Las Provincias

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¿BURBUJA?
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Fernando Giner | 13-06-2013 | 04:49

¿Dónde nos llevará esta época de emprendedurismo masivo? ¿Es una moda? ¿Es una solución a la incapacidad del Gobierno a crear empleo? o ¿es que realmente esta cambiando la mentalidad de la gente hacia una actitud más proactiva?

La realidad futura será, como siempre ha sido, lo que las personas queramos que sea.

En mi caso, mi primera empresa la cree en 1990 y, en aquellos días, los tipos de interés los teníamos por las nubes. Recuerdo que, social y políticamente hablando, el que montaba una empresa lo hacía para defraudar a Hacienda, ganar mucho dinero con malas artes y, además, explotando a sus trabajadores. Esta era, y no estoy exagerando ni un ápice, el concepto que se tenía del empresario. En el 2000, dirigiendo una Escuela de Negocios pude conocer a cientos de personas de empresa y, de verdad, la imagen social que percibía el ciudadano  seguía siendo similar.

Además, en la primera década del siglo XXI, cualquier joven aspiraba a ser funcionario o a trabajar para otro y encima marcando el demandante del empleo las condiciones, como por ejemplo que  el viernes por la tarde se liberase o que el sueldo oscilase entre 2000 o 3000 euros. Había algunos se rebajaban a trabajar por mil euros y eran estigmatizados como mileuristas. Cuando un hijo le decía a su padre que quería montar una empresa éste se lo llevaba directamente al psiquiatra. Estoy hablando de España hace apenas cinco años.

Con la llegada de la crisis, cuando el paro se dispara y supone el principal problema de los españoles, la primera reacción social fue  exigir protección indefinida al desempleado y  con derecho a conseguirle  un trabajo con las condiciones que he expuesto antes. Esta mentalidad,  poco a poco, mejor dicho, a base de golpes, ha ido mutando de aquella actitud netamente pasiva y reactiva a una concienciación de que “aquí no va a venir nadie a solucionar mi problema”.  

Es decir,  en estos momentos hay una concienciación social que tiende hacia la proactividad y percibiendo que el coste de oportunidad de emprender frente a trabajar para otros ha disminuido a cuotas históricamente desconocidas.

Aquí viene la primera conclusión, y es que  son muchos los que   consideran que no tiene otra opción. Y esto no es ni bueno, ni malo. Es, y ya está. Le diré que todas, y todas es todas, las personas con las que hablo de Europa, sobre todo de países del este, coinciden en que España necesitaba despertarse de la hipertrofia de un estado del bienestar ficticio.

La sociedad española  ha dado un paso de mentalidad importante y es que, socialmente hablando, está mejor considerado, tiene más reputación social, el que lo intenta que el que se queda de brazos cruzados.

Por lo tanto, en este sentido, es bueno el movimiento emprendedor porque es bueno que una sociedad valore el esfuerzo, el sacrificio, la proactividad y la actitud.

Ahora bien, como somos una país pendular sin fases intermedias, ahora  todos somos emprendedores y mucha gente puede meterse sin las debidas precauciones, ya que se está presentando  al emprendedor como un sueño idílico, igual que en su día se presentaba al Estado del bienestar, y esto no es así. Vamos a ver, lo normal es que un negocio salga mal. De hecho, las cifras hablan que sólo sale adelante uno de cada diez nuevos negocios. El que le está hablando le puede garantizar que ha tenido que cerrar más de una empresa por no ser capaz de sacarlas adelante.

Aquí aparece, a mi entender, el peligro: Si  pervertimos el concepto de emprendedor  deformándolo hacia  sus atributos más infantiles, y si el Gobierno  está pensando en acabar con los seis millones de parados a base de que todos nos hagamos autónomos, inevitablemente, crearemos una burbuja como la inmobiliaria o la de los .com.

Personalmente, aplaudo a todo el que lo intenta, al que pelea por sus sueños y al que, en vez de quejarse, lucha por resolver sus problemas. Es más, creo ciegamente en el talento y la creatividad de los españoles y estoy convencido que esta  ola va a traernos muchas alegrías y gratas sorpresas.

Ahora bien, para ello, el Gobierno no puede enfocar y canalizar esta tendencia con una sola ley al igual que la ley de economía sostenible de Zapatero fue una patraña. La misión de las Autoridades es canalizar y gestionar este talento, esta creatividad,  pensando en potenciar y facilitar  el desarrollo de estos emprendedores en empresarios.  Ningún plan negocio técnicamente viable debería quedarse en una cajón y cualquier empresa iniciada no debe desaparecer por causas no derivadas de un mal modelo de negocio. La apuesta es transformar a estos emprendedores en  empresarios y que éstos tengan el reconocimiento político y social que merece cualquier persona que genera empleo y riqueza.

Y, además, todo este ruido mediático del emprendedurismo  no puede hacernos olvidar  a quienes ya están en la empresa  desde hace años  y están pasando por momentos de dificultad por falta de liquidez, de flexibilidad y o de erosión del mercado interno.

Facilitar que nazcan empresas, facilitar que se crezcan y facilitar que se consoliden. Crear empresa, crear riqueza y crear empleo. Esto requiere de estrategia y consenso político y, a mí entender, de esto deberían estar hablando los agentes sociales, Gobierno y oposición, en marcar un entorno que gestione y transforme el talento y la proactividad desatada en riqueza. Y, además, ayudar a quien lleva años generando riqueza.

Por lo tanto, ¿dónde nos llevará esta ola de emprendedurismo masivo? Pues, como siempre, hacia donde los españoles decidamos.

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