Las Provincias

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SOBRE MANDELA
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Fernando Giner | 20-12-2013 | 09:07

Desde que se anunció la muerte del mandatario africano, han corrido ríos de tinta sobre su legado. Está de más decir que fue de las grandes figuras de la historia de la humanidad, pero sí que me gustaría destacar algunas de sus enseñanzas, que creo que pueden servirnos de ayuda para adaptarnos a la situación que vivimos actualmente.

Otro gran líder, Obama  –el único que ha seguido los pasos de Mandela–, ya dijo: “Las personas y los países pueden cambiar para mejor”. Esta afirmación también la suscribía Mandela. De hecho, cuando  fue elegido presidente de Sudáfrica, tuvo la deferencia de nombrar vicepresidente a su antecesor en el cargo, De Klerk. El gesto no es baladí, porque Mandela estuvo casi 30 años en una celda soportando injusticias y opresión y, sin embargo, deja el rencor a un lado y demuestra que el pasado no tiene porqué condicionar el futuro. Es posible mejorar, pero solo si el cambio parte de la reconciliación.

Igualmente, Obama animaba a los afroamericanos a no hacerse las víctimas y  regenerar el sueño americano no restando, sino agregando el sueño de los negros al de los blancos.

Entre las ideas de Mandela que podemos aplicarnos para salir de esta situación de crisis, me gustaría destacar las siguientes:

  • “La educación es el mejor arma con la que se puede cambiar el mundo”. La educación es el gran motor del desarrollo personal. “Es a través de la educación que la hija de un campesino puede llegar a ser médico, que el hijo de un minero puede llegar a ser el jefe de la mina, que el descendiente de unos labriegos puede llegar a ser el presidente de una gran nación”. No es lo que nos viene dado, sino la capacidad de valorar lo mejor que tenemos lo que distingue a una persona de otra. Educar es sacar lo mejor del otro. Hoy en día, seguimos educando para una sociedad del siglo xx, para obedecer y ser disciplinados, y la vida ya no es así, el modelo educativo ya no es válido. Para adaptarnos a la transformación de la sociedad, tenemos que educar en la curiosidad, en el conocimiento de uno mismo, en el concepto del riesgo, en trabajar con gente distinta a uno, en compartir.
  • “Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo”. El valor se muestra en la capacidad de resistir y en la resiliencia, que viene de resilio, rebotar; es la capacidad de levantarse. Debemos admirar a las personas anónimas que durante la crisis económica están aguantando e iniciando nuevas actividades. Porque el coraje permite pasar a la acción, superar la barrera del miedo, y solo cuando se actúa aflora el verdadero talento de la persona. No somos conscientes de lo que somos capaces de hacer hasta que no lo intentamos. Y te voy a decir una cosa: ¡nos sorprendemos!
  • “Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con él. Entonces, se convierte en tu compañero”. La fraternidad. Éste es el verdadero legado de Mandela. Es la negación del resentimiento, el reconocimiento del otro como paso imprescindible para la consecución de la democracia. Sin fraternidad no hay libertad, no hay paz. El respeto de Mandela por el otro ganó el corazón de sus enemigos.

Me imagino que ahora mismo en el cielo Mandela estará con John Lennon y Martin Luther King hablando de ceder el protagonismo al amor y de soñar con la paz. Y estoy seguro de que, ahora mismo, se estarán riendo de nosotros y dirán: “¡Con lo fácil que es! Si solo hay que amar”.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo