Las Provincias

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EMPRENDER
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Fernando Giner | 21-02-2013 | 15:40

A  medida que la estabilidad es un valor cada vez más escaso se impone el   emprendedurismo como opción y, además, cotizando al alza.

Durante la última década, cualquiera podía organizar su vida opositando, buscando un empleo estable o formándose a la espera de obtener un trabajo bien remunerado y que compatible con su vida personal.

El martes estuve con más de sesenta jóvenes de la Universitat Valencia en las que lo primero que dejamos claro es que estos supuestos que  a lo mejor observaron a sus hermanos mayores han desaparecido.

En la actualidad, el que encuentra empleo ya tiene suerte, pero es que lo hace con una precariedad muy alta y por una retribución que si llega a los  mil euros es un sueldazo. Es decir,  que aquello de buscar un empleo y  casarse, aquello de acumular  antigüedad laboral  o aquello de yo he estudiado para trabajar por una cantidad determinada, se acabó.

Todo esto lo repito una y otra vez porque pone de manifiesto  lo que a mi entender es una gran verdad: Que el coste de oportunidad de emprender es cada vez más bajo. Es decir, que aquello a lo que hay que renunciar cada vez tiene menos valor.

Si emprender es gestionar riesgos, en la actualidad, no hacerlo es también otro riesgo.

Si usted, querido lector, coincide conmigo en que los sueldos medios se están situando entre ochocientos o novecientos euros y sin garantía ninguna de continuidad, la consecuencia inmediata es que esto te lo puede dar un buen negocio personal. Es decir, si antaño comparábamos entre emprender y ganar dos mil o tres mil euros o entre tener tu negocio o ser un funcionario que trabaja por las mañanas, con catorce pagas y acceso a una seguridad social privada, lo lógico es que cualquier joven eligiera la estabilidad, la tranquilidad, la seguridad.

Pero como eso ya no existe, hoy, tiene  mucho más validez intentarlo por uno mismo. Hoy, los padres ya no ponen pegas, la sociedad lo ve cada vez con mayor cotidianeidad y el Gobierno lo observa como la única solución al desempleo.

Bueno, pues este fue mi primer mensaje: Que hoy ser emprendedor ya no tiene un coste de oportunidad elevado frente a otras opciones. Que es una salida más que razonable a la actual situación.

La cuestión es que hay que hacer para emprender. En mi opinión, hay dos fases: Planificar y actuar. Ya está.

 Muchas personas piensan que no tienen ideas y eso no es verdad. Todos tenemos ideas, esto es muy importante tenerlo claro. Lo imposible es no tenerlas. Lo que sucede es que unos las apuntamos en una libreta y otros no. El otro día leí un experto que aconsejaba ducharse para tener ideas. Decía que el mejor lugar para tenerlas era la ducha y, oye, es verdad, a mí se me han ocurrido muchas ideas duchándome. Desde luego hay una cosa clara y es que el peor enemigo de la creatividad es la rutina: Vaya a los sitios por rutas diferentes, vístase de forma diferente, haga lo que quiera pero huya de la rutina es la peor enemiga de las ideas.

Luego, también hay quien me dice que sus ideas no son buenas, que no son originales y eso vuelve a ser otro mito. Vamos a ver, las ideas dependen de quien las lleve a término. Los inversores confían más en las personas que en la s ideas. Supongamos una pizzería, hay cientos en cualquier gran ciudad, y montar una más puede parecer una idea poco imaginativa y con falta de chispa, pero, oírsela a algunas personas emociona, hay quien te cuenta la idea y cuando la escuchas dices: ! Seguro que triunfa! Y es que por encima de las ideas están las personas.

Le voy  a dar mi opinión, cuando alguien le diga que su idea es poco original, no le haga caso. Siga a su intuición. Pregúntese si se ve en ese negocio y sobre todo si se ve en tres años. 

Cualquier idea es válida si quien la lleva a la acción la personaliza porque eso es diferenciación.   

Otra cosa es transformar esa idea en negocio o lo que es lo mismo determinar como gana dinero. A qué clientes quiere dirigir el negocio,  a quienes no y algunas preguntas de las que  podríamos escribir un monográfico, pero, le diré una cosa y es que un plan de negocio consiste, al final, en cuatro números. Me imagino que  mucha gente se echará las manos a la cabeza después de leer esto, pero es lo que pienso. Vamos a ver, en España hay más de tres millones de empresas y pregunto: ¿Cuántas saben lo que venderán en Febrero de 2014? Si le digo que ninguna le puedo decir que estoy muy cerca de la realidad porque estamos viviendo en una grado de incertidumbre tan alto que la previsión de ventas es una auténtica pantomima y si ellas no lo saben ¿cómo piensa saberlo usted si aún no ha empezado ni a vender?  

Créame, todos tenemos  ideas, ideas que se pueden llevar a la práctica, todos podemos hacer algunos números para referenciar el negocio, y si no sabemos pedimos ayuda, pero, al final del todo se impondrá una realidad:  algunos  llevarán a la práctica su idea  y otros no. Y sabe por qué, por el miedo. Si la rutina era el enemigo de la creatividad, el miedo es el enemigo de la acción. Miedo a fracasar, miedo a no poder, a que se rían, se burlen, miedo a lo desconocido.

La diferencia entre un emprendedor y un soñador es que el primero ha superado al miedo. No hay otra.  Y le diré una cosa, miedo tenemos todos hay quien convive mejor con él y otros peor, pero es una cuestión de gestionarlo. No propongo suprimir la prudencia, ni actuar con temeridad, pero el miedo no puedo bloquear la acción cuando hay ganas, cuando hay posibilidades. Emprender es como tirarse a una piscina en la época de Pascua, cuando sabemos que el agua está más bien fría, hay quien se lanza de cabeza, de “bomba”, de pie y hay quien está en el borde pensándoselo mucho tiempo y no se lanza.  Pero, dígame: ¿Qué hace falta para tirarse a una piscina?. Tirarse.

Gracias por leerme como cada jueves y hasta el próximo.