Las Provincias

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ADAPTÁNDONOS III
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Fernando Giner | 17-01-2013 | 15:38

El pasado Martes estuve en Castellón en el Club de Directores de Recursos Humanos, durante dos horas estuvimos debatiendo la estrategia y la planificación en la empresa y cuál es el papel fundamental de los responsables en la empresa del siglo XXI.

En mi ponencia sostuve tres ideas fundamentales:

La primera es que, además, de una crisis estamos viviendo un proceso. Es decir, un conjunto de fases sucesivas de varios fenómenos donde nadie puede predecir donde desembocará. La España postcrisis, la Europa postcrisis, el mundo después de la crisis continuará en el proceso y esto significa años de transformación hacia una sociedad impredecible. Este cambio del cambio continuo se inicia desde la aparición, principalmente,  del comercio electrónico y como facilita la incorporación de China al comercio mundial y, sobre todo, el comercio financiero internacional que permite prestar el ahorro de un chino a un europeo en décimas de segundo.

Peter  Drucker sostiene que  el comercio electrónico ha marcado una “divisoria”  al igual que en su momento lo hicieron  la imprenta o la máquina de vapor que transformaron y reestructuraron la sociedad hasta tal punto que quienes nacieron en la nueva era “no pueden ni siquiera imaginar el mundo en que vivieron  sus abuelos y nacieron sus padres”.

Bien, si se acepta esta realidad la primera consecuencia lógica es aceptar que un proceso exige adaptación continua por parte de las personas, instituciones y empresas. Adaptarse significa  adquirir lo necesario para ajustarse mental y físicamente a diversas circunstancias, en biología se dice que es el proceso por el que un animal o un vegetal se acomodan a un medio ambiente y a sus cambios.

En pocas palabras, estamos ante una  época, una realidad no calculable, no planificable, en la que la seguridad y estabilidad no se pueden garantizar y ello nos obliga a   estar abiertos y expectantes a lo que sucede en el mundo. ¿Alguien hace dos años se imaginaba que iba a felicitar por whatsApp las Navidades?, ¿Alguien hace diez años se imaginaba que iba a felicitar por sms las Navidades?, ¿Hace 20 años por correo electrónico?, la pregunta es ¿que queda por venir?

La falta de seguridad me lleva al segundo punto que afecta al trabajo delas personas. Y anticipo que lo que voy a decir no supone mi aceptación de la reflexión, tan sólo me dedico a analizar lo que considero que está pasando y  por favor  que nadie mate al mensajero. Me refiero a la seguridad que hasta el momento daba un puesto de trabajo y, sobre todo, la antigüedad de dicho puesto. El patrimonio de un trabajador por cuenta ajena ha sido su antigüedad, a más años de trabajo en la misma empresa más patrimonio. Esto ha concedido estabilidad y tranquilidad a millones de personas que vivían, gastaban, invertían o ahorraban con dicha premisa.

En mi opinión, eso  tiende a desaparecer. Hoy, el principal patrimonio de una persona es su empleabilidad,  la capacidad de  de estar preparado para reubicarse en otro puesto de trabajo  gracias a la experiencia, conocimientos, contactos, movilidad, en definitiva, de tener valor de mercado.

Nuestro principal activo es que nos sepamos buscar la vida y ello requiere cambio de mentalidad. La estabilidad que daba nacer  en una ciudad, estudiar a dos kilómetros, trabajar en el polígono de las afueras, conocer a  una chica/o de tu barrio e independizarse para vivir unas cuantas manzanas de casa de tus padres,…todo esto, está transformándose.  Hace apenas cinco años nuestra vida se desarrollaba en un radio de cincuenta kilómetros  estable, con un empleo que tenía una antigüedad, eso era seguridad.

Sinceramente, no creo que eso vuelva a ser como lo hemos conocido.

Y la tercera reflexión es la necesidad de las empresas de contar con la predisposición de las personas de la organización y conquistar su lealtad. Hoy la empresa necesita el alma de las personas, su actitud, con “c” y  su implicación.  El que más o el que menos está pasándolo mal, con presión, haciendo sacrificios y arrimando el hombro, se gana menos y se realizan más tareas y, por su parte, la empresa ante esta realidad tan tremendamente cambiante no puede planificar cuantitativamente a más de dos años y, en ocasiones, a uno. La empresa debe dejar de reconocer el esfuerzo que esta haciendo la gente y lo primero siempre es comunicar.

En este sentido, en el de la comunicación, no conozco mejor sistema que la relación personal. Seguramente, la mejor inversión que puede hacer hoy una compañía es invertir en comunicar. Nos pensamos que con intranet, buzón de sugerencia y un outdoor cada cierto tiempo ya hacemos bastante y no es verdad.

La comunicación y, más en la época del 2.0, requiere que, como mínimo, dos personas hablen. No es unidireccional.

Conquistar el alma, invertir en planificar los valores, en contagiar la ilusión de un proyecto,  les podría contar de cientos de casos, de personas que en su trabajo son mediocres y que, luego, en sus aficiones son auténticos  maestros. Personas que por la mañana no destacan en nada, no dan ideas, no son creativos, están apagados para convertirse, en sus horas libres,  en auténticos músicos, pintores, artistas, corredores de fondo,… y ser  brillantes al desatar el talento.

Y ahí quería llegar. Esta época, buscando lo bueno que podemos obtener, y dado que la seguridad deja de ser un activo y dado que las empresas necesitan la creatividad e implicación de las personas debería ser un época de talento.

Los jóvenes al ver que la seguridad no se la puede ofrecer un puesto de trabajo desatarán su potencial emprendedor y todo su talento para poner ideas en  práctica empresarial.

Espero ver más proyectos que nunca y,además, gran  calidad. Esta España del 2013 destacará por eso, por emprendedores con talento y formados, para eso sólo hace falta una cosa, que por lo menos las autoridades no pongan problemas.

Gracias como cada jueves por leerme y hasta el próximo.

 

 

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