Las Palmas de Gran Canaria, con acceso a la Playa de Las Canteras. Para terminar, en Playa del Inglés, encontrarás el hotel Barceló Margaritas, un grandísimo complejo que continúa en la línea de lo espectacular con lo que acostumbra sorprender la cadena hotelera. Muy fresco y con un aire moderno que transmite comodidad y belleza. Además, cuenta con traslado gratuito a la playa y a las dunas de Maspalomas.

El amor es un arte que nunca se aprende y siempre se sabe. Un canarión del siglo XIX-XX ya lo adelantaba. Un tal Benito Pérez Galdós. Un ‘tal’ que dejó huella con su estilo natural, capaz de dar la visión más directa de lo que pretendía expresar. Realismo puro ante la verdad. Y Gran Canaria es eso: la verdad irreprochable. Con ella, empezamos su recorrido. Fundamental alquilar un coche, hacerte con un mapa y dispuestos a trazar curvas con los dedos. Una isla que recorres en una hora de norte a sur, y precisamente a la inversa damos el primer golpe.

Una idea que da el pistoletazo de salida en Maspalomas, lanzando una flecha a Fataga, una población pequeña en forma de valle situada en el municipio de San Bartolomé de Tirajana, nuestra siguiente parada. Después de mil y una curvas en escasos 10 minutos, ahí lo tienes: de forma triangular, el municipio más grande de la isla. Y al paso para llegar al pueblo de Artenara, visita obligada la del Roque Nublo. El monumento considerado uno de los espacios naturales más emblemáticos de la isla, ubicado en el interior del Parque Rural del Nublo (citado anteriormente). De origen volcánico, con una elevación de 80 metros. Y ahora sí, Artenara se abre ante nosotros, siguiendo nuestra dirección norte. Un municipio que destaca por su estilo de vida heredado de los antiguos aborígenes, con la costumbre de vivir en cuevas. Podrás comprobar la forma de vida de estos antepasados canarios. Pero sobre todo, agradeceremos la parada para disfrutar de las vistas más rurales y auténticas del Parque Rural del Nublo. Precisamente, observaremos esa maravilla en una comida a manos del Bar-Restaurante La Esquina.

Un respiro. Las curvas esperan quietas en la carretera. En media hora estarás en Teror, uno de los municipios más antiguos del archipiélago. Los terorenses se sitúan en la zona norte, y aguardan la Basílica de Ntra. Sra. del Pino, y una particular historia: la Villa se formó alrededor de un pino y desde éste se erigió el núcleo urbano, que hoy está en continua expansión. Arucas, a 30 minutos del destino final, protege un patrimonio histórico-artístico representado por la iglesia de San Juan Bautista, una casi-catedral. Una población asentada sobre un valle, y muy famoso su ron miel. Ya sí, el final está en Agaete, abandonando el interior, y haciéndonos eco de su belleza peculiar, nacida de la unión del mar y montaña que se entrelazan a lo largo de ocho kilómetros. Es una bienvenida al Océano Atlántico, con contraste de paisajes donde el mar y los verdes valles hacen de ti lo que quieran. Tal es su enganche, que un dicho popular lo ha plasmado: si vas a Agaete, ven y vete porque sino en el corazón se te mete.

Maspalomas, ese que fue nuestro punto de partida, nos sienta a la mesa en el Grand Italia. Un restaurante muy cerca del hotel Lopesan, con una exquisita cocina italiana, una terraza a los pies de la playa…perfecto plan para el fin de esta tremenda jornada. Otras posibilidades, nos las da la capital, Las Palmas, en su Playa de Las Canteras; nos sorprende con el restaurante La Marinera (en la Plaza de la Puntilla), un también perfecto encuentro para un próximo día recorriendo la ciudad y sus secretos. Y es que Las Palmas de Gran Canaria es cultura, vida y ocio. Mucho que aportar y conocer, una excursión donde dejarse llevar a pie, no vale subirse al coche. Además en el centro, un sitio de paso y rápido, muy recomendado es el restaurante La Brasa, que cumple 50 años sirviendo pollo en todo su esplendor. Y para terminar con la degustación culinaria, en Mogán (a continuación) nos sienta en su restaurante Patio Canario de comida auténticamente canaria frente al mar.

Mogán y Arguineguín. Arguineguín y Mogán. Encantados de conocerse y de existir. Uno y otro conectados por tierra, mar y aire. Aunque el mar nos adelantará sus costas más amables. Un barco en el Puerto de Arguineguín hará lo propio, hacia el Puerto de destino, en un trayecto de 30 minutos. El viaje de retorno se podrá hacer a cada hora y todos los días del año. Atracado, Mogán se presenta con un microclima exhausto, de sol constante y frescas brisas. A lo largo de su costa, se alternan playas de arena suave e impresionantes acantilados, puertos pesqueros y deportivos. Un paseo final por las calles contiguas al puerto, repletas de flores y donde expertos artesanos crean objetos que luego puedes adquirir en mercadillos de la zona.

Una GRAN.
Un arte el que desprende, que nunca se aprende y siempre se sabe.
Para no empezar a morir en este invierno 2013.

Que Málaga sea nuestra segunda piel

2013 noviembre 14
por Beatriz Acosta

Que.
Que el sur haga de las suyas. Que el calor valga la alegría. Que la brisa mediterránea acaricie la piel. Que el sol conceda deseos. Que la luna sea reflejo en el mar. Que el tiempo multiplique las horas. Que lo amargo aspire a lo más dulce. Que las calles sean secretos. Que la ciudad comparta historias imborrables. Que se convierta en una segunda piel. Que su invierno sea un verano abrigado.

Tierra para el recuerdo. Te ata y te enciende de un vistazo. Esa es Andalucía: comunidad que da cobijo a tantos andaluces repartidos por Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Sevilla o Málaga. Y como los últimos siempre serán los primeros…  Málaga es el regalo para abrir primero. La protagonista aquí y ahora. Y esa “que”…

Regalo del sur, con una cara maravillosa al Mar Mediterráneo. Un espejo donde mirarse. Y con vecinos tan acogedores como los granadinos, cordobeses, sevillanos y gaditanos. Como ciudad, es puro arte andaluz, situada en el centro de una bahía rodeada de sistemas montañosos, y además, dos ríos la atraviesan desembocando en el Mediterráneo: Guadalmedina y Guadalhorce. Pero como plato fuerte, mejor para el final.

El viaje comienza en Ronda. Más al noroeste de la provincia, en la comarca de la Serranía de Ronda. Se sitúa en una cuenca rodeada de montañas de gran continuidad y mediana altitud, confiriéndole un carácter mágico por su altura y por lo rocoso. Mucho que aportar por todos los lados. Dos palacios como el de Salvatierra con una singular portada renacentista, un exterior que llama la atención, pero con un interior que cuenta con un valioso conjunto mobiliario y objetos artísticos de gran calidad. Con jardín posterior con vista a la Sierra de las Nieves. Este Palacio fue nombrado Bien de Interés Cultural. Al igual que el segundo, el de Mondragón, mudéjar-renacentista, la fachada también recobra gran importancia y en su interior destacan sus tres patios con diferentes estilos. Ambas, visitas obligadas en el casco antiguo de Ronda. Y como tercer elemento, en el Barrio de San Miguel, los baños árabes, uno de los mejor conservados de la península Ibérica. Fueron construidos junto al arroyo de las Culebras en los siglos XIII-XIV, estructurado en tres zonas fundamentales: salas de baño frío, templado y caliente.

