Las Provincias

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Los clásicos (XV): Louie
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Mikel Labastida | 26-03-2017 | 21:31

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No se puede hablar de esta serie sin presentar a quien la interpreta, la escribe, la dirige e incluso la edita. ‘Louie’ no existiría sin Louis C.K. No se puede entender la una sin el otro. Se llama Louis Szekely, apellido de origen húngaro cuya pronunciación aproximada sería CK, de ahí el nombre artístico que este todoterreno -nacido en Washington pero criado entre Ciudad de México y Boston- escogió para subirse a los escenarios. Primero a los de los bares, donde, según él mismo ha relatado, le costó hacerse con el público. Y más tarde a los de programas, en especial ‘late-nights’, en los que el formato del monologuista es tan agradecido.

Llamamos monologuista a aquellos actores con sentido del humor, y con discurso y estilo propios, que son capaces de generar una historia o de aportar un punto de vista completamente diferente a un tema cotidiano, y no a alguien que encadena una serie de chistes manidos. Conviene recordarlo.

 

Las intervenciones de Louis permitieron atisbar un lenguaje crudo y una escasez de filtros para abordar temas, lo que hace verdadero honor a lo políticamente incorrecto, que tantas veces se usa sin que de incorrecto tenga nada. Se convirtió en estrella delante de las cámaras, y detrás, como guionista, labor por la que ha ganado premios como el Emmy. Cuando alguien encarga una serie a este comediante entiende que el resultado final no será ‘La casa de la pradera’.

HBO fue la primera cadena que le propuso una ‘sitcom’ -de esas que los americanos tan bien realizan con duración limitada y público en el plató, y que en España nunca se han logrado asentar, salvo honrosas excepciones-. ‘Lucky Louie’ giraba en torno a una pareja a la que le cuesta sobrevivir con sus trabajos y criar a una niña no demasiado agradable. Aunque la experiencia no fue buena -a la crítica no le entusiasmó, los datos de audiencia resultaron ridículos y, tras una temporada, se canceló-, sí permitió establecer un tono que marcaría a la que se considera una de las grandes comedias (agridulce en muchos momentos) de este siglo. ‘Louie’ es lo que se llama una serie de culto, es decir, de las que ven cuatro gatos que la defienden como a una madre y que suele ser mimada por los críticos y los galardones.

‘Louie’ corrigió errores del pasado. En primer lugar, no intentó ser como las demás ni ajustarse a patrones convencionales. Esto le otorgó una libertad absoluta a su creador. En segundo lugar, no estableció un argumento cerrado, lo que deja que la trama discurra por los terrenos que quiera. La combinación de todo esto dio lugar a varias mezclas: de ficción y realidad, de comedia y drama, de documental y ‘sitcom’. Lo llaman ‘post-humor’, una etiqueta difícil de definir todavía (por falta de ejemplos). Y aunque los experimentos hay que hacerlos con gaseosa se debe reconocer que en este caso funcionó.

Louis interpreta a Louie. Louie es cómico, al igual que Louis. Y vive en Nueva York, al contrario que Louis, que reside en Boston, aunque trabaje mucho en Nueva York. Pero no se confunda. Louie no es Louis, pero se parecen bastante. Un ser gris, acomplejado, inestable emocionalmente que lucha para vivir y sobrevivir en la Gran Manzana es el protagonista de este imprevisible título en el que lo mismo un día encontramos al personaje principal provocando que una mujer rompa aguas mientras tiene sexo con ella, que a sus dos hijas sometiéndole a un interrogatorio, que a David Lynch en el papel de un surrealista productor. Cada capítulo es un folio en blanco, una sorpresa, que gustará a los fieles del universo Louis C.K. y aburrirá y repelerá a sus detractores. No suele haber términos intermedios. La producción de FX, que se estrenó en 2010, es prima lejana de ‘Seinfeld’, guarda parentesco con Tina Fey y no tiene nada que ver con ‘Modern family’.

Con todo, la serie permite algunas lecturas nada desdeñables, como que el mundo actual es cruel, que cada vez tenemos más armas para comunicarnos mejor y no las sabemos utilizar, que hemos convertido las ciudades en junglas, que en estas viven seres abyectos y despreciables. Y que la mayoría de ellos se topan con Louie. No falla. Todos dan con él. Normal que luego no levante cabeza.

Al protagonista y promotor de esta producción se le debe reconocer como virtud que sabe reírse de sí mismo y ridiculizarse al máximo cuando es necesario. El guión manda. Y con esto siempre se consigue poner al espectador de parte de la víctima maltratada.

Actores como Ricky Gervais, Chloë Sevigny, Joan Rivers, Bob Saget y Robin Williams han pasado por este show, que se ríe de todo y de todos y lo mismo provoca sonrisas que caras largas. No hace concesiones y eso tiene un precio.

 

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Sobre el autor Mikel Labastida
Crecí con 'Un, dos, tres', 'La bola de cristal' y 'Si lo sé no vengo'. Jugaba con la enciclopedia a 'El tiempo es oro' imitando al dedo de Janine. Confieso que yo también dije alguna vez a mi reloj: "Kitt, te necesito". Se repiten en mi cabeza los números 4, 8, 15, 16, 23, 42. Tomo copas en el Bada Bing. Trafico con marihuana en Agrestic y con cristal azul en Albuquerque. Veo desde la ventana a mi vecino desnudo. El asesino del hielo se me aparece en cada esquina y no me importaría que terminase con mi vida para dar con mis huesos en la funeraria Fisher.