Las Provincias

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EL CIUDADANO ADAPTADO
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Fernando Giner | 30-07-2014 | 15:45

Acabamos de terminar el curso académico 13/14 y un año más he tenido la gran suerte de impartir clases a grupos muy diversos: directivos, profesionales, personas en búsqueda de empleo, trabajadores procedentes de un ERE, recién licenciados, españoles, extranjeros… y, cómo no, emprendedores. Lo que más me ha llamado la atención ha sido comprobar el cambio de mentalidad que se ha producido en la mayoría de los participantes en cuanto a la actitud. Recuerdo que a principio de curso, en noviembre de 2013, tuve la oportunidad de dar una sesión en una universidad de Madrid y era entristecedor comprobar el grado de desánimo que reinaba entre las personas. Era un sentimiento procedente de un choque irreversible con la realidad, aceptando la existencia de una crisis profunda, dura y estructural.

Hablé probablemente con cientos de personas y la gran mayoría sentía que su estado era consecuencia de una injusta realidad de la que para nada eran culpables, sino víctimas, y por lo tanto ese desasosiego era profundamente inmerecido. Y tenían razón, era verdad: se trataba de trabajadores que no habían hecho más que cumplir con su obligación y que se veían abocados a una situación de desempleo por una gestión de república bananera. Era un descenso a la realidad completamente infundado.

Lo más duro de todo es, sin embargo, aceptar que el hecho de tener razón y vivir una injusticia no resuelve por sí mismo ningún problema. En este tipo de situaciones es tentador pensar: «como estoy en una situación injusta, que resuelvan mi problema» y puedo empatizar al 100% con estas sensaciones y emociones pero, por mi experiencia y, sobre todo, por la prospección que veía de la sociedad y del mercado económico en el otoño de 2013, todo indicaba que no iba a venir nadie a arreglarles nada y que cuanto antes se aceptara esta situación, mejor.

Quería llamar a la acción, a la proactividad, al optimismo en el sentido que la vida al final, por muy mal que estén las cosas, depende de lo que uno haga; es decir, que pese a todo, el futuro de uno depende, en gran parte, de las acciones de uno mismo. Siempre he sido un defensor de que uno es lo que piensa, porque lo que pensamos acabamos haciéndolo. Aunque es verdad que también ocurre  al revés. En ocasiones, un buen hábito acaba cambiando al pensamiento, pero es muy difícil de mantener esta situación a la larga. Me explico: un acto que a uno no le gusta hacer, repetido muchas veces, se convierte en un buen hábito y al final el pensamiento lo acepta como algo natural, por ejemplo, hacer deporte. Es muy probable que el primer día que salieron a correr la mayoría de los runners que hay hoy en día en el cauce del Turia no tuvieran ningunas ganas.  La disciplina, el esfuerzo y la constancia de los primeros días convierte la actividad en algo casi imprescindible en la vida de los corredores y acaban pensando que es lo mejor que pueden hacer.

No sé si te vale el ejemplo, pero es una situación en la que una acción continuada se acaba convirtiendo en hábito y acabas convencido de que esto es algo bueno. En la vida, para que las personas actuemos con constancia a largo plazo, debemos estar convencidas de que lo que hacemos es lo mejor para nosotros. Es muy difícil mantener la acción cuando tu cabeza te dice que debes hacer lo contrario. Por ello, considero el pensamiento y la mentalidad positiva como el primer paso para generar una actitud positiva y con ella, una acción que obtenga los resultados esperados. No sé si me he metido en un charco intelectual o se entiende lo que quiero decir.

A lo largo de todo este curso he podido comprobar cómo ese pensamiento se ha ido transformando primero en enfado y protesta (muy legítimos) y después,  en una actitud mucho más proactiva, es decir, aceptación de la realidad, resignación pasiva, enfado y acción.

Al finalizar el curso he vuelto a esta Universidad y el ambiente era otro. La gente está cabreada, muy cabreada, y también decepcionada, pero con otra actitud. Aquella resignación se ha tornado en enfado, pero con proactividad.  Esta nueva actitud ha llevado a que más de uno inicie su propio negocio, esté dispuesto a realizar tareas que antes no hacía, a formarse en campos ajenos por completo al suyo, a aceptar horarios inimaginables hace tan solo dos años, a aprender idiomas… en definitiva, a adaptarse a la nueva realidad. Solo así, con muchos «peros», podemos decir que estamos saliendo de esta situación. Por supuesto, creo que son tiempos de felicitar a todas aquellas personas que cayeron injustamente por causas laborales o profesionales ajenas a ellas y hoy están intentando sin rencor, pero sin olvido, dejar atrás aquella situación.

Aquí me gustaría hacer dos salvedades: la primera, sobre el emprendedurismo. Todo el mundo sabe que estoy a favor, que lo potencio y lo animo, pero quiero recordar, como recuerdo en todas mis conferencias y todos mis escritos, que solo sobrevive una de cada diez empresas, y es muy peligroso capitalizar el desempleo y apostar por una única actividad empresarial, porque como ésta fracase, la persona se queda sin recursos en el período de un año, así que, ante todo, prudencia. La segunda, una llamada de sensibilidad a la comunidad empresarial, es decir, a los ofertantes de empleo: no abusar y, si alguien lo hace, digámoslo. Ejemplos hay muchos, el primero las prácticas, las becas, la formación dual, lo que sea… todas las distintas modalidades que complementan los estudios con la inserción laboral están siendo hipertrofiadas en el sentido temporal. Es inadmisible que una persona con un grado o licenciatura, un máster y unos estudios complementarios no haya tenido un solo sueldo decente en varios años.

Los ciudadanos se han ajustado y adaptado durante este curso 2013/14, la pregunta es si lo han hecho la clase política y la administración pública. ¿Para qué ha servido tanto recorte en los servicios públicos? ¿Para qué ha servido el aumento de impuestos? ¿Han cambiado las condiciones de la clase política durante este curso o siguen siendo las mismas? El ciudadano adaptado frente al Estado de siempre.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.