Ronda es la primera pista de los malagueños. Nos dan a conocer pinceladas de su tierra y lo harán ofreciendo paseos por sus calles, adentrándote en un pueblo de los de siempre. Además, nos darán de comer y con carácter. Por ejemplo, en el Restaurante Tragabuches de cocina creativa, definen lo que es gastronomía como “deleite sensual de uno de los mayores placeres que el hombre conoce”, y harán de tu placer un mundo con platos de sabor andaluz. El descanso nos lo ofrece una antigua Casa Consistorial en forma de Parador en un impresionante enclave, muy bien reformado con aire fresco en su interior. Asegurada tu tranquilidad en una noche rondeña.

50 kilómetros nos separan del siguiente lugar. Necesitaremos ese descanso para llegar a Ardales. Pueblo entre los recovecos de la Sierra de las Nieves, que acoge un espacio peculiar y de obligado cumplimiento. El Desfiladero de los Gaitanes o lo que es lo mismo, un cañón excavado por el río Guadalhorce, cuya extensión alcanza nuestro siguiente secreto: Antequera. Es Paraje Natural, con una extensión de 2.016 hectáreas y con una altitud comprendida entre los 240 metros sobre el nivel del mar y los 1.195 metros que se alcanzan en el macizo de Sierra Huma. Su palabra es <Impresión>, pues mezcla las abruptas montañas con el lado de llanura de los embalses que lo rodean. Con tu impresión y tu cámara inundada de fotografías, acércate a Teba, sólo serán 20 minutos en coche, para comer si así lo deseas en Molino de Pilas.

Antequera, ese paraíso de los molletes. ¡Quién no los ha probado alguna vez! Podrían tener denominación de origen. Es Antequera el llamado “corazón de Andalucía”, por encontrarse entre Málaga, Granada, Córdoba y Sevilla, permanece viva en sus templos y aferrada a su muralla. Importante su Alcazaba, subida en un pequeño monte dentro del casco antiguo. Para verla en panorámica, desde la Puerta de Granada se puede disfrutar de una espectacular postal de la misma y sus alrededores. También, la visita a los Dólmenes, considerados uno de los grandes misterios, muy abundantes en la zona. Y es en Antequera donde se encuentra el conjunto dolménico de Menga, Viera y el Romeral. En menos de tres kilómetros se nos representa esta concentración, en señal de la importancia que esta tierra debió tener. El punto final es El Torcal, un Paraje Natural, conocido por las formas caprichosas de las rocas calizas, provocadas por diversos agentes erosivos, siendo un gran ejemplo de paisaje kárstico. Aquí podrás hospedarte si así lo marca el día, en La Posada del Torcal, muy rural y donde poder comer de sus exquisiteces.

La gastronomía antequerana y encontrar una buena almohada, son las pautas que más reclama el cuerpo. En el Hotel Antequera Golf se puede conseguir. Apartado en una zona de paz, muy acogedor y donde poder disfrutar también de su campo de golf, pues el comer y el dormir allí, está servido.

Los malagueños de la ciudad nos esperan. El regalo que abrimos ahora: Málaga. Desde el anterior punto, en 60 kilómetros estás dentro. Con un clima envidiable, subtropical-mediterráneo se le denomina. Tras el paso histórico de numerosos pueblos, la ciudad también tiene ese alma, y cuenta con un variado patrimonio arquitectónico y arqueológico. Como Patrimonio Histórico y Bien Cultural, la catedral, que con nombre y apellidos es La Santa Iglesia Catedral Basílica de la Encarnación. En carácter cultural, los museos de Picasso y el Carmen Thyssen. El Picasso Málaga es una de las dos pinacotecas del artista, situado en el Palacio de Buenavista, dedicado al genio andalúz desde 2003. Y el estrenado Carmen Thyssen, alojado en el Palacio de Villalón, desde 2011 aguarda en su interior obras de que forman parte de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

No sólo en lo cultural y en el patrimonio arqueológico destacan los malacitanos. También sus playas son punto de reflexión y deleite del turismo. Allí, frente al mar, degustar de un buen “pescaíto frito”, de espetos de sardinas, del ajo blanco o del gazpachuelo, acompañados de un vino dulce. Playas que te invitan a ello como La Malagueta, El Palo o La Caleta. Es fácil encontrar los chiringuitos situados a lo largo del paseo marítimo. Encontraremos el típico chiringuito tradicional, un lugar desenfadado y sin gran refinamiento. O el bar de la playa, muy de moda, con nombre de Club de Playa, de camas balinesas, sillas y sombrillas blancas, música en vivo… bien podría ser el Chiringuito 2.0. Y para rematar, un gran lujo y un pequeño capricho en el Hotel Molina Lario, seducirá tu llegada, y sabrá darle un buen final al viaje.

Aunque para buen final, también el que nos despachan tantos otros hoteles deseosos de ser tu hogar por unos días. He aquí la referencia de grandes joyas del descanso en Málaga, que te harán mirar a la ciudad desde un punto de vista diferente.

Atarazanas Málaga Boutique Hotel. Muy pequeñito y acogedor. Con decoración sencilla, perfecto para ‘patear’ la ciudad. Se disfraza de un edificio histórico reformado, a escasos 500 metros de la catedral. Totalmente recomendable, con las comodidades necesarias.

Calle Atarazanas, 19

Itaca Málaga. De habitaciones muy bonitas y muy modernas. En pleno centro histórico de la ciudad, a 2 minutos de la Plaza de la Constitución y a pocos pasos más de la catedral. Tiene la refrescante piscina en la azotea, lo que le aporta un toque de descanso mayor. Encontrarás todo al ladito, como el Museo Thyssen, el Museo Picasso y la famosa calle Larios.

Calle Fajardo, 1-3

Apartamentos Debambu. Para los que busquen algo más hogareño, entre amigos o en familia. Unos apartamentos con una distribución exquisita, adornados con la mayor sencillez y claridad. Muy muy cómodo, da gusto hospedarse con ellos. También muy céntrico y además goza de gran proximidad a la playa.

Calle Cinteria,7

Campanile Málaga Airport. Con este hotel nos alejamos de la zona histórica y turística, buscando mayor tranquilidad y cercanía al aeropuerto. Para otras necesidades u otros gusto, Campanile ofrece estancias comunes más amplias, y unas habitaciones realmente bonitas con una tonalidad muy viva que alegra muchísimo. Necesitarás el coche para desplazarte pero es un lugar muy especial.

Avenida de Velázquez, 212, Carretera de Cádiz

Barceló Malaga. Un último rincón del descanso que no deja indiferente. La línea de Barceló que es capaz de todo y más. Consigue un aire moderno, muy original y de paz absoluta en todas sus instalaciones. Y por supuesto, no deja de mimar sus habitaciones, muy luminosas y preciosas. A unos 10 minutos a pie del centro histórico y muy accesible para el viajero en tren. Desde luego, una forma distinta para hospedarse en Málaga, en comparación a los anteriores más céntricos y de ciudad.

Calle Héroe de Sostoa, 2

Que nos caliente del frío y nos abrigue del viento.
Málaga 
Cerca del mar, porque yo
nací en el mediterráneo.
(Joan Manuel Serrat)

Una cata de zonas de La Rioja

2013 noviembre 7
por Beatriz Acosta

Un buen vino dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria;
es nuevo en cada sorbo y nace y renace en cada saboreador.

Aromas. Color. Cuerpo. A contraluz. Visible su brillo y limpieza. Equilibrio entre lo dulce, salado o amargo. Persistencia en la boca. Sensaciones que sólo el vino puede evocar. Aireado y silencioso. Encuentro de copas para brindar. Aquí se inaugura una cata de vinos peculiar, en la que desgranar una elegante ruta de La Rioja.

