Las Provincias

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20 años
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Fernando Giner | 29-03-2015 | 21:27| 0

Aún recuerdo como si fuera ayer el día en que ingresé en la comisión ejecutiva de la Asociación Valenciana de Caridad: fue una tarde de primavera de 1994. Desde entonces y, sobre todo, desde el año 2000, bajo la presidencia de Antonio Casanova, me he dedicado en cuerpo y alma a esta institución. En la junta dirigida por Casanova, desde el primer día se me atribuyeron funciones de marketing y comunicación, con una confianza plena en mi persona. Así, he ido desarrollando, bajo su extraordinaria dirección, asombrosa visión, mucho mejor criterio y, junto a otros miembros de la comisión ejecutiva, todo el posicionamiento, notoriedad y reputación corporativa para situar a Casa Caridad en el lugar que por historia y origen se merece.

Han sido prácticamente todos los miércoles, como mínimo, acudiendo a realizar mi labor como responsable de esta área y a poner ideas en común con los de otras áreas, como finanzas y, principalmente, labor social. He dedicado mi tiempo junto a grandes personas que han entregado también el suyo, su saber hacer y su cariño de manera completamente altruista en beneficio de los que más lo necesitan.

No es mi propósito entrar en detalles sobre las tareas y responsabilidades que tenía atribuidas en la Casa y mucho menos exponer los objetivos alcanzados. Pero sí diré que en todo este tiempo hemos sufrido los peores momentos de la crisis, que he visto en primera persona la desesperación, el flirteo de familias de clase media con la exclusión social, he descubierto que los sueños no están reservados a los que tenemos una vida económicamente estable y que la dignidad de las personas es el dique de contención ante la exclusión. He conocido diferentes tipos de pobreza y he comprendido que hay situaciones personales de las que es muy, pero que muy difícil salir sin el apoyo de los demás, que la realidad es un ascensor social en el que un día subimos y otro podemos estar bajando.

Y junto a ello, dichosa y paradójica vida, he comprobado la generosidad de los valencianos, la comprensión de los trabajadores sociales y la entrega de los voluntarios. Por mi parte, siempre he pensado que este trabajo altruista me supone la recompensa de haber hecho el bien por los demás y quiero dejar claro que ése ha sido mi salario, que mi recompensa ha sido el apreciar y comprobar cómo mi humilde participación ha supuesto, bajo la presidencia de Antonio Casanova y con el incansable trabajo de Luis Miralles, Vicente Miguel , Joaquín Iborra, Antonio Gomis, Javier Carpi, Yolanda Silla y Javier Molina, entre otros voluntarios de la Junta, más los casi 300 voluntarios que dirige Eva Aparisi, un revulsivo para la institución benéfica del pueblo valenciano.

Doy gracias porque he podido devolver a la sociedad lo que ella previamente me entregó. Doy gracias porque he conocido de primera mano la generosidad de este gran pueblo, el valenciano, y doy gracias porque puedo mirar hacia atrás y sentirme satisfecho de este recorrido.

Nuevos proyectos llamaron a mi puerta y, siendo consciente de los principios básicos de la institución, tales como su independencia política, puse mi cargo como Vicepresidente a disposición de Antonio Casanova. Aunque sé que no es exactamente lo mismo, te digo, querido lector, que inicio esta nueva etapa con el mismo propósito e ilusión: perseguir la justicia, entendida como algo universal, y, sobre todo, con la intención de mejorar y cambiar las cosas con tranquilidad y sensatez.

Gracias, como cada jueves, por leerme.

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Emprendedor
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Fernando Giner | 10-03-2015 | 10:30| 0

Entre otros, tenemos un reto muy importante como sociedad: convertir en empresario al emprendedor. Hay un ingente número de personas que han decidido dar el salto y trabajar por su cuenta, bien sea por vocación o bien como única solución al problema del paro. Me refiero a jóvenes cansados de hacer prácticas, a mayores de 50 años que no se resignan a jubilarse, a madres solteras con hijos que no llegan a fin de mes… De verdad, es todo un universo de personas distintas, de casos diferentes, de situaciones únicas que te permite observar cómo cada uno ha llegado al mundo de la empresa por un camino. Y celebro comprobar que la sociedad civil se ha organizado para prestar apoyo a estas realidades.

Nuevamente, una sociedad horizontal que, de manera espontánea, une a gente con experiencia con quien se está iniciando, creando programas, concursos, encuentros… mil cosas diferentes organizadas de manera colaborativa, encontrando cada uno el hueco donde se hace necesario; cooperando, no compitiendo. Esta horizontalidad entre las personas se produce por una cuestión de empatía entre los ciudadanos, que entienden que cualquiera podría haber estado en una situación desfavorable; lejos, muy lejos de la verticalidad del siglo XX. En esta atmósfera colaborativa se establece una relación grupal y solidaria, de contactos, que impide ir en solitario a los que inician esta nueva aventura profesional.

Con los alumnos de la segunda edición de Operación Emprende.

Horizontalidad, colaboración, nuevas relaciones, nuevas amistades, sinergias, aprendizaje y acción. ¿Se imagina montar un negocio por primera vez en su vida sin todo esto? Y aun así, fracasaran uno de cada diez. El índice de mortalidad será altísimo, pero he aquí una nueva cualidad de esta nueva sociedad horizontal: que si las cosas se han hecho con prudencia y sensatez, desde una perspectiva financiera, no será visto como un fracaso, ya no será el «ya te decía yo que no te metieras en esto» o «que no se entere nadie que me salió mal este proyecto» o «jamás conseguiré nada en la vida», sino que será considerado como aprendizaje, como experiencia nueva y, sobre todo, como enriquecimiento personal.

