Las Provincias

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TRANSICIÓN
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Fernando Giner | 06-02-2013 | 20:10

Desde el 20 de Noviembre de 1973, con el fallecimiento de Carrero Blanco en atentado terrorista , España inicia el periodo histórico conocido como transición que culminará el 29 de Diciembre de 1978 con la proclamación de la Constitución.

En este proceso el país, de forma ejemplar e histórica, deja  atrás el régimen dictatorial del General Franco e inicia un  periodo constitucional consagrado a un Estado social y democrático de derecho. Desde entonces, España inició un proceso de prosperidad en el que no perdió la oportunidad de formar parte de Europa, de su moneda,  de ser una economía y sociedad respetada y valorada en el mundo.

El éxito de esa transición se basaba, bajo mi punto de vista, en cuatro columnas que estabilizaban y esperanzaban al ciudadano indicándole que la paciencia, el esfuerzo y la cohesión  darían sus frutos. Es decir, que valía la pena sufrir porque la meta a conseguir lo merecía. Esto lo digo porque el camino no fue nada fácil, terrorismo y crisis económica justificaban día tras día en contra de la dirección tomada y respaldaba a los que defendían la vuelta al régimen anterior.

Pero, como digo, había cuatro vectores que amortizaban cada resbalón e, incluso, actuaban de propulsores para luchar por un país moderno, democrático y europeo.

Esos cuatro puntos de equilibrio eran las instituciones, los partidos políticos, la cohesión de España y la prosperidad de la clase media.

Un Rey que representaba ante el mundo lo que iba a ser España, que tenía, siempre, la palabra de ánimo que necesitábamos escuchar y que ,con una vida ejemplar, profesionalizaba una institución que , en última instancia, siempre estaba . Un Parlamento que representaba la voz del pueblo. La justicia, con sus altos tribunales, que con la poca cultura democrática que teníamos  garantizaban sobradamente su papel.

Unos partidos, sobre todo los mayoritarios,  que tenían un plan para España.  Lo tuvo Suarez en 1976, lo tenía Felipe González en 1982 y lo tenía Aznar en 1996. Partidos con corrupción, pero , comprendida y permitida `por un pueblo empático como el español.  Partidos que demostraban regenerarse e reinventarse  para dar a España lo mejor.

Un concepto de la unidad de España que supo resolverse con máximo acierto con el estado de las autonomías.  Tanto País Vasco, como Cataluña, encontraron en este modelo respuesta a su anhelada visión diferenciadora y particular de España.

Por último, la clase media que sabía que se estaba luchando desde todos los frentes por darle mayor cobertura. Las pensiones, el estado social de derecho, la educación, sanidad,…todo apuntaba que, aunque muy lentamente, se caminaba en la dirección correcta.

Instituciones, partidos políticos, concepto de nación y clase media. Todo apuntaba hacia la esperanza y fueron los cuatro pilares básicos de la transición.

Pues bien, hoy no queda en pie ninguno de estos cuatro elementos.

Desde el caso Urdangarín habrá un antes y un después con la permisividad de la corrupción en España.

Personalmente, en estos momentos,  veo pocas instituciones que me inspiren confianza. La corona, un Rey que se va cazar y un yerno que dice que sólo ha hecho lo que ha visto en casa.

Partidos convertidos en oligarquía, políticos  en clase social y la política en profesión vitalicia. Que sólo piensan en las próximas elecciones y que, después de Filesa, Roldán,..de los 90, aparece  a los 20 años  lo mismo en aquellos que venían a limpiar la cloaca.

Gran parte de Cataluña ha dicho que o quiere ser  España. Eso no es más autonomía, eso es independencia. No se si al final será, pero el concepto de España no es el mismo.

Una clase media que no es media. Que es cada día más pobre. Y sabe que será cada vez más pobre. Con un Estado del bienestar en entredicho y sin dinero para garantizar las pensiones.

 

No queda nada en pie. Esto significa que el espíritu de la transición ha muerto. Que se ha acabado un ciclo. Que entramos en una nueva era. Que esto no se soluciona con cuatro leyes. Que esto, ya no es sólo, una cuestión de incentivar la economía. Esto no es un tema, sólo,  de crecimiento o austeridad. Esto va mucho más allá.  Hemos  llegado aun extremo en el  que nadie se cree nada, ni confía en nadie , ni nada de nada.

Ni siquiera un super acuerdo en una gran mesa con grandes titulares sería suficiente. El modelo está caduco y necesita replantearse y para eso hacen falta estadistas y España no los tiene.

Sinceramente, no veo capacidad de reconducir esta situación, que insisto, sobrepasa lo que es una legislatura, un dato estadístico o la creación de un Plan PIVE para reactivar la venta de coches.

Esto es diagnóstico estratégico, puro y duro.  De una sociedad desnortada que no se pone de acuerdo en   su misión, que no comparte la visión de futuro,  ni mucho menos propósito estratégico.

Estamos ante una crisis de modelo, de estado, de concepción, de confianza. En mi caso, no es que este indignado, estoy desesperanzado. Silenciosamente desesperanzado. No saldré a la calle con una bandera, ni taponaré el tráfico, ni muchísimo menos lanzaré objetos contra nadie. Me quedaré en mi casa y no gritaré, pero, hablaré y diré lo que pienso y siento, como hoy,  que España ha cerrado un ciclo y necesita abrir otro.

Gracias como cada jueves por leerme y hasta el próximo.