Para los amantes del vino, y para los que no. Nos desplazamos al norte de la península, en la cara más septentrional del Valle del Ebro y ocupando parte del Sistema Ibérico en el sur. Zonas de Álava, Navarra, Zaragoza, Burgos y Soria, son sus vecinos fieles. La atraviesa el río Ebro, recorriendo unos 120 kilómetros, y donde hace hincapié entre las rocas de las Conchas de Haro: un canal con rocas calizas que significa la entrada del Ebro en La Rioja. De ella, además, concretar sus tres comarcas: Rioja Alta [nuestra ocupación esta vez], con lugares como Haro, Nájera o Santo Domingo de la Calzada; Rioja Media, con su querido Logroño, [de gran protagonismo también]; y Rioja Baja, con preciosos lugares como Calahorra o Cervera.

De Logroño a Haro. Presente constante el de la cultura de la vid, en esta región natural del alto valle del Ebro. Es por tanto el vino, y su perfecta simbiosis con todos los componentes que lo rodean, el elemento distintivo de esta comarca vinícola, una de las mejores de España y de reconocida fama internacional. Hay que reseñar la diversidad de vides cultivadas: Tempranillo, la de mayor extensión; la uva negra de Garnacha y la blanca de Viura; por otra parte, Graciano, Malvasía o Calagraño, de superficies menores. Y en este punto, toca dar rienda suelta a las tierras riojanas.

Logroño es el primer hito de esta ruta por La Rioja. Su casco antiguo gira en torno a la plaza del Mercado, donde se alza la concatedral de Santa María la Redonda, iglesia edificada sobre otra románica anterior. El templo, de planta rectangular dividida en tres naves, y con una fachada que presenta una portada esculpida y cobijada bajo un arco. Cercanas a la catedral se encuentran la calle porticada de los Portales, que antiguamente unió dos puertas de la muralla, y la plaza de Abastos, esbelto edificio que hoy es un centro comercial. Al otro lado del edificio catedralicio se sitúa la iglesia de San Bartolomé, templo de origen románico, con una torre mudéjar y de portada gótica e impresionantes relieves escultóricos. Es verdaderamente una fachada espectacular. Próximos a la pequeña plaza de san Bartolomé se localizan el palacio de los Chapiteles y la imperial iglesia de Santa María del Palacio. De ésta, destacamos hacia lo alto la inquietante aguja piramidal que proporciona luz cenital al templo. Y finalmente, la Casa Consistorial es el máximo exponente de las nuevas construcciones en Logroño.

La ciudad histórica de Nájera, a unos 20 minutos en coche, nos reclama. Cuna de reyes y corte real, gira en torno al conjunto monumental del monasterio de Santa María la Real, formado por la iglesia, el monasterio y el claustro. Un lugar al que no deberás resistirte, y fotografiar antes de llegar a este siguiente destino: Santo Domingo de la Calzada. Localidad famosa por el milagro de la gallina: cantó después de asada, por ello, en la catedral hay siempre un gallo y una gallina viva. Lugar de descanso y de visita obligada, conserva uno de los monumentos más importantes de la región, el edificio catedralicio. El templo fue construido en el siglo XII sobre una antigua iglesia románica de la que aún se puede contemplar su ábside semicircular. En su interior, por supuesto, destacar el sepulcro de Santo Domingo. Además, posee una torre que se ubica separada de la Catedral, por pura estética y órdenes de mayor consistencia en el terreno. Hermosas casonas blasonadas y espacios de arquitectura civil en torno a la Plaza del Ayuntamiento. Se precia como un alto en el Camino de Santiago.

A lo largo de la ruta del vino y en el tránsito entre Santo Domingo y Haro, llegamos a la villa de Casalarreina, estancia de la reina Juana la Loca, en ella se alza el convento de las Dominicas de la Piedad. Muy próximos a nuestro destino señalado, encontramos uno de los castillos mejor conservados de toda la región, el de Sajazarra: adopta una forma cuadrangular, y destaca sobre el conjunto la potente torre del Homenaje. Y ahora sí que sí, Haro se abre dentro de la Rioja Alta, una de las escalas obligadas en la ruta, por ser cuna del zumo de uva, y además, por presidir un caserío elegante de aspecto señorial. La iglesia de Santo Tomás, monumento de la ciudad, bajo un gran arco triunfal, presenta una rica portada-retablo de estilo plateresco. Próximo a esta iglesia, encontramos el palacio de los Condes de Haro, construcción barroca y que hoy es sede de la Casa de Cultura. Al otro lado se disponen el palacio de Paternina, y el edificio del Ayuntamiento, en la plaza de la Paz. Un conjunto envidiable que despertará el placer por seguir más allá.

De este modo apetecible, y en lo alto de un cerro, junto a un pronunciado meandro que forma el río Ebro, nos situamos en Briones. Un pueblo pequeñito, de arquitectura popular rural, caracterizado por la piedra arenisca de la que se componen los edificios. Entre las casonas populares diseminadas en torno a la Plaza Mayor se alternan edificios monumentales, como los restos de la muralla medieval y algunas de sus puertas de entrada; el palacio del marqués de San Nicolás; la iglesia de Santa María; y las ruinas del antiguo castillo.

El camino de vuelta a Logroño es el que comenzamos. Este recorrido inverso permite contemplar un antiguo palacete medieval torreado en Torremontalbo; el caserío alineado de Cenicero, con notables esculturas; y, finalmente, en Fuenmmayor, el monumental templo que fue construido en honor a Santa María.

Pero más allá de esos lugares, hay que hablar de un pueblo a 14 kilómetros de Logroño (como referencia más reconocida), pero enclavado en Álava, con aproximadamente 1.600 habitantes. Es Laguardia. De lo que fue: un pequeño pueblo encerrado en su muralla, ahora conserva cinco puertas de acceso. Podemos decir que entre sus calles, aún hay tiznes medievales. Además, vive por y para el vino, de forma que si vas a pasarte por allí, verás su elaboración y numerosas bodegas. Laguardia es el perfecto rincón que se convierte en favorito en un abrir y cerrar de ojos. Aunque pequeño, pero muy enriquecedor, seguro que querrás pernoctar y ver las mañanas frescas y húmedas del pueblo. Siendo así, reserva una noche en el Hotel Castillo El Collado, que como bien asegura su dueño Javier Acillona, será tu segunda casa. Desde luego, estancia especial donde las haya, no es un hotel normal… sus habitaciones han nacido cada una de una historia y de una manera, y además mimarán muy bien tu paladar.

Y de una estancia de lujo, a otras de igual confección. Paz, descanso, elegancia y comodidad, en una selección de hoteles en Logroño, Santo Domingo de la Calzada y Haro.

Hotel Ciudad de Logroño. A un precio muy acertado, y a tan sólo 5 minutos del centro histórico. De estilo moderno y elegante. Para un descanso perfecto, en una zona tranquila. Bonito detalle el de fruta y agua gratuitas.

Calle Menendez Pelayo, 7 (Logroño)

F&G Logroño. De categoría 3 estrellas, junto al río Ebro y en el centro. Impecable, una decoración muy fresca que se mezcla con un atrio central impresionante, arcos de piedra originales y techo de cristal. Tranquilidad en pleno foco de la ciudad.

Avenida de Viana, 2-6 (Logroño)

Marqués de Vallejo. De igual categoría que el anterior, a unos precios también, de perfecta consideración. Recomendable totalmente, casi a los pies de la Catedral, y con una presencia histórica, por su fachada del siglo XIX.

Calle Marqués de Vallejo, 8 (Logroño)

Parador de Santo Domingo de la Calzada. En el pueblo mágico, no podía faltar la mención a su conocido y reconocidísimo Parador. Anclado en un antiguo hospital del siglo XII. Lujoso y de estancias más clásicas. No faltarán los mimos y la buena atención.