El reto de la sociedad ahora es que estos proyectos se conviertan en empresa. Consiste en formar, desarrollar y permitir que el emprendedor sea empresario, un pequeño empresario que, partiendo del autoempleo, genere otros empleos y riqueza real, no especulativa o financiera, para la sociedad. Si a un proyecto que lleva cinco años en marcha lo catalogamos de emprendedurismo nos estamos equivocando, estamos manoseando las cifras desde una perspectiva estadística y engañando a la gente.

Este curso estoy de director en dos proyectos: uno pionero para estudiantes de la Formación Profesional en Capitol Empresa y en la tercera edición de Operación Emprende. Todos los alumnos de este año son emprendedores, pero los participantes de la primera edición de Operación Emprende –que tuvo lugar a principios de 2013– tienen que pensar ya como empresarios.

¿Nuevos emprendedores? Por supuesto, pero, sobre todo, nuevos empresarios.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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Autónomos
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Fernando Giner | 01-03-2015 | 18:48| 1

Hablaba en el último post de la nueva figura social que es el “precariado”, refiriéndome a los que, estando trabajando por cuenta propia o ajena, no llegan a fin de mes o lo hacen con mucha dificultad y, además, con un futuro incierto.

Hoy quiero abordar con más detalle la situación de los trabajadores por cuenta propia, los autónomos.

Entre los numerosos autónomos que hay en nuestro país, hay muchos que están intentando iniciar un negocio o poner en marcha una actividad empresarial, personas que estaban en el paro y que, al no encontrar trabajo, han decidido iniciar una actividad y darse de alta en la Seguridad Social.

En España ser autónomo es una odisea. Los comienzos son durísimos, entre otras cosas porque la actividad no factura ni el salario mínimo interprofesional, que son no llega a 650 € y las cuotas de alta de Seguridad Social suponen prácticamente la mitad.

La revista Forbes pone de manifiesto esta realidad al comparar la situación de España con la de países de su entorno más cercano. Leo en ella que en Francia los autónomos no pagan nada durante el primer año. De hecho, dice que es el mejor país para empezar a ser autónomo porque, además de no pagar cuota al principio, tienen derecho a asistencia, a incapacidad temporal y están cotizando para la jubilación. Por su parte, en Inglaterra, las cuotas del autónomo están entre los 13 y los 68 €, incluso hay situaciones en las que no hay declaraciones trimestrales de IVA, solo al final del ciclo fiscal. En Italia se paga el 20 % del beneficio, nada más. En Holanda, 50 € anuales. En Alemania, que tal vez sea el país más duro para los autónomos de nuestro entorno, son 140 € si tus ingresos superan los 1.700 €.

En España, 266 € al mes (con algunos gestos en bonificaciones) funciones como funciones, mientras que en Europa o tienen unas facilidades tremendas respecto a las cuotas de la Seguridad Social al iniciar la actividad, o éstas están vinculadas a los resultados.

Cualquier emprendedor sabe que el primer año ingresar dinero es difícil y que hay que hacer frente a muchos pagos. Para esta gente que está empezando, que ha visto en el autoempleo una salida de la crisis, las cuotas son elevadísimas. Tenemos que resolver esta situación, porque en los autónomos está una de las claves de la recuperación.

En mi opinión, las condiciones que tenemos en España se deben a que hay desconfianza hacia el autónomo, es algo cultural. El legislador piensa que el autónomo es una persona a controlar, que hay que ponerle requisitos fiscales mensuales, trimestrales y anuales, y tenerlo muy vigilado porque si no, a la mínima, va a defraudar. Cuando, en realidad, se trata de personas que no encuentran trabajo y que ven en el autoempleo una salida.

Además, la relación con la Administración es compleja y lenta. Precisa llevar un asesor encima, porque hay tantos impuestos, papeles, requisitos… tantos cambios anuales, que uno se vuelve loco. Conozco el caso de una amiga que ha estudiado el ciclo superior de administrativa y que montó su propio negocio, es decir, que se supone que tiene la formación necesaria para estar al día de todo el papeleo, y, sin embargo, me decía que necesita un asesor porque la legislación cambia tanto que para estar actualizada o se dedica exclusivamente a estar al tanto o necesita una ayuda externa. Como he dicho en numerosas ocasiones, se trata no ya de ayudar, sino, al menos, de no dificultar las cosas.

Así pues, cuotas y simplificación. No olvidemos que el que se hace autónomo está haciéndonos un favor a todos: está poniendo en riesgo su situación personal y está saliendo de las listas del paro, por lo tanto, insisto, a esta persona hay que ayudarla.

Y, por supuesto, está también la financiación: la bancaria es escasa y cara.

El problema es que o se vive y se sufre esta realidad o es muy difícil empatizar con la problemática. Éste, en mi opinión, es el problema que estamos teniendo, que el legislador no acaba de entender la persona del autónomo y del pequeño y mediano empresario, que lo ven como alguien a quien controlar y, cuando vienen elecciones, se les hace un guiño, pero sin abordar el problema en toda su amplitud.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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Precariado
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Fernando Giner | 24-02-2015 | 12:04| 0

La crisis ha traído una nueva realidad social que está expulsando a la tradicional clase media: el “precariado”, una palabra incorrecta pero que expresa muy bien lo que está ocurriendo. Es la situación de muchas personas que se encuentran trabajando, ya sea por cuenta propia, como autónomos, o por cuenta ajena para otra empresa, pero sin ninguna estabilidad. Esto es debido a que los contratos y las relaciones laborales profesionales cada vez son, en general, más inseguras, más inestables y con sueldos “low cost” y esto se está aceptando como única solución frente al problema del desempleo.

