Las Provincias

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EMPRESA FAMILIAR
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Fernando Giner | 13-12-2012 | 06:36

El pasado Martes fui invitado por el INSTITUTO VALENCIANO PARA EL ESTUDIO DE LA EMPRESA FAMILIAR para impartir una conferencia sobre como afecta las nuevas tendencias socioeconómicas en el gobierno de la empresa familiar.

Una de las conclusiones fue que las  organizaciones necesitan compartir la misma visión y creencia en el modelo de negocio. No hay fuerza más poderosa  en este mundo que una sociedad que comparte las mismas creencias, que tiene los mismos sueños y que comparte los mismos valores. Cuando una institución alcanza ese grado de comunión, generación tras generación, no hay amenaza que la derribe.

  Pensemos en potencias como Estados Unidos, el imperio romano o instituciones como la Iglesia Católica, ninguno de estos ejemplos podríamos calificarlos como de situaciones perfectas o que han vivido al margen de las disputas, todos han tenido momentos mejores y peores, pero lo que les caracteriza como “grandes” es que desde el principio han compartido los mismos ideales.  Todos los ejemplos que la historia nos permite contemplar sobre organizaciones, instituciones ,países o sociedades que han perdurado y alcanzado hegemonía nos enseña que su crecimiento no vino por la cualidad material, por sus recursos, sino por compartir las mismas creencias. Es más, cualquier gran imperio ha tenido más recursos materiales en su declive que en su nacimiento.

Los pensamientos, los sueños, es decir, las creencias y la esperanza es lo que ha movido al mundo desde su inicio. Se dice que la especie humana ha sobrevivido a otras especies más fuertes, más poderosas y grandes gracias a que ha sido una especie con esperanza, en que ha creído en un futuro.

Sin querer irme del tema, el principal problema que veo en España es que los españoles no tenemos un proyecto de futuro compartido. No estamos compartiendo sueños, ni creencias. Vamos cada uno a la nuestra y esto, al final, se nota. El principal pecado que estamos cometiendo como nación es no ponernos de acuerdo en lo que queremos ser. El máximo exponente es ver a nuestros políticos o agentes sociales debatir sobre  cualquier tema, dan lástima.

Pues en la empresa pasa lo mismo. En el caso de la  familiar la pregunta es cuanto tiempo dedicamos a compartir con nuestros hijos nuestras creencias como empresa. No digo a imponer, ni a convencer, digo a compartir, a contagiar, a animar. Las creencias no se imponen, se contagian. Dedicamos tiempo a estudiar finanzas, habilidades y mil cosas más, por supuesto, a negociar con el banco, a buscar clientes y a motivar a nuestros empleados y todo eso está perfecto. Pero, si  tiene una empresa, pregúntese: ¿puede mi hijo definir el modelo de negocio de carrerilla? Comprende el  negocio de la familia y comparte los valores.

Le pondré otro ejemplo que me parece mucho más evidente que los anteriores y es el FC BARCELONA. El éxito de este club, guste o no guste es un club que ha batido todo tipo de registros, está en su cantera y más en concreto en “La Masía”. Allí, a los alevines se les enseña mucho más que a jugar al futbol, se permea un estilo de juego, se comparte un sueño y se imprime un amor  a unos colores. Esto es inversión y es la inversión más poderosa que puede realizar una entidad y es en las creencias, estilos y sueños de sus futuros responsables. Esto me hace pensar que un jugador de una calidad técnica muy alta, como puede ser Ronaldo, a lo mejor no tiene sitio en este equipo y eso pasa sencillamente porque no “vive” el club como lo viven Iniesta, Xavi o Messi.

Las inversiones requieren tiempo y más cuando se trata de personas, pero, por eso digo que son inversiones. Hablar con los hijos, compartir momentos  y fusionar creencias es inversión en el caso de la empresa. Por ello, ayer, en la conferencia animé a los empresarios a crear su propia “Masia”, a emular este desarrollo de la cantera y ha desconfiar en que los estudios, másteres y protocolos familiares resolverán el gran reto de la sucesión.

Formar a una persona técnicamente es relativamente fácil. Formar a una persona en aptitudes es más complicado porque requiere de mucha práctica, pero formar a una persona en actitudes, con “c”, puede suponer un empeño titánico si no das pronto con la tecla. Por ello, invertir tiempo en el “querer hacer” de los hij@s es fundamental.

Ningún contrato, y el protocolo familiar lo es, pude conquistar emociones, pasiones y sueños. El alma no se conquista desde la contratación y este es el problema que existe también con los empleados. Cuando se contrata a alguien se piensa en que tenga licenciatura, capacidad de negociación, pro actividad y mil cosas más, pero, ¿dónde queda la pasión, la motivación y el amor por la empresa?. Conozco a personas que en su trabajo  son auténticos mediocres y tipos oscuros y que el fin de semana son unos fieras con en sus hobbies y distracciones y es que tienen el cuerpo en el trabajo, pero el alma en su casa.

Invertir en compartir creencias con los hijos, con los empleados y con los agentes de la empresa es labor del hombre vértice de la compañía y eso es tiempo y dedicación. Animo a iniciar esta nueva forma de dirigir que es gestionar el comportamiento a través de contagiar los sueños, creencias y valores, como el Barça, a invertir q que la gente quiera hacer cosas en la empresa, haya donde trabaja y que no actúe por el miedo a perder el trabajo.

La verdad, nuestros gobernantes también podrían dedicarle  tiempo a este empreño y no actuar a base  de decretazos, multas o sanciones.

Contagiar, comunicar y compartir son las tres “c” motoras y elementales sin la cuál no puede aparecer la cuarta “c”, la del crecimiento.

Gracias como cada jueves por leerme y hasta el próximo.

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