Las Provincias

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ALBERTO
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Fernando Giner | 07-03-2013 | 06:11

Tendemos a meter todo en el mismo saco. En estos tiempos, todos sabemos los adjetivos que nos vienen a la cabeza cuando hablamos de los políticos. Pero a veces te pasan cosas, cosas que te hacen ver que hay gente que de manera silenciosa trabaja por su comunidad con una clara vocación de servicio. Esta gente pasa desapercibida, eclipsada por los grandes escándalos que inundan a diario los periódicos y las redes sociales.

El sábado pasado, como muchos otros, conducía hacia un pequeño pueblo de Aragón. Miré en el móvil la previsión meteorológica: soleado. Vale, había nevado el jueves, pero no es una zona donde nieve a menudo y, probablemente, ya no quedarán restos de la nevada. Hasta llegar al pueblo no hubo ningún problema, es cierto que un manto blanco cubría olivos y almendros, pero las quitanieves habían hecho su labor y las carreteras estaban en perfecto estado. Además, el día era espléndido. Ahora había que llegar a la casa, a dos kilómetros escasos del pueblo. Seguramente mi inexperiencia, y la opinión de un osado vecino, al que no debí escuchar, me animaron a aventurarme por el camino rural. Acabé como tenía que acabar, atrapado en la nieve.

Era sábado, las cuatro de la tarde, hora de estar en casa reposando la comida o estar en el bar viendo el clásico Madrid-Barcelona, así que nos armamos de paciencia. Aunque no estábamos lejos del pueblo no queríamos abandonar el vehículo en mitad del camino ya que obstruía el paso completamente. Después de dos horas de espera una sirena rompió el silencio total que nos rodeaba. Una quitanieves aparecía por el camino y eso suponía la solución al problema. En ésta venían dos operarios y Alberto, el alcalde del pueblo. Estaban limpiando los caminos rurales para la gente de las masías pudiera salir de sus casas.

No fue fácil sacar de allí el coche, hubo que quitar con una pala la nieve de las ruedas del coche que se empeñaban en bloquearse. Había que ver a Alberto manejando la pala, empujando el vehículo, preocupado por todos…mientras el país estaba paralizado viendo el histórico Madrid – Barcelona.

Alberto es el alcalde del pueblo, no tiene horario, nadie sabía que estaba acompañando a los de la máquina, nadie tenía que reconocerle, ni agradecerle nada. Lo hacía porque sí, por vocación de ayudar. Además. Alberto no cobra nada por su trabajo como regidor, ni los alcaldes ni concejales de los pueblos cercanos.

Estos alcaldes nunca salen en los periódicos, ni son noticia, pero estoy seguro, convencido, que hay muchos Albertos en España. Alcaldes que son alcaldes cuando se ha acabado su jornada laboral, después de atender su negocio, su ganado o sus tierras, que emplean el tiempo que los demás empleamos a nuestras familias y amigos. Que se ríen cuando escuchan que por aquello de la austeridad se les suprimirá el sueldo, pero, ¿de qué sueldo hablan ustedes? ¿Qué no saben que hay miles que son vocacionales?

Y estos señores, querido lector de VIVIR SIN JEFE, también son y es que son políticos honestos y honrados. Son personas que actúan conforme piensan y sienten que es el concepto de la honestidad, el respeto a la verdad en la relación a lo que nos rodea. Y, también, honran con su entrega la labor política, le dan celebridad y respeto. Muchos son jóvenes y pertenecen a una generación que ya no quiere ir a la ciudad, que valora, disfruta y respeta la privilegiada naturaleza de la zona y la calidad de vida que ofrece un pueblo pequeño como los suyos.

En estos tiempos que estamos viviendo debería ser obligatorio que los periódicos, telediarios y noticieros dedicaran un espacio a promulgar una noticia de acciones honestas y honrosas que hace la gente porque no es verdad que esté todo podrido. Hay mucha, muchísima gente que hace esfuerzos titánicos por salir adelante, unos en su trabajo rutinario, otros en sus empresas y otros, por desgracia, buscando un nuevo empleo. Por cada caso de corrupción hay cientos de alcaldes anónimos honestos, por cada escándalo hay miles de concejales anónimos honestos, por cada barbaridad y mentira que escuchamos hay millones de verdades cada día en España. Si nos vamos a la base la cosa no está tan mal, todo lo contrario , hay mucha calidad, talento y vocación política. Como yo lo veo es que debemos evitar entre todos que el sistema succione al talento, que los de arriba, los que están apoltronados, impidan el camino a los vocacionales y que los mecanismo de elección no nos permita elegir a los de mayor calidad humana, no al amiguito del que hace las listas o al más obediente.

Gracias como cada jueves por leerme y hasta el próximo.

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