La clase media que hemos conocido, que trabajaba de lunes a viernes, tenía un mes de vacaciones, un contrato de trabajo que le permitía vivir con tranquilidad y podía pedir un crédito porque sabía que lo iría devolviendo sin problemas, prácticamente ha desaparecido. En muchos casos, la persona ha perdido el puesto de trabajo y su familia se ha empobrecido de manera notable y alarmante. Pero, incluso los que han conseguido un empleo, tienen la sensación de no saber dónde van a estar dentro de seis meses y esto, lógicamente, afecta negativamente a las expectativas.

Así pues, este “precariado” es la nueva clase media que está apareciendo en España y contra la que tenemos que luchar, porque si la situación se estanca, la recuperación económica va a ser muy complicada. Por un lado, la inestabilidad laboral y la precariedad imposibilitan que los jóvenes se puedan independizar y, por el otro, también hacen que las personas de más de 55 años que se quedan sin trabajo ya ni siquiera se apunten al paro, porque piensan que no les va a servir de nada. De esta manera, disminuye la población activa. Esta es la situación que estamos viviendo, que afecta lógicamente al consumidor, y ante la que se encuentra todo aquel que tiene un comercio u otro tipo de negocio.

Porque ante esta inestabilidad, las familias lo que hacen es pensarse mucho las compras, comparar productos y precios y, sobre todo, posponer la adquisición hasta el último instante. Y es curioso, porque ya no estamos hablando de personas que no tienen trabajo, sino de las que cobran una nómina todos los meses, pagan sus impuestos y su Seguridad Social, pero no llegan a fin de mes. Así, el comercio tiene que pensar en sus clientes, comprender en qué situación económica se encuentran y ver de qué manera puede facilitarles las compras, porque, por ejemplo, hay unos cuantos días al mes, hasta que cobran, en que casi nadie consume.

Al mismo tiempo, se nos habla de macroeconomía, de exportación, de turismo… pero yo insisto una y otra vez: lo que necesitamos es que el consumo interno se recupere, que las familias recuperen la tranquilidad y la estabilidad, en primer lugar, por un concepto y principio de sentido social y, en segundo lugar, porque esto será lo que traerá la recuperación. Solo cuando hablemos de recuperación, hablaremos de empleo, que será una consecuencia lógica de la recuperación. El problema es que éste es un círculo vicioso que se está interiorizando como un mal necesario que hay que aceptar. Es como si fuera un “fuego amigo” de las políticas de recuperación y no estoy de acuerdo.

Precario es la falta de estabilidad, precario es la falta de seguridad, precario es la falta de duración y precario es la falta de recursos y medios económicos suficientes. Éste no es el futuro que quiero para mis hij@s.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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Consumo
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Fernando Giner | 14-02-2015 | 18:43| 0

Se habla de exportación y se habla de turismo pero, si de verdad queremos hablar de empleo y recuperación, tenemos que hablar de consumo privado, del consumo de las familias, y éste pasa irremediablemente por el comercio.

Consumo, comercio y empleo son palabras sinónimas de prosperidad.

La sociedad ha cambiado mucho en los últimos años y, con ella, el mercado, por lo que una persona que tenga un pequeño comercio o que haya montado una tienda online, se encuentra ante una amalgama de consumidores tan dispar y con tantas diferencias entre sí que comprenderlos y adaptarse a sus necesidades es un reto ingente, pero que el comercio debe afrontar necesariamente.

La crisis ha marcado la capacidad económica de las personas. Hay personas que están trabajando, que ingresan un sueldo todos los meses, y que aún así no llegan a fin de mes, así que imaginemos lo que sucede con los que, por desgracia, están en paro. Hablarles de consumo a estas personas es una utopía y de eso entiende el pequeño comercio de barrio que, a diario, habla y conversa con sus vecinos-clientes. El precio es un grave problema para este grupo de personas.

De hecho, estamos viendo cómo tras la crisis –aunque esta tendencia ha venido para quedarse– el mercado se ha polarizado entre un consumidor que busca el producto premium y otro que busca el low cost. Antes existía un mercado intermedio, es decir, que ibas al supermercado y entre lo más caro y lo más barato, encontrabas siempre cinco o seis marcas de cualquier producto en esta banda intermedia, pero hoy ya no. Hoy encontramos al consumidor que dice: “quiero mi marca favorita y pago lo que sea por ella”, o a otro que se decanta por el precio más interesante o por la marca del distribuidor.

La diferencia entre ambos no es estática. Me refiero a que un consumidor low cost puede ser premium el día que celebra su aniversario en un restaurante. Es una cuestión no solo de capacidad económica, sino también de prioridades.

A esta polarización del mercado se une otra característica importante, que no viene determinada tanto por la crisis, sino por cuándo ha nacido el consumidor. Hay una brecha generacional enorme entre los nacidos a partir de finales de 80 y el resto, es decir, los que han crecido con las nuevas tecnologías y los que las han adoptado ya de mayores. Se trata de los llamados millennials, que han conocido la realidad a través de pantallas y que están interconectados. Lógicamente, tienen una percepción del consumo diferente al resto. Si ya era complicado para el dueño de un pequeño comercio ofertar entre premium y low cost, ahora hay que añadir estas nuevas variables, más verticales, diferenciar entre nativos digitales o colonos digitales.

¿Qué diferencias hay, en cuanto a consumo, entre los nativos digitales y los que no lo son? En primer lugar, son marquistas, pero no le piden a la marca que les otorgue un estatus, como sucedía con generaciones anteriores, sino que se trata de una cuestión de identidad personal: quieren apropiarse de la marca y sentirse identificados con ella. Por ello, hoy tanto los comercios como las marcas, deben tener un proyecto, una causa que permita a estas generaciones satisfacer su necesidad de identificarse con ellos.

