Las Provincias

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PROGRESISMO Y LIBERALISMO MEDIATICO
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Fernando Giner | 19-07-2012 | 06:16

Tener buenos políticos no es nada fácil. Viendo a Egipto, Libia y la transición de los países del Este aplaudo la extraordinaria labor que realizó en los años 70 Adolfo Suárez. Por su parte,  Felipe González introdujo a España en la modernidad. El socialismo aprovechó la mayoría absoluta de 1982 para realizar la reconversión industrial, desarrollar  un sistema de solidaridad y bienestar e introducir el país en las grandes asociaciones occidentales como fue la OTAN y la CEE. La impresión es que el PSOE era un partido que tenía un proyecto para España y el socialismo tenía mucho que aportar a la piel de toro.

Pero una vez conseguidos estos logros, tras la caída del muro de Berlín y, sobre todo, una vez finalizada la Expo y las Olimpiadas de 1992,  la izquierda se desnorta. Parece como si se hubiese vaciado tras tantos años de generosidad gubernamental y, la verdad, sus últimos cuatro años fueron calamitosos. Al final, en 1996, el PSOE pasó a la oposición  con el difícil reto de regenerase y buscar un nuevo proyecto para España como en 1982.  Tras ocho años de Gobierno popular,  en  las elecciones de 2004, contra todo pronóstico, el Partido Socialista ganó los comicios democráticos y supuso una nueva era para el desarrollo social de España.

Su candidato, ZP, y el partido se vieron sorprendidos por un resultado legítimo, pero inesperado y asumieron las riendas de un país para el que no tenían  proyecto.  Desde luego, en ocho años el PSOE no tuvo tiempo para elaborar un proyecto que introdujera a España, esta vez, en un mundo globalizado. Sin apenas debate ni reflexión interna los acontecimientos anticiparon su puesta de largo en el poder y se vieron precipitados para gobernar un país que disfrutaba de un crecimiento del 4%. Eran tiempos en que la economía no era un  problema, es más, parecía que la mal llamada nueva economía había vencido la presión de los ciclos y que el crecimiento iba a ser la compañera de viaje en los próximos años. Las crisis se habían acabado, sólo había crecimiento, no se sabía que hacer con tanto dinero. Nadie se preguntó de donde salía el dinero. Hoy todos sabemos que era prestado, y el generado venia única y exclusivamente del ladrillo, pero eso está ya muy claro.

El caso, es que España tiene un Presidente sorprendido,  en un puesto inesperado y ante una realidad económica muy saneada planteándose que hacer con un país en el que  la economía va sola, capaz de  adelantar a Francia e Italia. Si se le resistía algún tema económico sus colaboradores se lo explicaban en dos tardes. La economía no era el problema. Entonces, ¿a qué se debe dedicar un Presidente de un Gobierno occidental? Esa sería la pregunta que se haría al verse sentado el primer día en Moncloa.

La idea fue tremenda: Crear la España más progresista de Europa y demostrar que,  ahora que somos ricos,  nos acordamos de los demás desarrollando el progresismo latino para dejar estupefactos a los insulsos países del norte de Europa.

Lo primero que debe hacer un  progresista con dinero es  desmarcarse de los ricos de toda la vida: Es decir, EEUU, la Iglesia y los empresarios. Y esto todo se consigue con escenificaciones, con iconos.

Cuando desfile la bandera de Estados Unidos  no levantarse, visitar al Papa con la mano derecha vendada para  darle la izquierda , acudir en masa el Consejo de Ministros a la inauguración de la película Mar Adentro.

Claro, todo esto es preciso que se recoja en los telediarios e informativos, en cadenas de TV, radios , periódicos, periodistas e intelectuales que secunden esta nueva orientación de la escenificación del nuevo progresismo, naciendo así  el progresismo mediático .

Capaz de buscar socios internacionales, como Bolivia, Venezuela, Cuba o la oprimida Marruecos que nos alejen del modelo americano. Cuyo único mensaje es diseñar el buenismo como proyecto nacional.  El mensaje es que a nadie le falte de nada, que todo el mundo haga lo que quiera y desarrollar el concepto de culpa por el simple hecho de tener dinero. Con el sentimiento de culpa por ser un país desarrollado se hipertrofia el modelo de bienestar alcanzado , principalmente en los ochenta, y se plantea una realidad en la que el ciudadano no paga nada desde que nace hasta que se muere . Es la hipertrofia del estado de bienestar ,es el buenismo mediático.

El buenismo justificaba tener gorrillas aparca-coches debajo de casa, permitía la entrada sin control de personas en el país y entregaba  cheques a todo el mundo por el simple hecho de ser ciudadano. En el buenismo mediático el mal estudiante debía aprobar, los padres no debía corregir a los hijos y las portadas de los periódicos trataban sobre  si los toros eran ilegales, la ley del tabaco y plantearse el aborto a los 16 años sin conocimiento de los padres. Eran tiempos de dar lecciones de progresismo y de explicar a Europa la nueva modernidad de España, eran los tiempos que el representante de España en eurovisión era El chiquilicuatre.

Este concepto se extendió a todos los niveles de la Administración, Ayuntamientos , Diputaciones, Autonomías,… donde , además, se fusionó con un, de nuevo, hipertrofiado concepto del liberalismo entendido éste como no hacer nada, ni controlar nada. Es decir, dejar hacer. Claro, los bancos, los fondos de inversión , las cajas , las megapromociones urbanísticas, …todo sin regulación, ni control. Donde la clase política invadía todos los estamentos socialesy civiles  con la excusa de democratizar la cultura , la riqueza  y el bienestar.

España era la fusión de dos conceptos hipertrofiados , cada uno en su género, el progresismo y el liberalismo, pero, el fallo es que  lo estábamos haciendo con un dinero que era prestado y en la Presidencia rotatoria de Europa , en nuestro turno de Enero-Junio de Mayo de 2010, Merkel dijo públicamente a Zapatero que si quería ser tan moderno lo hiciera con su dinero. Fue excluido de la negociación del rescate a Grecia, incluso de la foto de familia teniendo que presentarse sólo ante la prensa internacional y  desde entonces, la prima de riesgo no ha dejado de estar en primera página. El resto de la historia la conoce de sobra mi querido lector.

Hoy  España es un país sin proyecto a nivel nacional, fragmentada en 17 Españas y más de ocho mil ayuntamientos. Una España en la que los políticos han tejido un sistema de castas, familias y amiguismo que asegura la perpetuidad en el poder.

Hoy, España es un país con un futuro hipotecado ,  sin proyecto y que emplea todas sus energías en gestionar su financiación  para llegar a final de mes.

Hoy Europa nos tiene que regular, controlar y marcar el nivel del bienestar.  Lo peor es que en este proceso hay un Gobierno que está perdiendo la sensibilidad social en sus actuaciones, que no prioriza, ni planifica, y que para ser ejecutivo actúa una y otra vez sobre lo fácil que son los ingresos y las prestaciones de los ciudadanos y empresarios medios controlados por el sistema.

 Después de años de quijotismo social y liberal se impone la defensa de un Estado de Protección social que garantice la sanidad , la educación, las pensiones y el subsidio del desempleo, pero que ayude al ciudadano en su vertiente más débil, que no lo aburguese, que invierta el dinero, no en mantener en el paro a la persona, sino en rescatarlo del desempleo , un Estado eficaz y solidario, que es posible y que es respetuoso con los impuestos de sus ciudadanos, duro con los que se aprovechan e implacable con los que roban del sistema.

 

Gracias por leerme como cada Jueves y hasta el próximo.

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