Las Provincias

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HEROES SILENCIOSOS
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Fernando Giner | 29-11-2012 | 06:10

Llevaba tiempo queriendo  dedicar un post al pequeño comercio y hoy me parece un buen día.  Los empresarios de los pequeños comercios están siendo uno de los sectores más castigados por la situación económica ya que es muy difícil rentabilizar su negocio o  hacerlo hasta el punto  que compense  su dedicación.

Y sin embargo, son imprescindibles  en un barrio. Le dan vida, colorido, servicio y trato personalizado. No hay nada más desagradable que pasear por una calle donde están todas las persianas bajadas. La tienda, ya sea en el barrio o en una zona comercial, es la esencia de la ciudad.

Una calle con escaparates bonitos es una calle bonita. Una calle donde se mezclan aromas y fragancias  apetece pasearla. Una calle con bares, restaurantes, con servicio en el exterior se disfruta con  una buena tertulia. La calle son los comercios.

El pequeño comerciante conoce a sus vecinos, sabe pedir a sus proveedores lo que desean sus clientes, aguanta un cobro cuando se le pide y todo el mundo sabe que si algo falla  está ahí para responder. El comercio electrónico ha elevado a global lo que el comerciante ha hecho en su barrio toda la vida: Personalizar la venta, segmentar  y conocer la trazabilidad  en la búsqueda de información por parte del consumidor.

Por otro lado, están  los turistas que visitan la ciudad. Además de acudir, conocer y fotografiar  edificios y lugares emblemáticos, les encanta pasear la ciudad y ahí  aparece, nuevamente, el comercio. Escaparates, reclamos, olores, curiosidades, originalidades, elegancia, denominaciones de origen, toda una cultura, una forma de entender la vida, presentada al visitante a través de las tiendas. Ciudades como El Cairo, Túnez, Nueva York  o Pekín me han impresionado mucho más por sus comerciantes y mercados que por sus monumentos y ¡ya es decir!

Una ciudad les debe mucho a sus comerciantes. Su contribución económica con los impuestos locales, contratación de personas y motor del sector inmobiliario en locales y plantas bajas.

Pues bien, como decía al principio, los comerciantes tienen un problema, y muy serio, es que no ganan dinero y si lo ganan no compensa el sacrificio, esfuerzo y dedicación  que supone ganarlo. No ganan dinero porque las ventas están contraídas y los márgenes muy ajustados.

La demanda interna de este país está por los suelos, comatosa, moribunda y la campaña de Navidad, principal momento anual de venta, se percibe con mucha modestia y sin apenas músculo comercial.

Estas Navidades habrán 800.000 parados más que el año pasado, 300.000 familias más con todos sus miembros en paro y tres millones de funcionarios sin paga extra. El gasto navideño se distribuye, principalmente, entre comidas, regalos y ocio.

 Las comidas más exquisitas se comprarán  en hard discount y el consumidor comparará, buscará ofertas con gran sensibilidad al precio. Las celebraciones volverán a hacerse en casa.

Los regalos entrarán en el capítulo de lo práctico. Vuelve el “smart shopping”, la compra inteligente, reflexiva, comparada, pensada y enfocada a lo útil, a lo muy útil. A lo mejor, los reyes nos traen la nevera que necesitamos cambiar.

Consumidores que se pasean, que entran en la tienda y no les da vergüenza no comprar, que sólo quieren mirar, donde el dependiente se debate entre atender para no perder una oportunidad  y ahuyentar al cliente por pesado.

 La impulsividad es motor del consumismo. Cuando comprábamos  ropa que sin apenas usar se tiraba, discos o CDs que se escuchaban una vez y cuando en un restaurante el camarero ponía a su antojo las entradas y hasta el vino sin que nadie preguntará el precio. Se acabó. Se acabó la” sociedad del kleenex” de usar y tirar. Vuelve el costurero, los remiendos, el aprovechar el caldo y buscar los libros de texto de un amigo más mayor. Vuelve la reflexión.

Y el ocio, las tiendas de comestibles hacen el “agosto” con las bebidas de vaso largo que deberían consumirse en los locales. La marcha se coloca en la calle o en sus casas con marca “Hacendado” y, luego, a ver si me puedo colar. El circo, cine,…los espectáculos de toda la vida.

 Pero, hay  un segundo grupo de gente que trabaja y le va bien, ¿o no?  Si, pero sobre ellos pesa  el “efecto pobreza”. No supone ser pobre, sino sentirse más pobre que antes. Personas autónomas que no saben como les irá su negocio, empleados que esperan un ERE, personas que ven y viven como sus empresas no funcionan como funcionaban. Desconfianza y miedo al futuro. Ciudadanos que escuchan noticias sobre el copago sanitario, que ven como suben las tasas universitarias, la luz, el gas y la gasolina. Los mismos que hace cinco años estaban eufóricos porque le habían dicho que su casa valía el doble de lo que le costó. Familias que se esfuerzan por desendeudarse. Es la sensación, la percepción, la inseguridad de que en cualquier momento se puede estar en el primer grupo.

Personas en paro, personas con sueldos tan bajos que no llegan a fin de mes y personas con dinero pero con miedo. Ese es el mercado de España para estas Navidades.

¿Y cómo debe reaccionar el comercio?: Si promociona se queda sin ganancia y si no promociona no vende. Se espera que el consumo per cápita se sitúe entre 650 y 700 euros. En el 2008 era casi de 1000 euros. Es decir, consumo habrá, pero será menor y, por lo tanto, habrá que pelearlo y mucho.

Empieza la campaña de Navidad y las tiendas se reforzarán de personal, pero, tal vez, sean familiares, hijos que estudian, sobrinos, toda la familia del empresario unida para hacerle frente a  la batalla, para muchos la gran batalla, la decisiva, donde se gastarán todas las energías para ganarla porque mucho saben que como no sea así, el 2013 será muy cuesta arriba.

He visto cerrar comercios con generaciones a sus espaldas que cuando ha llegado el traspaso generacional al hijo o al nieto, éste  se ha sentido como el hijo de un agricultor de un campo de almendros o de un pastor de ovejas,  sin futuro y ha pensado que no valía la pena. He visto cerrar comercios que daban nombre a un barrio y lo han hecho en silencio, sin alboroto y con resignación. Ya se que algunos me dirán que esto es el ciclo de la vida en la empresa, abrir y cerrar, pero no me negarán que este ciclo se ha acelerado dramáticamente para estos empresarios, por ello,  este pequeño homenaje a estos heroes silenciosos para los que toda ayuda es poca.

Gracias por leerme como cada jueves y hasta el próximo.

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