Plaza del Santo, 3 (Sto. Domingo de la Calzada)

ETH Rioja. Situado en Haro, destaca por su absoluta modernidad. Espacios amplios, relajantes. A un precio excelente. Y no olvidar su restaurante, buenísimo, con una riquísima selección de vinos de la zona.

Calle Los Nogales, 1 (Haro)

Hotel Arrope. Precioso por dentro y por fuera. Una decoración muy cuidada, con colores medidos. Pequeñito y perfecto para un descanso de las visitas de Haro. Con mucho cariño.

Calle Virgen de la Vega, 31 (Haro)

Apartamentos Turísticos Los Zapatos Morados. Otro tipo de establecimiento, para los que prefieran una mini casita en pleno centro de Haro. Todas sus estancias son maravillosas, cobijadas en un edificio de piedra del 1900. Aire rústico y con todas las comodidas posibles.

Calle Virgen de la Vega, 17 (Haro)

La Rioja, desde su punto de vista más afrutado.
Una cata de zonas, que bien merecen una denominación de origen.

Del Valle de Arán a Lérida, un viaje de escalofríos

2013 octubre 31
por Beatriz Acosta

Ahora cuando el frío aprieta. Cuando su roce sobre la piel se descompone en hielo. Cuando el viento nos desnuda. Cuando hace calor al sol, pero frío. Cuando respirar se traduce en humo. Cuando un abrazo ansia ser constante. Cuando el otoño juega a ser invierno. Cuando los días se vuelven noche. Cuando el vaho deja dibujar con los dedos. Cuando las nieblas ocultan ciudades. Cuando el frío disfraza nuestros cuerpos. Escalofríos.

Cuando todo torna en sensaciones a ras de piel, es ahí, el momento en el que este destino que aquí se nos presenta, recibe puro resplandor. La provincia de Lérida, protagonizada por unos pedacitos: del Valle de Arán a la ciudad leridana. Es esta una zona de atractivos espacios naturales, desde el Parque Nacional de Aigüestortes a las gargantas del Noguer y cientos de rincones del Valle de Arán. En el plano de lo artístico, su valor es indiscutible, con circuitos tan importantes como el románico del Valle del Boí; famoso también por su belleza natural, La Seu d’Urgell, y la ciudad de Lérida, llena de rincones apacibles que invitan al paseo curioso y calmado. Todo de un trago, de un bocado o en un soplo de aire frío.

No dejemos empañar el tiempo. No hay que perder, el tiempo. En este viaje, lleno de rocío en su amanecer, bellos de punta, no sólo por la temperatura, también su belleza e imponente carácter exaltan tal actitud en nuestra figura.

Ya empieza esto. Apaga la chimenea. Enciende el invierno en otoño. Esto es el Valle de Arán. Situado en la vertiente norte del Pirineo, presenta una de las características especiales, tanto climáticas como culturales, que le hacen ser uno de los rincones perfectos de Cataluña. Conviven en él tres lenguas: el aranés, el catalán y el castellano. Regado por el río Garona y algunos afluentes del mismo. Entre la vegetación destacamos el bosque de hayas, en las zonas más altas los abetos, pinos silvestres y el pino negro en zonas bajas, tan auténtico de los Pirineos. La más extensa de las praderas alpinas es el Pla de Beret, donde se halla la famosa estación de esquí de Baqueira-Beret. Dentro del Valle existen espacios protegidos, en los que verdaderamente se observa una naturaleza virgen, como son el Alt Pallars, que es una de las mayores Reservas Nacionales de Caza de España.

Seguimos en El Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de San Mauricio. Una extensión de alrededor de 10.000 hectáreas le poseen. Enclavado en las comarcas de la Alta Ribagorza y el Pallars de Sobirá. Se trata de un parque tremendamente único. Es como de cuento, y de los preferidos. Aunque ubicamos los idílicos paisajes alpinos fuera de territorio español, lo cierto es que la belleza de este parque en la zona oriental de los Pirineos catalanes, es equiparable a cualquiera de ellos. Una magnificencia en forma de molde rocoso, macizos, valles altos de ríos y cascadas, y de cientos de lagos. Como tal, en 1955 y reclasificado en 1988, es calificado también como Zona de Especial Protección para Aves. En el norte de la provincia de ésta provincia, reúne la mayor concentración de lagos de origen glaciar de la península. Uno de los rincones más conocidos del parque es el pico de Los Encantados, dos moles graníticas muy próximas al Lago San Muricio. Una escena que goza de mucha agua y de innumerables picos de 3.000 metros.

La capital del Valle de Arán nos hace un hueco: Vielha. Constituye la ruta perfecta para llegar a su Lérida natal. De su época romana tuvo un castillo medieval del que tan sólo queda parte de su plaza portificada. Entre su patrimonio tienen gran interés la iglesia de San Miguel, románica, que aguarda el famoso Cristo del Mijarán; la torre del General Martignon, del siglo XVI, que acoge el Museo Etnológico del Valle de Arán; y la casa señorial Ço de Rodès, un monumento histórico artístico. A las afueras de la villa se alza la iglesia de Santa María de Mijarán, enclavada sobre un templo precristiano, bella imagen. Además, por todo el valle podemos encontrarnos con la típica casa aranesa, de gruesos muros y pequeñas ventanas para evitar el frío.

De Vielha al Valle de Boí. Descendemos para toparnos con una de las rutas del románico más hermosas de toda Cataluña, con las iglesias de Santa María de L’Assumpció en Coll, Santa María en Cardet, Sant Feliu de Barruera, y terminar la etapa en los templos de Taüll. Este rico lugar tiene a gala la presencia de dos iglesias de aúpa: San Clemente y Santa María, edificadas a expensas de la casa de los Erill. Santa María de Taüll presenta una estructura de tres naves separadas por columnas, cubierta de madera, y un bello campanario integrado. Y el templo de San Clemente, con una estructura similar y de gran altura. De estas dos tallas, marchamos a La Seu d’Urgell. Para ello, disfrutamos del paisaje de la comarca de Noguera y del estrecho de los Colligiats, de ahí nos conduce una carretera a esa joya leridana citada. Por este camino, merece la pena el monasterio de Santa María en Gerri de la Sal, al igual que la parada obligatoria en Sort, capital de la comarca de Pallars Sobirá.

Muy próximos Andorra en este punto. La ciudad de La Seu d’Urgell nos atrapa. Forma parte del Urgellet, comarca natural pirenaica, formada por 16 municipios del Alto Urgel, siendo ésta comarca la puerta natural al estado de Andorra. En su barrio antiguo se halla emplazada la maravillosa catedral de Santa María, obra del siglo XII. También visitar el claustro adosado, el museo diocesano y la Iglesia de San Pedro y San Miguel, así como el edificio del Ayuntamiento. Y paseos por sus calles, la Mayor o la de Capdevila. Es en esta despedida cuando tenemos la oportunidad de acercarnos más a Lérida y conocer localidades con notables edificaciones como Cubells, donde se ubica la bella iglesia de Santa María de Castell.

Lérida. Ya sí, última parada. Como provincia, un placer. Como ciudad, es segunda capital Catalana en importancia, en número de habitantes, después de Barcelona. Con un clima mediterráneo árido, propio del Valle del Ebro. Es la ciudad que crece bajo su atenta mirada, es serena, tranquila, con áreas comerciales, como la Calle Mayor, Caballeros, Obradores o Boteros, que acogen edificios como el magnífico palacio de la Pahería. No puede faltar el castillo templario de Gardeny, el antiguo hospital renacentista de Santa María. Ni que decir, la catedral antigua: La Seu Vella, se alza en el cerro situado en el centro y desde el podemos disfruta de una vista de toda la ciudad y de la comarca del Segria. De estilo románico, tiene un claustro emplazado en la fachada delantera de la basílica, hay que destacarlo por lo especial, y por ser uno de los mayores claustros de Europa. Junto a ella hablamos de la Catedral nueva, de estilo barroco, situada en pleno eje comercial de Lérida y frente al Hospital de Santa María, ya citado. De escalinatas en su acceso, que nos llevan a tres puertas de hierro. Además, el toque verde lo aporta el Parque de la Mitjana, de pequeños lagos y bosques. Al noreste de la ciudad y a lo largo del recorrido del río Segre.