En segundo lugar, dado que han nacido con pantallas e interconectados, están acostumbrados a hablar. El concepto tradicional de la oferta –yo te doy algo y tú lo coges o lo dejas– se ha terminado. Ahora hay que escuchar al consumidor, dejarle hablar. El consumidor es participativo. Esto supone, lógicamente, un gran esfuerzo, pero está llegando a todos los ámbitos, incluso a la política. Ya no se le puede decir al ciudadano: “deme su voto y dentro de cuatro años ya le contaré lo que he hecho”. La gente quiere participar.  La tendencia es de los jóvenes del nuevo milenio pero se extiende como una mancha de aceite a todas las generaciones.

Hemos hablado de la relación que se establece con la marca –querer identificarse con ella– y con la empresa –querer participar–, pero hay otra característica importante de esta nueva generación de consumidores y es que se mueven muy bien en las redes sociales y las escuchan. Se trata de personas que, cuando entran en la página web de un hotel, buscan los comentarios y les hacen caso, diga lo que diga el hotel y publique las fotos que publique. Así pues, es necesario dejar comentar, aunque también hay que atenerse a lo que la gente comente. Esta situación propicia una transparencia tremenda, porque uno puede como empresa simular durante un tiempo, pero la realidad es muy tozuda y acabará apareciendo. Este consumidor que conoce y se deja influir por las redes puede parecer que llega al comercio y compra por impulso, pero en realidad se trata de un impulso que ya ha trabajado previamente. Y también puede darse el caso contrario, es decir, que vaya al comercio a ver el producto y después lo compre a través de la red.

Como vemos, la nueva realidad es muy compleja y es necesario reinventarse y adaptarse a ella. No todo el mundo que entra en nuestra tienda es igual, si tenemos cien clientes, cada uno es diferente y necesitamos escucharlos, comprenderlos y conocer a cada uno de ellos. La venta se profesionaliza, pero también se horizontaliza, porque la sociedad es horizontal.

Por otra parte, para esta nueva generación de consumidores el precio tiene importancia. Se trata de una generación a la que le está costando muchísimo encontrar un empleo y que, cuando lo encuentra, es temporal, por lo que indudablemente va a mirar el precio. Así pues, tienen un consumo muy responsable, porque cada vez que compran algo supone que están dejando de comprar otra cosa.

Además, la estimación es que en los próximos cinco años, el comercio cambie más que en los cincuenta anteriores, es decir, que estamos ante un proceso cuyo resultado final desconocemos. Si esto es así y usted es comerciante debe estar muy atento a lo que ocurre, para adaptarse continuamente a los cambios. Hoy hay que pensar en qué va a pasar dentro de un año, y de dos, de tres o de cinco. Estamos ante el cambio del cambio del cambio, por lo que tanto el propietario como los empleados deben, sobre todo, tener actitud, ganas de adaptarse. Porque vienen tiempos apasionantes, pero muy duros, que nos van a exigir reinventarnos una y otra vez.

Cuántas complicaciones ante un sector clave para la recuperación. Solo se me ocurre una posibilidad: ayudar, ayudar y ayudar al comercio.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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Un año de 13
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Fernando Giner | 26-12-2014 | 22:11| 0

Desde que en abril de 2013 publiqué el libro 13 principios para emprender, he elegido el 13 como referencia para el desarrollo de artículos y conferencias. Éste era mi número en clase de EGB y siempre me ha resultado simpático. Además, principalmente, cuando expongo mis ideas ante los demás, huyo todo lo que puedo de dogmatismos y sentencias categóricas, por lo que números perfectos, como el diez, o bíblicos, como el doce, me resultan antipáticos. El 13 está bien porque demuestra que, aunque la suerte sigue siendo muy importante en esta vida, juega un papel complementario a la actitud. Estoy convencido de que la actitud y las ganas al final pueden superar cualquier racha de mala suerte que uno pueda tener en la vida.

Además, el número 13 me permite configurar la exposición en tres bloques: seis primeros puntos donde analizo la realidad y diagnostico la problemática; un segundo bloque que me sirve de punto de inflexión, de palanca y de recapitulación de valores para iniciar la acción, y un tercer bloque de otros seis puntos, en los que me inclino hacia propuestas, iniciativas y acciones para resolver la problemática anunciada en el diagnóstico previo. Al final, 13 es la suma de 6+1+6: diagnóstico, inflexión y acción, siempre con una pequeña introducción –al estilo del Rock ‘n’ Roll Animal de Lou Reed– para exponer mi opinión sobre las tendencias y circunscribir los trece puntos que voy a tratar al entorno que estamos viviendo.Así pues, este año 2014 lo inicié con una ponencia para el club Moddos, la presentación de la guía 13 errores (demasiado frecuentes) en nuestra pyme. Como suele ser habitual, se desarrolló en las instalaciones de Capitol Empresa y fue la primera vez que tuve la oportunidad de conocer a su director, el gran Josep Lozano, todo un descubrimiento y un placer para mí. Esta misma ponencia la impartí posteriormente en dos jornadas que organizó la Cadena Ser en Valencia y Alicante. Esta última, divertidísima, fue en la sala de prensa del estadio Rico Pérez, donde pude conocer a directivos y profesionales de gran valor humano.

También he participado, con una versión adaptada al mundo de la moda y el diseño de 13 principios para emprender, en la Valencia Fashion Week, tanto en la edición de marzo como en la de septiembre, celebradas en Las Naves y en el Museo del Carmen, respectivamente. Agradezco a Alex Vidal su plena confianza en mí y le felicito por la última edición, fue una pasada. También recuerdo con mucho cariño haber estado con los jóvenes del Propeller Club de Valencia y su presidente, Iñaki Olaizola, con quienes estuve una tarde debatiendo sobre empresa y economía.

