Las Provincias

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AUTOCRÍTICA
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Fernando Giner | 11-03-2014 | 11:34

Ser empresario es una tarea difícil. Lo sé porque soy empresario, he formado a empresarios durante diez años y durante más de veinte, he asesorado a muchísimas empresas en materia de marketing estratégico. Lógicamente, todavía es más complicado para los que llamamos emprendedores, aquellos que han tenido una idea de negocio y se han lanzado a ponerla en marcha, y que muchas veces dominan perfectamente el sector al que se dedican, pero no tienen conocimientos sobre cómo gestionar una empresa. Y la dificultad aumenta si consideramos la época en que nos ha tocado vivir, un momento de transición y una sociedad ha dejado de ser predecible por lo rápidamente que evoluciona.

De estas cuestiones trata mi última publicación, la guía 13 errores (demasiado frecuentes) en nuestra pyme, dirigida precisamente a emprendedores que se encuentran en el trance de convertirse en empresarios. Todos los errores que recoge este volumen son fallos que yo mismo he cometido, que he observado en otras empresas, que he vivido en primera persona y que sé que siguen ocurriendo en nuestras empresas. Los he recogido y publicado con el único afán de que puedan servir de ayuda para que no vuelvan a cometerse.

Si tenemos en cuenta que la sociedad en la que vivimos y en la que tenemos nuestros negocios está en continua transformación, la labor de dirigir una empresa debe entenderse cada vez más como la tarea de interpretar inteligentemente este proceso de transformación y liderar la cultural y la mentalidad de la organización empresarial en este sentido. Es preciso ser adaptables, entendiendo la adaptación como una carrera de fondo, como la capacidad de levantarse después de cada caída. Para conseguir ser adaptable, es necesario que el empresario haga autocrítica y se plantee continuamente por qué hace lo que hace, si es realmente efectivo, y que no se acomode en la idea de que lo que le hizo ganar dinero el año anterior se lo hará ganar también el siguiente.

Según mi experiencia, hay dos errores muy comunes que se dan en las pequeñas y medianas empresas de nuestro país y que constituyen barreras para la adaptación: la falta de prospección del mercado y el exceso de individualismo de los empresarios.

La prospección es analizar el entorno en el que vivimos y en el que opera nuestro negocio, con el fin último de ser capaces de anticiparnos a lo que va a suceder en el futuro y así poder estar preparados para afrontarlo. Habitualmente, perdemos mucho tiempo en reuniones internas, en reuniones interdepartamentales interminables que no conducen a nada. Sin embargo, lo que debemos hacer es salir a la calle y observar bien a nuestros clientes y nuestro mercado. Hay que conocer bien a nuestros clientes, saber quiénes son y quiénes queremos que sean, para poder avanzar su evolución y así adaptarnos a sus necesidades tanto presentes como futuras.

Los empresarios de hoy siguen siendo demasiado individualistas, están convencidos de que solo ellos saben hacer las cosas como hay que hacerlas y temen reunir equipos para delegar en ellos. Sobre todo, temen rodearse de gente que sepa más que ellos, que sea mejor que ellos. Sienten vértigo ante personas que dominan los temas que a ellos se les escapan, porque les da la sensación de que pierden el control sobre su empresa, y esta idea es un gran error. Como empresarios, debemos rodearnos de gente con talento, de personas que sean mejores que nosotros y que aporten lo que nosotros no podemos aportar, que tengan habilidades que complementen las nuestras, porque todo ello redundará en beneficio de la empresa. Por supuesto, cada uno en su negocio puede hacer lo que quiera, pero según mi experiencia lo más beneficioso a la hora de valorar a los trabajadores no es su lealtad, sino su calidad, su talento. Hay que buscar a los mejores en cada campo y promocionarlos, no a los más fieles. Un equipo de mucho nivel, que haga de la autoevaluación y la autocrítica una constante, estará mucho más preparado para afrontar los cambios en la sociedad y en nuestros clientes, para adaptar la mentalidad de la empresa a estos cambios, que uno que simplemente se preocupa de guardar fidelidad al jefe y no contradecirlo.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

 

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