Lleida, para sus vecinos. Por tierra o aire, nos hace olvidar y perder el frío en este invierno de otoño. Aunque siempre mejor buscar un cobijo para las noches, en este momento llegan los hoteles recomendados a título personal.

Parador de Vielha, muy conocido y muy demandado, pero es que no puede tener mejor ubicación y presentación. Su iluminación en la noche en pleno Valle de Arán es única. Con un spa que ofrecerá su lado más relajante y calentito. Apetecible y perfecto para esta zona del Valle.

Carretera del Túnel, s/n (Vielha)

Hostal Pey en el pueblecito de Bohí, al lado de Taüll, y muy cerca también del parque nacional de Aigüestortes. Con carácter, precioso y con un aire rústico, adecuado a la montaña. Pequeñito y muy muy acogedor.

La Plaça Treio, 4 (Bohí)

El Castell De Ciutat en La Seu D’urgell. Una casita de cuento en plena naturaleza. Situado junto a un castillo del siglo XVI, con vistas a los Pirineos. La mejor elección para entrar en calor y disfrutar de tremendas comodidades. No lo dudes si deseas dormir entre algodones pirenáicos.

Crta. de Lérida, Km 229 (La Seu D’urgell)

Y en Lérida… dos opciones, a elegir como siempre para disfrutar de la ciudad y su zona centro, o alejarse a una espacio más tranquilo y de mayores comodidades.

Zenit Lleida, hotel moderno, accesible, en pleno centro, a escasos pasos de la Catedral. Elegante y muy luminoso en sus habitaciones. Es una gran opción para conocer la ciudad a pie y sin parar.

Carrer General Brito, 21

Finca Prats Hotel Golf & Spa, lujo y situado en una gran finca ajardinada. A unos 8 minutos del centro, en coche. Su spa, piscina cubierta y un solárium lo hacen de diez en términos de comodidad y tranquilidad. Una forma distinta de conocer a los leridanos. Muy moderno, y además cuenta con una bodega, un gran restaurante y un club de golf a pocos kilómetros.

Nacional 240, Km 102,5

Congelar el tiempo. Es el mejor uso que podríamos darle al frío. Atribuir esa temperatura al paso de las horas, para paralizarlas y que nunca termine un viaje como éste….de escalofríos.

Soria y el crujir de las hojas al paso del Duero

2013 octubre 24
por Beatriz Acosta

Tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra

Campos de Soria, Antonio Machado

Poesía para entenderte. Versos para atenderte. Rima para escucharte. Una estrofa, suficiente para saber de ti. SORIA y su provincia. Estampa de un otoño precioso, peligroso frío entre los pies, pero valientes sus paisajes. Una merecida categoría de viaje para este entretiempo que amarillea los amaneceres. Aún más apetecible si nos guía uno tan tremendo como el río Duero. Rodeada de vecinas como La Rioja, Zaragoza, Guadalajara, Segovia, y Burgos, aquí comienza su admiración.

Río Duero, CULPABLE. Por él y para él, se construyen aquí palabras de dulzura por una tierra artesanal excelente. De vertiente atlántica, hace de las suyas en el noroeste de la península. Tiene su nacimiento en los Picos de Urbión del Sistema Ibérico, a unos 2.160m sobre el nivel del mar, en Duruelo de la Sierra de Soria, y organiza su desembocadura en el océano Atlántico de la mano de Oporto. 897 son sus kilómetros, haciéndose con el tercer puesto entre los ríos más largos de la península. Se corona además como la mayor cuenca hidrográfica, repartida entre tierra española y portuguesa. Provincias de Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca, y las bellezas portugueses de Braganza, Guarda, Vila Real, Viseu, Porto y Aveiro: todas ellas son testigo del curso del Duero.

Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

Otoño, Juan Ramón Jiménez

Ese otoño que… Tiñe las calles. Cruje en los suelos. Frío en la piel. Charcos mojados. Silencios perdidos. Ruidos enternecedores entre las calles. Viento de nieve. Sol que alimenta miradas. Nubes despejadas en días grises. Tiempos inestables. Noches tempranas. Cortos los días, para dar descanso a las estrellas. Cobijo y abrazos, necesarios. Hogares de ardiente calor, que empañan ventanas para hacer frontera con nieblas tempranas. Mañanas de turbias calles. Edificios escondidos entre el bostezo del despertar de los días. Todo, para fundirse con el invierno. Otoño e invierno, una fusión de frío.

Lienzo encontrado, pinturas escogidas, ideas establecidas. Así puede comenzar cualquier obra, como la que aquí se desvanece. Una Soria en forma de provincia, de tierras del Alto Duero, de montañas, pinares e historias, que se da a conocer a través de la guía del Duero. Duruelo de la Sierra, tiene el placer de inaugurar, pues como tierra de nacimiento para este Río, merece tal atrevimiento. Pueblecito rodeado de extensos pinares con interesantes restos arqueológicos. En plena Sierra de Urbión, muy de la mano de Covaleda, en armonía con el entorno de Tierra de Pinares. Este otro municipio, posee un puente medieval y la iglesia de San Quirico en gótico tardío, en una extensión muy similar, pequeño y acogedor. Aguas abajo está Salduero, del que se tenía constancia ya en el siglo IV a. de C. y después nos cruzamos con Molinos de Duero, con gran punto a su favor por las casas blasonadas que hay en su conjunto urbano. Prosigue Vinuesa, de antiguo origen, se encuentra sobre una loma cerca de la confluencia del Revinuesa, en la cola del pantano Cuerda del Pozo. Su conjunto urbano con casonas que muestran sus balconadas de madera; además, posee una monumental iglesia del siglo XVI, y varios palacios.

De esos pueblecitos que van dejándonos ver el rumbo del Duero, hablamos del embalse de Cuerda del Pozo, en el pueblo citado Vinuesa. Que amansa las fuerzas del adolescente Duero, con sitios acogedores como Playa Pita y las Cabañas, a la vez que aporta a los recursos de la zona su lámina de agua para la práctica de deportes acuáticos. Su trayecto continúa por Hinojosa de la Sierra con palacio renacentista de los Hurtado de Mendoza del siglo XVI y una iglesia del mismo siglo. A la salida del embalse, el Duero continúa con la dirección oeste-este, al acomodarse a las estructuras serranas. Varios afluentes recogen el agua de las sierras y desembocan en el susodicho antes de llegar a Soria.

El Duero sigue sus pasos y poco después pasa por una ciudad histórica: Soria. Totalmente identificada con el río y con nuestro homenajeado poeta Antonio Machado. Ubicada en las últimas estribaciones de la sierra de San Marcos, a 1.056 metros de altitud. Castellanoleonesa, de clima mediterráneo-continentalizado. El Castillo de Soria se encuentra en el llamado Cerro del Castillo, le otorga gran carácter, hoy es el hogar para el Parador, donde se contempla una bella panorámica de Soria y alrededores. Muestra una pequeña ciudad, tranquila, íntima, con un tono rojizo y musa para poetas como Gustavo Adolfo Bécquer o Gerardo Diego, además de Machado. Su visita es como revivir el pasado. G. Diego llevaba razón en sus palabras, “paseo de portales, horas dulces, lentas. Mirar, charlar, soñar, y dar vueltas y más vueltas“. Soria en su totalidad. Gran colección de iglesias románicas, como la de San Juan de Rabanera, Santo Domingo, o San Pedro, hoy Concatedral de Soria. En la arquitectura civil también hay ricos ejemplares, antiguas casonas, el palacio plateresco de Ríos y Salcedo, el barroco de la Audiencia, siendo el de los Condes de Gómara el más importante y singular de la ciudad.

Sorprende, creánme. Soria envuelve. Soria acrecienta su belleza porque tiene un museo por conjunto urbano, con plazas y rincones de fotografías incansables. Paseos por su Plaza Mayor, la de San Clemente o de San Esteban, así como por su Calle Caballeros o Aduana Vieja. Sorianos, rendida ante vosotros. ESE es el mensaje.

Y en este punto, el descanso se hace contigo. Pies quietos. Hospedaje que al tiempo se convierte en una visita más. El Parador de Soria nos sirve de turismo, pues sólo sus vistas ya nos encadenan un viaje constante. 10 minutos a pie de la plaza principal, en lo alto de una colina tranquila rodeada de bosque. Así, y con un aire elegante y muy cuidado se nos presenta este hotel en una estancia muy acertada, para los amantes de la tranquilidad. Otra opción, con una situación muy céntrica, es el Hotel Apolonia, pequeñito, con habitaciones modernas. Desde luego, es hotel de ciudad con un gusto ideal. Totalmente recomendable para patearse la ciudad.

Abandonándola, sigue el Duero su ruta hasta Almazán, pasando por el pantano de los Rábanos y cruzando la histórica Tierra de Gómara, disputada por el Jalón que lleva sus aguas al Ebro, como también lo ha sido entre castellanos y aragoneses. El paisaje empieza a alterarse, con menor influencia de las serranías. Antonio Machado, aquí nos ayuda con sus poetas palabras…

Colinas plateadas, grises alcores,                                     …en torno a Soria, oscuros encinares,
cárdenas roquedas                                                                  ariscos pedregales, calvas sierras,
por donde traza el Duero                                                      caminos blancos y álamos del río,
su curva de ballesta…                                                            tardes de Soria, mística y guerrera.

Hasta El Burgo de Osma, nuestro protagonista, va salvando dificultades, cada vez menores, de las cercanas sierras que a veces taja o con otras repercusiones, como la Sierra de las Perdices, cerca de Almazán, que obliga al río a cambiar su dirección norte-sur por la definitiva este-oeste. Almazán, situada a orillas del Duero, plaza fuerte para dominar su paso y el territorio circundante. Cuenta con un conjunto de calles, plazuelas y rincones muy típicos. Destacan la Plaza Mayor, tres puertas de sus murallas: las de Berlanga, los Herreros y la Villa y una colección de iglesias. Y de este pueblo de adnamantinos, que así se nombran, marchamos al próximo y último destino de esta Ruta. Previa entrada en Berlanga de Duero, será el empujón para alcanzar, fuera del Valle del Duero, El Burgo de Osma. En la ribera del Ucero, fue sede episcopal visigoda. Interesante conjunto urbano. La Catedral, levantada en el siglo XII, tiene un interior muy rico. Además, conserva un puente romano, parte de las murallas, calles con soportales de gran sabor castellano, lo mismo que su Plaza Mayor en la que destaca su Ayuntamiento; el convento de San Agustín, y de precisa visita la Universidad de Santa Catalina. Pero, El Burgo de Osma va más allá, a parte de conocerlo de a pie, alejarse es también de obligado cumplimiento para visitar el castillo de Osma: se alza sobre un monte a las afueras, sobre un cerro entre los ríos Ucero y Avión, próximo a la célebre ciudad romana de Uxama Argaela, y se puede acceder a él desde cualquiera de las dos poblaciones.

Para hospedarnos, este pueblo de burgenses tiene hoteles preciosos. El Balcon De La Catedral en la Plaza De San Pedro. Una decoración muy agradable, madera y tonos frescos para aportar comodidad. Son apartamentos con unas condiciones perfectas, para disfrutar del casco antiguo a unos precios muy apetecibles. Hotel Termal Burgo de Osma es la otra propuesta. En un edificio renacentista que albergaba una universidad, cuenta con un spa de lujo. Lujo también en sus habitaciones, agrupadas alrededor de un patio central. Un precio más elevado, pero completamente acertado con sus servicios.

Un poco de otoño, que apetece. Respiración fuerte para deshacer tanta información. Que Soria sea tuya en la caída de las hojas.

Portugal: de desembocadura a desembocadura

2013 octubre 17
por Beatriz Acosta

Aprendamos, amor, de estos montes
Que, tan lejos del mar, saben el modo
De bañar en el azul los horizontes.

Hagamos lo que es justo y razonable:
De deseos ocultos otras fuentes
Y bajemos al mar de nuestro lecho.

 José Saramago. El poeta nos traslada a su tierra .

Lentamente. Miradas. Susurros. Imaginación abierta. Sombras en el camino. Pasos acelerados, llenos de ansia. Deseo por hallarla. Esa tierra que cancela cualquier enojo. Colarnos por la frontera. Deslizarnos por su belleza y enredarnos en su historia. Hasta dejarnos vencer por ella. Acariciarla. Sonreir.

Ella, portuguesa. Con una frontera única, por verse acompañada del gallego Río Miño. Nació en la región Porto y Norte. Esa región que nos hace cantar de alegría. Y que se descompone en este presente. Con hambre de ser pasado y futuro de toda memoria. Horizontes, los suyos, de visión infinita.

Portugal, no puede ser otra. Forma un abrazo estrecho y cariñoso con España, pero dos hermosuras se escapan de tal achuchón: los archipiélagos de Maderia y Azores en el Océano Atlántico. Con nosotros crea una línea divisoria de 1.215 kilómetros, siendo testigos de la misma, las comunidades de Galicia, Castilla y León, Extremadura y Andalucía. Tan alcance de norte a sur descifra, que posee un clima extraordinariamente diferente, pues de una región a otra se ve condicionado por los relieves, latitudes o proximidad al mar.

10 millones de lusitanos y afincados en su tierra bailan al son de paisajes verdes, playas cristalinas, montañas escondidas… Y por grandes sorpresas que regalan, necesario es recortar el mapa y contar Portugal a pedacitos. Este presente presenta un norte a través de la costa. Esa descomposición citada, llega YA. La Costa Verde es lo que perseguimos. Un norte de tremendo encanto. Un norte donde grandes extensiones de bancales con viñedos cubren las laderas de las montañas que descienden suavemente hacia el mar. Una tierra fértil regada por importantes ríos, destacan especialmente el Miño, el Duero, el Lima y el Cávado, en cuya desembocadura nos aguardan ciudades como Oporto, Braga o Valença do Minho.

De desembocadura a desembocadura. De la del río Miño en Valença do Minho hasta la del río Duero en la ciudad de Oporto. Con un verde predominante en la densa vegetación de la zona, a causa de las abundantes precipitaciones. Situadas a orillas de esta Costa, además de Oporto, Viana do Castelo, Esposende, Póvoa de Varzim, Vila do Conde y Espinho.

