Archivado a junio 9, 2008

Pong

Mi madre tenía una peluquería. Uno de esos espacios saturados de laca en el que las señoras de peinados estratosféricos entraban para arreglarse y hablar. Mi madre les sonreía con calma y aparentemente respondía a todas las estupideces que solían salir de sus bocas. Al fin y al cabo era su negocio, no podía ir

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