Las Provincias

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Un año
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Fernando Giner | 05-06-2014 | 20:27

Conocí la noticia de la abdicación del rey mientras estaba en un consejo de administración, a través de un whatsapp que me envió mi mujer, en el que, además, me decía que era real, que no pensara que era una broma. No es mi propósito valorar si es una decisión acertada o no, el tiempo lo dirá; pero sí que tengo mi propia teoría al respecto de los motivos que han impulsado a hacerla pública de una manera tan inesperada. Probablemente todos pensábamos que el rey iba a abdicar, lo que ninguno sabíamos era cuándo tomaría esta decisión, por lo que creo que el anuncio ha sorprendido a todo el mundo por el momento elegido, no por el contenido.

En mi opinión, quien ha producido este anticipo ha sido o está relacionado con Rubalcaba. Me explico, y quiero recalcar que esto es solo mi opinión: el PSOE ha sido un partido que te puede gustar más o menos, cuyas propuestas puedes compartir en mayor o menor medida, pero que ha dado mucha estabilidad al país desde la izquierda porque solo la cúpula del PSOE sabrá el esfuerzo que, en términos de modelo de Estado, ha realizado para presentarse a la sociedad española con una imagen homogénea y consensuada en este aspecto y solo el militante sabrá el silencio mantenido en este aspecto para no alterar el orden establecido.

Cuando la cruda realidad de los votos le dice a Rubalcaba que ya no puede seguir, lo que hace como estratega es retrasar el momento hasta el verano, convocando el congreso en el que los socialistas podrán elegir a su nuevo líder. Esta maniobra, aunque pueda sorprender, le permite seguir controlando el partido hasta que llegue ese momento. A partir de entonces, se abre un melón en el partido socialista y su cúpula y no se sabe si será capaz de contener a las bases o si se querrá porque, insisto, el militante del PSOE no tiene porqué pensar lo mismo que la cúpula sobre la cuestión de la monarquía, o sí, pero igual no le impera el mismo sentido de la responsabilidad.

Así pues, creo que la situación en el Partido Socialista y su líder es la que, principalmente, ha precipitado la decisión del rey, que prefiere que el proceso de sucesión se lleve a cabo mientras Rubalcaba todavía esté al frente del partido, en lugar de esperar a ver quién será el siguiente líder, asunto sobre el que pesan muchas dudas.

Por otro lado, o al mismo tiempo, está habiendo una presión muy fuerte de parte de la opinión pública para que se celebre un referéndum y los ciudadanos decidamos si queremos o no monarquía. Esta demanda cristaliza una necesidad de la nueva sociedad. Estoy convencido de que vamos hacia una sociedad cada vez más horizontal, donde los ciudadanos participemos más. El ciudadano ya no se conforma con opinar cada cuatro años y dar su voto a un partido para que haga con él lo que quiera durante cada legislatura. La verticalidad ha dejado de tener sentido en esta nueva sociedad y esto afecta a todos los ámbitos, tanto a las empresas como a las instituciones, por lo que una entidad como la Corona, que todos tenemos que reverenciar porque sí, ha quedado obsoleta. Esta nueva sociedad más horizontal ha nacido sobre todo a partir de Internet, que es una herramienta bidireccional, donde cuando uno publica un tuit o un post, se expone a que otro le conteste y le diga que no está de acuerdo con lo que dice y el primero tiene la obligación de aceptarlo. Todos estamos sometidos a la opinión, podemos saber de dónde viene la información y nos vemos obligados a actuar con autenticidad. Y todo esto no puede hacerse desde la Corona tal y como está montada, así que el rey Felipe VI, si es inteligente, tomará decisiones en este sentido que nos van a sorprender a todos.

Se ha hablado mucho también en estos días de la Constitución. Por una parte, me parece que escudarse en lo que dice la Constitución sobre la sucesión y el referéndum no es un argumento válido. Ya vimos cuando Merkel dijo que había que reformarla por el tema del déficit, cómo Zapatero y Rajoy en una noche modificaron el tope de endeudamiento. Además, no debemos olvidar que la Constitución se votó en 1978 y desde entonces ha nacido mucha gente que no la ha votado, empezando por los que ahora tienen 34 y 35 años. Pensemos en cómo está este segmento de población ahora: sin empleo, desencantados, con un país institucionalmente hecho un desastre. Y en esta situación, no me parece justo que los mayores tengamos que decirles a los jóvenes, que viven en una sociedad sin futuro que no es capaz de darles trabajo, que no pueden opinar porque la Constitución fue votada por nosotros. No nos damos cuenta de que desde un punto de vista sociológico les estamos exigiendo muchísimo a estos jóvenes, que es lógico que reclamen su derecho a modificar unas normas que se votaron hace 36 años y que no tienen nada que ver con la sociedad de hoy en día. En mi opinión, estamos abocados a una reconstitución, a adaptar la Constitución a los tiempos que corren, así que me parece que el debate es muchísimo más intenso y extenso que el referéndum sobre si debería existir la figura del rey o no.

Por otra parte, me parece exagerado que se llegue a esta situación, a la posibilidad de establecer un referéndum, a partir de los resultados en unas elecciones de segundo orden. Pronto, en un año, tendremos unas nuevas elecciones, las municipales y autonómicas, y de sus resultados podremos deducir cuál es el sentir de los ciudadanos. Como en 1931, las municipales serán el verdadero plebiscito para la Corona. Durante este tiempo, un año, Felipe VI, si es inteligente, tiene que saber interpretar este proceso y adaptar la institución a los nuevos tiempos. Tiene un año de plazo para demostrarlo, para ser valiente y tomar medidas que nos sorprendan. Medidas que su padre por muchos y diversos motivos ya no podía tomar. Creo que si lo hace bien en este período, la gente seguirá apoyándole, pero si no, no lo haremos. Tiene un año.

Como ve querido lector, este cronista tiene muchos claroscuros en esta cuestión, como siempre y desde la estrategia, lejos de la política, los expongo.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.