Verde. Posee hermosas playas, de aguas transparentes y de temperatura fría por las corrientes del Atlántico, ideales para deportes acuáticos. Vila Praia de Áncora, prácticamente de la mano con la desembocadura del Miño, es uno de los lugares más turísticos. Al sur de Viana do Castelo se encuentra Esposende, una bonita localidad a orillas del río Cávado que se hace con uno de los más singulares arenales del litoral: la playa de Ofir, flanqueada por pinares y catalogada como Área Natural Protegida. Ésta, una categoría otorgada con la mayor cordura, pues tiene un cordón de dunas móviles de alto valor ecológico. Y otra joya de dicho sentimiento, el Parque Nacional de Peneda-Gerês: comprende cerca de 72.000 hectáreas de bosque autóctono y se extiende entre la frontera con Galicia, las sierras de la Peneda y del Soajo y el curso alto del río Lima.

Tú, Valença do Minho. Gran protagonista. Gran conservación la tuya, como fronteriza tu presencia. Desde 2012 forma una Eurociudad con Tui, como muestra de cooperación e integración entre ambas ciudades separadas tan solo por dos puentes que atraviesan el río Miño. Con un carácter defensivo muy presente en sus potentes murallas, baluartes y puertas, que datan la mayoría del siglo XVII. Parece que en ella se ha detenido el tiempo. Su interior conserva calles empedradas y activos comercios, al son de las campanas de sus iglesias antiguas: Santo Estevão o Santa María dos Antojos. Numerosas casas medievales y renacentistas. Magia es lo que sentirás.

Y de este arte a otro: Monçao. Merece la pena remontar el curso del Miño para llegar a este lugar. Conserva un castillo medieval, en pie desde el siglo XIV. También la visita a la iglesia Matriz y la imponente residencia de los Brejoeira, de estilos neoclásico y barroco. De vuelta a Valença, para encontrarnos dirección costa, con Vila Nova de Cerveira, otra fronteriza. Protegida por un recinto amurallado que tiene sobre sí el peso de numerosas batallas libradas contra españoles y franceses. Preside la villa el Castillo, que ha sido restaurado como Pousada. Gran interés su iglesia de la Misericordia y el Ayuntamiento.

Este cuento no ha acabado. No, no, no. Muy cerquita de la desembocadura del Miño se alza la bonita estampa de Caminha, fortificada como las anteriores y con el monte de Santa Tecla vigilando desde el lado español. De las torres defensivas, tan sólo conserva una, la del Reloj, que data del siglo XV. Esta torre cierra uno de los lados de la antigua plaza de armas, la de Silvia Torres, donde se sitúan los edificios más importantes: el ayuntamiento de la villa, la fuente central, y en otro de los lados, el palacio de los Pitas.

La siguiente cita es la ciudad de Viana do Castelo. Sólo con el nombre, adivinamos algo dulce en ella. Marinera, situada en la ribera del río Lima, con la colina de Santa Luzía dominando el emplazamiento. Ciudad enriquecida con la pesca de altura. Aguarda un castillo, o Castelo, que vigila el estuario de Lima: el Castillo de São Tiago da Barra. Su casco urbano es uno de los más bellos de la zona, casi de Portugal, con calles cuajadas de edificios medievales, renacentistas y barrocos. Las ruas Grande, do Poço, la del Hospital Velho y plazas como la de Erva, darán buena cuenta del importante legado histórico con que cuenta Viana. Y desde Viana remontaremos el curso del río Lima en dirección a Ponte de Lima, así llamada por su puente medieval de numerosos arcos. Su casco histórico merece tus huellas, así como algunas de sus iglesias.

Sin más demora, Braga. La capital de la región del río Miño. Cantidad de templos pueblan la ciudad. La , auténtica iglesia-fortaleza que tiene a gala ser la catedral más antigua de Portugal, con un interior muy rico en tallas barrocas. Frente a ella, se encuentra el magnífico Palacio episcopal que alberga la Biblioteca Municipal. Famosa su avenida de Dom Alfonso Enriques, con multitud de edificios y de historia en fachadas. Recorrer Braga no será un suspiro. Antes de abandonarla, no puede faltar la visita del magnífico santuario de Bom Jesús do Monte, una de las imágenes más conocidas de la tierra, célebre por sus caprichosas zigzagueantes escaleras barrocas que preceden al edificio.

A unos 20 km de Braga, hacia la costa: Barcelos, famoso por su producción artesanal y por el emblemático gallo de cerámica de vivos colores que hace referencia a una leyenda medieval, y ahora no hay otro símbolo para Portugal que él. Pero Barcelos tiene mucho que darnos, un centro muy bonito, bordeado por los restos de la muralla. Hacia el interior, nos falta mencionar Guimarães que nos sirve de pista de despegue para conocer la última estación de esta ruta portuguesa. Oporto llega.

La segunda ciudad más importante y poblada de Portugal, después de Lisboa. En la orilla derecha del Duero. Cuenta con un buen patrimonio cultural y monumental, con restos que se remontan a la época romana. La parte antigua, de intrincadas calles, concentra la mayoría de los monumentos. Cerca del puente de Dom Luis, uno de los cuatro que cruzan el río, se alza la Catedral rómanica, de trazas robustas y aspecto defensivo. Descendiendo hacia el río penetramos en el famoso barrio de Ribeira, de pescadores, y a continuación podemos ascender hacia la zona de la Bolsa, donde encontramos una de las iglesias barrocas más impresionantes del país: la de San Francisco. No abandonemos Oporto sin conocer los puentes de María Pía (diseñado por Eiffel) y el de la Arrábida; además del Palacio de la Bolsa, la Iglesia y Torre de los Clérigos y el Ayuntamiento.

EL DESCANSO EN…

Hotel Infante De Sagres
Praça D. Filipa De Lencastre, 62
En el centro de Oporto, un 5 estrellas a muy buen precio, con un estilo neobarroco que te adentra en la ciudad con la mayor comodidad.

Hotel Mercure Braga Centro
Praceta João XXI
Totalmente reformado a unos 10 minutos de la Catedral de Braga. Un aire muy fresco y moderno para descansar.

Hotel de Guimaraes
Rua Eduardo Manuel De Almeida, s/n
En el centro de la histórica localidad de Guimarães, muy cerquita del palacio de los Duques de Bragança y las murallas de la ciudad.

Pousada de Viana do Castelo – Monte de Santa Luzia
Monte de Santa Luzia
No podía faltar una Pousada en este camino. En Viana do Castelo, algo alejado de la ciudad pero merece la pena la distancia. En el Monte de Santa Lucía con unas vistas increíbles, y a un precio acorde a la calidad. Tranquilidad en un paisaje exhuberante.

Y para los más románticos, en el centro de Viana:

Casa Melo Alvim
Av. Conde Da Carreira, 28
Una casa solariega reformada que fue construida en el s. XVI.

Ahora sí, con una copa de vino de Oporto podemos marchar. Hacer hueco para un “hasta la próxima”. Pues Portugal tiene mucho más que gritar, mucho más que enseñarnos… Y lo hará pronto. Muy pronto aquí, junto a vosotros.

CONTINUARÁ…

Zaragoza de mi perdición

2013 octubre 10
por Beatriz Acosta

Aragón, esa madre mañica de tres hermosuras. Huesca, Zaragoza y Teruel hacen de su dueña aragonesa, una GRANDE. Y tan bien rodeada: Navarra, una pizca de La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Cataluña. Sin olvidarnos de su vecindad con los franceses. Corona un trozo del norte peninsular. Trilingüe como pocas, pues el castellano, el aragonés y el catalán de Aragón son sus métodos de palabra y con los que mejor conquista.

Saber y saberlo demostrar es valer dos veces“, así nos embelesa Aragón. Baltasar Gracián, aragonés y escritor del Siglo de Oro que cultivó la prosa didáctica y filosófica, nos lleva a la mejor definición. Ella, nos hace perder los papeles con su belleza sine qua non.