En junio, expuse ‘13 tendencias del consumo’, de nuevo en Capitol Empresa y con el Club Moddos. La ponencia suscitó un interesantísimo el debate muestra del empeño que ponen los miembros del club en todo aquello que tiene que ver con su actividad empresarial. Lo que más admiro de ellos es su unión, su vitalidad y, sobre todo, su humildad, porque son todos de altísimo nivel intelectual. De verdad, Josep Lozano ha realizado un trabajo titánico en esta organización. A finales de este mismo mes fui invitado por el decano de la Facultad de Económicas de la Universidad Católica de Valencia, Juan Sapena, para hablar de las competencias profesionales básicas exigidas, a mi entender, en esta sociedad cambiante. Nuevamente, las concentré en 13 puntos y el 27 de junio las expuse en su sede de Marqués de Campo (1880), en Valencia.

El 5 de noviembre, en el Monasterio de San Miguel de los Reyes, presenté ‘13 aspectos de la economía de la Comunidad Valenciana’, compartiendo mesa con Carmen de Rosa y Francesc Dasí, en un acto organizado por la Asociación de Escritores en Lengua Valenciana. Clausuré tres jornadas de ponencias que han sido recogidas en un magnífico libro que se llama València, clau del comerç.

Diecisiete días después, el 22 de noviembre, la Federación de Centros Católicos de Enseñanza me invitó a clausurar la jornada que conmemoraba sus 25 años de existencia. Fue en el Hotel Balneario Las Arenas, ante un nutrido grupo de expertos en formación, con gran experiencia y, algo fundamental, incuestionable vocación. La ponencia la titulé los ‘13 retos de los centros empresas educativ@s’. Agradezco a su presidenta en la Comunidad Valenciana, Vicenta Rodríguez, la confianza depositada en mí para clausurar un acto tan importante para ellos.

Y por último, antes del puente de la Constitución –o de la Inmaculada–, ofrecí dos conferencias casi consecutivas en las que disfruté de lo lindo. La primera fue el 4 de diciembre, en el Ayre Hotel Astoria Palace, donde prologué a Carolina Punset con una ponencia titulada ‘13 puntos críticos en la educación’. En ella pude exponer todos mis pensamientos, reflexiones y propuestas fruto de más de 15 años de vida académica (como director, como profesor, como tutor, como formador, como estratega, como consejero externo de empresas educativas, etc.). Fue todo un placer. Y por último, el 5 de diciembre intervine en Casa Caridad de Valencia, porque así se me pidió a través de su coordinadora, Eva Aparisi, en el Día Internacional del Voluntariado. Ante casi un centenar de voluntarios de la organización impartí un taller-ponencia en el que quise recoger mis sentimientos y emociones acumulados en más de veinte años de voluntariado en esta ONG. Qué siento cuando llego a la Casa y me encuentro, saludo y hablo con voluntarios que dedican su tiempo de forma constante y en un área concreta de la entidad. Lo quise llamar ‘13 motivos para felicitarte’ y, punto a punto y de manera honesta y sincera, expuse el porqué un voluntario debe sentirse muy orgulloso de lo que hace. Pudores aparte, he podido saber, por los comentarios, correos electrónicos y mensajes de Whatsapp recibidos que a la gente le encantó, cosa que agradezco en el alma porque lo hice con todo mi cariño y saber hacer.

Por último, mi hijo Fernando escribió una poesía en septiembre y le dije que si inspiraba doce más le editaría un libro… Papá Noel le ha dejado 13 poemas de amor.

13, conferencias y talleres, en un año donde he tenido la suerte de colaborar con diferentes instituciones de la sociedad civil valenciana desde las que se me ha llamado y en ningún sitio se me han puesto condiciones ni límites a mis pensamientos y expresiones; en las que me he encontrado con personas que escuchaban cosas que ellos ya sabían, pero que han buscado un tiempo para la reflexión y el análisis, y, sobre todo, en las que he disfrutado del calor y cariño de los demás, de personas de diferente procedencia y actividad profesional, pero con un nexo de unión: ganas e ilusión por progresar y por construir un futuro mejor.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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EL CONTRATO SOCIAL
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Fernando Giner | 05-12-2014 | 13:33| 0

Ya hemos mencionado en otros post que España está atravesando varias crisis. En mi opinión, estas crisis se solucionan con medidas a corto plazo y con soluciones a medio y largo plazo, donde juega un papel decisivo la educación, que es de lo que quiero hablar hoy.

Lo primero es hacer autocrítica. Es evidente que hemos faltado al compromiso del contrato social por el que hemos dicho a nuestros hijos que si cumplen con un programa educativo, si son obedientes y hacen caso al profesor, si estudian y sacan buenas notas, llegarán a ser universitarios y, entonces, tendrán un trabajo estable, un futuro asegurado y podrán formar una familia independiente. Esto hoy por hoy, sencillamente no es así y, lo más importante, no podemos darlo por bueno y no hacer nada.

El primer gran objetivo de la educación tiene que ser que un joven de 16 años sea un ciudadano íntegro y con las competencias necesarias para saber desenvolverse en el siglo XXI. Y hoy, el objetivo en cambio es preparar al individuo para la siguiente fase, la universidad. Nuestro empeño debe dirigirse a formar personas libres e independientes y no futuros universitarios.

Debe ser la sociedad civil quien determine cuáles son estas competencias de las que hablábamos. Lo que quiero decir es que este asunto de la educación es tan grave y tan importante que no se puede delegar en un determinado Gobierno. Es decir, esto no consiste en que yo le dé el voto a alguien y eso suponga: “haga usted lo que quiera durante cuatro años y volvemos a hablar entonces”. Todo lo contrario. Este asunto debe resolverse desde la participación de la sociedad civil (expertos, centros educativos, inspectores, padres, etc.) y la Administración tiene que facilitar y promocionar el marco oportuno para que ese debate se produzca y sea eficaz. Como sociedad civil tenemos que hacer un esfuerzo por participar y decidir en aquellas cuestiones que afectarán al futuro de nuestros hijos y no esperar que un programa político nos lo resuelva.

