Las Provincias

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EMPEZANDO
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Fernando Giner | 05-09-2014 | 07:58

Ya de vuelta de las vacaciones, para los que las hayan tenido, y para los que están con vacaciones forzosas por culpa de esta injusta situación de desempleo, quiero dar la bienvenida a todos los lectores de Vivir cada jueves.

Estamos de vuelta al cole ¡y menuda vuelta!, más pronto que nunca. Este miércoles 3 de septiembre se ha iniciado el curso académico 14-15, lo que va a suponer cuatro días lectivos más para los alumnos de Infantil y Primaria, y dos más para los de Secundaria. Uno tiene la suerte de estar en contacto con muchos centros educativos en Valencia, tanto por motivos profesionales como amistosos, y por eso sé que este súper adelanto, como poco, los ha desconcertado a todos. Principalmente, porque la avalancha administrativa y comercial que exige iniciar un curso (expedientes, matrículas, currículos, etc.) es tremenda y hasta la fecha se contaba con unos diez o quince días en septiembre para poder organizar estos asuntos, lo que este año ha sido imposible y ha tenido que hacerse antes.

Mi reflexión sobre este adelanto en las fechas parte de la idea de que si realmente al dar más horas de clase los alumnos van a aprender más o, dicho de otra manera, cómo se puede mejorar la enseñanza. En un estudio sobre calendarios académicos y cargas lectivas realizado por UGT-FETE Enseñanza en septiembre de 2013 observo que España tiene casi un 10% más de horas de clase al año que la media de la OCDE y un 13% más que la media de la Unión Europea en Primaria. Veo que países que normalmente están en los primeros puestos de los rankings de resultados académicos, como es el caso de los nórdicos, imparten sin embargo menos horas que la media europea. Por ejemplo, Finlandia tiene en Educación Primaria 626 horas; Noruega, 748; Suecia, 741, y Alemania, 702, mientras que en España son 875. Si nos fijamos en la primera etapa de Educación Secundaria, las diferencias se acrecientan. Estos datos los puede consultar el lector en la página 15 de dicho informe.

Sin embargo, lo que me llama la atención es que cuando comprobamos las horas que se dan en cada país de Lengua, Matemáticas y Ciencias, España no presenta una gran diferencia. Me pregunto desde mi absoluta ignorancia, ¿qué hacemos, entonces, tantas horas en el colegio? Y sin tener presentes los deberes en casa, porque también pude comprobar en otro estudio que el nuestro es uno de los países con mayor carga de trabajo doméstico para los estudiantes. De momento, estas grandes dosis de cantidad no están demostrando una eficacia en los resultados académicos. Es más, en mi opinión, y esto no es la primera vez que lo digo, estas dilatadas sesiones presenciales y posteriormente de deberes para casa lo que provocan es una forma de trabajo en la que la propia persona, siendo conocedora del exceso, diluye su esfuerzo a lo largo de todas las horas, perdiendo eficacia en su rendimiento por hora. Como uno sabe que va a estar un porrón de horas estudiando, dosifica su esfuerzo, y esto pasa después también en el trabajo, donde en muchas ocasiones los jefes valoran de forma muy positiva la presencialidad, el calentar la silla, el estar, mientras que se mira de forma sospechosa al que cumple un horario o, sencillamente, se le ve poco en su puesto de trabajo.

Si la idea es que a más horas, más calidad, no puedo estar de acuerdo con esta afirmación porque, en mi opinión, el primer factor para tener una calidad de enseñanza es tener un correcto programa formativo cuyos resultados puedan medirse adecuadamente. Hay muchas asignaturas cuyos programas no están bien establecidos, ni los resultados que se exigen bien fijados. Por ejemplo, el inglés. Estimado lector, ¿cuántas horas de inglés ha estudiado usted en EGB, BUP y COU? A dos horas por semana, calcule. Podías acabar con una nota muy buena en inglés y sin embargo no saber desenvolverte. En este caso, la calificación académica no está representando adecuadamente las destrezas y competencias del alumno.

Otro tema importante es la metodología. En este sentido, creo que se está haciendo un esfuerzo tremendo, que está dando sus resultados. Hoy, tanto en Primaria como en Secundaria, siguiendo el ejemplo del idioma, los profesores se dirigen a sus alumnos en inglés y esto hay que aplaudirlo. Se están haciendo grandes esfuerzos por implantar y desarrollar metodologías más prácticas en las aulas. Ya nos hemos dado cuenta de que la memoria tiene importancia en los procesos de aprendizaje, pero que no lo es todo.

Por encima de los programas educativos, la medición de los resultados y la metodología, está la figura del maestro, del educador, de la persona que tiene como misión conocer a sus alumnos y sacar lo mejor que llevan dentro, que es el significado etimológico de la palabra educación. Ser maestro es una cuestión vocacional. Esto significa que al frente de un aula no puede haber una persona que esté allí solo porque no ha encontrado nada mejor. Por mi experiencia, este tipo de personas no merecen estar en la enseñanza, solo debería estar gente con vocación.

El buen maestro es el que te hace amar las materias, el que te da confianza y es, en definitiva, el que te permite crecer como persona y como futuro profesional. El maestro es el que no le molesta que sus alumnos le incordien académicamente hablando; es el que hace horas después de todas las horas que ha hecho; es el que no le importa, fuera de su horario lectivo, hablar con unos padres para ver cómo puede mejorar el alumno o la alumna; es el que sabe distinguir al que no quiere del que no puede, y es el que sabe conseguir que el que no quiere, quiera. Eso es un maestro.

Evidentemente, el maestro poco puede hacer sin autoridad y éste es otro asunto importante que no sé cómo, pero en España se nos ha ido de las manos. No me refiero a una autoridad policial, sino a una autoridad de reconocimiento y prestigio social. Este maestro, el de verdad, debería estar muy bien pagado, deberíamos respetar sus decisiones y los padres deberíamos comunicarnos y coordinarnos con él en los mensajes que transmitimos a los chicos. Sin esa autoridad, todo esto que estoy diciendo es muy difícil. Por todo ello y según mi forma de entender la educación, puede que hagan falta más horas en algunas materias, pero ésta no es siempre la solución.

Después de hablar de maestros, de metodología, de planes de estudio… me gustaría hacer mención de un segundo aspecto respecto a la educación: los políticos deben aceptar que la educación no es un tema de los Gobiernos, es un tema de Estado. Esto significa que es un tema estratégico, que un plan de estudios o una ley educativa deben respetar a la anterior y deben estar enfocados hacia la mejora y la adaptación del alumno hacia el mundo real. Es incomprensible que en 40 años de democracia llevemos siete leyes de reforma educativa, cada cual más contradictoria que la anterior. Los Gobiernos, cuando saquen una nueva ley deberían consensuarla con la oposición y los grupos políticos deberían comprometerse a no modificar su esencia. La educación no es una herramienta a través de la cual adoctrinamos ideológicamente a nuestros jóvenes en un sentido u otro, sino que existe para dar libertad y felicidad a las personas.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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