Las Provincias

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TENDENCIAS
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Fernando Giner | 26-06-2014 | 10:13

El pasado martes tuve la suerte de participar en una conferencia en Capitol junto a los miembros del Club Moddos. Como siempre, fue un auténtico placer y una gran satisfacción colaborar con este club, aunque esta vez tuvimos un invitado no deseado: Murphy. No sé si conocen a este señor y a su famosa ley que afirma: «si algo puede salir mal, saldrá mal», y en este sentido, se conjuraron todos los elementos tecnológicos en contra de mi intervención. Aquello fue sudar la camiseta, literalmente. No es que no funcionara el aire acondicionado, es que en su lugar se puso en marcha la calefacción. Por su parte, Internet, herramienta que necesitaba para apoyar mis tesis con vídeos, funcionaba con lentitud e incluso se bloqueaba. Era difícil seguir el ritmo, pero estaba en mi casa, me sentía en familia y eso para cualquier orador es clave. Estar en Capitol significa tener la tranquilidad de que ante cualquier adversidad en un evento de este tipo, voy a encontrar una sonrisa y toda la ayuda posible para solucionarla. Estar con los miembros del Club Moddos es además estar ante un maravilloso grupo de personas, profesionales y empresarios con entusiasmo, energía y unas ganas inmensas de querer saber más. Resulta muy tranquilizador pensar que el calor humano sigue superando a la adversidad tecnológica. En este punto, es obligatorio y de justicia reconocer el extraordinario trabajo realizado por su director, Josep Lozano en esta importante red de empresarios valencianos. Es el club ideal en el que cualquier profesional debería estar, tanto por el ambiente y el nivel de los participantes, como por las excelentes relaciones entre sus miembros y el prestigio que supone el hecho de que te brinden la oportunidad de participar. Felicidades Josep.

 

 

El título de la ponencia era “Técnicas para fomentar la venta” y para ello preparé un trabajo de prospección sobre las tendencias del consumidor que expuse, como ya es habitual en mí, en trece puntos. La realidad en el siglo XXI es tan cambiante, poliédrica e imprevisible que la principal obligación de una empresa hoy en día es la de estar cohabitando horizontalmente con el mercado. Debemos asumir que el marketing participativo ha venido para quedarse.

Mi principal tesis es que vamos hacia una realidad líquida, ya lo advertí en mi libro 13 principios para emprender, y es que la fugacidad de la sociedad y su movilidad, los cambios continuos de gustos y criterios están provocando una demanda aspiracional que hay que interpretar. Este homo mobilis se cansa, consume de forma rápida y desecha con la misma rapidez, creándose un mercado de lo seminuevo y provocando que la fidelidad a las marcas sea más volátil. Estamos ante un consumidor que paga por usar, no por tener.

A su vez, en esta cultura líquida existe ante una adoración de lo exclusivo, lo semidesconocido y lo auténtico, siendo la marca, en ocasiones, un elemento que estorba para la proyección de esta imagen. Por ello, no nos debe extrañar que estén apareciendo fenómenos como las pop up stores, que tan solo tienen presencia durante dos días y ofrecen de productos de gran calidad a un privilegiado y reducido grupo de consumidores, donde el cliente puede presumir de haber comprado algo exclusivo y a un precio muy interesante. Es el consumidor quien hace del propio proceso de compra, la compra, es decir, que la experiencia en el proceso es parte de la compra. Así pues, la exclusividad es la marca y el precio obtenido es el síntoma de inteligencia. Todos estos factores disparan directamente hacia la línea de flotación de los valores clásicos y tradicionales de un comercio de barrio. Esto me recuerda también al fenómeno de Uber, esta aplicación hoy alegal –que no ilegal– y en el futuro, ya veremos, que permite el traslado urbano entre ciudadanos a través de una aplicación. Me llama la atención la huelga de taxistas quejándose de competencia desleal, y tienen razón, porque hoy esta alegalidad permite una competencia que no tiene la obligación de pagar las tasas e impuestos que ellos sí deben atender. Sin querer entrar en la polémica, que no se engañe nadie: esto muestra una tendencia que está ahí, y lo mejor que podemos hacer es conocerla, estudiarla y adaptarnos a ella.

Cómo no, en la ponencia abordamos el asunto de la sostenibilidad y la conciencia social. El guilt-free y cómo el consumidor demanda la “dosis mínima de adquisición” en sus compras. El consumidor inteligente no quiere derrochar, no quiere abrir su nevera y contemplar cómo caduca la mitad del tarro de mermelada o comprarse un disco que no va a escuchar o del que no le gustan la mayoría de las canciones y solo disfruta de una.

Por otro lado, también contemplamos la digitalización del lujo, ejemplificada en la proliferación de tiendas de bolsos en Internet y el concepto del consumidor low cost. ¿Puede existir el lujo low cost?

Como fenómeno de prospección es necesario plantearse lo que hoy significa para el consumidor la evasión. Ya no solo consiste en un viaje de 15 días a un lugar exótico, sino que también puede ser evasión el disfrutar de un helado o de una onza de chocolate. Hoy en día se compra un producto como una evasión de tres minutos, en la que el consumidor se refugia entre el relax y el hedonismo. ¿Qué es la evasión en el siglo XXI?

Sobre ésta y muchas más tendencias estuvimos hablando, debatiendo y reflexionando, sin perder de vista que lo primero de todo es conocerlas e interpretarlas y, a partir de ahí, ver hasta qué punto suponen una amenaza y, sobre todo, si pueden convertirse en una oportunidad de negocio para nuestra empresa.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

 

 

 

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