Las cuestiones son varias. En primer lugar, se trata de formar ciudadanos íntegros. Cuando me refiero a que una persona debe ser íntegra, estoy diciendo que un ciudadano español estándar que se encuentre, por ejemplo, ante la posibilidad de comprar periódicos sin la presencia del quiosquero, debe hacerlo respetando las normas cívicas y éticas que el acto en sí requiere, es decir: sin llevarse más periódicos de la cuenta, sin llevarse el dinero del plato, sin romper este plato, dejando el resto de los periódicos ordenados para el siguiente que llegue se los encuentre en orden…

Por otra parte, me parece imprescindible recuperar el prestigio social de la figura del maestro. Creo que una profesora de Primaria es más decisiva para la felicidad de mi hija que un catedrático. Por lo tanto, reclamo el prestigio, reconocimiento y aplauso social hacia los maestros de las etapas educativas más tempranas. Necesitamos maestros con conocimientos, especializados, pero también que sepan empatizar con sus alumnos y, sobre todo, que sepan trabajar con transversalidad, es decir, que tengan la generosidad suficiente y el espíritu corporativo necesario para olvidarse de los departamentos tradicionales y trazar un enfoque interdepartamental.

Asímismo, no nos podemos permitir como normal un fracaso escolar del 33%. Es cierto que la construcción supuso en su momento un canto de sirena muy poderoso para los jóvenes, alejándolos de las aulas, pero qué duda cabe que el índice de fracaso escolar sigue siendo el mismo cuando la construcción lleva años en caída libre. Actualmente, de los menores de 25 años, el 33% no tiene estudios y de éstos, la mitad está en el paro y esto no puede ser.

Otro grandísimo problema al que nos enfrentamos es el déficit demográfico. La Comunidad Valenciana, según datos del Instituto Nacional de Estadística, perderá casi 300.000 habitantes en los próximos años. A partir del año próximo, tanto el saldo vegetativo como el saldo migratorio en nuestra comunidad serán negativos. Así pues, la Comunidad Valenciana va de cabeza hacia una sociedad de mayores, con una tasa de dependencia de uno a uno. Estas perspectivas nos exigen que, de una manera valiente, clara y sin ningún tipo de fisuras, favorezcamos la vida laboral de las madres. El mayor tesoro que tiene una sociedad son sus hijos y si una madre decide tenerlos, debe contar con el respaldo social y laboral para que así sea. No lo digo por motivos ni religiosos ni éticos, sino por puro egoísmo como persona de 50 años que se acerca a la jubilación.

Estamos viviendo la era VICA (volátil, impredecible, compleja y ambigua) y ésta es una era en la que es más importante lo que se aprende que lo que se conoce, por lo tanto  la didáctica se ha convertido en un elemento diferenciador. Hemos vivido una enseñanza memorística puramente repetitiva, que hoy puede ser sustituida incluso por un Smartphone, y estamos intentando dirigirnos hacia una metodología más práctica. Lo que pasa es que en esta España nuestra se ha pasado de memorizarlo todo sin sentido a que la memoria no tenga nada de valor, y tampoco es eso. Aprender, al final, es transformar los datos en información y ésta en sabiduría. Por lo tanto, lo importante es que la inteligencia sepa actuar para relacionar los datos y la información.

El reto al que nos enfrentamos es enorme, pero conseguirlo no es imposible. Es cuestión de que todos sepamos lo que queremos y de que nos pongamos a trabajar en ello en una misma dirección, pensando que lo que está en juego no es la permanencia de un determinado partido en el Gobierno o el adoctrinar a una sociedad en beneficio de una ideología, sino el futuro de nuestros hijos, del tuyo y del mío, dejándoles una herencia que vale muchísimo más que cualquier herencia económica: el desarrollo de la propia persona. Por lo tanto, debemos luchar por construir el espíritu de un nuevo contrato social.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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NAVIDADES
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Fernando Giner | 14-11-2014 | 18:36| 0

Estoy seguro, pero convencido, de que en breve desde las televisiones y medios oficiales se nos va a decir que esta campaña de Navidad va a ser un éxito, se va a plantear como la campaña de la recuperación. Se nos va a vender que la crisis ha quedado atrás, que va a aumentar la contratación, que las expectativas de los comerciantes son positivas y que esto de la crisis se ha quedado para unos pocos. Y es verdad.

Pero también estoy seguro y convencido de que, por otro lado, se nos va a vender la idea de que la crisis no ha sido superada, que ha traído más desigualdad, que hay mucha gente que no va a poder celebrar las Navidades y, por desgracia y para vergüenza de todos, también es verdad.

Cualquiera de las dos posturas es cierta, porque hay verdad en ambas. Sin embargo, nuestra desgracia es que estas Navidades se conviertan en una disputa política para que unos se pongan medallas y otros tiren dardos. Y es que el consumo es la pieza fundamental para hablar de recuperación económica, porque un país como España no puede vivir solo de exportación y de inversión: es preciso y necesario que el consumo se reactive. Y esto solo sucederá cuando tengamos confianza en el futuro y las personas tengan más dinero en el bolsillo.

Es cierto que los últimos datos de consumo privado nos indicaban que lo peor de la crisis estaba pasando, pero, como he dicho en otras ocasiones, la recuperación económica tendrá forma de dientes de sierra, así que nuevamente nos llegan datos que contradicen lo anterior. Calma y paciencia.

Si revisamos las últimas cifras, no hay duda de que el gran protagonista en el consumo está siendo la venta de automóviles, pero hay que recordar que este incremento está alentado por el plan PIVE y el resto de los componentes, como elementos del hogar, alimentación, textil, etc. se mantienen en estos crecimientos dubitativos que antes comentaba.