De su grandísima presencia, nos convertimos en testigos. Difícil de digerir en un sólo trago, ni siquiera en dos o tres. No queda otra que hacer de tripas corazón, y es así como Zaragoza, su capital, se hace con el protagonismo, robándole todo a su Señora. Zaragoza, por su 12 de octubre, por su Pilarica, y porque lo merece todo… como este homenaje.

El ducentésimo octogésimo quinto día del año. 12 de octubre a marcar en el calendario. Zaragoza se deshace entre halagos en una fecha perfecta en ambiente y color entre sus calles. Desde este día, son 80 amaneceres para terminar el año y es la mejor celebración para empezar un balance del año, esperemos que espectacular. Se unen dos en uno: Fiesta Nacional de España y Fiestas del Pilar. ¡A lo grande! Pero la heroína esta vez es la del Pilar, y es que se convierte en un manto de gente [alrededor de 4.000.000 fueron testigos el pasado año]. Con uno de los eventos más preciosos y a todo color: la ofrenda de flores. En el punto final de la festividad, es la mayor devoción hacia la Virgen. Se trata de un día al completo, en la mañana, mediodía y parte de la tarde del día 12, en el que se lleva a cabo una ofrenda donde cientos de miles de personas con trajes tradicionales de Aragón o de otros lugares del mundo portan flores a la Virgen situada en el centro de la Plaza del Pilar.

Ahora sí que sí. Pistoletazo de salida, en este caso, al homenaje de una Zaragoza de perdición.

Como guía, contamos con la suerte caudalosa del río Ebro. Y es que el río de más abundancia de España recorre por tierras zaragozanas la tercera parte de su curso y en la capital aragonesa aumenta aún más, al confluir en él los ríos Gállego y Huerva. Con su viaje por el país de los zaragozanos, nos dejamos llevar para conocer lo mejor, lo más rico y lo de mayor descanso.

De lo mejor a lo imposible. Porque como dice Goethe, “Yo amo a aquel que desea lo imposible“, y desear lo imposible en Zaragoza, se convierte en el perfecto plan. Perseguir sueños y hacerlo todo posible. Y en esta escala de imposibles, nos movemos para toparnos con el Casco antiguo de la ciudad, formado por varios barrios como es el de San Pablo (pero entre mañicos es El Gancho), el de La Magdalena (entre maños también recibe otro nombre: El Gallo), el de San Miguel y el de Las Tenerías. Este último, objeto de literatura de Benito Pérez Galdós. “El aspecto general del barrio de las Tenerías traía a la imaginación, acompañados de cierta idealidad risueña, los recuerdos de la dominación arábiga. La abundancia de ladrillo, los largos aleros, el ningún orden de las fachadas, las ventanuchas con celosías, la completa anarquía arquitectural, aquello de no saberse dónde acababa una casa y empezaba otra (…)“. Un recuerdo de lo que se respiraba y se sigue haciendo, entre calles y cortejos de las casas de un casco viejo muy vivo.

Pero… ¿qué hay de la culpable-inocente? Culpable de estas fiestas que nos llevan a Zaragoza sin cuestión alguna. E inocente porque de infractora o convicta no tiene nada. Responsable de una ciudad. Es ella.

Sí. La Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Y fiel a ella, su Plaza del Pilar. La construcción de este grandioso templo se inició a finales del siglo XVII. Lo más relevante del edificio es el templete con el camarín, el coro con su sillería y la cúpula decorada con frescos de Francisco de Goya. Pero el exterior y su panorámica…pero qué arte, qué complejo de historia tan espectacular. De la mano, no se te puede escapar la Plaza de César Augusto, donde se encuentra San Juan de los Panetes, iglesia barroca, próxima al arrabal y sobre los terrenos del antiguo alcázar musulmán. Luce un airoso campanario y en su lateral permanecen todavía los restos de la muralla romana de Cesaraugusta y el llamado torreón de la Zuda. Hablamos de una localización en el extremo occidental de la Plaza del Pilar.

Seguimos. Lo hacemos en la Plaza de la Seo. La Catedral del Salvador, la otra catedral zaragozana, junto a la basílica del Pilar. Recibe también el nombre de Seo. Consagrada bajo la advocación del Salvador, construida a lo largo de sucesivas etapas. La parte más antigua corresponde a la cabecera, que conserva todavía ábsides románicos. También nos topamos con el Ayuntamiento en la misma Plaza del Pilar, realizado en ladrillo, inspirado en palacios renacentistas. Y cómo no, hablar del Puente de Piedra. Su mejor aliado. Es el puente más antiguo de la ciudad, bajo cuyos siete arcos de piedra lleva discurriendo nuestro querido y citado Ebro cientos de años.

Historia que se respira. Un compendio de edificios hechos a la medida de una panorámica asombrosa. Desde el aire, impresiona. Desde el suelo, engrandece. Aunque no es todo, nada más lejos. Zaragoza va más allá con el Palacio de la Aljafería en Avenida de Madrid o la Real Casa de Misericordia en el Paseo de María Agustín. Y algo verde, muy natural, muy GRANDE, es el Parque Grande de José Antonio Labordeta. Unas 40 hectáreas de estampa verdosa y de bosque. Precioso.

Como de lo imposible podemos extraer cualquier cosa… no esperemos más a exprimir y darle gusto al paladar. En este sentido, sin duda, el rincón estrella es El Tubo. Una zona emblemática de tapeo en Zaragoza que cuenta con calles estrechitas donde se da cobijo a históricos bares repletos de especialidades. Algunos como La Cueva en Aragón, El Champiñón o Bodegas Almau, uno de los más antiguos con una singular fachada. Podrás acceder al tapeo incansable directamente desde Plaza de España, para encontrarnos con el entramado de El Coso, Alfonso I, Don Jaime I y Mendéz Núñez.

Y abriendo el apetito, ¿para qué dejarlo atrás, no? La gastronomía sigue de la mano de tres restaurantes de precisa citación. “Casa Lac“, de cocina tradicional, autóctona y de autor. En la Calle Mártires 12, se asienta este local de don Ricardo Gil, artífice de la revolución de las verduras. Y además, en estas fiestas tienen un menú especial del Pilar. Contamos con restaurante “La Granada” en San Ignacio de Loyola 14. Cocina muy creativa, muy sencillo y moderno, donde poder comer rape asado con manzana e hinojo o pollo del corral al vino tinto y cebolla asada…ahí es nada! También, toma nota de “Bole” en Francisco de Vitoria 3. Cocina de mercado, con platos como presa ibérica con puré de coliflor o wok de verduras con dijon y langostinos. Buenos precios en un lugar fresco y con mucha luz.

Frenamos en seco. Pies quietos. Momento del descanso. Hacer del hotel, tu casa. Gran conocido es “Hotel Alfonso” en una situación privilegiada, en pleno centro histórico y comercia de la ciudad, a escasos minutos andando de la Basílica del Pilar. Con una decoración sofisticada y muy apreciada en el descanso y la comodidad. Para los que deseen estar a pie de la Basílica, inmejorable situación la del “Hotel Sauce“,  pequeñito y decorado de forma personal, cuidando cada detalle, con un toque alegre y luminoso; de trato genial. Y como siempre hay quien busca la tranquilidad, estar apartados, y hoteles amplios con otros servicios tales como piscina. Para ellos: “Hotel Hiberus“. Fabuloso, en tonos azul y blanco despiertas en habitaciones con grandes ventanales, a muy buen precio y a tan sólo 10 minutos en coche del centro. Tú eliges. Aunque no olvidemos los más de 100 hoteles disponibles en Zaragoza, para escoger el que mejor se adapte al viaje.

Zaragoza de mis amores. Esa ‘Zaragoza’ con acento mañico, que suena mejor. En fin. Zaragoza… a tus pies.

PD: Te espero en @viajarlacarta y en @beibaf  ;-)