Teruel existe, de verdad
Seguro que todos hemos escuchado alguna vez estas palabras, las dos juntas. A través de la publicidad y de los medios de comunicación nos han querido convencer de que ambos términos encajan como dos piezas de un puzzle. Y es que, ¡es verdad!, Teruel existe y no es una broma, bien podría llegar a convertirse en tu mayor deseo…porque qerrás volver.
En el sur de Aragón. Cara a cara con Zaragoza, Tarragona, Castellón, Valencia, Cuenca y Guadalajara. Su extensión se encuentra en la confluencia de los ríos Turia y Alfambra. En el clima, los extremos en calor y en frío son sufridos. Propios del verano y el invierno, es mejor hacerle una visita en épocas más tranquilas, cuando los polos opuestos estén relajados y disfrutar de su tierra sea más fácil.
Desde el norte, este, oeste o sur…llegamos. Una vez dentro, rodeado de turolenses, iniciaremos el viaje. Como en cualquier comienzo, hay que marcarse unos pasos y unas metas, siendo así, elegimos una zona para movernos. La superficie es de 440,41 km cuadrados, por lo que de una sóla vez no podremos digerir Teruel. Esta ruta que aquí se presenta, será una de tantas que puedes marcar en el mapa. Una recomendación que para 3 días de aventura, será una perfecta combinación de ‘buen comer’, ‘buena gente’, ‘buen producto’, ‘buen dormir’, y un suma y sigue de buenas impresiones. La verdad, que mal no se puede marchar uno de este hogar.
Te darás cuenta de que existe cuando, de toda su oferta turística, no sabes por cuál decantarte. Y es que Teruel está dividido en comarcas y en cada una de ellas goza de un estilo propio. Según su localización, tendrá un paisaje más seco, más verde y tendrá una gastronomía variante. Éstas son: Calamocha, Cuencas Mineras, Andorra, Bajo Martín, Bajo Aragón, Matarraña, Maestrazgo, Gúdar-Javalambre y Albarracín. De norte a sur. La sugerencia de ésta vez, se enmarca en la comarca de Matarraña y accediendo a ella por Bajo Aragón. Para que empiece a sonar familiar, ¡comencemos!
Entrando por Zaragoza, llegas a la Comarca de Bajo Aragón, donde visitaremos Alcañíz, es uno de los municipios de mayor incremento de población de la provincia. Es capital y sede actual de esta comarca. Pararemos a disfrutar de los alcañizanos para comer, y lo harás bien. A parte, hay una opción muy apetitosa: acercarte al circuito de velocidad de Motorland, una ciudad del motor en Aragón. Respecto a sentarnos a la mesa, lo haremos en “Restaurante Meseguer“, de aire moderno y con especialidades en carne y guisos de la zona.
Un siguiente paso, y dejando esta comarca. Entramos en la de Matarraña. En ella, Valderrobres es la población más importante, de apariencia más elegante que el resto de poblaciones de la comarca. Acoge el ayuntamiento, declarado monumento nacional, o el castillo palaciego gótico. Este castillo está comunicado con un paso elevado con la iglesia de Santa María la Mayor. Este pueblecito está situado más al sur de nuestra ruta, pues el resto de ella la marcamos al norte de Matarraña.
La faceta más destacable en el entorno, es la de recorrer senderos que cruzan las tierras bajas y se adentran en puertos, como es el caso de Beceite. Entre montañas, donde fluyen numerosos arroyos y se esconden cuevas y grutas, rompiendo la llanura. Beceite y también Calaceite son el objetivo y la meta. A tan sólo media hora, el uno del otro, entramos en Beceite dejando atrás la población de Valderrobres, que en coche son escasos 10 minutos.
Beceite, de corte medieval, nos ofrece una arquitectura combinada con su paisaje, de forma extraordinaria. A corta distancia se encuentra una auténtica joya de la naturaleza: El Parrizal, barrancos, surcados por numerosos cursos de agua que convierten a esta zona en un privilegio. En su conjunto, deberás recorrer lo que encuentres, no pierdas ojo de nada con lo que tropieces.
Y en último lugar, Calaceite. Un plato fuerte. Villa que rezuma historia labrada en piedra. Ofrece al viajero múltiples opciones estéticas, desde la barroca iglesia de la Asunción, de tremenda fachada, pasando por la ermita de San Cristóbal y terminando por el yacimiento íbero de San Antonio, donde se han extraído numerosas piezas arqueológicas, correspondientes al siglo V a.C. Un pueblo que respira naturaleza, con casas señoriales y que también en su conjunto, será necesario que lo descubras por tí mismo. Además, para comer: “Restaurante Fonda Alcalá”, excelente calidad, premiará tu paladar y se define fácilmente como “la modernización de lo clásico”. Y pasar la noche, después de unos días de excursiones improvisadas, “Hotel Cresol“, es mágico, pequeño y como en casa, un hotel con encanto de 6 habitaciones…que de verdad, se convertirá en tu hogar llenos de mimos.
Otras poblaciones rodean estos destinos, como La Fresneda, Calanda o Calamocha… y bueno, en realidad, tantos otros lugares que te acogerán si así lo deseas, en tu camino por esta ruta. Sólo necesitas… DEJARTE LLEVAR, porque pinta demasiado bien…







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