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Formación
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Fernando Giner | 23-10-2013 | 20:40

Cuando me dispongo a preparar mi intervención en las Jornadas de Formación Profesional organizadas por Las Provincias y Bankia , la primera pregunta que me viene a la mente es : ¿Saben nuestros hijos lo que deberían saber?
No hace falta decir que en el siglo XXI estamos viviendo una transformación.

Volatilidad, incertidumbre e inestabilidad son los rasgos que mejor definen la realidad actual y, sobre todo, el futuro.
La inestabilidad ha venido para quedarse. Y esto en si, más que bueno o malo, simplemente es y tenemos que estar preparados.

Por ello, la ADAPTACIÓN es una competencia básica en la empresa del siglo XXI. Adaptarse es AJUSTARSE A UN AMBIENTE. Y si ese ambiente es cambiante la adaptación es una forma de ser, de vida.
Que duda cabe que ESTAMOS EN LA ERA DE LA ACTITUD.

Por ello, el futuro de nuestros hijos además de en el saber, descansa en el saber hacer y querer saber hacer.

En esta búsqueda de la educación para el mundo real, las amenazas de inestabilidad y volatilidad se suman al principal producto sustitutivo que tendrá el puesto de trabajo humano: las máquinas y la tecnología.

En mi opinión, en ese saber hacer importa formar y preparar a nuestros hijos, allá donde no lleguen las máquinas.
Y se una cosa, que en esta carrera tenemos una ventaja sobre la tecnología que son nuestras pasiones y emociones.
Por ello, la educación debe basarse en la capacidad de emocionar , de encender la actitud y marcar la esperanza.
La educación debe activar el querer saber hacer.

Educar está mas cerca de soñar que nunca.

Por eso, hoy nos tenemos que replantear el concepto de inteligencia, aceptando que la inteligencia creativa y la inteligencia práctica están reclamando y exigiendo su sitio en la escuela.

En los últimos años hemos pasado, pendularmente y sin fases intermedias, de un memorismo puramente repetitivo a una exageración de lo opuesto.
Educar no es solo trasladar conocimiento al educando es, además, ayudar desde la experiencia a aprender a combinar, filtrar y discriminar información y, también, desarrollar la capacidad adaptativa del sujeto al mundo real.

De esta manera, aprender es transformar la información en conocimiento y en ese proceso memoria, entendimiento y destreza se complementan a la vez que la motivación y el clima en las aulas juegan un protagonismo fundamental.

En esta transformación, el reto no es sólo, ofrecer un puesto de trabajo, sino desarrollar la empleabilidad del educando, desarrollar su oficio.

Es fundamental que escuela y empresa sean una.

O entra la empresa en la escuela o entra el paro. Es dicotómico.

En este siglo XXI educar, aprender y trabajar forman un todo homogéneo y motivador.

Hay que transmitir la idea de que se cree en el alumno. Cualquier de nuestros alumnos tiene una competencia en la que sobresale y es labor del maestro ayudar a encontrarla porque si les reconocemos sus méritos, éstos se crecen y motivan.
Y sólo desde esta búsqueda de lo mejor del otro, podremos tutelar al alumno hasta la empleabilidad. No es dar conocimiento y, después, un título oficial, es acompañar y debemos hacerlo entre todos y de manera coordinada.

Por eso, creo que una formación que apueste por la metodología que,
desarrolle el concepto del riesgo,
la iniciativa a crear y emprender,
la puntualidad,
la curiosidad,
la capacidad de discriminar lo importante de lo no importante,
que potencie el debate y la argumentación,
y aumente el músculo de la frustración.

Educar es un deber entre generaciones por eso al lado de un profesional, un aprendiz.

Por ello, me preguntaba al principio: ¿Saben nuestros hijos lo que deberían saber?

Me parece muy apropiado el modelo de la Formación Profesional Dual pero, como profesional que llevo quince años en la formación, pongo como mínimo tres condiciones:

La primera que no nos olvidemos que España es España y no Alemania. Hay que españolizar las ideas que importamos y hacerlas posibles desde nuestra realidad cultural.
la segunda que el tutor de la Escuela y el instructor de la empresa se comuniquen extraordinariamente entre si, tutelando al alumno hasta su capacitación profesional.
Y por último, le pido a los empresarios: Que las prácticas estudiantiles no suponga mano de obra barata para la empresa. Le pido a los centros de formación : Que no sea ahorro de profesores.

En definitiva, Que el destino no sea sólo un trabajo, sino su empleabilidad futura del alumno.

Muchas gracias por leerme como cada Jueves y hasta el próximo.

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