¿Vendo o no vendo?

-Mira, te lo he dicho cientos de veces: esto de aquí no se mueve. Es parte de la habitación, constituye un espacio propio, un lugar en el que desarrollar los músculos de mis manos. Y además es mía.

Después de esta frase, cierro la puerta y me pongo a reflexionar.

Sé que he hecho mal, ella no se merece una salida de tono como ésta. Vale, eso está claro. En breve tendré que salir de mi zulo y pedir perdón cabizbajo. Bueno, esa parte ya está aclarada. Pero es que cada vez que sale el tema me pongo de los nervios. Ya sé que es muy grande, y que con ese color negro atrae el polvo que da gusto, pero a mí me gusta.

Son demasiadas horas juntos, demasiados goles encajados, piratas acribillados y niveles conseguidos como para deshacerme de tan preciado tesoro. Y eso que sus argumentos son válidos. Si la vendiera podría sacarme el dinero suficiente como para comprarme una Xbox y un monitor nuevo pero es que es un objeto de culto.

Algunos dirán que no sirve para tantas cosas como se anunciaba o que simplemente es una pérdida de tiempo, pero cuando llego a casa y la veo allí, sonriente, con ese logo que se gira según en la posición en la que la colocas, todo cambia.

Mi PS3 es mía y no la pienso vender.

Bueno, y ahora a pedir perdón por todo lo que he dicho.

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