Las Provincias

img
EL HOMBRE
img
Fernando Giner | 12-09-2014 | 08:14

Cada vez que habla o toma una decisión las cosas cambian y, normalmente, a mejor. La mejoría dura el tiempo que dura pero, indiscutiblemente se produce. Con “El hombre” me estoy refiriendo a Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. Cuando dijo: «Haré todo lo necesario para salvar el euro», estas ocho palabras provocaron el primer impulso, el gran punto de inflexión para la recuperación en la eurozona y desde entonces, seguramente con mayor lentitud de lo deseado, ha ido tomando decisiones para salvar el euro en su momento y para provocar la tan esperada recuperación. Vamos a ver, está claro que solo con políticas monetaristas no saldremos de ésta, pero qué duda cabe que ayudan, y mucho. La última de sus decisiones ha sido bajar los tipos de interés prácticamente a cero. Ante esto, podríamos plantearnos varias preguntas: ¿por qué y para qué lo hace? Y, por encima de todo, ¿cómo afectará esta medida a nuestro bolsillo?

¿Por qué y para qué lo hace?

En mi libro El Reto, en la página 73, digo textualmente: «La inflación en el 2009 no debería ser un problema, el riesgo está situado en el bando contrario, es decir, en la posibilidad de entrar en una deflación, aunque queda margen para evitar esta situación […] Desde luego, si en el 2010 el consumo sigue sin reaccionar, entraríamos en la deflación».

Desde 2008 vengo insistiendo en que el problema que vamos a tener no es la preocupación histórica alemana por la subida de precios, sino todo lo contrario: la bajada continuada de precios, es decir, la deflación. Así pues, para actuar contra ésta, la mejor medicina es provocar que EL DINERO SE MUEVA. ¿Y cómo se consigue esto? Desincentivando al máximo su inmovilidad, es decir, provocando que los depósitos y las cuentas corrientes no tengan valor e incluso creando un sistema punitivo para el ahorro, con tipos negativos. En busca de la rentabilidad, los ahorradores deberán a partir de ahora buscar productos de renta variable, como la bolsa, o de una forma u otra, se deja de ahorrar y se alienta el consumo.

Además, aplicando la misma ecuación a los bancos, estos verán cómo se desincentivan sus depósitos en el Banco Central porque serán penalizados, ya que las entidades financieras pagan cuando depositan su dinero en el banco central, y la inyección de dinero provoca que, en teoría, exista mayor cantidad de masa monetaria para créditos. De nuevo provocaría mayor consumo o inversión.

¿Cómo nos afectará a nosotros?

Lo que está pasando o lo que se pretende que pase es muy “gordo”, porque ¿llegaremos a pagar para que nos guarden el dinero? Ésa es la pregunta. Es una situación que desde luego yo, personalmente, no había vivido. ¿Bajarán nuestras hipotecas? Ambas cuestiones me atrevería a contestarlas con un sí, es decir, las hipotecas tienen que disminuir, y los depósitos y las cuentas corrientes pueden llegar a tener rentabilidades negativas para el ahorrador. Y esto ¿provocará que la economía se reactive? Por sí solo no provocará que aumente el consumo.

La política monetaria llega hasta donde le permite la expectativa del consumidor y del inversor. Si las expectativas no son buenas, es decir, si usted piensa que su situación personal no habrá mejorado dentro de seis o nueve meses, no se desmelenará para dedicarse a consumir como en los viejos tiempos. Por lo tanto, para apoyar a estas medidas del Banco Central Europeo se precisa que desde los Gobiernos estatales se adopten otras de activación del empleo y de la inversión. ¿Como cuáles? Por ejemplo, disminuciones de cuota a la Seguridad Social, rebaja de los impuestos de sociedades, tranquilidad para el empresario honrado y para el emprendedor que empieza de cero, para que estén seguros de que, si sus proyectos empresariales no funcionan como esperaban, pueden salirse sin tener hipotecadas el resto de sus vidas. En definitiva, facilitar en cargas y compromisos para la gente de buena fe que desea iniciar proyectos empresariales y que no lo está haciendo porque no se acaba de creer esto de la recuperación.

¿Por qué es tan mala la deflación?

En principio uno puede pensar que una bajada de precios es algo bueno. El problema es que cuando es constante y continua provoca una expectativa en el consumidor de aplazamiento en la decisión de compra. Si yo pienso que el precio de los pisos va a bajar, intentaré retrasar mi decisión de compra todo lo que pueda, porque sé que dentro de dos meses serán más baratos que hoy. En definitiva, el primer efecto de la deflación es que el consumo se paraliza, porque la deflación no significa que bajen un poco los precios o que bajen durante un mes, sino que se trata de una espiral continuada de disminución de precios.

El segundo efecto que tiene todavía es más perverso. El empresario u ofertante se ve obligado a bajar los precios con la consiguiente disminución de márgenes. Con vistas a proteger el beneficio, disminuye sus costes. A ver si averigua usted, querido lector, cuál será el primer coste que intentará disminuir: el de personal, bien despidiendo o bien negociando sueldos a la baja. Esto provoca que las familias o estén en paro o ganen menos, es decir, que pierdan poder adquisitivo, por lo que, cuando realicen sus compras, tendrán menos dinero y buscarán los mejores precios. A su vez, esta postura de la demanda, obliga al ofertante a volver a bajar el precio y vuelta a empezar con la espiral negativa deflacionista.

La deflación es  muy difícil de corregir. Por lo tanto, solo resolveremos esta cuestión si somos conscientes de que la solución está en manos de los que crean empleo y riqueza, es decir, de emprendedores, de pequeños empresarios, de grandes empresarios, de autónomos… de los que están decididos a arriesgar contratando gente. Y son ellos a quienes debemos apoyar.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

Últimos Comentarios

Ignatius J. Reilly 29-03-2015 | 23:14 en:
Autónomos
lucia Colom 12-03-2014 | 23:17 en:
LA ERA DE LA ACTITUD I