Lo único cierto es que, tras cinco años de crisis, el consumidor está escarmentado y, por lo tanto, cada vez que le llegan noticias negativas, se cobija y se resguarda ante posibles caídas de la economía. Cada vez que ponemos la tele y aparece un caso de corrupción, cada vez que escuchamos en la radio noticias que nos llegan de una Europa que se paraliza o cada vez que leemos en el periódico que nuestras instituciones están en crisis, este consumidor escarmentado frena su dinámica de consumo. Es decir, que aquí las expectativas juegan un papel muy importante y, por este motivo, el continuo mensaje del Gobierno hablándonos de recuperación no acaba de calar en el ciudadano, porque en España hay más de una crisis (ver Las cuatro crisis de España).

De hecho, otro dato ilustrativo de esta situación es que la nota media que le da el español a su situación particular es de cuatro sobre diez. Esto significa que la media de los españoles suspenden o no llegan a aprobar cómo les va o cómo ven su situación y lo peor de todo es que cuando se les pregunta cómo lo ven dentro de un año, la mitad opinan que igual.

Claro, además hay que tener presentes las condiciones climatológicas: hasta hace apenas unos días, estábamos con más de 30⁰ de temperatura. Ante estas circunstancias, ¿cómo debe plantearse el comercio minorista de ropa la campaña de invierno? Porque, además, en estos momentos el consumidor escarmentado ya sabe que esperando diez días tendrá los mismos productos a un precio rebajado.

Por ese motivo el comercio minorista se enfrenta a una campaña navideña en la que, si bien se espera que repunte y que sea más alegre, tendrá que poner todas las claves del marketing a favor de la venta. Ya hace tiempo que vemos cómo aquellas rebajas que empezaban inamoviblemente después de Reyes, se anticipan desde ya, es decir, que además de precios bajos, el comercio minorista promociona en el mejor momento del año la venta de sus productos. Además, tiene que animar el escaparate y diseñar una tienda atractiva y encantadora para propiciar la venta. Y también contratar más personas para que la atención a los clientes no se demore. Juntemos los ingredientes de esta receta: precios bajos, promociones, inversión en PLV, más personal y un cliente escarmentado que pospone la compra, se informa y compara las diferentes ofertas. Así es muy difícil ganar dinero. Y todo ello en un ambiente deflacionista, donde las expectativas son de continua bajada de precios, lo que supone una presión del entorno para que estas condiciones se endurezcan.

¿Está mejorando el consumo? ¿Podemos hablar de recuperación? Estimado lector, este cronista sique apuntando, desde que escribió en El Reto que estábamos en una crisis en forma de “L”, que nos encontramos en el palo horizontal de dicha “L” y con una recuperación en forma de dientes de sierra. Como decía, para que exista mayor consumo las personas tienen que tener más dinero en el bolsillo y esto aún es un espejismo. Calma y paciencia.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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COLAPSO
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Fernando Giner | 07-11-2014 | 09:30| 0

Este miércoles he tenido la oportunidad de participar en unas conferencias organizadas por la Asociación de Escritores Valencianos. Han sido tres jornadas de ponencias y participé en la clausura, como conferencia final, compartiendo mesa con Carmen de Rosa, presidenta del Ateneo Mercantil de Valencia, y Francesc Dasí, presidente de la Asociación de Vendedores del Mercado Central. Fue un placer escucharles y, la verdad, uno no deja de impresionarse por la historia de Valencia y de ciertos lugares e instituciones emblemáticas. Uno siente orgullo de ser valenciano.

Mi presencia era a título individual, como economista y consejero de empresas, y me pidieron que hablara sobre lo que consideraba importante en estos tiempos en nuestra Comunitat. Como es habitual, desarrollé mi ponencia en trece puntos, seis de diagnóstico, uno de inflexión y seis de acciones y propuestas. Aquellos lectores que me sigan habitualmente ya conocen esta pequeña deformación de hacerlo todo en 13 (13 principios para emprender, 13 errores (demasiado frecuentes) en nuestra ‘pyme’, 13 competencias básicas, etc.). Esta vez eran 13 aspectos clave de la economía valenciana.

En este post me gustaría fundamentalmente centrarme en el primer aspecto, porque por las caras que pude apreciar entre el público concluyo que sorprendió de manera importante el diagnóstico sobre la situación demográfica. Y es que el tema tiene tela. Prospectando en los próximos diez años y basándonos exclusivamente en datos del instituto Nacional de Estadística, la Comunidad Valenciana perderá para el 2024 alrededor de 240.000 habitantes, siendo la comunidad de España en la que mayor descenso de población se da. La cuestión es importante, porque al final el mercado son personas y, si cada día somos menos, esto de una manera u otra tiene que trasladarse al desarrollo económico.

Fuente: INE

Y esto es así porque a partir del año próximo el saldo vegetativo en nuestra Comunidad empieza a ser negativo, lo que significa que desde el 2015 va a morir más gente de la que va a nacer en la Comunidad Valenciana.

Fuente: INE

Ni siquiera el saldo migratorio interautonómico se salva de esta prospección. Valencia, como tierra tradicionalmente receptora de emigrantes provenientes de regiones más pobres pasa a convertirse en una sociedad donde se producen procesos migratorios hacia comunidades como Madrid, Castilla-La Mancha o Baleares.

Fuente: INE

Cuando analizamos el crecimiento proyectado del número de hogares, la Comunidad Valenciana se queda en un crecimiento prácticamente cero, muy por debajo de la media nacional. Como se aprecia en la gráfica siguiente, en casi toda España crece el número de hogares, siendo la media nacional del 5,21%. Si conjugamos este dato con la disminución de habitantes y lo relacionamos con el envejecimiento de la población, comprobaremos que tendemos hacia una sociedad con hogares unipersonales, de gente mayor, con todas las consecuencias que esto conlleva para el consumo, la sanidad y la atención social.

