Las Provincias

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MEMORIA ALEMANA
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Fernando Giner | 13-10-2011 | 06:23

El gran culebrón de la crisis del euro podría acabarse, si le diese la gana a Alemania, en un fin de semana. ¿Cómo? Inyectando  liquidez .

Podría solucionarse definitivamente en unos meses creando un Ministerio de Economía único e imponiendo sanciones  al país que no cumpla con los criterios establecidos, para que el ciudadano alemán se quedase tranquilo (ver post titulado Six-pack).

Podríamos hablar de recuperación económica si el ciudadano alemán consumiera y gastara más de lo que lo hace. Es decir, si Alemania empezara a importar productos y servicios de sus socios europeos.

Todo pasa por Alemania: destensar los mercados, consolidar Europa y recuperar la economía. Entonces, ¿qué es lo que pasa? ¿Que Alemania tiene ganas de fastidiar? ¿Que no quiere un mercado europeo?.

Pasa que  chocamos no con un problema de política económica, sino de mentalidad. La actitud alemana no es una cuestión teórica, ni es que los alemanes sean más monetaristas que keynesianos, ni que estén más influidos por Hayek que por Keynes, ni muchísimo menos es una actitud antieuropea.

Es un recuerdo en la retina colectiva de lo mal que lo pasaron tras perder la I Guerra Mundial, al tener que aceptar el Tratado de Versalles. En éste, se les impuso (además de entregas de barcos, carbón, tierras, etcétera) la monstruosa multa  de 400.000 millones de dólares, a precios de hoy. Una cantidad que no podían pagar y que provocó la hiperinflación en su economía, dejando el terreno abonado para el nacimiento del fascismo.

¿Es posible que los alemanes aún recuerden una sanción que se les impuso en 1919? La realidad es que, en octubre del año pasado, acabaron de pagar los intereses de la deuda de este tratado.

Parece comprensible, pues, el miedo, respeto y aversión que sienten hacia el endeudamiento. Tal es así que entre los años 2005 y 2008 se redujeron sus salarios y el número de horas trabajadas para evitar perder competitividad y que su economía entrase en desaceleración.

Es, por lo tanto, una cuestión de mentalidad colectiva.

Lo que pasa es que tenemos una memoria selectiva, porque nadie recuerda el año 1953. Alemania, después de perder la I Guerra Mundial, sufrió la derrota en la Segunda. Nuevamente, los vencedores le impusieron sanciones. Pues bien, en 1953, en el Tratado de Londres se le condonó el 51% de la deuda de la guerra y se puso como límite de pago anual el 3,5% de sus exportaciones. Para poder pagar el resto, se le permitió que generase un superávit comercial y se liberalizó su economía. Es decir, no es sólo que se anuló en términos de liquidez, sino que también se le apoyó para que fuera la gran potencia del siglo XIX. Si en el Tratado de Versalles se le humilló, en el Tratado de Londres se le ayudó, y mucho.

¿Saben ustedes que países eran los acreedores en 1953? Principalmente los de siempre; pero busquen, investiguen, porque también estaba Grecia.

Un saludo, gracias por leerme y hasta el próximo jueves.