Fuente: INE

Todo esto me lleva a pensar en una sociedad imposible. Lo que quiero decir es que lo que le vamos a pedir a nuestros hijos es que hereden una deuda que asciende al 100% PIB, que paguen sus intereses, que mantengan una Administración hipertrofiada y que mantengan a dos conciudadanos dependientes, ya que la tasa de dependencia indica que por cada seis personas en edad de trabajar habrá diez inactivas. Y todo, a cambio de un sueldo inestable y low cost. ¿Alguien me quiere decir cómo se sostiene esta ecuación? ¿Hasta dónde piensa gravar con impuestos la Administración para sustentar un sistema imposible? ¿No nos damos cuenta de que esto no se mantiene?

Lo que más me sorprende es que nadie esté abordando este problema. Comprendo que los titulares están ocupados por vergonzosos casos de corrupción, pero alguien con responsabilidad social y gubernamental tendrá que hacer una política y una estrategia encaminadas a solucionar esto. Y, de momento, escucho muchas cosas, pero nada referido a esta cuestión. Necesitamos con urgencia un pacto estratégico de Estado a nivel autonómico y nacional que aborde este asunto. El problema, por supuesto, es nacional, pero también es cierto que en nuestra Comunitat está agravado de manera sustancial. Si no se aborda y se trabaja con una mentalidad y planificación estratégicas, vamos de cabeza hacia el colapso del sistema que conocemos en la actualidad.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

 

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Y TÚ MÁS
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Fernando Giner | 30-10-2014 | 23:09| 0

Comentábamos en el último post que en España hay cuatro crisis: la económica, la de la unidad de España, la del modelo de Estado y la crisis institucional de la corrupción. Semanas después, no puedo más que decir que todas ellas se han agravado. Lógicamente me preocupan todas, pero hoy quiero hacer incidencia, desde una perspectiva estratégica, en las dos últimas.

La crisis del modelo de Estado significa que en estos momentos nadie entiende muy bien cuál es el papel de las Autonomías. Resultan aparatos injustificados y sin significado y, en la medida que no se aclare la financiación de éstas, es incoherente que asuman las competencias que hasta la fecha tienen atribuidas. La pregunta es: ¿Qué modelo de Estado queremos? ¿Más centralizado, un modelo más federal o que cada región adopte el que pueda o le convenga? Más concretamente, en el caso de la Comunidad Valenciana la pregunta debería ser: ¿Qué papel cumple la Generalitat en la vida de los ciudadanos? ¿Puede ofrecerse el mismo servicio desde otras instituciones y con un menor coste sin perder calidad?

Porque, como es lógico, esta falta de financiación se ve necesariamente compensada con una subida de impuestos, de multas y sanciones, dando la impresión al ciudadano de un afán única y exclusivamente recaudatorio por parte de las Administraciones locales. Y ya no hablemos de cuando el ciudadano se dirige a esta Administración que, por su idiosincrasia, tendría que ser de proximidad y se encuentra con rigidez, falta de respuesta y, en muchas ocasiones, tonos de cordialidad que como ciudadano-cliente no se merece.

Y en esto aparece la cuarta crisis, la corrupción. No puede llegar en peor momento. Mejor dicho, uno tiene la sensación que desde que empezó la democracia, la corrupción ha sido una característica propia del sistema. Y de ahí vienen la desafección y el desencanto del ciudadano respecto a las instituciones.

España ha tenido una suerte –y, por favor, pido que se me entienda lo que voy a decir a continuación–: esa suerte se llama Podemos. No quiero decir que comparta sus ideales, ni siquiera que crea en su aplicabilidad, pero sí que pienso que toda la ira e indignación de los ciudadanos, que además sufren la crisis económica, ante la corrupción se está canalizando, de forma ordenada y oficial, a través de esta propuesta política. Y eso es una suerte, porque en caso contrario a lo mejor estábamos hablando de una quinta crisis, una crisis de orden público.

Resulta paradójico y, sobre todo, desesperante, comprobar cómo en el parlamento español el debate sobre la corrupción se quedó en «Y tú más». Es increíble que dos partidos que cuentan con cerca del 80% de los votos de los ciudadanos en su representación parlamentaria, capaces de pactar y modificar la Constitución para el objetivo del déficit económico, no lo sean para poner una medida normativa, legal y definitiva sobre este aspecto. De poco sirve pedir perdón, decir que se siente vergüenza por los compañeros y, menos aún, decir que el contrario tiene más casos de corrupción entre sus filas. Desafección política.

En España es muy difícil probar judicialmente un caso de corrupción porque la prueba está en demostrar que lo que se cobró fue una comisión. En mi opinión la clave está en que una persona que ejerce un cargo público tiene que  demostrar la procedencia de cualquier ingreso que tenga. Actualmente, cuando, por ejemplo, un alcalde ingresa una cantidad extraordinaria, se ha de demostrar que esta cantidad es una comisión ilegal. En mi opinión, debería ser quien recibe un dinero con una procedencia opaca el que justifique de antemano su procedencia.

Pero es que a los partidos establecidos no les interesa eso, sino el juicio mediático, el desgaste del contrario, el sacarlo de la escena política, el neutralizarlo como adversario y ya está. No se va detrás de una solución real del problema y mucho menos de crear una normativa que impida que vuelva a suceder en el futuro. Y todo lo que no sea esto supone que volverá a pasar, antes o después, pero volverá a pasar.

La clave no está en el «y tu más», sino en justificar los ingresos de los cargos públicos.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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